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DEPECHE MODE - Songs of Faith and Devotion - Album

Antes de entrar en el detalle, tengo que confesar algo que siempre me cuesta explicar sin que suene exagerado. "Songs of Faith and Devotion" no es solo un gran disco en la discografía de Depeche Mode, para mí es el mejor, el que más me ha acompañado y el que más me ha cambiado la forma de escuchar la música de la banda. Lo he puesto en momentos de euforia y en días en los que no podía con mi propia cabeza, y en ambos casos ha funcionado como si supiera exactamente qué decir, sin decirlo del todo. Hay una conexión casi espiritual, un tipo de vínculo emocional que no responde a la lógica del "este tema es mejor que aquel", sino a algo más íntimo, como si el álbum te reconociera antes de que tú te reconozcas. Por eso esta recomendación no va solo de análisis, también va de esa sensación rara, difícil de traducir, de volver a un lugar que no existe y, aun así, sentir que estás.

ALBUM: Songs of Faith and Devotion


El 22 de marzo de 1993. Esa es la fecha que conviene fijar primero, porque explica muchas cosas. No solo marca el lanzamiento de "Songs of Faith and Devotion", también señala el momento exacto en el que Depeche Mode decidió ponerse en riesgo cuando menos lo necesitaba. Venían de conquistar el mundo con el disco "Violator", de llenar estadios, de convertirse en una referencia transversal para públicos que iban del pop al rock alternativo. Lo lógico habría sido repetir la fórmula. Lo cómodo, incluso. Pero este disco hace justo lo contrario: se mueve incómodo, se expone, se contradice y, por eso mismo, sigue vivo más de treinta años después.

DEPECHE MODE - Songs of Faith and Devotion - Album

Escribo esto desde una doble posición que nunca he sabido separar del todo. Durante muchisimos años trabajé dentro de la industria discográfica, aprendí cómo se fabrican los relatos de éxito, cómo se pulen las narrativas y se disimulan las grietas. Pero también soy fan, y "Songs of Faith and Devotion" es uno de esos discos que me acompañan desde hace décadas, no como fetiche, sino como casi un espejo. Cada vez que vuelvo a él escucho algo distinto, porque no es un álbum cerrado, es un estado emocional grabado en cinta.

Después de la cima:


Para entender este álbum hay que volver brevemente a lo que ocurrió antes. Violator no solo fue un éxito, fue una declaración de poder. Sintetizadores elegantes, canciones perfectas, una producción que parecía flotar sin esfuerzo. La gira mundial que lo acompañó fue enorme, agotadora, y dejó a la banda física y mentalmente exprimida. Cuando terminó, cada uno se fue a su esquina del mundo. Alan Wilder siguió creando música de forma obsesiva. Martin Gore cargaba con la presión de volver a escribir algo a la altura. Andy Fletcher buscaba estabilidad lejos del foco. Dave Gahan, en cambio, se desplazó a Los Ángeles y empezó a absorber otra energía, otro lenguaje, otra forma de entender lo que significaba ser una banda en los años noventa.

Depeche Mode 1993

Entre 1990 y 1993 el paisaje musical cambió radicalmente. El grunge y el rock alternativo ocuparon el centro de la conversación. La distorsión volvió a ser símbolo de honestidad. La pulcritud empezó a sonar sospechosa. Y Depeche Mode, sin renunciar a su identidad, decidió dejar entrar todo eso por las rendijas.

Madrid, una casa y tensiones:


La gestación de "Songs of Faith and Devotion" fue cualquier cosa menos cómoda. En lugar de un estudio tradicional, optaron por instalarse en una casa alquilada en Madrid, vivir juntos y grabar juntos. La idea era romper rutinas, evitar automatismos, forzar nuevas dinámicas. Sobre el papel sonaba estimulante. En la práctica, fue claustrofóbico.

Depeche Mode 1993

Durante meses convivieron sin apenas descanso, sin una estructura clara de trabajo y con muy poca preproducción. Se intentó algo casi inédito para ellos, improvisar, tocar juntos, buscar canciones desde el cuerpo antes que desde la programación. El resultado inicial fue frustrante. Las ideas no fluían, los egos chocaban, la paciencia se agotaba. Flood, el productor, ha descrito aquellas sesiones como una experiencia emocionalmente extenuante, más cercana a arrancar piezas a la fuerza que a construirlas con placer. Y, sin embargo, de ese caos salió el disco. Quizá precisamente por eso.

Un sonido más humano, menos perfecto:


Lo primero que me sigue llamando la atención al escuchar "Songs of Faith and Devotion" es su textura. Este no es un álbum que suene "limpio". Hay fricción, aire, errores conservados a propósito. Alan Wilder insistió en que las baterías se tocaran en directo, para luego ser reordenadas, sampleadas, transformadas, pero sin perder la dinámica humana. Se oyen respiraciones, golpes imperfectos, pequeñas irregularidades que hacen que las canciones se muevan.

"I Feel You" abre el álbum con un chirrido que no pide permiso. Batería física, guitarra casi blues, bajo sintético empujando desde abajo. Es una declaración de intenciones. Depeche Mode puede sonar rock sin dejar de ser Depeche Mode. La voz de Gahan entra segura, desafiante, más cerca que nunca. No interpreta un personaje, se expone.

"Walking in My Shoes" es, para mí, una de las grandes canciones de toda su carrera. No por su ambición sonora, sino por su mensaje. Habla de juicio, de fragilidad, de la imposibilidad de comprender al otro sin haber recorrido su camino. Musicalmente combina loops, guitarras procesadas, teclados distorsionados, pero todo está al servicio de una emoción contenida, madura. No hay rabia adolescente aquí, hay cansancio, lucidez, experiencia.

Fe, deseo y contradicción:


El título del álbum no es casual. "Songs of Faith and Devotion" gira alrededor de la idea de creer en algo cuando ya no es fácil hacerlo. Martin Gore recurre a un lenguaje religioso no como provocación, sino como metáfora. La fe aparece mezclada con el deseo, la devoción con la culpa, el amor con la dependencia. No hay respuestas claras, solo preguntas formuladas con una honestidad incómoda.

"Condemnation" es probablemente el mejor ejemplo. Una canción construida como un himno lento, casi un ritual. Palmas, órgano, un pulso grave que avanza sin prisa. La interpretación vocal de Dave Gahan es extraordinaria, una de las más intensas de su carrera. No canta desde la fuerza, sino desde la aceptación amarga. No pide perdón, se expone.

En "Judas", Gore toma el micrófono y se mueve en un territorio más introspectivo. Las gaitas irlandesas invertidas, el coro final construido con voces improvisadas, la sensación de espacio sagrado artificial. Todo contribuye a crear una atmósfera inquietante, hermosa y moralmente ambigua.

Luces y sombras:


No todo el álbum es igual de equilibrado, y eso también forma parte de su encanto. "Rush" es, probablemente, el tema que peor ha envejecido. Su agresividad industrial, muy marcada por la estética de la época, suena más derivativa. Aun así, funciona como contrapunto, como recordatorio de que este disco no busca agradar siempre.

En el extremo opuesto está "One Caress". Breve, delicada, grabada casi como un susurro orquestal. Gore canta acompañado por una sección de cuerda que eleva la canción sin grandilocuencia. Es uno de esos momentos en los que el álbum respira, se recoge, muestra su lado más vulnerable.

"In Your Room" merece una mención aparte, es el temazo. Oscura, obsesiva, profundamente sensual. Es una de esas canciones que crecen con los años. Cada escucha revela una capa nueva, una intención distinta. No es casual que fuera uno de los pilares del directo durante la gira posterior.

La intensidad:


Todo este proceso tuvo consecuencias. El desgaste fue enorme. Alan Wilder decidió que no volvería a trabajar en esas condiciones y abandonó la banda poco después. Dave Gahan tocó fondo personal y físicamente. La gira "Devotional", monumental y excesiva, se convirtió en leyenda por razones que iban más allá de la música. Pero el disco quedó. Y eso es lo que importa cuando lo escuchamos hoy.

Disco recomendado


Songs of Faith and Devotion no es un álbum perfecto, y precisamente por eso sigue siendo relevante. No intenta congelar un sonido, ni repetir un éxito. Documenta un momento de crisis creativa y personal, y lo convierte en arte. Para oyentes jóvenes, acostumbrados a producciones impecables y narrativas controladas, este disco ofrece otra cosa: vulnerabilidad, contradicción, riesgo real.

Sigue funcionando porque habla de temas universales, la necesidad de creer, el miedo a ser juzgado, la búsqueda de redención, sin cinismo ni grandilocuencia. Y porque musicalmente se atreve a mezclar electrónica, rock, gospel y pop sin pedir permiso.

Si nunca lo has escuchado entero, hazlo sin prisas. Con auriculares, con atención, dejando que las canciones respiren. No esperes un manual de Depeche Mode. Espera una conversación honesta, a veces incómoda, siempre intensa. "Songs of Faith and Devotion" no te promete consuelo, pero sí verdad. Para mi el mejor disco hasta ahora de la banda. 

