BLOG DE MUSICA ▶️ BUSCAR TU MÚSICA Y ARTISTA-GRUPO ▶️ SEARCH YOUR MUSIC AND ARTIST-BAND

STRAY CATS - Build for Speed - Album

Antes de entrar en detalles, conviene aclarar desde dónde se escucha el disco "Built for Speed" hoy. No desde la nostalgia obligatoria, ni desde el debate eterno sobre si el rockabilly debe ser peligroso o respetuoso, sino desde la experiencia directa de poner el disco, dejarlo correr y observar qué pasa. Porque más allá de su contexto, de su éxito comercial o de las discusiones críticas que lo han rodeado durante décadas, este álbum sigue planteando una pregunta sencilla pero honesta: ¿qué queda cuando quitamos el mito y dejamos solo las canciones? La respuesta, como ocurre con los discos bien construidos, está en la escucha atenta y en el placer de reconocer un sonido que sabe exactamente a qué viene.

ALBUM: Built for Speed


No recuerdo la primera vez que escuché "Built for Speed" como un momento épico, sino como una constatación. Sonó y pensé, esto está bien hecho. No esto es peligroso, ni esto va a cambiar mi vida, sino algo más sencillo y más honesto: esto funciona. Ese matiz es importante, porque durante años el disco ha cargado con demasiadas lecturas ajenas a la música, debates sobre autenticidad, nostalgia y pureza que, escuchado hoy, resultan casi irrelevantes. "Built for Speed" de STRAY CATS no necesita ser defendido ni atacado como manifiesto cultural. Es, ante todo, un álbum que suena sólido, directo y sorprendentemente coherente para haber nacido como un simple ensamblaje de canciones.

STRAY CATS - Build for Speed - Album

Publicado en junio de 1982 por EMI America Records, "Built for Speed" fue el primer álbum de los Stray Cats lanzado oficialmente en Estados Unidos. Técnicamente no era un disco nuevo, sino una recopilación muy bien afinada de su debut británico "Stray Cats" y su continuación "Gonna Ball", ambos editados en 1981 en Reino Unido, más una canción inédita que daba título al conjunto. Nadie lo pensó como un golpe maestro. Y, sin embargo, lo fue. El álbum llegó al número dos del Billboard 200, colocó varios sencillos en lo más alto de las listas y acabó certificando platino. Rockabilly, en plena era de sintetizadores, MTV y post punk, colándose en los salones americanos como si nunca se hubiera ido.

Cómo se construyó un éxito inesperado:


El contexto importa. A principios de los ochenta (siglo XX), el rock and roll clásico era un lenguaje prácticamente relegado a recopilatorios, circuitos nostálgicos o referencias irónicas. Los Stray Cats, tres chicos de Long Island obsesionados con los sonidos de los años 50, tuvieron que cruzar el Atlántico para ser tomados en serio. Inglaterra, siempre más receptiva a los revival bien vestidos, les abrió la puerta. Allí grabaron sus dos primeros discos con Dave Edmunds como productor principal, alguien que entendía perfectamente cómo hacer sonar lo viejo sin convertirlo en una parodia.

Cuando EMI decide lanzar "Built for Speed" en Estados Unidos, lo hace sin demasiada ceremonia. El disco reúne seis canciones del primer álbum, cinco del segundo y añade la nueva "Built for Speed", que actúa como eje conceptual aunque nadie lo planeara así. El resultado es curioso: un álbum que no fue concebido como tal, pero que termina siendo el más compacto y reconocible de su carrera.

STRAY CATS - Banda

Eso explica en parte su eficacia. No hay relleno, no hay desvíos estilísticos. Todo gira alrededor de un mismo pulso, un mismo imaginario y una misma química instrumental.

Sonido, músculo y contención:


Escuchar "Built for Speed" hoy es enfrentarse a un disco extremadamente limpio. Demasiado limpio, dirán algunos. La producción es clara, seca, sin exceso de reverberación ni barro emocional. Slim Jim Phantom toca la batería de pie, sin apenas platos, marcando el ritmo con una economía casi matemática. Lee Rocker camina el contrabajo como si fuera una extensión natural de su cuerpo, marcando cada compás con precisión quirúrgica. Y Brian Setzer, ahí está la clave, se mueve por el mástil con una soltura que no necesita alardes.

