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Waiting for a Miracle: el debut de THE COMSAT ANGELS

Si hoy escuchas a Interpol, Editors, The Chameleons o incluso determinados momentos de los tempranos Bloc Party, hay un álbum de 1980 al que merece la pena retroceder. No porque exista una línea genealógica sencilla que conecte todos esos nombres, sino porque "Waiting for a Miracle", debut de The Comsat Angels, contiene muchas de las sensaciones que décadas después volverían a resultar familiares en el rock alternativo, guitarras contenidas, bajos que gobiernan las canciones, baterías nerviosas, espacios vacíos y una voz que parece cantar desde algún lugar ligeramente apartado del mundo.

El álbum apareció el 5 de septiembre de 1980. Escucharlo hoy tiene algo de descubrimiento arqueológico, aunque la comparación pueda resultar injusta. No suena a objeto de museo. Suena extraño, inquieto y vivo.

Y precisamente por eso quiero recomendarlo.


ALBUM: Waiting for a Miracle


The Comsat Angels surgieron Sheffield, a finales de los setenta (siglo xx) la ciudad británica estaba atravesando las consecuencias de la crisis industrial, el desempleo y un cambio social profundo. Ese paisaje importa cuando uno escucha el disco. No porque las canciones funcionen como crónicas políticas explícitas, sino porque cierta sensación de incertidumbre parece haberse filtrado dentro de ellas.

THE COMSAT ANGELS - Waiting for a Miracle - Album 1980

La banda tampoco nació exactamente con el sonido que terminaría definiéndola. Stephen Fellows, Mik Glaisher, Kevin Bacon y Andy Peake habían tocado anteriormente bajo el nombre de Radio Earth, en una etapa con inclinaciones hacia el jazz rock. El contacto con el nuevo clima musical británico y, según recuerdan algunas de las fuentes de la época, una actuación junto a Pere Ubu, ayudaron a empujarles hacia otro territorio.

Influencia de Pere Ubu:

Pere Ubu dejó una huella clara, especialmente en la manera de entender el ritmo y la guitarra, pero The Comsat Angels pasaron esas ideas por el filtro del post punk británico. El resultado tenía algo del rock experimental estadounidense, algo de la austeridad que estaba apareciendo en grupos como Wire o The Cure, y una personalidad propia que todavía estaba tomando forma.

Antes de llegar a Polydor en 1979 habían publicado "Red Planet" en su propio sello, Junta. Un año después apareció Waiting for a Miracle.

THE COMSAT ANGELS

El milagro del título nunca llegó en forma de éxito masivo. El disco, en cambio, sí llegó.

Un álbum donde el vacío también toca:


Una de las primeras cosas que me atrapó al volver a "Waiting for a Miracle" fue comprobar lo poco que necesita la banda para crear tensión.

Aquí no existe una muralla de guitarras. Stephen Fellows toca muchas veces como si estuviera deliberadamente evitando ocupar todo el espacio disponible. La guitarra entra, desaparece, deja una figura suspendida y permite que sean el bajo, la batería y los teclados quienes construyan buena parte de la arquitectura.

Eso cambia por completo la escucha.

Kevin Bacon utiliza el bajo como una especie de columna vertebral. No se limita a acompañar las canciones, las empuja y, en algunos momentos, parece incluso discutir con ellas. Mik Glaisher toca la batería con una mezcla extraordinaria de disciplina y violencia controlada. Hay golpes que parecen aislados, patrones que no buscan decorar nada y silencios que tienen casi la misma importancia que la percusión.

Andy Peake completa ese espacio con teclados utilizados con enorme moderación. No están ahí para embellecer las canciones. Muchas veces hacen exactamente lo contrario, introducen una nota incómoda, una textura fría o una sensación difícil de identificar.

La producción, compartida por la banda y Pete Wilson, conserva esa sequedad. Escuchada hoy puede sorprender precisamente porque no intenta engrandecer nada. Cada instrumento parece encontrarse a cierta distancia de los demás.

Es uno de los secretos del disco.

El tema "Independence Day" es la puerta de entrada:


Si quieres probar una sola canción antes de entrar en el álbum completo, empezaría por "Independence Day".

Es probablemente el tema más conocido de The Comsat Angels y también el lugar donde todas sus ideas encuentran una forma particularmente inmediata. Hay melodía, tensión, cambios de intensidad y un equilibrio precioso entre lo accesible y lo extraño.

Siempre me ha llamado la atención que una canción así no convirtiera al grupo en algo mucho mayor. Tenía suficientes elementos pop para resultar reconocible y, al mismo tiempo, suficientes rarezas para no parecerse demasiado a nadie.

Pero quedarse ahí sería perderse lo mejor de "Waiting for a Miracle".

El tema "Missing in Action" abre el disco con una guitarra que casi parece una señal de alarma. Desde los primeros segundos aparece una de las emociones que atravesarán todo el álbum, el cansancio de alguien que siente que la vida cotidiana ya exige demasiado antes incluso de empezar el día.

"Baby" muestra otra cara. Bajo y batería generan una sensación física, irregular, casi incómoda. La canción avanza sin desperdiciar movimientos, y esa economía convierte cada pequeño cambio en algo importante.

Después está "Total War".

Aquí The Comsat Angels convierten una relación sentimental deteriorada en algo parecido a un conflicto territorial. La idea podría haber terminado en melodrama, pero la música evita cualquier exceso. Durante buena parte del tema la guitarra prácticamente renuncia al protagonismo. Bajo, batería y teclados mantienen una estructura circular que parece incapaz de encontrar una salida.

No hay liberación porque la historia tampoco la tiene.

Monkey Pilot y el futuro imaginado desde 1980:


Para alguien que llegue al grupo por primera vez, "Monkey Pilot" puede ser una de las canciones más reveladoras.

Stephen Fellows utiliza imágenes de ciencia ficción para hablar de algo profundamente cotidiano, la sensación de no controlar del todo tu propia vida. La figura de alguien frente a unos mandos que ya no comprende termina convirtiéndose en una imagen bastante precisa de la ansiedad.

Ese imaginario futurista aparece varias veces en el disco y encaja perfectamente con el nombre del grupo, tomado de un relato de J. G. Ballard.

Pero lo interesante es que "Waiting for a Miracle" nunca suena como una fantasía sobre el futuro. Su ciencia ficción habla del presente. Aeropuertos, mapas, máquinas, comunicaciones y territorios funcionan como metáforas para personas que no saben muy bien dónde están emocionalmente.

En "Real Story" esa sensación de aislamiento se vuelve especialmente intensa. "On the Beach" permite que la guitarra gane algo más de espacio y, escuchada retrospectivamente, anticipa algunos paisajes que pocos años después asociaríamos con The Chameleons.

"Map of the World" es más nerviosa y directa. Hay algo casi pop en su movimiento, aunque cualquier posibilidad de ligereza termina inmediatamente deformada por la manera de tocar del grupo.

Y entonces llega “Postcard”.

Es el final que necesita este álbum. Lento, oscuro y progresivamente opresivo. La batería hace crecer la tensión mientras guitarra y voz parecen moverse dentro de un espacio cada vez más pequeño. Además, funciona como una especie de puente hacia Sleep No More, el segundo disco de la banda, donde muchas de estas ideas adquirirían una identidad todavía más definida.

Si te gusta el post punk:


Cuando se habla de música británica de 1980, siempre aparecen ciertos discos. Closer de Joy Division, Seventeen Seconds de The Cure, Jeopardy de The Sound, The Correct Use of Soap de Magazine o 154 de Wire forman parte de ese relato.

"Waiting for a Miracle" debería aparecer más a menudo en la conversación.

No porque The Comsat Angels necesiten ser convertidos retrospectivamente en una banda gigantesca, ni porque haya que corregir la historia del rock a golpe de reivindicación. Me interesa precisamente lo contrario.

Me gusta que este disco siga teniendo algo de secreto.

Mientras U2 y Echo and the Bunnymen, bandas nacidas aproximadamente en el mismo periodo, terminaron construyendo carreras mucho más visibles, The Comsat Angels quedaron en una posición lateral. Su éxito comercial fue limitado y "Independence Day", incluso en una versión posterior remezclada, solamente alcanzó el número 71 en Reino Unido.

Ese dato dice muy poco sobre la música.

Porque cuando escucho este álbum no encuentro un borrador de algo que otros desarrollarían mejor. Encuentro a cuatro músicos aprendiendo a utilizar la contención como lenguaje.

Por qué escuchar "Waiting for a Miracle" hoy:


Hay una razón especialmente sencilla por la que recomiendo "Waiting for a Miracle" a lectores jóvenes, todavía no hemos agotado los grandes discos del pasado.

La historia de la música no está compuesta únicamente por los álbumes que terminaron apareciendo en todas las listas. También existen discos que circularon por caminos secundarios y que, cuarenta años después, pueden explicar perfectamente por qué ciertas ideas siguen reapareciendo.

Si has llegado al post punk a través de Interpol o Editors, aquí reconocerás algunas sombras. Si te interesa Joy Division, encontrarás una oscuridad diferente, menos monumental y quizá más nerviosa. Si disfrutas con el minimalismo de Wire, la primera etapa de The Cure o la tensión rítmica de Pere Ubu, probablemente descubrirás puntos de contacto.

Pero mi recomendación es intentar olvidarse de esas comparaciones después de la primera escucha.