Video del tema "In Your Room":

Tracklist (original):

1. "I Feel You" 4:35
2. "Walking in My Shoes" 5:35
3. "Condemnation" 3:20
4. "Mercy in You" 4:17
5. "Judas" Gore 5:14
6. "In Your Room" 6:26
7. "Get Right with Me" (includes hidden track "Interlude #4" at 2:59) 3:52
8. "Rush" 4:37
9. "One Caress" Gore 3:32
10. "Higher Love" 5:56

Depeche Mode;

  • David Gahan
  • Martin Gore
  • Andrew Fletcher
  • Alan Wilder

Músicos adicionales:

  • Bazil Meade – voz adicional (pista 7)
  • Hildia Campbell – voz adicional (pista 7)
  • Samantha Smith – voz adicional (pista 7)
  • Steáfán Hannigan – gaita irlandesa (pista 5)
  • Wil Malone – arreglos de cuerdas, dirección de cuerdas (pista 9)

Técnica:

Depeche Mode, producción y mezcla
Flood, producción y mezcla

UNDERWORLD - Second Toughest in the Infants - Album

No es un disco fácil de resumir ni de colocar en una estantería concreta. "Second Toughest in the Infants" de UNDERWORLD exige algo más que una escucha distraída y, a cambio, ofrece una experiencia que crece con el tiempo, con la repetición y con la atención. Más que una colección de temas, funciona como un espacio sonoro que se despliega poco a poco, donde ritmo, palabra y textura se entrelazan hasta formar algo difícil de separar en partes. Volver a él hoy no es solo revisar un momento clave de la música electrónica de los años noventa (siglo xx), sino preguntarse qué ocurre cuando un álbum decide tomarse en serio a quien escucha.

ALBUM: Second Toughest in the Infants 


La primera vez que "Second Toughest in the Infants" me atrapó no fue por un subidón inmediato ni por una melodía fácil de recordar. Fue por su duración. Por la forma en la que el disco parecía decir, desde el primer minuto, que no tenía prisa. Que si quería entrar, debía hacerlo despacio, aceptando sus reglas. En 1996, cuando gran parte de la música electrónica todavía funcionaba como una sucesión de impactos pensados para la pista de baile, Underworld se atrevió a pedir algo poco habitual: tiempo, atención y escucha activa. Y lo hizo sin pedir permiso.

UNDERWORLD - Second Toughest in the Infants - Album

Publicado en marzo de 1996, "Second Toughest in the Infants" es el cuarto álbum de estudio de Underworld y el segundo de su etapa MK2, ya con Darren Emerson plenamente integrado junto a Karl Hyde y Rick Smith. No es un dato menor. La entrada de Emerson a principios de los años noventa transformó a Underworld de un proyecto irregular, con raíces en el rock y el synth pop, en una de las propuestas más singulares y ambiciosas de la electrónica británica. Este disco no solo consolidó esa mutación, también la llevó a un punto de madurez creativa difícil de igualar.

Un título del álbum extraño:


El título del álbum procede de una frase dicha por el sobrino de Rick Smith, un niño de seis años que, al ser preguntado por su progreso en la escuela infantil, respondió que era "el segundo más duro de la clase". Esa mezcla de ingenuidad, humor involuntario y misterio encaja perfectamente con el espíritu del disco. "Second Toughest in the Infants" suena exactamente así, como algo que no pretende explicarse del todo, pero que contiene una lógica interna poderosa.

UNDERWORLD - banda

En el contexto de mediados de los noventa, Underworld estaban rodeados de propuestas que exploraban terrenos similares. Fluke, Transglobal Underground o Banco de Gaia trabajaban con una electrónica densa, dub, expansiva. Pero Underworld hicieron algo distinto. Tomaron ese lenguaje y lo forzaron hacia una estructura casi narrativa, más cercana a la tradición del álbum largo que a la cultura del sencillo. No es casual que muchos hayan comparado la ambición de este disco con la del rock progresivo de los años setenta, aunque aquí todo pasa por máquinas, secuenciadores y capas de sonido tratadas con precisión quirúrgica.

Cómo se construye:


Nada prepara del todo para el arranque del disco. "Juanita : Kiteless : To Dream of Love" ocupa más de dieciséis minutos y funciona como una suite en tres movimientos que no se separan, sino que se superponen. Durante los primeros minutos, conceptos clásicos como melodía o progresión armónica parecen irrelevantes. Hay un bajo sintético insistente, una voz casi monocorde y una percusión que va creciendo en complejidad. Lo fascinante es cómo Underworld estiran esa idea más allá de lo razonable hasta que, cuando entran los pianos dispersos y las guitarras, el efecto es casi físico.

No es música pensada para el impacto rápido. Es música que se despliega. El ritmo muta, se densifica, se vacía y vuelve a recomponerse. Hay momentos de tensión nerviosa, otros de calma glacial, con ecos que recuerdan tanto al minimalismo de Philip Glass como a la electrónica ambiental de Detroit. Todo sucede sin cortes evidentes, como si el tema respirara por sí mismo.

El segundo bloque, el magnifico "Banstyle / Sappys Curry", continúa esa lógica, aunque con una energía distinta. Aquí aparecen ritmos cercanos al drum and bass, guitarras acústicas inesperadas y teclados que evocan paisajes casi psicodélicos. En pleno auge de los sencillos de club, Underworld abrían su álbum con más de media hora de música que exigía compromiso. Ese gesto, por sí solo, dice mucho de su ambición.

Ritmo, cuerpo y una oscuridad contenida:


Después de semejante introducción, "Confusion the Waitress" podría parecer un regreso a la simplicidad. Pero no lo es del todo. Su pulso es directo, casi marcial, con un ritmo constante y una atmósfera inquietante. Karl Hyde repite frases fragmentadas, como si estuviera atrapado en un pensamiento circular. Aquí se entiende bien una de las claves de Underworld en esta etapa: Hyde no canta en el sentido tradicional. Funciona más como un sampler humano, lanzando palabras, imágenes y sonidos que se integran en el conjunto sin imponerse.

"Rowla" es, probablemente, el momento más abiertamente físico del álbum. Un tema instrumental construido sobre sintetizadores distorsionados y repetitivos que crecen, se detienen y vuelven a explotar. Tiene algo casi agresivo, una sensación de amenaza constante que resulta extrañamente adictiva. No es un tema amable, pero sí profundamente hipnótico.

El gran punto de equilibrio llega con "Pearl’s Girl". Aquí Underworld logran una de sus piezas más completas. Breakbeats afilados, percusiones cercanas al jungle, sintetizadores que remiten al cine de John Carpenter y una letra fragmentada que mezcla referencias geográficas, colores y nombres propios sin una narrativa evidente. "Rioja, Rioja, Reverend Al Green", canta Hyde, como si estuviera hojeando recuerdos a toda velocidad desde el interior de un coche lanzado por la noche. Es un tema de urgencia, de movimiento, de ansiedad contenida. No es casual que haya sido uno de los sencillos más recordados del grupo.

El descenso necesario:


Tras la intensidad acumulada, "Air Towel" funciona como un tránsito más ligero, sin perder el pulso bailable. Pero el verdadero cierre emocional llega con los dos últimos temas. "Blueski" introduce guitarras tratadas con un tono casi blusero, envueltas en una atmósfera nebulosa. No es el momento más memorable del disco, pero cumple una función clara: preparar el terreno para el final.

"Stagger" cierra el álbum con una sensación de madrugada avanzada. Ritmos ralentizados, reverberaciones profundas, teclados oscuros y una voz que parece hablar más que cantar. No hay clímax, no hay explosión final. Hay una especie de vacío melancólico que permanece cuando el disco termina. Es un final valiente, alejado de cualquier concesión, que refuerza la idea de que Underworld estaban pensando el álbum como una experiencia completa.

Un disco de su tiempo y más allá:


Es dificil hablar de "Second Toughest in the Infants" sin mencionar el contexto cultural que lo rodea. Su publicación coincidió con un momento en el que la electrónica empezaba a recibir una atención mediática inusual, especialmente en Reino Unido y Europa. Poco después, Born Slippy .NUXX, incluida en reediciones posteriores del álbum y popularizada por la película Trainspotting, se convertiría en un fenómeno que acabaría eclipsando parcialmente al disco. Pero reducir Underworld a ese tema es una simplificación injusta.

UNDERWORLD - banda

Este álbum representa uno de los últimos momentos en los que la música electrónica experimental consiguió una presencia real en el imaginario popular sin renunciar a su complejidad. Antes de que la escena se fragmentara y se institucionalizara, Underworld demostraron que se podía hacer música de baile ambiciosa, emocional y exigente sin perder conexión con el cuerpo.

Por qué mola hoy:


Escuchar hoy "Second Toughest in the Infants" no es un ejercicio de nostalgia. Es enfrentarse a un disco que sigue sonando sorprendentemente vigente en su forma de entender el tiempo, la repetición y la construcción de atmósferas. En una época dominada por la inmediatez y la escucha fragmentada, este álbum propone lo contrario. Pide concentración, recompensa la paciencia y ofrece una experiencia que va más allá de canciones sueltas.

Para oyentes jóvenes que buscan algo distinto, aquí hay una puerta de entrada perfecta a una electrónica que no se conforma con funcionar, sino que aspira a decir algo. Para quienes lo escuchamos en su momento o lo descubrimos después, sigue siendo un recordatorio de hasta dónde se puede llegar cuando se confía en la inteligencia del oyente.

Disco recomendado


Recomiendo "Second Toughest in the Infants" sin reservas, preferiblemente con auriculares, sin prisas y con la disposición de dejarse llevar. No es un disco que se revele a la primera, pero cuando lo hace, se queda contigo durante mucho tiempo. Magnifico álbum, si señor.