Brian Setzer no inventa nada, y eso es evidente desde el primer minuto. Su guitarra está empapada de Cliff Gallup, Scotty Moore y James Burton, pero no suena a calco. Suena a alguien que ha estudiado ese lenguaje durante años y lo ha hecho suyo. Escúchese "Rock This Town" con atención. El riff inicial es una invitación directa, casi pedagógica, y el solo es un ejercicio de claridad. Cada nota está donde tiene que estar. No hay fuego descontrolado, pero sí oficio, ritmo interno y una musicalidad que se mantiene fresca incluso décadas después.

Ese equilibrio entre control y energía define todo el álbum. "Stray Cat Strut" camina con elegancia felina, más sugerente que agresiva. "Rumble in Brighton" tiene algo de música de serie de televisión, sí, pero también un empuje instrumental que la convierte en una pieza reconocible al instante. "Rev It Up and Go" acelera sin perder el control del volante. Y cuando el disco baja el ritmo, como en "Lonely Summer Nights", aparece una faceta más melódica, casi de crooner juvenil, con saxofón incluido y una atmósfera que recuerda más a una pista de baile iluminada con neón que a un garaje sudoroso.

Canciones que se sostienen solas:


Uno de los grandes méritos del disco "Built for Speed" es que sus canciones funcionan incluso cuando uno se despoja del contexto histórico. "Little Miss Prissy" tiene un nervio casi garage rock, un punto canalla que rompe con la imagen pulida del grupo. "Jeanie, Jeanie, Jeanie", versión de Eddie Cochran, es probablemente el momento más desatado del álbum. Aquí sí hay algo de suciedad, de desorden controlado, de espíritu Sun Records filtrándose por las rendijas. Es una interpretación que demuestra que los Stray Cats sabían sonar menos educados cuando querían.

En cambio, "Baby Blue Eyes", tomada del repertorio de Johnny Burnette, cierra el disco con una elegancia que bordea lo conservador. No hay peligro real, ni intención de provocarlo. Es rockabilly domesticado, sí, pero también ejecutado con respeto y conocimiento.

Y ahí está la gran discusión alrededor del álbum.

¿Rockabilly sin colmillos?


Durante años se ha acusado a los Stray Cats de suavizar un género que nació salvaje. No les falta razón a quienes comparan su enfoque con el de bandas posteriores como The Cramps o Reverend Horton Heat, que llevaron el rockabilly hacia terrenos más enfermizos, más extremos, más incómodos. "Built for Speed" no quiere incomodar. Quiere gustar. Y lo consigue.

Pero reducir el disco a una versión descafeinada de sus referentes es perder de vista su verdadero papel. Este álbum no pretendía reescribir la historia del rock and roll, sino recordarle a una generación entera que ese sonido existía. Para muchos oyentes nacidos después de 1965, "Built for Speed" fue la puerta de entrada a Gene Vincent, Carl Perkins o Wanda Jackson. Y eso no es poca cosa.

STRAY CATS - Banda

Hay una honestidad peculiar en ese planteamiento. Los Stray Cats no fingen ser forajidos ni incendiarios. Son músicos bien vestidos, técnicamente sólidos, que aman una música concreta y la interpretan sin ironía. No hay sarcasmo ni cinismo. Hay devoción.

Disco de su tiempo:


Escuchado hoy, "Built for Speed" dice tanto de los años cincuenta que homenajea como de los años ochenta que lo vieron triunfar. Es un disco que conecta con una necesidad cíclica de volver a lo reconocible cuando el presente se vuelve demasiado confuso. En plena expansión tecnológica, con la música popular fragmentándose en mil direcciones, los Stray Cats ofrecieron una narrativa simple: canciones cortas, ritmo claro, melodías memorables, estética definida.