Disco recomendado


Pon "Waiting for a Miracle" desde “Missing in Action” hasta “Postcard”, preferiblemente entero y sin saltar canciones. Deja que el bajo ocupe el espacio que normalmente esperas de una guitarra, escucha cómo Mik Glaisher utiliza la batería para aumentar la ansiedad y fíjate en todo lo que Andy Peake decide no tocar.

A veces descubrir un gran álbum antiguo no consiste en comprender inmediatamente por qué fue importante.

Consiste simplemente en encontrarte, décadas después, con una música que todavía consigue que prestes atención.

"Waiting for a Miracle" hace exactamente eso. Y si nunca habías escuchado a The Comsat Angels, este es el lugar donde yo empezaría.

Video del tema "Independence Day":

Tracklist (formato vinilo):

"Missing in Action"
"Baby"
"Independence Day"
"Waiting for a Miracle"
"Total War"
"On the Beach"
"Monkey Pilot"
"Real Story"
"Map of the World"
"Postcard"

The Comsat Angels:

  • Stephen Fellows – voz, guitarra
  • Andy Peake – sintetizador, voz
  • Kevin Bacon – bajo
  • Mik Glaisher – batería

FONTAINES D.C - Skinty Fia: el rock del desarraigo

Para entrar en el álbum "Skinty Fia" conviene dejar a un lado la idea de que Fontaines D.C. son solo una de esas bandas que llegaron para devolverle nervio al rock de guitarras. En este disco hay algo más profundo que una evolución de sonido o una colección de buenas canciones oscuras. Lo que se escucha aquí es a un grupo intentando entender qué ocurre cuando el éxito te cambia de sitio, cuando la ciudad que te vio nacer empieza a quedar atrás y, aun así, sigue hablando dentro de ti con más fuerza que nunca. A mí me interesa especialmente ese punto de contradicción: Fontaines D.C. ya no suenan como los chicos que corrían por Dublín con hambre de escenario, pero tampoco como una banda cómoda en su nueva posición. "Skinty Fia" vive justo en esa grieta, entre el orgullo irlandés, la culpa, la distancia, el amor torcido y una sensación de extrañeza que atraviesa todo el álbum. Es un disco que no busca gustar de inmediato, sino quedarse contigo después, como esas conversaciones que al principio parecen ásperas y luego descubres que decían algo importante.


ALBUM: Skinty Fia 


A Fontaines D.C. siempre se les ha escuchado mejor cuando parecen incómodos. Incómodos con la ciudad, con el éxito, con el ruido de fuera y con ese ruido interior que Grian Chatten convierte en frases cortantes, medio poema, medio golpe seco sobre la mesa. En "Skinty Fia", su tercer álbum, esa incomodidad ya no viene solo de Dublín ni de la juventud rabiosa de Dogrel. Viene de la distancia. De mirar Irlanda desde Londres. De sentirse cerca y lejos al mismo tiempo.

FONTAINES D.C - Skinty Fia

Publicado el 22 de abril de 2022, y producido de nuevo por Dan Carey, "Skinty Fia" confirmó que Fontaines D.C. no eran simplemente una gran banda de rock surgida del empuje post punk reciente. Eran algo más raro, más valioso, una banda capaz de crecer sin limpiar demasiado sus aristas.

El origen de Skinty Fia:


El título ya abre una puerta incómoda. "Skinty Fia" procede de una vieja expresión irlandesa que podría traducirse como "la condena del ciervo". La frase venía de una tía abuela del batería Tom Coll, pero en el disco funciona casi como una imagen fantasmagórica, un animal desaparecido, el alce irlandés de la portada, convertido en símbolo de algo que se extingue, muta o sobrevive fuera de su territorio natural.

El álbum empezó a tomar forma después de A Hero’s Death, en plena resaca de una pandemia que había alterado los planes de gira y había cambiado la relación de la banda con su propio éxito. Cuatro de sus miembros vivían ya en Londres, y esa mudanza pesa sobre todo el disco. No como simple anécdota biográfica, sino como conflicto emocional. Fontaines D.C. habían sido leídos como una banda profundamente dublinesa, casi inseparable de su ciudad, pero ahora tenían que preguntarse qué significaba ser irlandeses en Inglaterra, qué parte de una identidad se vuelve más intensa cuando ya no estás en casa.

FONTAINES D.C - Banda

Durante los confinamientos empezaron a compartir maquetas en Dublín. Chatten encontró un camino inesperado en un acordeón que le había regalado su madre por Navidad. El grupo también miró hacia lugares menos evidentes, XTRMNTR de Primal Scream, Roni Size, el deseo de reproducir sonidos electrónicos con guitarras. La grabación llegó en 2021, en Londres, con una rutina curiosa, escribir de día, grabar de noche. Se nota. El disco tiene algo de estructura y algo de fiebre.

Un sonido más oscuro, más denso, más físico:


Quien busque el golpe inmediato de Dogrel puede sentirse descolocado al principio. "Skinty Fia" no entra dando codazos, entra como una sombra que se va agrandando en la habitación. Es un disco de bajos tensos, guitarras con reverb, baterías que a veces parecen empujar desde un túnel y voces que no buscan gustar, sino quedarse rondando.

El arranque con "In ár gCroíthe go deo" es una declaración estética y política. La frase significa "en nuestros corazones para siempre" y remite al caso de una mujer irlandesa fallecida en Inglaterra cuya familia quiso grabar esas palabras en gaélico en su lápida. La Iglesia de Inglaterra consideró que podía interpretarse como algo político o provocador. Fontaines D.C. convierten esa historia en un comienzo casi ceremonial, con voces que repiten el título como un coro fúnebre, mientras el bajo marca una pulsación nerviosa y la batería acaba rompiendo el aire con una energía cercana al drum and bass.

No es solo una canción de apertura. Es una forma de decir, este disco va a tratar de heridas antiguas que siguen abiertas en gestos pequeños.

A partir de ahí, el álbum se mueve por una penumbra muy cuidada. "Big Shot" avanza con el peso de quien arrastra una culpa privada. Es la única canción escrita por Carlos O’Connell y habla del ego, de la fama y de esa sensación extraña de verse creciendo demasiado rápido. "How Cold Love Is" lleva el amor hacia una zona helada, nada romántica, casi mineral. Fontaines D.C. no cantan al amor como refugio, sino como un lugar donde también se puede hacer daño.

"Jackie Down the Line" y la belleza de lo tóxico:


El momento más inmediato del disco llega con "Jackie Down the Line", una de esas canciones que parecen destinadas a sobrevivir al contexto que las vio nacer. Tiene algo de The Smiths en el movimiento de guitarras, algo de Stone Roses en la forma de convertir la melancolía en una melodía luminosa, pero la letra no concede comodidad. Chatten canta desde un lugar desagradable, casi como si diera voz a una versión mezquina de sí mismo. "I will hurt you, I will desert you", dice, y lo inquietante es que la canción suena demasiado pegadiza para una confesión tan fea.

Ahí está una de las claves de "Skinty Fia". El disco no separa belleza y veneno. Los mezcla. Hace que una melodía pueda bailar mientras la letra te enseña los dientes.

"Roman Holiday", uno de mis favoritos, es otro de sus grandes aciertos. Tiene un aire expansivo, casi britpop visto desde fuera, como si la banda paseara por Londres con la cabeza llena de Dublín. No suena a nostalgia plana. Suena a apropiarse de una ciudad que no termina de aceptarte del todo. Hay algo de juventud, de amor, de desafío tranquilo, de caminar por calles ajenas como si durante unos minutos pudieran pertenecerte.

Irlanda, amor y rabia en "I Love You":


Si tuviera que escoger el centro emocional del álbum, me quedaría con "I Love You". El título parece simple, incluso tierno, pero la canción es una de las piezas más feroces de Fontaines D.C. Empieza casi como una declaración de afecto hacia Irlanda y acaba convertida en una acusación amarga. Chatten canta desde la contradicción de quien ama un lugar y, precisamente por eso, no puede perdonarle ciertas cosas.

La canción habla de pertenencia, de Iglesia, de heridas sociales, de jóvenes que sienten que su país no siempre les deja futuro. No es un panfleto. Es algo más interesante, una discusión íntima con la tierra propia. Esa frase sobre amar como “un penique ama el bolsillo de un cura” tiene una fuerza tremenda porque mezcla devoción, ironía, suciedad y memoria cultural en una sola imagen.

En "I Love You", Fontaines D.C. hacen lo que mejor saben hacer, convertir una emoción personal en una escena colectiva. No predican. Se desgarran.

Un disco imperfecto, pero vivo:


No todo en "Skinty Fia" funciona con la misma intensidad, y creo que eso también forma parte de su encanto. "The Couple Across the Way", construida prácticamente sobre acordeón y voz, puede sentirse como una interrupción para quien venga buscando electricidad. A mí me interesa más como gesto que como canción redonda. Chatten observa a una pareja mayor discutiendo al otro lado de la calle y convierte esa escena doméstica en una pequeña tragedia sobre el desgaste, el miedo a envejecer mal, la posibilidad de que el amor acabe convertido en costumbre hostil.

"Bloomsday" también baja las revoluciones, quizá demasiado, aunque aporta una bruma necesaria al conjunto. En cambio, la canción titular, "Skinty Fia", recupera el pulso físico con una especie de funk industrial oscuro, como una pista de baile mal iluminada donde nadie sonríe del todo. Y Nabokov cierra el álbum con guitarras más ásperas, una tensión casi metálica y una sensación de final sucio, no resuelto.