Video del tema "Banstyle/Sappy's Curry":


Tracklist (formato original):

1. "Juanita : Kiteless : To Dream of Love" 16:36
2. "Banstyle/Sappy's Curry" 15:22
3. "Confusion the Waitress" 6:47
4. "Rowla" 6:31
5. "Pearl's Girl" 9:36
6. "Air Towel" 7:37
7. "Blueski" 2:55
8. "Stagger" 7:37

BENEFITS - Constant Noise - Album

Este disco llega en un momento en el que todo alrededor parece saturado. Cuando escuché "Constant Noise" por primera vez, sentí que Benefits estaban poniendo en palabras y sonido una sensación muy común hoy: cansancio, desconcierto y la dificultad de orientarse entre tanto ruido. Este nuevo trabajo no busca grandes gestos, sino entender ese clima y convertirlo en algo que merece ser escuchado con atención. Con esa misma intención te propongo uno de los mejores discos del 2025.

ALBUM: Constant Noise


Descubrí "Constant Noise" poco después de su lanzamiento en marzo de 2025. No sabía muy bien qué esperar, porque Benefits siempre me había parecido uno de esos grupos cuyo mensaje se siente incluso antes de procesar sus canciones. Pero lo que encontré en este nuevo trabajo fue una evolución que no esperaba. El grupo británico ha dado un giro sonoro y emocional hacia un territorio más amplio, más reflexivo y, al mismo tiempo, más devastador. Este disco no busca impresionar con volumen, sino con la precisión de lo que quiere contar.

BENEFITS - Constant Noise - Album (2025)

Desde la primera escucha tuve claro que Constant Noise es un álbum construido desde una urgencia honesta. No hay artificio ni pose. Hay cansancio, lucidez y un deseo casi obsesivo de entender qué está ocurriendo a nuestro alrededor. Y esa mezcla, cuando se combina con la voz incisiva de Kingsley Hall y las texturas electrónicas de Robbie Major, crea una experiencia que va más allá de una simple colección de canciones. Es un documento cultural de un país agotado.

Cómo surgió Constant Noise:


Cuando Benefits publicaron Nails en 2023, muchos los interpretamos como una grieta en el mapa sonoro británico. Era un álbum directo, rabioso, sin filtros. Pero entre ese debut y este segundo trabajo, el Reino Unido ha cambiado aún más. El clima político, la crisis económica, el desgaste emocional y la manipulación mediática han intensificado la sensación de vivir rodeados de ruido, un ruido que lo invade todo, desde las redes sociales hasta el discurso público.

Kingsley Hall y Robbie Major

Ese ruido constante es la materia prima del disco. Kingsley Hall y Robbie Major han reducido el grupo a un dúo y han decidido mirar de frente ese paisaje: recortes sociales, desigualdad, un país fracturado por discursos que señalan hacia abajo en vez de hacia arriba. La palabra “benefits” ha reaparecido en el debate político como arma contra quienes menos tienen, mientras que figuras tecnológicas, cada vez más poderosas, moldean un futuro inquietante desde posiciones de privilegio absoluto.

En medio de esa mezcla de vulnerabilidad y descontento, Benefits no han respondido con más furia, sino con algo más interesante: profundidad. Constant Noise se ha construido como una reacción adulta, consciente y emocionalmente fatigada, que no renuncia a la crítica social, pero que busca nuevas formas de expresarla. Un sonido más amplio, más pensado, más inquietante

Música, producción y atmósfera:


El disco sorprende desde el principio. La canción que lo abre, “Constant Noise”, no estalla, se desliza. Hall recita con calma, casi con resignación, sobre una base electrónica que combina coros suaves y un pulso industrial. Es una introducción que ya señala una diferencia importante con respecto a Nails: aquí la intensidad se repliega para dejar espacio a la reflexión.

Ese tono más contenido se rompe de inmediato con “Land of the Tyrants”, una de las piezas más contundentes del álbum. El ritmo recuerda a “Star Guitar” de The Chemical Brothers, pero el mensaje está lejos del escapismo del club. Hall cuestiona la apatía política, la indiferencia ante quienes toman decisiones que afectan a millones. Es una canción que puede hacerte mover la cabeza, pero que también te obliga a pensar en el lugar en el que vives.

La electricidad continúa en “Blame”, donde la influencia de Underworld o Leftfield aparece de forma clara. El motor rítmico es constante, casi físico, mientras Hall señala la facilidad con la que se busca un culpable sencillo para problemas estructurales. Esta unión entre baile y crítica social es uno de los grandes aciertos del disco.

Después llega uno de los momentos clave: “Missiles”. Aquí Benefits entregan su pieza más cruda y emocional. Hall habla con voz casi quebrada sobre Gaza, sobre la forma en que la guerra se ha convertido en un espectáculo normalizado, sobre la mirada cansada de una sociedad que ya no sabe cómo reaccionar. Major, mientras tanto, construye una estructura sonora que se vuelve más oscura a medida que avanza la canción, como si el mundo digital se plegara sobre sí mismo. Es un tema difícil de escuchar, pero imposible de ignorar.

“Lies and Fear” nos devuelve al Benefits más directo. Su percusión veloz, casi violenta, recuerda a su etapa anterior. Suena como un ataque, una sacudida, una llamada a no dejarse arrastrar por la manipulación mediática que divide y confunde.

Más adelante, “Divide” introduce una energía distinta gracias a la colaboración del rapero SHAKK. Su presencia aporta tensión, pero también camaradería. La canción se convierte en un diálogo entre dos voces que, desde distintos estilos, observan el mismo país roto.

Video del tema "Divide":

El tramo final es más introspectivo. “The Victory Lap” tiene un aire de celebración triste, como un brindis en mitad de una ciudad derruida. “Terror Forever”, en cambio, mezcla instrumentos de jazz con recitado mordaz, y crea un ambiente frenético y al mismo tiempo profundamente humano. Y el cierre, “Burnt Out Family Home”, es un susurro extraño y melancólico. Parece una despedida, una pausa después de horas de observar el mundo sin filtros.

Ecos, influencias y conexiones:


Es fácil encuadrar a Benefits dentro de la tradición del spoken word británico. Su música convive con el trabajo de Sleaford Mods, Kae Tempest o Soft Play. Pero lo que han logrado en Constant Noise va más allá del estilo. Han encontrado una forma propia de unir poesía política y electrónica, ruido y contención, rabia y lucidez.

En este disco resuenan ecos de Radiohead, sobre todo de Kid A, no tanto por el sonido sino por la voluntad de cambiar de piel. También hay algo de Faithless en los pulsos más rítmicos y un aroma a rave sombrío que recuerda a los primeros años de la cultura electrónica británica, esa en la que bailar era también una forma de resistencia.

Un reflejo de nuestro tiempo: 


Lo que más me impacta del álbum es que no se limita a describir lo que va mal. Hace algo mucho más complejo: registra el cansancio. La fatiga emocional. La sensación de que estamos rodeados de ruido que no nos deja pensar. Ese ruido no es solamente sonoro, es social, político, informativo. Es el ruido de las noticias, de las redes, de los discursos que enfrentan. Es el ruido de vivir rápido sin saber por qué.

Constant Noise capta esa atmósfera y la convierte en música. Habla de guerras retransmitidas como entretenimiento, de una población que se siente pequeña ante decisiones gigantes, de un país que se fragmenta. Pero también habla de la posibilidad de encontrar unión, de la importancia de no perder el sentido crítico, de no cerrar los ojos. Es un disco terrible y hermoso al mismo tiempo, porque refleja exactamente la época que vivimos.

Por qué este disco es bueno:


A medida que fui escuchando Constant Noise, sentí que estaba ante un álbum que no se quedará atrapado en su propio año. Tiene una mirada tan precisa sobre la realidad que probablemente seguirá siendo relevante mucho tiempo. Benefits han ampliado su sonido sin perder su esencia. Han ganado profundidad sin perder contundencia. Y han demostrado que la música puede ser un lugar donde pensar y sentir al mismo tiempo.

No es un disco fácil, ni pretende serlo. Pero es necesario. Es uno de esos trabajos que te acompañan incluso cuando no lo estás escuchando.


Disco recomendado


Si te interesa la música que dialoga con su tiempo, si te atraen las propuestas que mezclan electrónica, poesía y crítica social, o si simplemente buscas algo que te remueva de verdad, te recomiendo que escuches Constant Noise. Es un álbum intenso, honesto y sorprendentemente humano. Te llevará a lugares incómodos, pero también a otros donde la claridad se abre paso entre el ruido. Es uno de los grandes discos del año 2025. Para mi, sin duda.