No es casualidad que MTV abrazara en su día el disco. La imagen del grupo era tan importante como su sonido, y ambos estaban perfectamente alineados. Pero incluso sin vídeo, las canciones aguantan. No necesitan el peinado ni la chaqueta de cuero para sostenerse.

Disco recomendado


"Built for Speed" no es un álbum revolucionario. No es peligroso. No es incómodo. Y aun así, sigue siendo un disco muy disfrutable. Porque está bien tocado, bien producido y porque transmite una energía honesta, sin pretensiones ocultas. Es un álbum que no promete más de lo que ofrece, y ofrece exactamente lo que promete.

Hoy lo escucho sin necesidad de compararlo con nadie. Lo escucho como un disco que sabe lo que es y no intenta ser otra cosa. Un recordatorio de que el rock and roll también puede ser elegante, preciso y directo sin perder su encanto.

Si nunca lo has escuchado, "Built for Speed" es una entrada amable y sólida a un universo musical que merece ser explorado. No te va a cambiar la vida, pero probablemente te acompañe más tiempo del que esperas. Y a veces, eso es exactamente lo que uno le pide a un buen disco.

Video del tema "Rock This Town":

Tracklist (formato LP vinilo):

Cara A:

1. "Rock This Town*" 3:24
2. "Built for Speed" 2:53
3. "Rev It Up & Go" 2:27
4. "Stray Cat Strut*" 3:15
5. "Little Miss Prissy" 2:59
6. "Rumble in Brighton*" 3:11

Cara B:

1. "Runaway Boys" 2:58
2. "Lonely Summer Nights" 3:16
3. "Double Talkin' Baby" 3:02
4. "You Don't Believe Me" 2:54
5. "Jeanie, Jeanie, Jeanie" 2:18
6. "Baby Blue Eyes" 2:47

Stray Cats:

  • Brian Setzer – guitarras, guitarra lap steel, voz
  • Slim Jim Phantom – batería, voz
  • Lee Rocker – bajo, bajo eléctrico, voz

Producción:

  • Dave Edmunds – producción
  • Hein Hoven – producción
  • Stray Cats – producción

YUSEF LATEEF - Eastern Sounds - Album

Antes de sumergirte en el blog post, conviene ajustar el oído y el ánimo. El disco que voy a recomendar no entra por la vía rápida ni busca deslumbrar a la primera escucha. Exige una atención distinta, más cercana a la curiosidad que al consumo inmediato. Este texto nace precisamente de ese tiempo compartido con la música, de escuchar sin prisa y de dejar que el universo de Yusef Lateef vaya revelándose poco a poco, desde la emoción y la experiencia personal, más que desde la teoría.


ALBUM: Eastern Sounds


Entro en "Eastern Sounds" como quien entra en una habitación en penumbra después de un día ruidoso. No hay golpes de efecto ni virtuosismo gratuito esperando en la puerta. Lo que hay es una sensación inmediata de recogimiento, de pausa, casi de suspensión del tiempo. Y eso, escuchado hoy desde una sensibilidad formada entre el rock, el pop y la música alternativa, resulta profundamente subversivo. Porque este disco no quiere convencerte de nada. Quiere que escuches. Que te quedes. Que aceptes que la música también puede ser un espacio para pensar, para respirar y para dejar que otras culturas, otros sonidos y otros silencios entren en tu vida sin pedir permiso.

YUSEF LATEEF - Eastern Sounds - Album (1962)

Publicado en abril de 1962 en el sello Moodsville de Prestige Records, Eastern Sounds es una de esas obras que parecen vivir fuera de su tiempo. Grabado en septiembre de 1961, el álbum captura a Yusef Lateef en un momento de transición personal, espiritual y musical, justo cuando su banda con el pianista Barry Harris estaba a punto de disolverse tras el traslado de Detroit a Nueva York. La escena del jazz en Detroit se apagaba lentamente, y Yusef Lateef, lejos de aferrarse a una tradición que se cerraba sobre sí misma, miraba hacia fuera. Hacia Oriente. Hacia otras escalas, otros modos, otras formas de entender la improvisación.