Lo que más me gusta del disco es que Fontaines D.C. no intentan sonar simpáticos. Tampoco buscan repetir la energía de sus primeros himnos. Aquí hay más gótico, más shoegaze, más Manchester filtrado por Dublín, más Primal Scream de madrugada que pub lleno de pintas. El grupo parece menos interesado en demostrar que puede arrasar que en explorar qué queda después del impacto inicial.

Por qué Skinty Fia me mola:


"Skinty Fia" fue el primer número uno de Fontaines D.C. tanto en Irlanda como en Reino Unido, y también les ayudó a consolidarse internacionalmente, hasta ganar el Brit Award a grupo internacional en 2023. Pero esos datos no explican por qué el álbum importa. Importa porque captura una forma muy contemporánea de desarraigo. Habla de vivir en otro país sin dejar de cargar con el propio. De triunfar y no saber exactamente qué hacer con la culpa. De amar algo que también te hiere.

FONTAINES D.C - Banda

Es un disco menos inmediato que Dogrel, menos sorprendido consigo mismo que A Hero’s Death, pero quizá más profundo. Suena como una banda aceptando que madurar no consiste en suavizarse, sino en encontrar nuevas formas de ser incómoda.


Disco recomendado


Recomiendo "Skinty Fia" a quien quiera entrar en Fontaines D.C. por una puerta menos obvia, más oscura y más emocional. También a quien dejó pasar el disco pensando que era otro álbum de rock alternativo celebrado por inercia. No lo es. Es una obra densa, imperfecta y magnética, hecha por una banda que entendió que la identidad no siempre se afirma gritando, a veces se afirma cantando desde lejos.

Video del tema "Roman Holiday":

Tracklist:

1. "In ár gCroíthe go deo" 5:59
2. "Big Shot" 4:13
3. "How Cold Love Is" 3:24
4. "Jackie Down the Line" 4:01
5. "Bloomsday" 4:30
6. "Roman Holiday" 4:28
7. "The Couple Across the Way" 3:56
8. "Skinty Fia" 3:55
9. "I Love You" 5:05
10. "Nabokov" 5:21

Fontaines D.C.

  • Grian Chatten - voz, acordeón, guitarra acústica de 12 cuerdas, pandereta
  • Carlos O'Connell - guitarra, guitarra acústica de 12 cuerdas, coros, celesta, clavioline, xilófono, dirección artística
  • Conor Curley - guitarra, guitarra acústica de 12 cuerdas, coros
  • Tom Coll - batería, percusión
  • Conor Deegan III - bajo, bajo VI, coros, bouzouki, piano, silbido

Personal adicional:

  • Dan Carey – producción, mezcla, manipulación sonora, sintetizador, swarmatron, efectos

SONIC YOUTH - Smart Bar: Chicago 1985 - Live Album

Antes de que Sonic Youth se convirtiera en una referencia inevitable del rock alternativo, hubo noches pequeñas, escenarios pegajosos y conciertos donde todo parecía a punto de descarrilar. El disco "Smart Bar: Chicago 1985" nos devuelve a uno de esos momentos en los que una banda todavía no era leyenda, pero ya sonaba como si quisiera incendiar el mapa. Este directo no solo documenta un concierto en Chicago, también captura la tensión creativa de cuatro músicos empujando la guitarra eléctrica hacia territorios nuevos, incómodos y excitantes. Entrar en este álbum es escuchar el ruido justo antes de que la historia cambiara.

ALBUM: Smart Bar: Chicago 1985


Hay álbumes en directo que sirven para cerrar una etapa. Y luego están los que hacen justo lo contrario: abrir una puerta al pasado para enseñarnos el instante exacto en que una banda todavía no sabía que iba a cambiar la historia. "Smart Bar: Chicago 1985", publicado el 13 de noviembre de 2012 por Goofin’ Records, pertenece a esa segunda categoría. No es un grandes éxitos en directo ni una celebración nostálgica. Es una grabación cruda, irregular y eléctrica que captura a Sonic Youth cuando aún eran una promesa peligrosa del subsuelo americano.

SONIC YOUTH - Smart Bar: Chicago 1985 - Live Album

Escuchar este álbum de nuevo hoy es como entrar en una sala pequeña de Chicago una noche de agosto de 1985 y descubrir, entre humo, cables y amplificadores al límite, que algo importante estaba ocurriendo delante de tus ojos.

Cuando el rock alternativo todavía no tenía nombre:


En 1985 el rock independiente no era una industria ni una etiqueta de escaparate. Era una red artesanal de fanzines, cartas por correo, conciertos en clubes pequeños y giras sin dinero. Lee Ranaldo lo explicó años después: "aquello era un mundo previo a internet, donde las conexiones se hacían cara a cara, con vinilos como tarjeta de presentación y con la sensación de que todo estaba por inventar".

Mientras la radio estadounidense se rendía al glam metal y al exceso, en otra parte del mapa surgían bandas que empujaban el lenguaje del rock hacia zonas menos cómodas. Hüsker Dü aceleraba el punk hacia la melodía, Butthole Surfers convertía el caos en espectáculo y Sonic Youth retorcía la guitarra eléctrica hasta hacerla hablar en otro idioma.

El concierto del Smart Bar se produjo pocos meses después de la salida de Bad Moon Rising, segundo álbum oficial del grupo. Ese disco había supuesto una ruptura deliberada con su material anterior: nuevas afinaciones, nuevas estructuras y una atmósfera obsesiva, casi cinematográfica. Pero además había un cambio decisivo en la formación. Bob Bert había salido de la banda y entraba Steve Shelley, baterista joven, preciso y feroz, que terminaría siendo una pieza esencial en la identidad de Sonic Youth.

Cómo nació este álbum en directo:


Durante años, la leyenda de Sonic Youth en vivo circuló sobre todo entre cintas piratas y grabaciones de fans. Por eso "Smart Bar: Chicago 1985" tiene tanto valor documental. Se trata de la grabación multi-pista más antigua conocida de un concierto de la banda. Parte del inicio del show tuvo que completarse con una cinta doméstica tomada entre el público, detalle que lejos de perjudicar el resultado lo vuelve más humano.

Sonic Youth

Llegó en 2012, poco después del parón indefinido provocado por la separación de Thurston Moore y Kim Gordon. Algunos lo vieron como una excavación oportunista del archivo. Yo lo veo de otro modo: una oportunidad de escuchar a Sonic Youth antes de convertirse en referencia obligatoria. Antes de Daydream Nation, antes de influir en Nirvana, antes de que la palabra "alternativo" acabara domesticada por el mercado.

El sonido: ruido con arquitectura interna:


Lo primero que impresiona del álbum es su energía física. No suena limpio, tampoco pretende hacerlo. Suena vivo. Las guitarras de Moore y Ranaldo chirrían, zumban, se cruzan como cables pelados. Hay feedback, drones, golpes metálicos, silencios tensos y ráfagas de distorsión que parecen improvisadas aunque en realidad responden a una lógica interna muy precisa.

Steve Shelley cambia por completo la dinámica. Donde Bob Bert era más tosco y tribal, Shelley introduce impulso, movimiento y una extraña elegancia rítmica. Basta escuchar "Brave Men Run (In My Family)" para notar cómo la batería empuja la canción hacia delante sin perder oscuridad.

La producción mantiene una cercanía casi táctil. Se oye la sala, se percibe el volumen, incluso ciertos defectos técnicos suman atmósfera. Este no es un disco para audiófilos, es un disco para quienes quieren sentir el aire vibrando frente al amplificador.

Canciones que mutan:


Gran parte del repertorio procede del disco Bad Moon Rising, pero muchas canciones aquí superan en intensidad a sus versiones de estudio.

"Death Valley ’69" aparece como una amenaza real. La introducción de guitarra tiene algo de remolino industrial, como si Swans se encontrara con Television en un túnel oscuro. Kim Gordon sustituye el dramatismo de Lydia Lunch con una interpretación más seca, más callejera, más hostil.

"I Love Her All The Time" conserva su hipnosis, pero en directo adquiere un pulso casi romántico bajo capas de ruido. Es una canción hermosa escondida dentro de un accidente controlado.

"Ghost Bitch" se vuelve más agresiva, menos literaria y más punk. Gordon no canta, lanza frases como quien rompe cristales.

Y luego están los adelantos del futuro. "Secret Girl" aparece todavía frágil y nebulosa, anticipando el universo de EVOL. "Expressway to Yr Skull", una de las grandes piezas del grupo, ya muestra esa mezcla de deriva espacial y melancolía urbana que después sería central en su catálogo. Escuchar su primera encarnación produce una emoción especial: el momento en que una canción descubre quién quiere ser.

También aparece "Kat ’n’ Hat", instrumental nunca editado oficialmente en estudio, curiosidad valiosa donde se intuye la arquitectura expansiva que años más tarde cristalizaría en Daydream Nation.

Kim Gordon, centro magnético:


Mucho se ha hablado de Thurston Moore como figura visible, pero este álbum recuerda algo esencial: Kim Gordon era una fuerza insustituible. Su presencia aquí domina el escenario. Su voz no busca virtuosismo ni complacencia, busca carácter. Tiene distancia, ironía, amenaza y belleza. En un entorno donde muchas mujeres eran reducidas a papeles secundarios dentro del rock, Gordon ocupaba el centro sin pedir permiso.

Sonic youth

Escuchándola en "Smart Bar: Chicago 1985" se entiende por qué tantas artistas posteriores, de PJ Harvey a St. Vincent pasando por innumerables bandas de noise pop y post punk, encontraron en ella una referencia.