Video del tema "Land of the Tyrants":

Tracklist:

1. "Constant Noise" 3:05
2. "Land of the Tyrants" (featuring Zera Tønin) 3:06
3. "The Victory Lap" 4:16
4. "Lies and Fear" 1:47
5. "Missiles" 5:49
6. "Blame" 3:51
7. "Continual" 3:03
8. "Divide" (featuring Shakk) 5:42
9. "Relentless" (featuring Pete Doherty) 3:59
10. "Terror Forever" 1:03
11. "Dancing on the Tables" 3:14
12. "Everything Is Going to Be Alright" 3:52
13. "The Brambles" 3:34
14. "Burnt Out Family Home" 4:38

Miembros:

  • Kingsley Hall - Letras, Voz, Composición
  • Robbie Major - Composición, Sintetizadores, Violín, Letras

Hugh Major - Guitarra
James Adrian Brown – Producción, Mezcla
James Welsh – Producción, Mezcla
James Trevascus – Masterización

ULTRAVOX - Vienna - Album

Antes de explorar el álbum "Vienna", debo admitir que mi relación con Ultravox siempre ha sido un poco complicada. Los descubrí al revés: primero, la brillantez abrasiva de su segundo LP, "Ha!-Ha!-Ha!", y luego, la pulida sofisticación de sus últimos años. Al volver a "Vienna" ahora, me siento como si estuviera justo en el punto de inflexión donde termina una versión de la banda y comienza otra. Captura el sonido de la transformación: músicos reconstruyéndose en tiempo real, atrapados entre el resplandor apagado de los 70 y el gélido amanecer de los 80.

Décadas después de su lanzamiento, sigo considerando "Vienna" como un punto de inflexión, no solo para Ultravox, sino para el propio pop británico. Puede que no sea mi disco favorito de ellos (ese honor todavía le corresponde a "Ha!-Ha!-Ha!", su trabajo más agudo y temerario con John Foxx), pero "Vienna" sigue siendo una reinvención monumental, el momento en que la banda salió de las sombras del post-punk y aprendió a respirar aire electrónico.

ALBUM: Vienna


Publicado el 11 de julio de 1980, "Vienna" fue el primer álbum con Midge Ure como cantante y guitarrista, y el primero grabado por la formación que definiría la fama del grupo: Ure, Billy Currie, Chris Cross y Warren Cann. El productor alemán Conny Plank, quien ya había dirigido su anterior "Systems of Romance", volvió a encargarse de la producción y la mezcla, esta vez desde su estudio cerca de Colonia. El resultado fue un álbum que equilibraba precisión y dramatismo con una contención casi cinematográfica.

ULTRAVOX - Vienna - Album (1980)

Una banda al borde del colapso:


A finales de la década de 1970, Ultravox estaba casi terminado. Sus discos de rock artístico con John Foxx se habían ganado el cariño de un público de culto, pero no las ventas. Tras ser despedidos por Island Records, agobiados por las deudas y castigados por una gira estadounidense fallida, el trío restante, Currie, Cross y Cann, se dedicó a grabar sesiones para sobrevivir. Currie tocó en "The Pleasure Principle" de Gary Numan y comenzó a trabajar con Rusty Egan y Steve Strange en las primeras sesiones de Visage. A través de ese mundo de experimentación electrónica conoció a Midge Ure, un músico polifacético que había liderado Slik, coescrito canciones con Phil Lynott de Thin Lizzy y tocado brevemente con Rich Kids.

Ultravox - banda - 1980

Midge Ure quería una banda de verdad, no solo un proyecto de estudio, y Ultravox necesitaba un líder que pudiera cantar, tocar la guitarra y compartir la composición. Su encuentro, al parecer, generó química inmediata. Decidieron que todo, desde los créditos de composición hasta los ingresos, se dividiría equitativamente entre los cuatro. Como Ure describiría más tarde: "Ahora éramos un cuarteto, pensábamos las cosas de forma diferente y reaccionábamos los unos a los otros de forma distinta".

La reinvención:


Desde las primeras sesiones de grabación a finales de 1979, quedó claro que la nueva formación había encontrado una identidad renovada. La idea inicial, "Astradyne", "Mr. X", "New Europeans", surgió de la escritura colectiva, en lugar de que un líder dictara el sonido. La banda grabó demos en los estudios RAK de Londres; una de ellas, "Sleepwalk", convenció a Chrysalis para que los contratara.

"Astradyne" abre el disco con un pulso mecánico y lento que se expande gradualmente hasta alcanzar siete minutos de movimiento majestuoso. Se siente como un manifiesto instrumental, sin palabras, pero lo suficientemente grandioso como para indicar que Ultravox había entrado en un universo diferente. La mezcla de texturas analógicas y electrónicas de la banda, la viola de Currie deslizándose entre arpegios de sintetizador, la percusión electrónica de Cann impulsando un ritmo a la vez humano y robótico, era única en el panorama del rock de los 80.

"New Europeans" continúa con una calidez casi paradójica, con su crujiente riff de guitarra que choca con sintetizadores futuristas. La letra, sobre un hombre atrapado entre la nostalgia del viejo mundo y la era electrónica moderna, podría haber sido escrita para los propios Ultravox: "Se pone los auriculares / Su mundo moderno gira en torno a la canción del sintetizador". Es Europa soñando con su propio futuro.

Canciones de ansiedad y elegancia:


A lo largo del álbum, la banda exploró la paranoia, el aislamiento y la inquietante belleza de la tecnología. "Sleepwalk", el primer sencillo, suena brillante a simple vista, pero sus palabras pintan una imagen desesperada: "Rodando y cayendo, me ahogo y llamo / Nombre tras nombre tras nombre". "Passing Strangers" combina un ritmo impetuoso con la extraterrestre frialdad de los sintetizadores, mientras que "Private Lives" baila entre el piano clásico y el bajo distorsionado, su melodía insinuando que alguien, o algo, siempre está observando.

Luego llega "Mr. X", cantada por el baterista Warren Cann con una voz a medias sobre un zumbido sintético ominoso. Parece una historia de fantasmas de Kraftwerk, llena de imágenes fugaces de identidad y dobles: «Casi creí verlo, de pie, silbando en un puente». El extraño minimalismo y la atmósfera noir de la canción la convierten en uno de los momentos más distintivos del álbum.

«Western Promise» recupera la tensión entre Oriente y Occidente, la fe y el consumismo, con versos que rompen con el brillo de 1980: «Tu Buda Zen y hombres cristianos / Todos secuaces de la lata de Pepsi del Mesías». Pocos discos pop de aquella época podían esconder tanta sátira bajo capas de violín y secuenciador.

Y luego está "Vienna", la canción que lo cambió todo.

Vienna, la canción:


Cuando "Vienna" se lanzó como sencillo en enero de 1981, alcanzó el número 2 en el Reino Unido (seguido de "Shaddap You Face" de Joe Dolce) y el número 1 en Irlanda, Bélgica y los Países Bajos. Su ritmo, constante y pausado, es una de esas raras señas de identidad musical que parecen detener el tiempo. La voz de Ure, que asciende por versos como "It mean nothing to me – Oh, Vienna", consigue sonar distante y desgarradora a la vez. La banda admitió más tarde que habían querido escribir algo sobrio y tranquilo, con un final clásico exagerado. Lo lograron por completo.

Algunos han relacionado la canción con "El tercer hombre", la película de Carol Reed de 1949 ambientada en la Viena de la posguerra, aunque Ure confesó en una ocasión que inventó esa historia para los periodistas. Sea cual sea su origen, la canción captura una especie de melancolía europea, el sonido de la grandeza que se desvanece con gracia. Incluso hoy, escuchar el piano creciente y las cuerdas electrónicas todavía parece cinematográfico, como si la banda hubiera encontrado una forma de musicalizar el ocaso del modernismo.

Video del tema "Vienna":


El sonido de una nueva década:


La producción de Conny Plank fue esencial. Mantuvo un sonido austero pero vivo, permitiendo que lo electrónico y lo orgánico coexistieran sin que uno se sobrepusiera al otro. Ultravox nunca fue puramente sintético; el violín de Currie, el bajo de Cross y la guitarra de Ure le dieron a la música un pulso del que carecían muchos de sus contemporáneos del Nuevo Romanticismo. Se puede apreciar en "All Stood Still", la canción de cierre y último sencillo del álbum, donde los instintos rockeros del grupo se abren paso a través de las superficies heladas. La letra, "Las luces se apagaron, todos los relojes se detuvieron", refleja el estado de ánimo de un mundo al borde de la sobrecarga tecnológica.

Visualmente, el disco era tan impactante como sonaba. La portada monocromática del fotógrafo Brian Griffin, con el estilismo del diseñador Glenn Travis, presentaba a la banda como figuras sombrías en un entorno atemporal, mientras que la fotografía de Anton Corbijn y el diseño de Peter Saville completaron la transformación. Ultravox ya no eran unos marginados del rock artístico; Ahora eran elegantes, misteriosos y muy modernos.

Legado:


"Vienna" es a la vez un producto de su época y una obra que la trasciende. El álbum alcanzó el número 3 en la lista de álbumes del Reino Unido y se mantuvo allí durante 23 semanas, hasta convertirse en disco de platino. Entró en el top 10 en Australia, Nueva Zelanda y varios países europeos. Pero más allá de las cifras, sentó las bases de lo que sonaría el pop británico a principios de los 80: superficies frías que enmascaran emociones profundas, sintetizadores que cargan con el peso que antes estaba reservado para las guitarras.

Al escucharlo hoy, sigo prefiriendo la energía desenfrenada de "Ha!-Ha!-Ha!", sus bordes crudos, su impaciencia de escuela de arte, pero Vienna es el disco que enseñó a Ultravox a canalizar su ambición. Es sereno pero a la vez inquietante, lleno de contradicciones que de alguna manera funcionan: frío pero apasionado, grandioso pero claustrofóbico, humano a través de sus máquinas.