Cómo nació el disco:


Para entender "Eastern Sounds" hay que situarse en ese cruce de caminos. Yusef Lateef llevaba años interesado en la música del Próximo Oriente y de Asia mucho antes de que ese interés se convirtiera en una moda dentro del jazz. Ya en Prayer to the East, de 1957, había incorporado instrumentos como la shahnai y explorado modos no occidentales. Pero aquí el gesto es más contenido, más integrado, más consciente de la escucha del otro. No se trata de exotismo de postal ni de color local añadido por encima, sino de una búsqueda sincera, casi íntima.

El contexto del sello Moodsville es importante. Aquellas sesiones estaban pensadas para discos relajados, de tempo medio o lento, con un aire nocturno, accesible. Lateef supo jugar con esa expectativa y, sin traicionarla, introducir en ella algo profundamente distinto. El resultado es un álbum que suena hermoso y extraño al mismo tiempo, como si una balada conocida empezara de pronto a hablar otro idioma sin dejar de ser comprensible.

YUSEF LATEEF

La formación es clave para que eso funcione. Junto a Barry Harris, el disco cuenta con el bajista y multiinstrumentista Ernie Farrow, que alterna el contrabajo con el rabat indio, y con el batería Lex Humphries, cuyo trabajo con escobillas es de una delicadeza extrema. Nada sobresale de forma innecesaria. Todo respira.


Sonido, texturas y la belleza:


Desde el primer corte, "The Plum Blossom", Lateef deja claro que este no va a ser un disco convencional. Comienza tocando el xun, una flauta globular china de arcilla, capaz de producir solo cinco notas. En lugar de limitarlo, ese margen estrecho parece liberarlo. El sonido es áspero, casi borroso, pero profundamente expresivo. Me recuerda a la sensación que produce escuchar por primera vez un tema minimalista de Brian Eno o una melodía repetitiva de Terry Riley: no pasa gran cosa, pero todo está pasando.

La pieza se mueve en un modo menor constante, con un pulso casi ritual. Farrow abandona la línea de bajo tradicional y aporta una textura rítmica que descoloca al oído acostumbrado al jazz estándar. Y sin embargo, todo suena natural. Bluesy. Cercano.

Ese equilibrio entre lo conocido y lo ajeno atraviesa todo el disco. "Blues for the Orient" utiliza una estructura de blues clásica, pero Yusef Lateef decide tocar el oboe, uno de los instrumentos menos asociados al jazz. El resultado es fascinante y, por momentos, incómodo. Hay quien ha señalado cierto aire forzado en este tema, y lo entiendo. Pero también hay una honestidad brutal en esa incomodidad. Es el sonido de alguien buscando, no posando.

En "Ching Miau", construido sobre una escala china y un compás de 5/4, Lateef se pasa al saxo tenor y se instala sobre un vamp insistente. Aquí es imposible no pensar en John Coltrane y sus meditaciones modales de la misma época. Pero lo interesante es que Lateef no parece seguir a Coltrane, sino caminar en paralelo. Hay una sequedad en el fraseo, una economía de notas, que conecta más con ciertas sensibilidades del rock experimental posterior que con el jazz virtuoso.

Cine, baladas y el poder de la emoción:


Uno de los grandes aciertos de Eastern Sounds es la inclusión de temas procedentes del cine, concretamente de Spartacus y The Robe. Podría parecer un gesto oportunista, pero sucede justo lo contrario. Lateef utiliza esas melodías familiares como puntos de entrada, como puertas abiertas para oyentes menos acostumbrados a su universo sonoro. Escuchar el tema de Spartacus aquí es descubrir cómo una melodía conocida puede transformarse por completo a través del timbre y el contexto. El oboe de Lateef no dramatiza, no subraya. Canta.

Desde una perspectiva pop o rock, esto conecta directamente con la idea de reinterpretar material ajeno para hacerlo propio, algo que artistas como David Bowie o Radiohead han hecho constantemente, apropiándose de referencias externas para construir un lenguaje personal.