Lo que dice sobre su tiempo:


1985 no parece tan lejano hasta que uno escucha este disco. Aquí no hay corrección digital, no hay redes sociales, no hay estrategia de marca. Hay una banda viajando con poco dinero, durmiendo donde puede, tocando para públicos pequeños y buscando nuevas formas de expresión porque sí.

Ese contexto importa. Sonic Youth no estaba reaccionando a una tendencia, estaba creando un espacio donde después entrarían otros. El auge del rock alternativo de los noventa no se entiende sin estos años de ensayo y riesgo. Sin estos conciertos donde quizá parte del público hablaba entre canciones porque todavía no comprendía del todo lo que estaba viendo.

Disco recomendado


No es el mejor punto de entrada a Sonic Youth, ni pretende serlo. Para eso quizá siguen ahí Daydream Nation, Goo o EVOL. Pero "Smart Bar: Chicago 1985" ofrece algo que ningún clásico de estudio puede dar: el temblor del presente.

Aquí la banda todavía está llegando a sí misma. Y precisamente por eso resulta tan fascinante. No hay comodidad, no hay fórmula, no hay legado que defender. Solo hambre, intuición y volumen.

Yo recomiendo este disco a cualquiera que quiera entender cómo nace una gran banda de verdad. No cuando ya sale en portadas, sino cuando aún toca en salas pequeñas y convierte el ruido en revelación. Si alguna vez has querido escuchar el instante previo al mito, este álbum te está esperando.

Video del tema "The Burning Spear (Live):

Tracklist:

1. "Hallowe'en" 5:42
2. "Death Valley '69" 7:20
3. "Intro"/"Brave Men Run (In My Family)" 4:51
4. "I Love Her All the Time" 5:20
5. "Ghost Bitch" 5:55
6. "I'm Insane" 5:20
7. "Kat 'n' Hat" (Instrumental) - unreleased previamente 3:36
8. "Brother James" 2:50
9. "Kill Yr Idols" Moore 2:32
10. "Secret Girl" Gordon 3:13
11. "Flower" Gordon 2:36
12. "The Burning Spear" 5:01
13. "Expressway to Yr Skull" 9:04
14. "Making the Nature Scene" 3:42

Sonic Youth (Banda):

  • Thurston Moore – voz, guitarra
  • Kim Gordon – voz, bajo
  • Lee Ranaldo – guitarra
  • Steve Shelley – batería, mezcla

DRY CLEANING - Secret Love, nuevo giro creativo

No es una canción lo que te atrapa primero, sino una frase suelta que parece escrita para ti en un momento concreto. Una línea que no sabes si es irónica o vulnerable, si se está burlando del mundo o intentando entenderlo. Con el disco "Secret Love", ocurrió eso antes incluso de saber en qué terreno iba a moverme el trabajo. Sentí que estaba ante una conversación que no pedía ser descifrada, sino habitada. Y desde ahí, desde esa sensación de estar escuchando pensamientos que no buscan aplauso sino claridad, empieza realmente esta recomendación.

ALBUM: Secret Love


El 9 de enero de 2026, "Secret Love", el tercer álbum de Dry Cleaning, llegó a través de 4AD sin grandes fuegos artificiales, pero con algo mucho más importante, una claridad nueva. No es simplemente otro capítulo en la historia del grupo londinense. Es el momento en que una banda asociada al post punk cerebral decide abrir el pecho, sin perder ironía, sin renunciar a la inteligencia, pero dejando que entre la luz.

No quiero hacer aquí una reseña al uso. Lo que quiero es contarte por qué este disco merece tu tiempo, incluso si nunca has escuchado a Dry Cleaning, incluso si la etiqueta post punk te suena a algo frío o distante. "Secret Love" es todo lo contrario.

DRY CLEANING - Secret Love (2026)

Después del álbum Stumpwork en 2022, la banda se tomó más de tres años antes de publicar nuevo material. Comenzaron a escribir en el verano de 2024, grabaron maquetas en espacios tan distintos como The Loft en Chicago, el estudio de Wilco, y Sonic Studios en Dublín con miembros de Gilla Band. Esa mezcla transatlántica se nota. Hay algo más abierto, menos rígido, menos encerrado en sí mismo.

Finalmente decidieron volver a grabarlo casi todo junto a la productora y artista galesa Cate Le Bon en Black Box Studios, en el Valle del Loira, a mediados de 2025. Ese cambio de productor es crucial. Si John Parish ayudó a consolidar su austeridad nerviosa en los discos anteriores, Cate Le Bon amplía el espectro. Hay más espacio, más aire entre instrumentos, más atención al detalle emocional.

Una mente golpeada:


El álbum abre con "Hit My Head All Day", y ya desde el título hay algo inquietante. La frase inicial de Florence Shaw, "Los objetos fuera de la cabeza controlan la mente", se instala como una especie de tesis. Vivimos rodeados de estímulos, de pantallas, de mensajes diseñados para dirigir nuestra atención, nuestra indignación, nuestros deseos. La canción se mueve sobre un bajo serpenteante y una batería tensa, casi contenida, mientras la guitarra introduce pequeñas torsiones que recuerdan tanto a Gang of Four como a la aspereza elegante de Magazine.

Dry Cleaning - Banda

Pero lo que me llama la atención es la tensión entre la música y la voz. Florence Shaw no canta como la mayoría de vocalistas de rock. Su tono es sobrio, casi clínico, como si estuviera narrando pensamientos en voz alta sin preocuparse por seducirnos. Sin embargo, aquí empieza a cantar más que antes. No abandona su spoken word característico, pero en temas como "Secret Love (Concealed in a Drawing of a Boy)" o "I Need You" aparecen estribillos cantados que se abren como una rendija inesperada. Es como descubrir que alguien a quien siempre has visto irónico y distante también sabe ser vulnerable.

Personajes ridículos, emociones reales:


Una de las razones por las que me mola Dry Cleaning es su capacidad para convertir lo banal en revelador. En "Cruise Ship Designer", Shaw adopta la voz de un diseñador de cruceros convencido de que su trabajo tiene una dimensión casi trascendental. El retrato es absurdo, pero no cruel. Bajo la ironía hay algo más profundo, la necesidad humana de sentirse útil, de pertenecer a algo, aunque sea un engranaje del capitalismo más grotesco.

En "Evil Evil Idiot" interpreta a alguien que defiende las bondades de quemar la comida y desestima los estudios científicos como conspiraciones malintencionadas. La canción suena oscura, casi viscosa, con guitarras que se arrastran como si estuvieran cubiertas de polvo industrial. Es una caricatura, sí, pero también un espejo de la desinformación contemporánea.

Lo que me fascina es que nada suena moralista. Dry Cleaning no sermonean. Observan, capturan, colocan la escena delante de nosotros y dejan que saquemos conclusiones.


Un sonido, más amplio y más humano:

Musicalmente, "Secret Love" es menos ruidoso que sus trabajos anteriores. No hay la misma densidad abrasiva de algunos momentos de Stumpwork. Aquí las canciones respiran. "Let Me Grow and You’ll See the Fruit" se desliza sobre una base casi folk, con una textura pastoral suavizada por un saxofón fantasmagórico. Es una canción que empieza como una declaración de autosuficiencia, alguien que presume de poder quedarse en casa viendo una serie sin que nadie le moleste, pero termina revelando una soledad que pesa.

"My Soul / Half Pint" mezcla un comentario irónico sobre la división doméstica con un piano juguetón que recuerda a The Velvet Underground en sus momentos más ligeros. Incluso hay algo de camaradería de bar en su desarrollo, como si la banda se permitiera disfrutar del ritmo sin necesidad de mantenerse siempre angulosa.

En "Blood", quizá el momento más inquietante del disco, la letra alude a imágenes de guerra que se repiten en nuestras pantallas hasta generar una especie de entumecimiento emocional. La música oscila entre ráfagas tensas y pausas inquietantes, subrayando esa sensación de saturación y distancia. Es una de esas canciones que no buscan ser cómodas, pero sí honestas.

Y luego está "Joy", el cierre. Podría haber sido un final cínico. No lo es. "No renuncies a ser dulce", canta Shaw. La frase suena sencilla, pero en el contexto de un mundo que premia la agresividad y la ironía constante, es casi un gesto radical. La canción tiene un aire de indie rock luminoso, con guitarras que se abren y un estribillo que, por primera vez en la historia del grupo, invita a cantar junto a ellos sin sentir que estás invadiendo un espacio privado.

Querer esconderse y querer ser visto:


Florence Shaw ha hablado de la tensión entre querer esconderse y desear ser vista. Esa dualidad atraviesa todo el álbum. La portada, donde aparece con un ojo lavado, uno abierto y otro cerrado, sugiere vulnerabilidad. No es la sombra distante de New Long Leg. Es alguien expuesto.

Dry Cleaning banda

Y eso se traslada a la música. Aunque hay personajes y sátira, "Secret Love" se siente más personal. Más frágil. Más dispuesto a admitir que detrás de la ironía hay miedo, deseo, afecto.


Por qué te puede interesar:


Vivimos en una época de sobrecarga. Información constante, indignación programada, identidades construidas para el escaparate. "Secret Love" no ofrece soluciones, pero sí una forma de procesar ese ruido. Lo hace sin grandilocuencia, sin discursos inflamados, sin caer en la tentación de simplificar.

Es un disco que te invita a prestar atención. A escuchar cómo un bajo puede sostener una idea, cómo una frase aparentemente absurda puede esconder una verdad incómoda, cómo una banda puede evolucionar sin traicionar su esencia.