Disco recomendado


Si nunca has ido más allá de la canción principal, tómate el tiempo de escuchar el disco completo de principio a fin. Deja que "Astradyne" construya su arquitectura lenta; deja que "Mr. X" te susurre al oído; llega por fin a Viena y escucha cómo cambió el mundo en esos cuatro minutos. Para quien tenga curiosidad por saber dónde empezó realmente el pop electrónico a soñar en pantalla ancha, Viena sigue siendo una escucha imprescindible.

Video del tema "All Stood Still":

Tracklist (LP version europea):

Cara A:

"Astradyne" – 7:07
"New Europeans" – 4:01
"Private Lives" – 4:06
"Passing Strangers" – 3:48
"Sleepwalk" – 3:10

Cara B:

"Mr. X" – 6:33
"Western Promise" – 5:18
"Vienna" – 4:53
"All Stood Still" – 4:21

Ultravox:

  • Midge Ure – guitarras, sintetizadores, voz principal (excepto en "Mr. X" y "Herr X")
  • Chris Cross – bajo, sintetizadores, coros
  • Billy Currie – piano, sintetizadores, viola, violín
  • Warren Cann – batería, percusión electrónica, coros, voz principal en "Mr. X" y "Herr X"

Adicional:

  • Conny Plank – coproducción

AIR - Moon Safari - Album (Revisited)

Hay álbumes que parecen no acumular polvo, sin importar cuántos años pasen ni cuántas veces se escuchen. Viven en el fondo de los cafés, aparecen en las películas, tararean en los viajes nocturnos en coche, y aun así, te invitan a sentarte y escuchar con atención. Al revivir "Moon Safari" de Air, décadas después de su lanzamiento, recuerdo que no es solo una reliquia de finales de los noventa, sino un disco que sigue vibrando y sorprendiendo. Es el tipo de álbum que transforma el ambiente de una sala desde el momento en que comienza, y al hacerlo, revela por qué sigue siendo tan esencial hoy como lo fue en 1998.

ALBUM: Moon Safari 


Cuando el dúo francés Air publico su álbum debut, "Moon Safari", el 16 de enero de 1998, pocos podrían haber predicho el alcance que alcanzaría. Nicolas Godin y Jean-Benoît Dunckel, dos músicos de Versalles, lograron forjar un sonido que no era ni de club ni estrictamente pop, sino algo completamente distinto: atmosférico, melódico e infinitamente transportable. Décadas después, el disco no ha perdido ni un ápice de su encanto. Sigue siendo un hito de la música de finales de los 90 (siglo XX), uno de esos raros álbumes que no solo definen un momento, sino que siguen vivos en el presente.

AIR - Moon Safari - Album

Un nuevo tipo de electrónica:


En aquel entonces, la electrónica estaba en auge. Sellos británicos como Warp impulsaban el techno puro, mientras que Mo' Wax defendía el trip-hop con samples. Sin embargo, "Moon Safari" sonaba diferente. Air no se conformaba con simplemente reciclar influencias. En cambio, aprendieron del pasado, desde los ritmos cinematográficos de Serge Gainsbourg hasta los exuberantes arreglos de Burt Bacharach, y crearon algo nuevo. Su música se basaba en sintetizadores y experimentación en el estudio, pero en su esencia residía una sólida composición.

AIR - dúo francés

El tema inicial, "La Femme d'Argent", marcó la pauta inmediatamente. Una línea de bajo se desliza suavemente bajo siete minutos de felicidad evolutiva, acentuada por teclados que se sienten como rayos de luz suave. No es una canción apresurada. Al contrario, invita a entregarse a su ritmo meditativo. A partir de ahí, el álbum cambia de tono pero nunca pierde la coherencia. "Sexy Boy", con su irónica celebración de la masculinidad, es juguetona pero sofisticada, mientras que "Kelly Watch the Stars!" estalla con voces robóticas y una energía alegre.

Una fusión de atmósfera y melodía:


Lo que distingue a Moon Safari es la forma en que equilibra la atmósfera con la melodía. Estas canciones no son solo un fondo musical; Tienen una gran carga emocional. "All I Need", con la cantante estadounidense Beth Hirsch, es una balada lastimera, casi al estilo de los Carpenters, que se siente a la vez íntima y cósmica. Hirsch también presta su voz a "You Make It Easy", una pieza delicada entretejida con una guitarra de bossa nova que captura una tierna sensación de anhelo.

En otros temas, el eclecticismo de Air brilla con luz propia. "Ce Matin La", con sus toques de trompa y armónica, podría haber musicalizado una película europea perdida de los años 60. "Talisman" se adentra en un espacio sobrenatural, mientras que "Remember" reintroduce voces de vocoder de una forma no escuchada desde el apogeo de Kraftwerk. El cierre, "Le Voyage de Pénélope", es una despedida exuberante, un viaje a la euforia que deja al oyente flotando entre la Tierra y la órbita.

Recepción y malentendidos:


Curiosamente, "Moon Safari" no fue aclamado universalmente al principio. Algunos críticos estadounidenses lo descartaron como música de fondo kitsch y "euro-cheese" disfrazada de sofisticación. La revista Rolling Stone le dio un 3,5 sobre 5, y Brent DiCrescenzo, de Pitchfork, bromeó diciendo que sería ideal para exposiciones de arquitectura minimalista o bandas sonoras de San Valentín. Sin embargo, estas críticas no captaron la esencia. Reducir "Moon Safari" a la ironía es ignorar su maestría.

El tiempo ha sido más benévolo. El álbum vendió cerca de dos millones de copias en todo el mundo, incluyendo casi 400.000 en Estados Unidos y un cuarto de millón en Alemania. En el Reino Unido, alcanzó el doble platino. En Francia, sin embargo, la recepción fue más fría: solo se vendieron 100.000 copias, y alcanzó el puesto número 21 en las listas. El uso de voces en inglés en Air, especialmente con las contribuciones de Hirsch, hizo que el disco pareciera más británico que francés para muchos en casa.

Identidad visual y contexto cultural:


Parte del impacto de Moon Safari provino de su presentación visual. La portada, diseñada por Mike Mills, retrataba a Godin y Dunckel como figuras de estilo cómic retro, con las palabras "French band" impresas junto al logotipo casi como una provocación. En aquel entonces, los grupos franceses luchaban por entrar en el mercado angloamericano. El éxito de Air ayudó a cambiar la percepción. Junto a contemporáneos como Daft Punk, demostraron que los músicos franceses podían crear música innovadora y con relevancia internacional.

El momento era ideal. En Gran Bretaña, el britpop se había derrumbado por su propio peso y los oyentes estaban listos para algo exótico pero familiar. Se redescubrían las influencias del easy listening y el lounge, a menudo con un toque de ironía, y el enfoque cálido y melódico de Air encajaba a la perfección con el ambiente. Canciones como "Sexy Boy" sonaban juguetonas, mientras que "Femme d'Argent" y "Ce Matin La" apelaban a la nostalgia por el sonido cinematográfico.

Un legado perdurable:


Al escuchar "Moon Safari" hoy, lo que más me impacta es su atemporalidad. Los sintetizadores analógicos, las líneas de bajo jazzeras, las capas atmosféricas…todo sigue sonando fresco. La ecléctica mezcla de influencias del álbum, desde la bossa nova hasta el pop espacial, significa que no envejece como muchos discos ligados a una escena específica. Al contrario, sigue cautivando a través de las generaciones.

AIR - dúo francés

También es un álbum profundamente versátil. Escuchado a un volumen bajo, crea un ambiente tranquilo y reflexivo en cualquier habitación. A un volumen alto, revela detalles intrincados: el brillo de los teclados, la sutil percusión, la interacción del bajo y la melodía. Es a la vez fondo y primer plano, atmósfera y sustancia. Pocos discos logran ese equilibrio.

Las canciones en sí mismas tienen una cualidad transportadora. "New Star in the Sky (Chanson pour Solal)" parece compuesta para la sala de estar de una estación espacial, orbitando la Tierra a intervalos de noventa minutos. "All I Need" todavía llega al corazón, su letra tan simple y conmovedora como siempre. Incluso el divertido "Kelly Watch the Stars!" posee un ritmo hipnótico.


Por qué es importante:


Entonces, ¿por qué debería alguien que descubre música hoy dedicarle tiempo a "Moon Safari"? Porque captura una combinación poco común: resonancia emocional, innovación sonora y accesibilidad duradera. Demostró que la música electrónica no tenía por qué ser fría o puramente funcional; podía ser cálida, humana y romántica. Conectó culturas, presentando la sensibilidad del pop francés a un público internacional. Y todavía suena como ningún otro.

Hace mucho tiempo, escuché el disco en un café-club, como probablemente hicieron muchos otros. Es apropiado, porque la música de Air tiene una forma de filtrarse en la vida cotidiana sin exigir atención; sin embargo, una vez que lo escuchas con atención, te recompensa con capas de riqueza. No es un álbum que te quedes atrás. Al contrario, crece contigo, adaptándose a tus estados de ánimo y entorno.

Disco recomendado


"Moon Safari" fue un debut, pero se siente como una declaración de intenciones completa. Godin y Dunckel lograron crear un álbum que es a la vez contemporáneo y trascendente, uno que desafió las nociones de lo que podría ser la música electrónica, sin dejar de ser profundamente melódico y humano. Tanto si eres nuevo en Air como si los revisitas después de años, este disco sigue siendo una puerta de entrada perfecta.