Las baladas son, para mí, el corazón emocional del disco. "Don’t Blame Me" es jazz sin adjetivos, directo al centro. Lateef al saxo tenor suena cálido, humano, vulnerable. Barry Harris firma aquí uno de sus solos más hermosos, contenido y profundamente expresivo. No hay ornamento. Solo conversación. "Purple Flower", por su parte, se mueve en una escala vagamente árabe y crea una atmósfera introspectiva, casi suspendida. Pienso en ella como una canción nocturna, de esas que no buscan consuelo inmediato, sino compañía.

"Snafu" rompe ese clima con un pulso más agresivo, casi físico. El bajo de Farrow empuja con insistencia, y Yusef Lateef se permite uno de sus solos más intensos del disco. Aquí hay algo que conecta con la energía del rock, con esa necesidad de avanzar incluso cuando el terreno es irregular.

Qué dice hoy Eastern Sounds sobre nosotros:


Escuchar Eastern Sounds en 2026 es una experiencia reveladora. No solo por su valor histórico, sino porque plantea preguntas que siguen abiertas. ¿Cómo nos relacionamos con otras culturas? ¿Desde la curiosidad o desde la apropiación superficial? Yusef Lateef no ofrece respuestas cerradas, pero su música propone un camino basado en el respeto, la escucha y la emoción compartida.

YUSEF LATEEF

El texto original de las notas del disco hablaba de una relación inevitable entre la improvisación americana y la música del Próximo Oriente. Era una intuición profética. Décadas después, esa conexión es evidente, no solo en el jazz, sino en el pop, el rock, la electrónica y la música alternativa. Desde la fascinación de George Harrison por Ravi Shankar hasta las exploraciones contemporáneas de artistas que mezclan tradición y experimentación, el camino que Lateef ayudó a abrir sigue vivo.

Disco recomendado


Eastern Sounds no es un disco fácil, pero tampoco es hermético. Es un álbum que te pide tiempo, atención y cierta humildad como oyente. A cambio, ofrece una experiencia profunda, rica en matices y sorprendentemente actual. No importa si vienes del jazz, del rock o del pop alternativo. Si te interesa la música como espacio de encuentro, este disco tiene algo que decirte.

Lo recomiendo porque no envejece, porque no se agota y porque sigue sonando honesto. Porque demuestra que la verdadera innovación no siempre grita, a veces susurra. Y porque escuchar a Yusef Lateef aquí es recordar que la música, cuando es de verdad, no entiende de fronteras ni de etiquetas. Solo de personas buscando algo que todavía no saben nombrar, pero que reconocen cuando suena.

Video del tema "Blues for the Orient":

Tracklist:

1."The Plum Blossom" (Yusef Lateef) – 5:03
2."Blues for the Orient" (Lateef) – 5:40
3."Ching Miau" (Lateef) – 3:20
4."Don't Blame Me" (Jimmy McHugh) – 4:57
5."Love Theme from Spartacus" (Alex North) – 4:15
6."Snafu" (Lateef) – 5:42
7."Purple Flower" (Lateef) – 4:32
8."Love Theme from The Robe" (Alfred Newman) – 4:02
9."The Three Faces of Balal" (Lateef) – 2:23

Musicos:

  • Yusef Lateef – flauta, oboe, saxofón tenor, xun (llamada "flauta globular china" en las notas del álbum)
  • Barry Harris – piano
  • Ernie Farrow – contrabajo, Rabaab (llamado "rabat" en las notas del álbum)
  • Lex Humphries – batería

JACK FROST - As Seen on TV - (3xCD)

Antes de entrar en el corazón de este artículo, conviene señalar algo importante. "As Seen on TV" de JACK FROST no es un rescate nostálgico ni un ejercicio para completistas. Es una invitación a detenerse, a escuchar con calma y a descubrir cómo dos grandes compositores australianos se encontraron en un punto de máxima fragilidad creativa para escribir canciones que todavía hoy suenan necesarias. Si te interesan los discos que crecen con cada escucha y que te acompañan más allá del momento en que terminan, este es un buen lugar para empezar.