No necesitas haber seguido la trayectoria de Dry Cleaning para entrar aquí. Si te gustan las bandas que piensan, pero también sienten. Si te interesa el rock alternativo que dialoga con el presente sin sonar didáctico. Si disfrutas de discos que crecen con cada escucha, entonces este es para ti.


Disco recomendado


Te recomiendo que lo escuches entero, sin saltar canciones, preferiblemente caminando por tu ciudad o en casa cuando cae la tarde. Deja que esas frases se filtren, que esas guitarras encuentren su lugar. Puede que al principio te descoloque. Es normal. Pero si le das espacio, "Secret Love" te devuelve algo valioso, una sensación de compañía lúcida en medio del caos.

Video del tema "Secret Love (Concealed in a Drawing of a Boy)":

Tracklist:

1. "Hit My Head All Day" 6:03
2. "Cruise Ship Designer" 2:29
3. "My Soul / Half Pint" 3:57
4. "Secret Love (Concealed in a Drawing of a Boy)" 3:21
5. "Let Me Grow and You'll See the Fruit" 3:09
6. "Blood" 3:23
7. "Evil Evil Idiot" 3:59
8. "Rocks" 2:59
9. "The Cute Things" 4:15
10. "I Need You" 4:33
11. "Joy" 2:53

Dry Cleaning (Banda):

  • Florence Shaw - voz; coros (1, 5, 6, 11), sintetizador (10)
  • Nick Buxton - percusión (1–4, 6, 9–11), coros (1, 2, 6, 11), batería programada (1, 4, 6–9), sintetizador (1, 4, 9), batería (excepto 1), teclados (2, 6, 7), piano (3, 5, 9)
  • Lewis Maynard - bajo; Coros (1, 2, 6, 11)
  • Tom Dowse - guitarra; coros (1, 2, 6, 11), mandolina (4), sintetizador (10)

Músicos adicionales:

  • Cate Le Bon – batería programada (1, 2, 6–10), sintetizador (4, 10, 11)
  • Euan Hinshelwood – saxofón alto (3)
  • Jeff Tweedy – guitarra (3)
  • Bruce Lamont – saxofón tenor (5)
  • Stephen Black – clarinete bajo (10)

Técnica:

Cate Le Bon – producción

CBGB & OMFUG: A New York City Soundtrack - Box Set

Hay momentos en las que uno siente que la historia de la música se puede tocar, o mejor dicho, escuchar de una forma casi física. Me ha pasado esta semana al experimentar la caja de "CBGB & OMFUG: A New York City Soundtrack", he tenido la sensación de que una corriente de aire viciado del Bajo Manhattan de mediados de los años setenta (siglo XX) entraba de golpe. He pasado estos días sumergido en sus cuatro discos, perdiéndome entre grabaciones crudas y melodías que parecen haber sido rescatadas de un incendio, y os aseguro que la experiencia va mucho más allá de la nostalgia convencional. Es una invitación a entender por qué un local con los baños más infames de la historia acabó siendo el útero de todo lo que hoy nos importa en el rock, y por eso necesito que me acompañéis en este viaje por las venas abiertas de la Gran Manzana.

Box Set: CBGB & OMFUG: A New York City Soundtrack 


Cierro los ojos e intento imaginar a qué sentía la libertad artística en 1975. Probablemente una mezcla de cerveza rancia, orina, sudor frío y la electricidad estática de amplificadores a punto de reventar. Esa es la atmósfera que inunda la habitación apenas comienzas a reproducir la nueva caja recopilatorio que acaba de aterrizar gracias al sello Cherry Red Records. Hablo de "CBGB & OMFUG: A New York City Soundtrack", una colección monumental que no solo documenta música, sino que captura el espíritu de una era irrepetible. Con su lanzamiento este pasado 30 de enero de 2026, nos enfrentamos a cuatro discos que funcionan como una máquina del tiempo sónica, transportándonos directamente al Bowery del Bajo Manhattan, a ese antro legendario fundado por Hilly Kristal que, sin pretenderlo, se convirtió en la zona cero de la cultura pop moderna.

CBGB & OMFUG: A New York City Soundtrack - Box Set

No estamos ante la típica compilación de éxitos que uno encuentra en las estanterías de las grandes superficies. Esto es una inmersión arqueológica profunda, una carta de amor sucia y honesta a una década que definió lo que hoy entendemos por música alternativa y actitud punk. Al escuchar estas canciones, uno entiende que el mito del CBGB no se construyó sobre el marketing, sino sobre la necesidad visceral de una generación de decir algo, aunque fuera a gritos y desafinando.

El nacimiento de una escena:


Resulta fascinante pensar en la ironía que esconde el nombre del local. Como bien nos recuerda la historia y se documenta en las notas de este box set, las siglas correspondían a "Country, Bluegrass, Blues and Other Music For Uplifting Gourmandizers". Su dueño Hilly Kristal abrió el local en diciembre de 1973 con la intención de convertirlo en un santuario para la música de roots. Sin embargo, la realidad de Nueva York tenía otros planes. Tras el colapso del Mercer Arts Center, las bandas de la ciudad se quedaron huérfanas de escenarios. Manhattan, en su decadencia de los setenta, no ofrecía refugio a quienes no tenían un contrato discográfico bajo el brazo.

Es aquí donde reside la magia de esta historia del rock. Hilly Kristal, un hombre que quizás no entendía del todo el ruido que hacían esos chavales ("Nadie va a quereros, pero podéis volver", le dijo a Joey Ramone), tuvo la visión, o quizás la indiferencia necesaria, para dejarlos tocar. Fue esa política de puertas abiertas la que permitió que floreciera algo único. Entre 1974 y 1976, bandas como Television, Ramones, Blondie, Patti Smith y Talking Heads no solo debutaron allí, sino que hicieron del club su cuartel general. Como relata Richard Hell, ellos mismos "soñaron la existencia del CBGB". Lo que esta caja recopilatorio logra de manera magistral es ilustrar cómo ese vacío cultural fue llenado no por un solo sonido, sino por una explosión de creatividad diversa que iba desde el art-rock hasta el hardcore más abrasivo.

Un análisis sonoro:


Al adentrarnos en los cuatro discos de "CBGB & OMFUG: A New York City Soundtrack", lo primero que golpea al oyente es la textura del sonido. No todo es punk de tres acordes y chaquetas de cuero, aunque hay mucho de eso y es glorioso. La curaduría de Rob Tannenbaum es exquisita porque equilibra a los gigantes conocidos con una cantidad abrumadora de "caras B" y rarezas que definen el verdadero tejido de la escena.

THE DEAD BOYS - banda

El primer disco-CD nos sitúa en el epicentro de la explosión. Escuchar la versión en vivo de "A Clean Break" de Talking Heads es recibir una lección de nerviosismo funk y precisión rítmica que te eriza la piel. Pero donde realmente brilla esta colección es en los descubrimientos. Hay una corriente subterránea de power pop que a menudo se olvida en las crónicas oficiales del punk. Temas como "Forgive and Forget" de Marbles o "Christmas Weather" de Student Teachers aportan una frescura melódica, un contrapunto pop que equilibra la crudeza del resto del material. Esos momentos de claridad melódica nos recuerdan que, en el fondo, muchos de estos chicos solo querían escribir la canción perfecta, aunque lo hicieran con amplificadores rotos.

La producción de los temas varía salvajemente, lo cual es parte del encanto. Pasamos de la urgencia lo-fi de bandas como Tot Rocket and the Twins con su tema "Reduced", a la sofisticación inesperada de grupos como Mink DeVille. Hay una sensación táctil en estas grabaciones; puedes casi sentir la humedad de las paredes del club y la vibración del suelo pegajoso. Es una experiencia auditiva que privilegia la autenticidad sobre la perfección técnica, algo que en nuestra era de producción digital aséptica se siente como un abrazo humano.

A medida que avanzamos en los discos-Cds, el viaje se torna más oscuro y experimental. La colección documenta brillantemente la evolución hacia el No Wave y el post-punk. Encontramos joyas disonantes como el "falso jazz" de The Lounge Lizards en "Do the Wrong Thing" o el funk retorcido de China Shop. Es aquí donde el CBGB demuestra que era mucho más que la casa de los Ramones; era un laboratorio de vanguardia. La inclusión de James Chance & The Contortions interpretando "Jailhouse Rock" en directo es un momento cumbre: Chance regañando al público por vivir en el pasado mientras deconstruye un clásico del rock and roll es la definición misma de la actitud punk.

Diversidad y ruptura de barreras:


Uno de los aspectos más valiosos de mi recomendación del Box-set es destacar cómo la compilación desmonta el estereotipo del punk como un club exclusivo de hombres blancos enfadados. La escena del CBGB fue, en muchos sentidos, mucho más inclusiva que la industria musical que la rodeaba. Las mujeres no eran meras espectadoras o musas, sino arquitectas del sonido. Desde la omnipresencia de Patti Smith y Debbie Harry hasta figuras esenciales como Cherry Vanilla, Model Citizens y Helen Wheels, el box set deja claro que el género no era una barrera para subirse a ese escenario.

De igual forma, la presencia de artistas negros es fundamental para entender la riqueza sonora de la época. No se trata solo de la fusión ska-punk de Bad Brains, que llegaría más tarde para cimentar el hardcore, sino de pioneros como Pure Hell con su abrasivo "I Feel Bad" o la experimentación de James "Blood" Ulmer. También encontramos a Nona Hendryx aportando su visión única. Esta diversidad racial y de género no se siente forzada en la recopilación, sino que fluye orgánicamente, demostrando que el underground neoyorquino era un crisol donde lo único que importaba era la originalidad y la capacidad de conmocionar.