Para cualquiera que tenga curiosidad por cómo la música puede cambiar la atmósfera de una habitación, o por cómo los instrumentos electrónicos pueden crear algo cálido y orgánico, "Moon Safari" es una escucha imprescindible. Escucha y déjate transportar, no solo a 1998, sino a un lugar atemporal donde la melodía, el estado de ánimo y la imaginación se unen.

Por último, si buscas ampliar tu colección con un álbum inmersivo, relajante e infinitamente gratificante, "Moon Safari" es para ti.

Video del tema ""La Femme d'argent":

Tracklist (original):

1. "La Femme d'argent" "The Silver Woman"/"The Money Girl" 7:08
2. "Sexy Boy" 4:57
3. "All I Need" (lyrics: Beth Hirsch) 4:28
4. "Kelly Watch the Stars" 3:44
5. "Talisman" 4:16
6. "Remember" (music: Jean-Jacques Perrey, Dunckel, Godin) 2:34
7. "You Make It Easy" (lyrics: Hirsch) 4:00
8. "Ce matin là" (music: Dunckel, Godin, Patrick Woodcock) "That Morning" 3:38
9. "New Star in the Sky (Chanson pour Solal)" "Song for Solal" 5:38
10. "Le Voyage de Pénélope" "Penelope's Voyage" 3:10

Air


  • Nicolas Godin – bajo (pistas 1–3, 5–10); pandereta (pistas 1, 2, 6); Minimoog (pistas 1, 3, 6, 9, 10); coros (pistas 1, 8); palmas (pistas 1, 4, 10); voz, siringe, solo de Moog (pista 2); Korg MS-20 (pistas 2, 10); guitarra eléctrica (pistas 2, 6, 8); talk box (pistas 2, 6, 9); guitarra acústica (pistas 3, 7–9); órgano, batería, Solina String Ensemble (pista 3); vocoder (pistas 4, 6, 9); bajo Moog, Casiotone (pista 4); glockenspiel (pistas 4, 7); Wurlitzer (pista 5); caja de ritmos (pistas 5, 7, 10); Roland String Ensemble (pista 6); percusiones, Moog Wave, frotamiento de manos (pista 7); armónica, ride inverso (pistas 7, 8); coro Rhodes, shaker (pista 8); piano (pista 10)

  • Jean-Benoît Dunckel – Rhodes (pistas 1–7, 9, 10); Solina String Ensemble (todas las pistas); órgano (pistas 1–3, 6, 7, 10); syrinx, solo de Moog (pistas 1, 2, 4, 8); coros (pistas 1, 6, 8); Korg MS-20 (pistas 1, 4–6, 9); palmas (pistas 1, 4, 10); piano (pistas 1, 4, 7, 9); voz (pista 2); Wurlitzer (pistas 3, 6); introducción de Korg MS-20 (pista 3); Vocoder (pistas 4, 6, 9); glockenspiel (pista 4); clavinet (pistas 4, 8, 10); Minimoog (pistas 4, 5); Casiotone, frotamiento de manos (pista 7); Versos de Rhodes (pista 8); Mellotron (pista 9)

Músicos adicionales:

  • Eric Regert – solo de órgano (pista 1)
  • Alf – palmas (pista 1)
  • Caroline L. – palmas (pista 1)
  • Marlon – batería (pistas 2, 4, 5)
  • Beth Hirsch – voz (pistas 3, 7); coros (pista 7)
  • P. Woodcock – guitarra acústica (pista 3); Trombón (pista 8)
  • David Whitaker – Arreglos de cuerdas, dirección (pistas 5, 7, 8)
  • Enfants Square Burq – Risas (pista 9)

Técnica:

Jean-Benoît Dunckel – Producción, grabación
Nicolas Godin – Producción, grabación

THE SABRES OF PARADISE - Haunted Dancehall - Album

El álbum "Haunted Dancehall" nunca estuvo destinado a ser un hito, pero décadas después, se siente como tal. No porque gritara para ser escuchado, sino porque susurraba cosas que ningún otro disco se atrevió a decir. Antes de adentrarnos en sus oscuros pasillos y ritmos extraños, una advertencia: esto no es música ambiental. Este es un mundo. Entras en él o no. Pero una vez dentro, no sales inmutable. Un disco que quiero recomendar a los lectores más atrevidos de este blog de música.

ALBUM: Haunted Dancehall


Hay discos que marcan un momento. Y otros parecen envolver el tiempo en sí mismo, sonando tan impredecibles y vitales décadas después de su lanzamiento como el día que salieron de una tienda de discos. "Haunted Dancehall", el segundo y último álbum de The Sabres of Paradise, se enmarca inequívocamente en esta última categoría. Publicado por Warp Records el 28 de noviembre de 1994, sigue siendo una experiencia auditiva singular: cinematográfica, críptica y obstinadamente inclasificable.

THE SABRES OF PARADISE - Haunted Dancehall - Album

Este fue el único "álbum" auténtico que el trío, formado por Andrew Weatherall, Jagz Kooner y Gary Burns, creó. Su debut, "Sabresonic", fue más bien una recopilación de material ya existente, y el siguiente, "Sabresonic II", una reedición reorganizada. ¿Pero Haunted Dancehall? Eso era diferente. Fue el disco que construyeron desde cero. El que tiene la historia, los extraños fragmentos narrativos impresos en su interior, el nombre falso del autor (James Woodbourne, invención del propio Weatherall) y las canciones que no solo sonaban, sino que evocaban.

Construyendo un Dancehall desde las sombras:


A diferencia del sonido más directo y clubbing de "Sabresonic", "Haunted Dancehall" es inquieto, melancólico y extrañamente espacioso. La paleta es extensa, con toques de dub, destellos de trip hop, funk nervioso, música de biblioteca polvorienta y ambient magullado, todo ello unido por una peculiar sensación de deriva nocturna. Casi se puede ver la luz de sodio destellando sobre el pavimento mojado.

Kooner describió una vez la dinámica de su estudio: Weatherall aportaba los samples y secuenciaba las ideas, mientras Burns ponía los instrumentos y él, Kooner, se encargaba de las cajas de ritmos y la ingeniería. Y aunque los tres miembros tenían los pies bien puestos en la escena underground de la música dance, ya que Weatherall había trabajado con Primal Scream y Burns y Kooner también formaban parte de The Aloof, este álbum trascendía la lógica de los clubes. No se trataba solo de grooves. Eran narrativas contadas a través del ritmo y la distorsión.

Un álbum que suena como una película:


Muchos discos se consideran cinematográficos, pero pocos te hacen sentir como si estuvieras realmente habitando el lado oscuro de una ciudad. "Haunted Dancehall" te invita a caminar por las calles cubiertas de niebla de un Londres ficticio y noir, siguiendo a un personaje llamado McGuire desde cafés abandonados hasta puestos de mercado al amanecer, encontrándote con recuerdos, fantasmas y reflejos torcidos.

Esa sensación narrativa recorre las canciones, perdón, los números, incluso si la trama nunca se explica del todo. El swing potente y blaxploitation de "Theme" no desentonaría en una película ciberpunk. El siguiente tema, "Tema 4", se siente como el eco que surge al terminar la acción, un descenso ambiental hacia los escombros.

La secuencia es impecable. "Bubble and Slide", dividida en dos versiones, abre el disco con un ritmo ultra-metálico que se tambalea como una máquina averiada en un callejón de Blade Runner. Luego viene "Duke of Earlsfield", con un ritmo trepidante en contrabajo, un espacio dubwise y esa percusión resbaladiza que te marea y te engancha por completo.

Canciones que perduran como el humo:


He escuchado este disco en muchos sitios. A veces solo, a veces de madrugada, a veces en coche con amigos que lo escuchaban por primera vez. Y cada vez, ciertas canciones adquieren nuevos matices.

"Wilmot", por ejemplo, se ha convertido en una especie de himno secreto para los entendidos. Construida alrededor de un sample de calipso de "Black But Sweet" de Wilmoth Houdini, la versión del álbum ralentiza el original hasta convertirlo en un arrogante shuffle digital vudú. Es dub, pero no dub. Funk, pero no funk. Es su propia esencia fantasmal.

Luego está "Planet D", un remix de Geoff Barrow de Portishead. Una de las pocas contribuciones externas, sumerge al oyente en el territorio del hip hop esquelético, con minimalismo boom-bap y melancolía de almacén vacío. Y eso es antes de llegar a "Ballad of Nicky McGuire", que suena como si se hubiera grabado desde un teléfono público en un sueño.

THE SABRES OF PARADISE


Clímax tranquilos y despedidas finales:


A medida que el disco comienza a descender hacia su último tercio, la atmósfera cambia. "Jacob Street 7AM" y "Chapel Street Market 9AM" se adentran en territorio ambiental. Ya no estás en el dancehall, te tambaleas al volver a casa. Hay una especie de tristeza post-euforia, una sensación de luz gris que se eleva sobre el ladrillo y los planes rotos.

El tema que da título al disco, "Haunted Dancehall", cierra el disco con el tipo de melodía que puede llegar a tocarte la piel sin darte cuenta. Un arpegio simple, una sombra de cuerdas, un ritmo rítmico que insinúa algo más oscuro justo fuera de tu campo de visión. Es hermoso, sí. Pero no es seguro.