ALBUM (3xCD): As Seen on TV


Escuchar la recopilación de "As Seen on TV" hoy es entrar sin rodeos en una conversación íntima entre dos de los grandes compositores australianos del final del siglo XX. No hay artificio ni pose. Lo que hay es el cruce frontal de dos voces que ya venían cargadas de historia, pérdidas recientes y una necesidad casi urgente de seguir escribiendo canciones que dolieran un poco. Este triple box set no es una simple reedición de catálogo. Es la recuperación de un diálogo creativo breve pero intensísimo, que sigue resonando con una claridad emocional poco común.

JACK FROST - As Seen on TV - (3xCD)

La colaboración entre Grant McLennan y Steve Kilbey (Jack Frost) fue, desde el principio, improbable y lógica a la vez. Improbable porque sus bandas madre, "The Go-Betweens" y "The Church", habitaban territorios emocionales distintos. Lógica porque ambos compartían una fe absoluta en la canción como espacio de verdad, aunque llegaran a ella desde ángulos opuestos. Jack Frost nació en ese punto exacto donde la melancolía abierta de McLennan se cruzó con el desapego nocturno y psicodélico de Kilbey.

Cómo nació Jack Frost:


En 1990, Grant McLennan estaba emocionalmente a la intemperie. La ruptura de The Go-Betweens y el final de su relación con Amanda Brown no eran solo acontecimientos profesionales o sentimentales, sino grietas profundas que se filtraron directamente en su escritura. Steve Kilbey, por su parte, llegaba desde el éxito internacional de disco Starfish y el el single "Under The Milky Way", pero también desde una cierta fatiga creativa. La invitación a escribir juntos en el estudio Karmic Hit de Sydney fue, más que un plan, un gesto de curiosidad mutua.

El primer álbum, "Jack Frost" de 1990, se grabó con una filosofía clara, primeras tomas, poca corrección, prioridad absoluta a la emoción. Eso se escucha. El disco suena a dos universos que todavía no se han fusionado del todo, pero que se necesitan. A ratos parece un álbum de McLennan con sombras nuevas, a ratos un disco de Kilbey atravesado por una vulnerabilidad que rara vez mostraba en The Church. Esa tensión es precisamente su mayor virtud.

Cinco años más tarde, "Snow Job" llegó desde otro lugar para ser el segundo disco. Ambos habían seguido adelante con sus carreras principales, pero cuando se reencontraron, lo hicieron con más confianza, más capas y más ruido. La producción es más densa, las guitarras más presentes y el grupo suena, por fin, como una entidad propia. No como un proyecto paralelo, sino como una banda real que ha aprendido a convivir.

Sonido, texturas y canciones que dejan marca:


Escuchar estos discos ahora en sus nuevas remasterizaciones permite apreciar detalles que antes quedaban enterrados. Las guitarras acústicas tienen un brillo más orgánico, los delays y reverbs respiran mejor y las voces, siempre centrales, ganan profundidad sin perder cercanía.

"Providence" sigue siendo uno de esos momentos donde todo encaja. La guitarra de doce cuerdas, claramente heredera del folk eléctrico de los sesenta, sostiene una melodía que parece mirar hacia Dylan sin imitarlo. Grant McLennan canta como quien acepta una pérdida sin dramatizarla, mientras Kilbey introduce una distancia casi filosófica que evita el sentimentalismo. Algo parecido ocurre en "Thought That I Was Over You", una canción que podría haber sido un clásico universal si el mundo fuera un poco más justo con la música australiana. Es pop, sí, pero un pop atravesado por una herida que no termina de cerrar.

Video del tema "Providence":

En "Snow Job", el tono cambia. "Pony Express" entra con guitarras más afiladas, casi físicas, y una energía que conecta con el rock alternativo de mediados de los noventa sin perder identidad. "Angela Carter" es otra cosa. Un vals espectral, delicado y profundamente literario, que demuestra hasta qué punto ambos compositores compartían un amor genuino por las palabras. “Haze” se adentra en drones y escalas orientales, creando un clima hipnótico que recuerda tanto a psicodelias antiguas como a experimentos más contemporáneos.