Ramones - Banda

Las letras de estas canciones son otro mapa fascinante. Pasan del nihilismo urbano de The Testors ("You Don't Break My Heart") a la ironía intelectual de bandas como The Ordinairies. Hay una constante tensión entre el deseo de escapar de la realidad y la necesidad de documentarla con una crudeza brutal. Cuando The Cramps cantan "¿Quieres hablar de la verdadera basura?" en "Garbage Man", están lanzando un desafío estético que resuena hasta hoy. Es música hecha en una ciudad en bancarrota, donde el alquiler era barato y el peligro real, lo que fomentaba una libertad creativa sin las ataduras comerciales de hoy en día.

Conexiones culturales y legado:


Es inevitable comparar este documento sonoro con otras escenas musicales. Mientras que el punk británico de 1977 a menudo se centraba en la política y la clase social con una rabia muy específica, la escena del CBGB & OMFUG capturada aquí se siente más artística, más bohemia y, paradójicamente, más intelectual. Hay una línea directa que conecta la poesía callejera de Lou Reed y The Velvet Underground con lo que escuchamos en estos discos. Bandas como Suicide o Sonic Youth, presentes en la colección, tomaron ese legado y lo llevaron hacia el ruido y la textura, sembrando las semillas para todo el rock alternativo de los años 80 y 90.

Lo que esta caja nos dice sobre su tiempo es que fue una era de posibilidades infinitas. A pesar de la suciedad y la decadencia, o quizás debido a ellas, había un optimismo feroz en el acto de crear. Hilly Kristal, fallecido en 2007, y su club, cerrado en 2006, dejaron un legado que va más allá de los ladrillos. Crearon un espacio donde el "hazlo tú mismo" no era un eslogan, sino una estrategia de supervivencia. Al escuchar a grupos oscuros como The Miamis o The Raybeats junto a las leyendas, entendemos que la historia no la escriben solo los vencedores, sino todos aquellos que se atrevieron a subirse a la tarima.

Por qué mola este Box-set:


¿Por qué deberíamos invertir nuestro tiempo en 2026 escuchando grabaciones de hace cincuenta años? La respuesta es simple: porque esta música está viva. "CBGB & OMFUG: A New York City Soundtrack" no es una pieza de museo cubierta de polvo; es una fuente de energía renovable. En un momento cultural donde todo parece prefabricado y diseñado por algoritmos para el consumo rápido, la honestidad brutal de estas 101 canciones actúa como un limpiador de paladar.

La calidad del audio, remasterizado pero respetuoso con la suciedad original, permite apreciar matices que se perdían en viejos casetes piratas. El trabajo de Cherry Red Records y la curaduría de Rob Tannenbaum merecen un aplauso de pie. Han logrado equilibrar lo académico con lo emocional, entregándonos un producto que sirve tanto para el historiador musical como para el neófito que busca su próxima banda favorita. La relación entre éxitos y descubrimientos es asombrosamente alta; es casi imposible no encontrar una joya oculta que te haga correr a buscar más información sobre una banda que solo existió durante seis meses en 1979.

Este álbum es bueno hoy porque nos recuerda que la cultura no se pide permiso. Se toma. Nos recuerda que la música más influyente del último medio siglo nació en un bar de mala muerte donde el dueño solo quería escuchar Bluegrass. Es una lección de humildad y de poder. La influencia de estos sonidos resuena en cada banda de indie rock, en cada grupo de post-punk revival y en cada chaval que coge una guitarra en un garaje.

Box Set Recomendado


Si alguna vez te has sentido fuera de lugar, si alguna vez has pensado que tu arte no encaja en los moldes establecidos, o si simplemente amas el rock and roll en su forma más pura y visceral, necesitas escuchar esta caja recopilatorio. Hazte un favor: apaga las notificaciones de tu teléfono, sírvete una bebida barata, sube el volumen hasta que los vecinos se quejen y déjate llevar por el sonido de Nueva York cuando Nueva York era el centro del universo salvaje. Es un viaje que no olvidarás.

Video del tema “The Kid with the Replaceable Head”:

Tracklist (4 CD Box Set):

1. The Dictators – (I Live For) Cars and Girls
2. The Harlots of 42nd Street – S&M (I Can't Live Without You)
3. The Magic Tramps – S&M / Leather Queen
4. Patti Smith – Free Money
5. The Brats – Be a Man
6. City Lights – Travelin' Man
7. The Hounds – Call Me (Previously unreleased on CD)
8. Erasers – It Was So Funny (That Song That They Sung)
9. Ramones – Beat on the Brat
10. Stuart's Hammer – Everybody's Depraved (Live at CBGB)
11. The Planets – Come On Up (Previously unreleased)
12. Milk ’N’ Cookies – Not Enough Girls (In the World)
13. Just Water – They Live by Night
14. Television – See No Evil
15. Mumps – Crocodile Tears
16. The Heartbreakers – Born to Lose
17. Testors – You Don't Break My Heart
18. The Dead Boys – Ain't Nothing to Do
19. The Senders – You Really Piss Me Off
20. The Electric Chairs – Fuck Off
21. Marbles – Forgive and Forget
22. Cherry Vanilla – Hard as a Rock
23. Tuff Darts – Fun City
24. Talking Heads – A Clean Break (Let's Work) (Live)
25. Suicide – Ghost Rider
26. Pure Hell – I Feel Bad
27. Helen Wheels – Room to Rage
28. Blondie – Picture This
29. Mars – Helen Forsdale
30. Come On – Don't Walk on the Kitchen Floor
31. Mink DeVille – “A” Train Lady
32. The Heat – Instant Love (Previously unreleased on CD)
33. Genya Ravan – Aye Co'lorado
34. Theoretical Girls – Lovin' in the Red
35. Richard Hell & The Voidoids – The Kid with the Replaceable Head
36. The Stilettos – Pink Stilettos
37. The Paley Brothers – Baby, Let's Stick Together
38. Neon Leon – Rock ’n’ Roll Is Alive (Previously unreleased on CD)
39. Revelons – The Way (You Touch My Hand)
40. New York Ni**ers – Just Like Dresden ’45
41. L.O.K. – Fun House (Previously unreleased on CD)
42. Material – O.A.O.
43. The Laughing Dogs – I Need a Million
44. Shrapnel – Combat Love
45. Peroxide – Heart Disease
46. Student Teachers – Christmas Weather
47. Tom Verlaine – Breakin' in My Heart
48. Richard Lloyd – Number Nine
49. James Chance & The Contortions – Jailhouse Rock (Live at CBGB 1978)
50. The Cramps – Garbage Man
51. The Dots – I Don't Wanna Dance (With You) (Previously unreleased on CD)
52. The Miamis – We Deliver
53. Model Citizens – Shift the Blame
54. The dB's – Black and White
55. The Rattlers – On the Beach
56. Love of Life Orchestra – Revolution Is Personal
57. Urban Verbs – Next Question (Previously unreleased)
58. Sylvain Sylvain – Teenage News
59. Stimulators – Loud Fast Rules
60. Tot Rocket and the Twins – Reduced
61. The Bongos – Telephoto Lens
62. Outsets – I'm Searchin' for You
63. Sorrows – Teenage Heartbreak
64. The Lounge Lizards – Do the Wrong Thing
65. Nervus Rex – There She Goes
66. The Cosmopolitans – Wild Moose Party
67. Polyrock – You're Dragging Feet
68. Lenny Kaye with The Lone Wolves – Child Bride (Previously unreleased on CD)
69. R.L. Crutchfield's Dark Day – Arp's Carpet
70. The Colors – Jealousy
71. TV Toy – (Don't Blame It on the) Weekend
72. DNA – Blonde Red Head
73. The Rudies – Sherri Goodbye
74. The Raybeats – Tight Turn
75. Phosphenes – Asexual (Previously unreleased on CD)
76. Minor Threat – Straight Edge
77. Bush Tetras – Things That Go Boom in the Night
78. Human Switchboard – (Say No to) Saturday's Girl
79. Disturbed Furniture – Information
80. The Necessaries – Back to You
81. Chemicals Made from Dirt – Oriental Television
82. China Shop – If It's New
83. James Blood Ulmer – Open House
84. Nihilistics – You're to Blame
85. Beastie Boys – Egg Raid on Mojo
86. The Individuals – My Three Sons (Revolve Around the Earth)
87. Rhys Chatham – Drastic Classicism (Edit)
88. Unknown Gender – Boys-Girls (Radio)
89. Khmer Rouge – Hinterland
90. Bad Brains – Banned in D.C.
91. Heart Attack – English Cunts
92. Outpatients – Fight
93. Vatican Commandos – Housewives on Valium
94. Sonic Youth – The World Looks Red
95. Jeff & Jane Hudson – Operating Instruction
96. Glorious Strangers – Deception
97. Nona Hendryx – Transformation
98. Reagan Youth – No Class
99. Rat at Rat R – Assassin
100. Ritual Tension – Social Climber
101. The Ordinaires – Grace

CBGB's — A NYC STORY (Documentary):

VIAGRA BOYS - Viagr Aboys - Album

Antes de entrar canción por canción, antes incluso de hablar de estilos, influencias o contexto, conviene detenerse un momento en la sensación que deja Viagr Aboys al terminar la escucha. No es un disco que se imponga de inmediato ni que busque convencerte con grandes gestos. Más bien se queda rondando, como una conversación incómoda escuchada en la mesa de al lado, como una risa fuera de lugar en un momento serio. Viagra Boys no regresan para dar respuestas ni para señalar culpables con el dedo, sino para observar el desorden con una mezcla de ironía, cansancio y lucidez. Desde ahí, desde ese punto intermedio entre el chiste y la confesión, se despliega un álbum que merece ser recorrido con calma, atención y cierta disposición a aceptar que no todo tiene que estar claro para resultar revelador.