Un género en sí mismo:


Es difícil categorizar exactamente qué es el disco "Haunted Dancehall". No es techno en el sentido tradicional, ni es IDM, a pesar de su lanzamiento en Warp. Tiene más ganchos que la mayoría de los discos de ambient, pero demasiado espacio para encajar a la perfección con el trip hop o el big beat. Es, de la forma más halagadora posible, invendible. Un disco que surgió de un momento muy específico y, sin embargo, suena como si no perteneciera a nadie.

Andy Weatherall, fallecido en 2020, siempre fue una especie de transformador musical. Y aunque sus proyectos posteriores, como Two Lone Swordsmen, fueron ricos e influyentes por sí mismos, este se siente como su visión más completa. Junto a Kooner y Burns, esbozó un mundo y dejó lo justo sin terminar para que los oyentes pudieran imaginarse dentro.

Por qué deberías escucharlo:


Décadas después, "Haunted Dancehall" sigue siendo uno de los temas más profundos y venerados de Warp. No suena como nada más en su catálogo. Y ciertamente no suena como nada que se esté haciendo ahora. Pero es precisamente por eso que se siente tan fresco.

En una época donde las listas de reproducción fragmentan los álbumes en distracciones breves, "Haunted Dancehall" insiste en ser escuchado completo. Es un disco para auriculares. Un disco para una noche larga. Un disco para un día lluvioso, a la luz de las velas, un viaje al pasado.

También es uno de los pocos álbumes electrónicos que se niega a convertirse en una pieza de museo. Porque nunca se trató de un género ni de una época. Se trataba de sentimientos. De historias de fantasmas contadas a través de líneas de bajo. De bailar solo, mucho después de que todos se hayan ido a casa.

Disco recomendado


No necesitas conocer la historia de fondo para disfrutar de "Haunted Dancehall". No necesitas saber que la funda interior fue escrita por Andrew Weatherall bajo seudónimo, ni que el grupo planeó una secuela con Tom Waits e Ice T. No necesitas saber que se lanzó justo antes de su disolución, ni que alcanzó el puesto número 57 en la lista de álbumes del Reino Unido.

Solo tienes que darle al play. Deja que se desarrolle. Déjate llevar por los callejones. Déjate llevar a ese espacio liminal donde la electrónica, el dub, la ficción negra y los recuerdos atormentados se fusionan.

Puede que los Sabres of Paradise ya no estén, pero en este álbum, sus fantasmas siguen danzando.

Video del tema "Wilmot":


Tracklist:

1. "Bubble and Slide" 2:39
2. "Bubble and Slide II" 7:38
3. "Duke of Earlsfield" 8:42
4. "Flight Path Estate" 3:21
5. "Planet D" (Portishead Remix) 4:41
6. "Wilmot" 7:32
7. "Tow Truck" 6:35
8. "Theme" 4:48
9. "Theme 4" 1:55
10. "Return to Planet D" 5:04
11. "Ballad of Nicky McGuire" 8:30
12. "Jacob Street 7AM" 3:46
13. "Chapel Street Market 9AM" 7:14
14. "Haunted Dancehall" 4:25

Créditos:

  • Andrew Weatherall – producción y mezcla
  • Jagz Kooner – producción y mezcla
  • Gary Burns – producción y mezcla
  • Portishead (Geoff Barrow) – producción adicional (5)
  • Scruff – producción adicional (6)
  • MadArk – arte gráfico

THE BETA BAND - Hot Shots II - Album

Cuando escuché "Hot Shots II", no estaba preparado para la rapidez con la que desbarataría mis expectativas. The Beta Band siempre había sido una presencia esquiva al margen de la música popular, demasiado excéntrica para encajar cómodamente en el mainstream, pero demasiado inventiva para ser ignorada. Con este disco, encontraron un punto óptimo inesperado: una colección de canciones que se sienten a la vez realistas y experimentales, sobrias pero llenas de vida. Décadas después, sigue sonando como ninguna otra, un recordatorio de lo transformadora que puede ser la música cuando una banda deja de intentar complacer a nadie más que a sí misma. Quiero recomendartelo.

ALBUM: Hot Shots II


Hay álbumes que definen a una banda. Para The Beta Band, "Hot Shots II", publicado el 16 de julio de 2001, bien podría ser ese momento decisivo. Tras un autoproclamado "peor álbum jamás hecho" y años de lucha con su desbordante creatividad, el cuarteto escocés regresó con un disco que despeja lo superfluo y muestra su trabajo más centrado y humano hasta la fecha.

THE BETA BAND - Hot Shots II - Album

Si bien el título irónico del álbum sugiere algo ligero, lo que descubren aquí es una reinvención pulida pero conmovedora: un sonido que respira, late y se siente vivo. The Beta Band no solo ha recalibrado su identidad, sino que también ha arraigado la música folk en el siglo XXI.

Se atreven a ser diferentes:


Vale la pena recordar lo inusual que era el enfoque de The Beta Band a principios del milenio. Aquí estaba un grupo que no temía fusionar baladas folk con grooves dub, tejer ritmos hip-hop bajo melodías pastorales y adoptar una especie de despreocupación desvencijada que parecía más una pandilla de amigos experimentando que una banda arribista escalando las listas de éxitos.

Su éxito inicial, inmortalizado sobre todo en la película "Alta Fidelidad", cuando el personaje de John Cusack impulsó las ventas de sus EP con la frase: "Apuesto a que puedo vender cinco de estos EP de Beta Band con solo escucharlo", los convirtió en un grupo de culto. Pero su debut homónimo dejó confundidos incluso a los fans más acérrimos. Fue un álbum errático, que se desvió hacia callejones sin salida, y dejó a muchos preguntándose si la innovación de la banda se había convertido en indulgencia. El propio grupo fue el crítico más duro, denunciando públicamente el disco y retirándose para replantearse su siguiente paso.

Pulido pero juguetón:


Mientras que el debut se sentía disperso, "Hot Shots II" se siente como un rayo láser. Las canciones son más concisas, la experimentación más controlada y la esencia emocional más aguda. El mérito de esta transformación corresponde en parte a Colin Emmanuel (también conocido como C-Swing), un productor de R&B que aportó un sonido limpio y espacioso que permite que cada elemento musical respire.

El tema de apertura, "Squares", marca el tono con un ritmo contagioso, una melodía pegadiza y la voz hipnótica de Steve Mason, quien interpreta la frase ligeramente siniestra: "He visto a los demonios, pero no hicieron ningún sonido". Es sobrio pero profundamente pegadizo, combinando piano sampleado con pops de vinilo de una manera que se siente a la vez retro y futurista.

"Quiet" es otro tema destacado, con su percusión tribal y líneas de bajo inspiradas en el dubstep que crean una sensación de caos controlado. La voz de Mason, a menudo monótona e inexpresiva, se desliza sobre estas olas como un canto meditativo. Mientras tanto, "Broke" resuena con una energía dancehall que no desentonaría en una fiesta en un sótano, demostrando que los instintos rítmicos de la banda están más agudizados que nunca.

Y luego está "Al Sharp", posiblemente la joya del álbum. Una magnífica mezcla de xilófonos, cuerdas sampleadas y voces en capas, la canción es rica y texturizada, pero nunca recargada. Es aquí donde la promesa de The Beta Band se materializa por completo: inventiva sin ser alienante, intrincada pero irresistiblemente groovy.

Profundidad emocional en la simplicidad:


A pesar de toda su sofisticación rítmica, "Hot Shots II" también ofrece momentos de quietud y reflexión. "Gone" se reduce a una simple balada de guitarra y piano, cuya belleza austera perdura mucho después de las notas finales. La letra oscila entre imágenes cósmicas ("fell from a spaceship") y una vulnerabilidad íntima ("will you think of me when I'm gone?"), capturando la agridulce sensación de amor y ausencia.

En el otro extremo del espectro, "Dragons" se construye desde un ritmo de batería impregnado de reverberación hasta un exuberante crescendo de sintetizadores y voces multipista. Es a partes iguales un viaje psicodélico y una confesión sincera.

El tema final, "Eclipse", se siente como una meditación sobre la unidad, terminando con la simple pero profunda frase: "We all live together on a little round ball". Es caprichosa, filosófica y extrañamente conmovedora: cualidades que definen lo mejor del trabajo de The Beta Band.

Algunos defectos, pero bueno al fin y al cabo:


Si hay una crítica que hacer, es la ocasional reticencia de la banda a dar rienda suelta a su lado más salvaje. Algunos oyentes podrían echar de menos la rareza desquiciada que hizo tan emocionantes a los tres EP. Y el tema extra de hip-hop, "Won", resulta chocantemente fuera de lugar, interrumpiendo la fluidez elegante que se establece a lo largo del álbum.

The Beta Band

Sin embargo, estas son pequeñas objeciones en un disco que, por lo demás, triunfa en casi todos los aspectos. "Hot Shots II" conserva el encanto y el espíritu aventurero de la banda, a la vez que da espacio a sus ideas para que florezcan en canciones completas.

Por qué Hot Shots II merece la pena:


Décadas después, "Hot Shots II" se mantiene como una obra singular. No es folk, ni funk, ni electrónica, pero bebe de todos estos mundos y crea algo único y propio. Pocas bandas desde entonces han logrado una fusión de estilos tan fluida, y menos aún lo han hecho con tanto entusiasmo.

Para quienes nunca se han adentrado en el universo de The Beta Band, este es el punto de partida perfecto. Es accesible sin ser precavido, experimental sin ser alienante y siempre gratificante de principio a fin.