Video del tema "Pony Express":

Incluso los desvíos funcionan. "Shakedown", con su coqueteo con el rap, o “Persuasion”, cercana al trip hop, podrían haber sido simples curiosidades. Aquí suenan honestas, fruto de una libertad creativa poco habitual en músicos con tanto prestigio acumulado.

Las voces:


Uno de los grandes logros de Jack Frost es cómo las voces se complementan. El fraseo grave y casi conversacional de Steve Kilbey actúa como contrapeso perfecto al tono abierto y emocional de Grant McLennan. No compiten, dialogan. Cuando uno se expone demasiado, el otro introduce distancia. Cuando uno se vuelve críptico, el otro aporta claridad. Escucharlos juntos es asistir a una clase magistral de equilibrio emocional en el rock.

Las grabaciones en directo incluidas en "As Seen on TV" refuerzan esta sensación. El sonido es imperfecto, a veces incluso áspero, pero precisamente por eso resulta tan revelador. Las versiones acústicas de "The Wrong Road" o "Bye Bye Pride" no suenan a nostalgia, sino a reafirmación. Canciones que siguen siendo necesarias.

Su tiempo y sobre el nuestro:


Jack Frost fue hijo de un momento concreto, el final de una era para el rock alternativo australiano, cuando las grandes narrativas comenzaban a fragmentarse. Pero escucharlo hoy no suena a documento histórico. Suena actual porque habla de emociones que no han perdido vigencia, la desorientación, la pérdida, la necesidad de conexión, la búsqueda de sentido en medio del ruido.

Hay algo profundamente humano en estos discos. No prometen redención ni grandes respuestas. Ofrecen compañía. Y eso, en 2026, sigue siendo un valor enorme.

Por qué mola:


Este box set (3xCD) no es solo una celebración del pasado. Es una reivindicación de una forma de entender la música como espacio de encuentro entre sensibilidades distintas. En un contexto dominado por algoritmos y urgencias, volver a Jack Frost es recordar que las mejores canciones suelen nacer de la escucha mutua y del riesgo emocional.

La muerte de Grant McLennan en 2006 añade una capa inevitable de melancolía, pero no convierte este disco en un mausoleo. Al contrario. Lo convierte en una prueba viva de lo que sucede cuando dos artistas deciden bajar la guardia y escribir desde un lugar honesto.

Disco recomendado


Recomiendo "Jack Frost: As Seen on TV" sin condiciones. A quienes crecieron con el rock alternativo australiano, les devolverá algo que creían perdido. A quienes lleguen por primera vez, les ofrecerá canciones que no necesitan contexto para funcionar. Basta con escucharlas con atención. Este no es un álbum para consumir. Es un álbum para quedarse dentro.

JACK FROST - As Seen on TV - (3xCD) - Contraportada

Tracklist:

CD1: "Jack Frost":

Every Hour God Sends
Birdowner (As Seen On TV)
Civil War Lament
Geneva 4 A.M.
Trapeze Boy
Providence
Thought I Was Over You
Threshold
Number Eleven
Didn't Know Where I Was
Even As We Speak
Ramble
Everything Takes Forever

Bonus Tracks:

Jack's Dream
Dub Threshold (Nightmare Mix)
Providence U.S Television Broadcast 28th April

CD2: "Snow Job":

Jack Frost Blues
Aviatrix
Running From The Body
Shakedown
You Dont Know
Weightless And Wild
Pony Express
Cousin/Angel
Little Song
Empire
Angela Carter
Haze
Dry Dock

Bonus tracks from same session:

Persuasion
Bad For You

CD3:

Providence
Didn't Know Where I Was
Civil War Lament
Ramble
The Wrong Road
Bye Bye Pride
Thought That I Was Over You
Every Hour God Sends
Number Eleven
Everything Takes Forever
Thought I was over You.
Didnt Know Where I Was
Providence
Civil War Lament