ALBUM: Viagr Aboys 


El primer sonido que me salta de "Viagr Aboys" no es una guitarra ni un sintetizador, es un eructo. Un eructo seco, incómodo, casi agresivo, que Sebastian Murphy suelta antes de empezar a hablar de carne, internet y pies. No es solo una broma escatológica, es una declaración de intenciones. Viagra Boys regresan en 2025 sin pedir permiso, sin limpiar nada, sin disculparse por existir. Y lo hacen desde un lugar curioso, menos rabioso que antes, más cansado, quizá más honesto.

VIAGRA BOYS - Viagr Aboys - Album (2025)

Este cuarto álbum llega tras "Cave World", un disco escrito en pleno encierro pandémico, atravesado por paranoia, teorías conspirativas y una sensación de mundo al borde del colapso. Aquello era un espejo deformado pero brutalmente reconocible. "Viagr Aboys" no abandona ese mundo, pero cambia la manera de habitarlo. Si antes la banda gritaba contra el ruido, ahora parece observarlo con una media sonrisa, entre el asco y la resignación. No es optimismo. Es otra forma de supervivencia.

Cómo se hizo:


Hay algo importante en el contexto de este disco. "Viagr Aboys" es el primer lanzamiento de Viagra Boys a través de su propio sello, Shrimptech Enterprises, tras separarse de Year0001 en 2024. Puede parecer un detalle técnico, pero se nota. El disco suena más libre, más errático y, paradójicamente, más controlado. Pelle Gunnerfeldt, productor habitual y figura clave del punk sueco, vuelve a estar detrás de la mesa, afinando un sonido que ya no necesita probar nada, solo afilarse.

Murphy ha dicho en entrevistas que estaba cansado de la carga política explícita, que quería hacer algo "simple y estúpido". Pero esa simplicidad es engañosa. Como casi todo en Viagra Boys, la estupidez funciona como máscara. Debajo hay ansiedad, síndrome del impostor, desgaste físico, miedo a la irrelevancia y una obsesión constante con el cuerpo, la salud y la identidad en un mundo que reduce todo a consumo.

El arte de sonar sucios sin serlo:


Musicalmente, "Viagr Aboys" es uno de los discos mejor producidos de la banda. No en el sentido pulido, sino en el uso del caos. El bajo sigue siendo el eje, grueso, amenazante, casi obsceno. Las guitarras entran como cuchilladas cortas o se arrastran con un tono noventero que recuerda tanto al grunge más sucio como al post punk europeo. Los sintetizadores y efectos electrónicos no decoran, incomodan.

"Man Made of Meat" avanza con un groove lento, casi aplastante, mientras Murphy escupe imágenes de supermercados infernales y cuerpos convertidos en productos. "Uno II" acelera el pulso con una energía nerviosa, casi new wave, y detalles inesperados, como flautas que evocan a la australianos Men at Work y convierten la paranoia doméstica en algo extrañamente bailable. "The Bog Body" mezcla texturas frías, casi arqueológicas, con un bajo que suena húmedo, como si estuviera enterrado en turba.

Hay momentos donde el grupo se permite romper su propio molde. "Medicine for Horses" es una balada triste, de una tristeza sin ironía, con guitarras que recuerdan a Pixies y un paisaje emocional amplio, casi americano. "River King", el cierre, apuesta por piano y silencio, por una fragilidad que nunca había estado tan expuesta en un disco de Viagra Boys.

La trampa de no tomarse en serio:


Sebastian Murphy siempre ha sido un narrador peculiar. Aquí sigue jugando al monólogo absurdo, al flujo de conciencia que parece improvisado pero está medido al milímetro. La diferencia es el tono. En "Viagr Aboys" hay menos rabia directa y más auto burla. "My personality is based on food now", canta en "Uno II", y uno se ríe hasta que se da cuenta de que no es solo un chiste, es una confesión.

"Man Made of Meat" podría parecer una caricatura grotesca del consumismo, pero también es una canción profundamente cansada, alguien que no quiere pagar por nada porque ya está agotado de existir dentro del sistema. "Pyramid of Health" se adentra en la obsesión contemporánea por el bienestar, los retiros espirituales, los remedios alternativos. No lo hace desde el desprecio, sino desde la confusión. Como si Murphy se preguntara si ahí hay alguna salida, aunque sepa que probablemente no.

"Dirty Boyz" retoma uno de los temas clásicos del grupo, la masculinidad tóxica, los grupos de chicos perdidos que se convierten en amenaza. No es la canción más novedosa del disco, pero sigue funcionando como retrato incómodo de una violencia heredada. "Waterboy", en cambio, baja la intensidad y muestra a un narrador roto, cansado, medicado, atrapado entre la nostalgia y la autodestrucción cotidiana.

"You N33d Me" es una sorpresa. Bajo su fachada de rock sucio hay una canción de amor torpe, casi tierna, sobre la necesidad de ser visto por alguien, aunque sea haciendo un baile ridículo. Es uno de esos momentos donde el humor se cae y aparece algo genuino.


Referencias:


Viagra Boys siempre han dialogado con el pasado sin sonar nostálgicos. Aquí hay ecos claros de Devo, no solo en la estética absurda, sino en la idea de la humanidad como especie en regresión. Hay algo de Talking Heads en la manera de observar la vida moderna como un espectáculo extraño. También hay rastros del rock alternativo de los noventa, del cinismo cansado de bandas como Pavement o del nihilismo cotidiano del grunge menos épico.

VIAGRA BOYS

Al mismo tiempo, el grupo sigue siendo profundamente europeo. Su manera de usar el humor, de incomodar sin explicar demasiado, conecta con una tradición más cercana al teatro absurdo que al rock clásico. En "Viagr Aboys", esa mezcla alcanza un equilibrio extraño pero efectivo.

Qué dice Viagr Aboys sobre nuestro tiempo:


Este disco no intenta explicar el mundo, ni denunciarlo de forma grandilocuente. Más bien lo retrata como un lugar agotador, confuso, lleno de estímulos contradictorios. Ya no hay grandes villanos claros. Todo es más difuso. El enfado ha dejado paso al cansancio. Y en ese cansancio, Viagra Boys encuentran una forma de honestidad.

Hay desesperanza, sí, pero también pequeños gestos de humanidad. "River King" es clave en ese sentido. La escena de una comida china mediocre en un lunes cualquiera, con ruido de platos de fondo, se convierte en un momento de paz real. No hay redención épica. Solo la sensación de que, por un instante, todo es más fácil.

Por qué Viagr Aboys te puede interesar:


"Viagr Aboys" no es un disco cómodo. Tampoco intenta ser el mejor álbum de la banda de forma evidente. Pero sí es, probablemente, el más humano. Donde antes había sátira afilada, ahora hay dudas. Donde antes había gritos, ahora hay silencios. Eso no significa que Viagra Boys se hayan domesticado. Siguen siendo ruidosos, desagradables cuando quieren, y profundamente incómodos. Pero también han aprendido a bajar el volumen para decir cosas que antes se escondían tras el chiste.

Disco recomendado


Recomiendo Viagr Aboys a quien quiera escuchar rock contemporáneo que no subestime a su oyente. A quien disfrute del humor extraño, de las canciones que hacen reír y luego incomodan. A quien haya seguido a Viagra Boys desde Street Worms o Welfare Jazz, pero también a quien llegue por primera vez. Este disco no ofrece respuestas claras, pero sí compañía en el desconcierto. Y en estos tiempos, eso ya es bastante.

Video del tema "Dirty Boyz":

Tracklist:

1. "Man Made of Meat" 3:09
2. "The Bog Body" 2:53
3. "Uno II" 2:15
4. "Pyramid of Health" 3:15
5. "Dirty Boyz" 3:44
6. "Medicine for Horses" 2:55
7. "Waterboy" 2:58
8. "Store Policy" 3:35
9. "You N33d Me" 3:53
10. "Best in Show Pt. IV" 5:28
11. "River King" 3:16

Viagra Boys (Banda)

  • Oskar Carls – producción (todas las pistas), guitarra (pistas 1, 2, 4, 5, 7, 9), saxofón (2-4, 6, 8-10), flauta (3, 8), coros (5, 7), clarinete bajo (11)
  • Linus Hillborg – producción (todas las pistas), guitarra (pistas 1-10)
  • Henrik Höckert – producción (todas las pistas), bajo (pistas 1-10)
  • Elias Jungqvist – producción (todas las pistas), sintetizador (pistas 1-10), piano (6, 10), coros (7), sampler (11)
  • Sebastian Murphy – voz, producción
  • Tor Sjödén – producción (todas las pistas), batería (pistas 1-10), percusión (2, 3, 5, 10), coros (7)

Colaboradores adicionales:

  • Pelle Gunnerfeldt – producción (todas las pistas), mezcla (todas las pistas), percusión (pistas 4, 7-10), guitarra eléctrica (4, 8); guitarra acústica, piano (4); sintetizador (8-10)
  • Klara Keller – coros (pistas 3, 6)
  • Anneli Törnkvist – coros (pista 10)
  • Ellinor Lindahl – coros (pista 10)
  • Lovisa Birgersson – coros (pista 10)
  • Lalo Cissohko – percusión (pista 10)

THE KILLERS - Hot Fuss - Album

Antes de adentrarnos en las canciones y su historia, vale la pena detenerse a considerar qué hizo del álbum "Hot Fuss" un debut tan inusual. A principios de la década de 2000, abundaban las bandas que buscaban influencias retro, pero muy pocas lograron dejar una huella duradera. Algunas se desvanecieron tras uno o dos éxitos en la radio, mientras que otras se forjaron un nicho demasiado estrecho como para trascenderlo. Sin embargo, la banda de Las Vegas, "The Killers", logró un equilibrio excepcional: rememoraron el glamour de los 80, lo filtraron a través de la urgencia del resurgimiento del post-punk y lo envolvieron con un pulido que tuvo sentido tanto en la radio alternativa como en las listas de éxitos. Esta combinación es lo que le da a su primer álbum su intriga, y también la razón por la que, incluso si has escuchado sus canciones más famosas innumerables veces, el disco en su conjunto aún merece una recomendación en este blog de música.