Disco recomendado


The Beta Band una vez advirtió en broma a sus oyentes que no compraran su álbum debut. Con "Hot Shots II", no hace falta tal advertencia. Este es un disco que merece tu tiempo y atención. Tanto si eres fan de la música alternativa británica como si simplemente sientes curiosidad por algo diferente, "Hot Shots II" es una experiencia auditiva vital y vibrante.

Hazte un favor: busca un momento tranquilo, ponte unos buenos auriculares y deja que The Beta Band te lleve a un lugar completamente inesperado.

Video del tema "Squares":

Tracklist:

1. "Squares" 3:46
2. "Al Sharp" 3:34
3. "Human Being" 4:31
4. "Gone" 3:41
5. "Dragon" 4:56
6. "Broke" 4:40
7. "Quiet" 4:49
8. "Alleged" 5:31
9. "Life" 3:51
10. "Eclipse" 6:37

BOARDS OF CANADA - Tomorrow's Harvest - Album

Hay álbumes que te reciben con calidez, y hay álbumes que acechan en las sombras, revelándose solo cuando estás listo para escuchar con atención. "Tomorrow’s Harvest", el lanzamiento de 2013 del dúo escocés Boards of Canada, pertenece firmemente a este último grupo. Años después de su lanzamiento, todavía se siente como una transmisión de otro lugar, paciente, inquietante y extrañamente hermoso. Antes de sumergirnos en sus profundidades, vale la pena detenerse un momento para comprender qué hace que este álbum perdure tan silenciosamente en un mundo que rara vez se detiene a escuchar.

ALBUM: Tomorrow's Harvest


Hay algo inquietante en el Oeste americano. Espacios vastos y abiertos. Luces parpadeantes en la distancia. La sensación de que algo no mencionado se desarrolla justo fuera de mi alcance. Cuando escuché por primera vez "Tomorrow's Harvest", el álbum de 2013 de Boards of Canada, sentí esa tensión al instante, como si hubiera sintonizado una señal que no era para mí, susurrada a través de la estática de la radio y paisajes desiertos. Décadas después, todavía suena como un mensaje codificado enterrado en una tormenta de polvo.

BOARDS OF CANADA - Tomorrow's Harvest - Album 2013

El dúo escocés, compuesto por Marcus Eoin y Mike Sandison, no es de los que buscan regresos ruidosos ni nostalgia que busque atención. Su música siempre ha hablado en voz baja, más sentida que escuchada, más absorbida que explicada. Después de "The Campfire Headphase" en 2005, desaparecieron durante casi una década y luego, silenciosa y ominosamente, regresaron con un álbum que no parecía una continuación, sino un ajuste de cuentas.

El regreso que nadie oyó venir:


Publicado el 4 de junio de 2013 por Warp Records, "Tomorrow’s Harvest" llegó a través de un mar de mensajes crípticos, vinilos codificados y coordenadas ocultas. Los fans lo reconstruyeron todo como si fuera una conspiración, pero en lugar de respuestas, el álbum ofreció una reflexión. Nada reaccionario. Nada de desesperación por complacer. Simplemente... paciencia.

La banda llevaba grabando intermitentemente desde 2005, construyendo su estudio cerca de Pentland Hills, en Escocia. Algunos bocetos iniciales se dibujaron durante viajes por la Nueva Zelanda rural. Pero la mayor parte del trabajo cristalizó a la sombra del aislamiento, lejos del pulso de las ciudades. Como dijo Marcus una vez, preferían estar en un lugar "atemporal", donde el calendario no se impusiera al sonido.

El sonido de la erosión:


Si "The Campfire Headphase" coqueteaba con la calidez, las guitarras acústicas y el brillo nostálgico, "Tomorrow’s Harvest" es la fría mañana siguiente. Este es un álbum que ha visto caer los satélites. Desde los primeros segundos de "Gemini", con su fanfarria inquietante y su zumbido sordo como el viento sobre tierra helada, se comprende que no es música para el consuelo. Es música para la observación.

Las texturas analógicas son densas. Las canciones no tienen prisa. "Reach for the Dead" late con una tensión irresuelta. "White Cyclosa" mezcla arpegios retrofuturistas con algo mucho más inquietante. No hay picos dramáticos ni caídas, solo una niebla sonora invasora. Estas composiciones, muchas de ellas sin ritmo, se mueven como sombras sobre la arena del desierto, insinuando cosas enterradas hace mucho tiempo.

Creando terror con precisión:


Lo que hace tan fascinante a "Tomorrow’s Harvest" es lo poco que te exige y lo mucho que te da si te quedas. El dúo está más interesado en crear ambientes que en ganchos. Las canciones suelen comenzar como bocetos, a veces con un solo tono de sintetizador o un bucle melódico. Luego, lenta y casi imperceptiblemente, crecen. No ascendentes como clímax, sino hacia afuera como grietas en el pavimento.

"Jacquard Causeway", inicialmente divisivo, se desarrolla desde la repetición industrial hasta una liberación luminosa. Lo que comienza como una rutina mecánica termina como algo casi sinfónico. "New Seeds" se desenvuelve torpemente con interferencias nerviosas antes de desatar una de las melodías más elegantes que los hermanos han compuesto jamás. Son estos momentos, donde la amenaza se transforma en asombro, los que definen el disco.

Mirando al pasado para vislumbrar el futuro:


Hay una cualidad cinematográfica en este álbum que lo distingue incluso dentro del canon de Boards of Canada. Inspirado en bandas sonoras de finales de los años 70 y principios de los 80 (siglo XX), como John Carpenter, Mark Isham y Wendy Carlos, la influencia es evidente. Piensa en Escape from New York, Blade Runner o El Resplandor. Sintetizadores que retumban como sirenas antiaéreas. Arpegios que se repiten como carretes de cinta rotos.

BOARDS OF CANADA

Los títulos de las canciones lo refuerzan: «Sick Times», «Collapse», «Come to Dust». Incluso «Nothing Is Real», quizás lo más cercano a la familiaridad del álbum, parece una frase grabada en la pared de un refugio antiaéreo de la Guerra Fría. Esa canción, que evoca al querido Roygbiv de su debut «Music Has the Right to Children», difumina la comodidad y la paranoia. Es como si el pasado nos llamara desde una distancia que ya no podemos alcanzar.

Como una flor del desierto:


Y, sin embargo, lo que más me impactó al revisitar "Tomorrow's Harvest" fue lo viva que se siente bajo la superficie. Por ejemplo, "Sundown", un tema que parece brillar con una calidez radiactiva. O "Palace Posy", cuyo ritmo extraño y sincopado y fragmentos vocales fantasmales sugieren brevemente alegría, o al menos un recuerdo de ella.

Estas no son canciones que clamen por tu atención. No exigen movimiento ni celebración. En cambio, sugieren. Se dejan llevar. Esperan a que las notes. Y en una era de constantes bucles de retroalimentación y confirmación algorítmica, esa paciencia se siente revolucionaria.

Cosechando el silencio:


Gran parte del trabajo de Boards of Canada está determinado tanto por la ausencia como por la presencia. Rara vez hablan con la prensa. Actúan aún menos. Su presencia en línea es mínima o inexistente. Publican música bajo sus propios términos, por razones que les son propias. Este misterio ha frustrado a algunos fans, pero también protege la integridad de su creación. El mundo que construyen en "Tomorrow’s Harvest" no es para todos, y precisamente por eso importa.

Décadas después, este sigue siendo su trabajo más sobrio e introspectivo. Pero también es el más unificado y quizás el más esencial. No tiene la nostalgia juvenil de "Music Has the Right to Children", ni la inquietud matemática de Geogaddi, pero sí la sabiduría de la distancia. Habla en el lenguaje de los paisajes, no de las emociones. Confía en que tú completes el resto.

Disco recomendado


Si nunca has escuchado a Boards of Canada, quizás este no sea el lugar para empezar. Pero si estás listo para algo más lento, algo más inquietante, algo que se desarrolla en lugar de actuar, entonces "Tomorrow’s Harvest" merece tu tiempo. Déjalo respirar. Déjalo repetir. Deja que se convierta en el fondo y luego, gradualmente, en el primer plano.

Aquí no encontrarás una catarsis instantánea. Lo que encontrarán es algo más perdurable: un mundo de señales y silencio, decadencia y memoria, flotando en un horizonte árido. Las juntas directivas de Canadá no siguen tendencias. Trazan su propio territorio. Y en este rincón, el futuro ya ha sucedido, y suena así.

Video del tema "Sundown":

Tracklist:

1. "Gemini" 2:56
2. "Reach for the Dead" 4:47
3. "White Cyclosa" 3:13
4. "Jacquard Causeway" 6:35
5. "Telepath" 1:32
6. "Cold Earth" 3:42
7. "Transmisiones Ferox" 2:18
8. "Sick Times" 4:16
9. "Collapse" 2:49
10. "Palace Posy" 4:05
11. "Split Your Infinities" 4:28
12. "Uritual" 1:59
13. "Nothing Is Real" 3:52
14. "Sundown" 2:16
15. "New Seeds" 5:39
16. "Come to Dust" 4:07
17. "Semena Mertvykh" 3:30

Boards of Canada:

  • Marcus Eoin – producción, grabación, diseño, arte
  • Mike Sandison – producción, grabación, diseño, arte