ALBUM: Hot Fuss


Nunca me he considerado un seguidor fiel del cuarteto de Las Vegas, pero su edición de 2004 me llamó la atención. Al escucharlo muchos años después, no solo me atrae la nostalgia, sino también el reconocimiento de que este disco sigue siendo una introducción impactante al nuevo milenio.

Llegó en el momento justo:


Publicado en junio de 2004, primero en el Reino Unido y luego en Estados Unidos, "Hot Fuss" aterrizó en una época en la que la música con influencias guitarrísticas volvía a estar de moda. Bandas con inclinaciones post-punk como Franz Ferdinand, Interpol y The Futureheads se apoderaban de las listas de reproducción y los escenarios, y The Killers se integraron con naturalidad en esa corriente. Si bien compartían influencias, no se limitaban a imitarlas. Su combinación de texturas new wave, sintetizadores brillantes y ganchos con un toque pop pulido forjó un espacio que resultaba familiar y vanguardista.

THE KILLERS - Hot Fuss - Album

El momento fue casi perfecto. Los primeros sencillos "Mr. Brightside" y "Somebody Told Me" ya habían causado sensación antes del lanzamiento del álbum. Para cuando el disco llegó a los oyentes, The Killers estaban listos para dar el salto de los clubes a los estadios, y lo hicieron con una velocidad asombrosa. En un año, "Hot Fuss" se convirtió en disco de platino en varios países, vendiendo más de siete millones de copias en todo el mundo.

Orígenes e inspiraciones:


La gestación del disco no fue tan fluida como su pulida apariencia sugiere. La mayoría de las canciones se grabaron en 2003 con el productor Jeff Saltzman en California. Una excepción, "Everything Will Be Alright", se grabó de forma más informal en el apartamento del guitarrista Dave Keuning. La banda incluso debatió si su material se mantenía en pie después de escuchar Is This It de The Strokes. Brandon Flowers admitió haber descartado casi todo en lo que habían estado trabajando, excepto "Mr. Brightside". Fue un reinicio audaz que finalmente les benefició, ya que esa canción se convertiría en su himno definitivo.

Banda THE KILLERS

Al escuchar "Hot Fuss", las influencias son evidentes. Hay un pulso que recuerda a New Order, un brillo teatral que recuerda a Duran Duran e incluso el drama gótico de The Cure, entretejido en su esencia. Pero en lugar de sonar como un disfraz del pasado, el álbum proyectaba cierta confianza, como si The Killers estuvieran reconstruyendo sonidos antiguos en algo brillante y fresco para una nueva década.

Canción por canción:


El tema inicial, "Jenny Was a Friend of Mine", no pierde tiempo en establecer un tono dramático. Construido sobre una línea de bajo vibrante y con un matiz de narrativa noir, introduce el álbum con una mezcla de energía e inquietud. Para mí, sigue siendo uno de los temas iniciales más efectivos de principios de los 2000.

Le sigue "Mr. Brightside", y aunque su omnipresencia en las últimas décadas a veces la hace fácil de pasar por alto, es innegable su poder. Escrita tras el desamor de Flowers, la canción es cruda pero pulida, con un ritmo ansioso que captura los celos en tiempo real. Su permanencia en las plataformas de streaming confirma su inusual capacidad de permanencia, algo inusual para una canción tan sobreexpuesta.

"Smile Like You Mean It" ralentiza ligeramente el ritmo, ofreciendo melancolía envuelta en sintetizadores brillantes. Se siente como un puente entre la sensibilidad pop del grupo y sus influencias más oscuras. "Somebody Told Me", en cambio, rebosa de una bravuconería juguetona. Con sus letras andróginas y sus riffs de guitarra angulares, se convirtió en una de las canciones definitorias de ese verano, una pieza hecha tanto para las pistas de baile indie como para la radio comercial.

El quinto corte, "All These Things That I've Done", revela la disposición de la banda a asumir riesgos. El estribillo con tintes gospel, "I got soul, but I'm not a soldiers", podría parecer absurdo en teoría, pero se convirtió en uno de los cánticos más memorables de la época. La ambición es notable, aunque el cambio de estilo se distinga ligeramente del resto del disco.

A partir de ahí, el álbum alterna entre joyas infravaloradas y florituras arrolladoras. "Andy, You're a Star" tiene un tono amenazante; "On Top" es alegre y festiva; "Change Your Mind" introduce texturas más suaves que aún resuenan; Mientras que "Believe Me Natalie" se convierte en una pieza multifacética que muestra el alcance del grupo. "Midnight Show" es un punto culminante, parte de una trilogía en el catálogo de la banda, que late con urgencia cinematográfica.

La secuencia final también merece mención. "Everything Will Be Alright" se adentra en la electrónica al estilo de Radiohead, un marcado contraste con lo anterior. Luego, con "Glamorous Indie Rock & Roll" (un bonus track en algunas ediciones), la banda cierra el círculo con una declaración irónica pero contundente de su lugar en el panorama del indie-rock.

Impacto crítico y comercial:


En el momento del lanzamiento, la crítica no tardó en destacar la habilidad de la banda para los estribillos. Rolling Stone lo describió como "todo un éxito, nada de relleno". La prensa británica se mostró igualmente entusiasta, lo que contribuyó a impulsar el álbum al número uno en el Reino Unido. En Estados Unidos, alcanzó el número siete en el Billboard 200. Le siguieron cinco nominaciones al Grammy, lo que confirmó que The Killers habían tenido un impacto mucho más allá de la escena indie.

The Killers - Banda

En retrospectiva, lo que impresiona es la gran capacidad de estas canciones para el concierto. La banda realizó giras incansables en 2004 y 2005, teloneando a íconos como Morrissey antes de agotar las entradas de sus propios conciertos como cabezas de cartel. Canciones como "Somebody Told Me" y "All These Things That I've Done" se convirtieron rápidamente en clásicos en vivo, consolidándose como estándares modernos.

Por qué es una recomendación:


Lo que le da a "Hot Fuss" su permanencia no son solo sus éxitos, aunque estos son innegables. Es la forma en que el disco logra equilibrar la exuberancia juvenil con una genuina carga emocional. Las canciones son lo suficientemente pegadizas como para atraer a oyentes ocasionales, pero lo suficientemente detalladas como para animar a los que repiten.

Incluso después de años, sigo encontrando algo nuevo en "Jenny Was a Friend of Mine" o "Believe Me Natalie". Eso, para mí, es señal de que vale la pena volver a escuchar un disco. No importa si escuchaste estas canciones por primera vez en la adolescencia o si las descubres ahora por primera vez: hay una inmediatez que aún resuena.

Disco recomendado


Puede que The Killers hayan ampliado su sonido en álbumes como Sam's Town y Day & Age, pero su debut sigue siendo una referencia. "Hot Fuss" capturó un momento específico de 2004, a la vez que lo trascendió. Fusionó el revivalismo post-punk con la ambición pop, creando algo a la vez elegante y sustancial.

Si nunca has escuchado el álbum completo, te recomiendo que te tomes un tiempo. Ve más allá de "Mr. Brightside" y "Somebody Told Me" y déjate llevar por la variedad que llena el disco. Décadas después, "Hot Fuss" no es sólo un debut congelado en el tiempo: es un recordatorio de cómo una joven banda de Las Vegas logró iluminar el escenario mundial con confianza y estilo.

Video del tema "Mr. Brightside":


Tracklist:

1. "Jenny Was a Friend of Mine" 4:04
2. "Mr. Brightside" 3:43
3. "Smile Like You Mean It" 3:54
4. "Somebody Told Me" 3:17
5. "All These Things That I've Done" 5:01
6. "Andy, You're a Star" 3:14
7. "On Top" 4:18
8. "Change Your Mind" 3:11
9. "Believe Me Natalie" 5:05
10. "Midnight Show" 4:02
11. "Everything Will Be Alright" 5:45

The Killers:

  • Brandon Flowers – voz, sintetizador
  • Dave Keuning – guitarra
  • Mark Stoermer – bajo
  • Ronnie Vannucci Jr. – batería

Músicos adicionales:

  • Sweet Inspirations – coro gospel (pistas 5 y 6)

Técnica:

  • Jeff Saltzman – producción, grabación (pistas 1-10)
  • The Killers – producción (pistas 1-10)
  • Brandon Flowers – producción (pista 11)