No es un disco fácil de resumir ni de colocar en una estantería concreta. "Second Toughest in the Infants" de UNDERWORLD exige algo más que una escucha distraída y, a cambio, ofrece una experiencia que crece con el tiempo, con la repetición y con la atención. Más que una colección de temas, funciona como un espacio sonoro que se despliega poco a poco, donde ritmo, palabra y textura se entrelazan hasta formar algo difícil de separar en partes. Volver a él hoy no es solo revisar un momento clave de la música electrónica de los años noventa (siglo xx), sino preguntarse qué ocurre cuando un álbum decide tomarse en serio a quien escucha.
ALBUM: Second Toughest in the Infants
La primera vez que "Second Toughest in the Infants" me atrapó no fue por un subidón inmediato ni por una melodía fácil de recordar. Fue por su duración. Por la forma en la que el disco parecía decir, desde el primer minuto, que no tenía prisa. Que si quería entrar, debía hacerlo despacio, aceptando sus reglas. En 1996, cuando gran parte de la música electrónica todavía funcionaba como una sucesión de impactos pensados para la pista de baile, Underworld se atrevió a pedir algo poco habitual: tiempo, atención y escucha activa. Y lo hizo sin pedir permiso.
Publicado en marzo de 1996, "Second Toughest in the Infants" es el cuarto álbum de estudio de Underworld y el segundo de su etapa MK2, ya con Darren Emerson plenamente integrado junto a Karl Hyde y Rick Smith. No es un dato menor. La entrada de Emerson a principios de los años noventa transformó a Underworld de un proyecto irregular, con raíces en el rock y el synth pop, en una de las propuestas más singulares y ambiciosas de la electrónica británica. Este disco no solo consolidó esa mutación, también la llevó a un punto de madurez creativa difícil de igualar.
Un título del álbum extraño:
El título del álbum procede de una frase dicha por el sobrino de Rick Smith, un niño de seis años que, al ser preguntado por su progreso en la escuela infantil, respondió que era "el segundo más duro de la clase". Esa mezcla de ingenuidad, humor involuntario y misterio encaja perfectamente con el espíritu del disco. "Second Toughest in the Infants" suena exactamente así, como algo que no pretende explicarse del todo, pero que contiene una lógica interna poderosa.
En el contexto de mediados de los noventa, Underworld estaban rodeados de propuestas que exploraban terrenos similares. Fluke, Transglobal Underground o Banco de Gaia trabajaban con una electrónica densa, dub, expansiva. Pero Underworld hicieron algo distinto. Tomaron ese lenguaje y lo forzaron hacia una estructura casi narrativa, más cercana a la tradición del álbum largo que a la cultura del sencillo. No es casual que muchos hayan comparado la ambición de este disco con la del rock progresivo de los años setenta, aunque aquí todo pasa por máquinas, secuenciadores y capas de sonido tratadas con precisión quirúrgica.
Cómo se construye:
Nada prepara del todo para el arranque del disco. "Juanita : Kiteless : To Dream of Love" ocupa más de dieciséis minutos y funciona como una suite en tres movimientos que no se separan, sino que se superponen. Durante los primeros minutos, conceptos clásicos como melodía o progresión armónica parecen irrelevantes. Hay un bajo sintético insistente, una voz casi monocorde y una percusión que va creciendo en complejidad. Lo fascinante es cómo Underworld estiran esa idea más allá de lo razonable hasta que, cuando entran los pianos dispersos y las guitarras, el efecto es casi físico.
No es música pensada para el impacto rápido. Es música que se despliega. El ritmo muta, se densifica, se vacía y vuelve a recomponerse. Hay momentos de tensión nerviosa, otros de calma glacial, con ecos que recuerdan tanto al minimalismo de Philip Glass como a la electrónica ambiental de Detroit. Todo sucede sin cortes evidentes, como si el tema respirara por sí mismo.
El segundo bloque, el magnifico "Banstyle / Sappys Curry", continúa esa lógica, aunque con una energía distinta. Aquí aparecen ritmos cercanos al drum and bass, guitarras acústicas inesperadas y teclados que evocan paisajes casi psicodélicos. En pleno auge de los sencillos de club, Underworld abrían su álbum con más de media hora de música que exigía compromiso. Ese gesto, por sí solo, dice mucho de su ambición.
Ritmo, cuerpo y una oscuridad contenida:
Después de semejante introducción, "Confusion the Waitress" podría parecer un regreso a la simplicidad. Pero no lo es del todo. Su pulso es directo, casi marcial, con un ritmo constante y una atmósfera inquietante. Karl Hyde repite frases fragmentadas, como si estuviera atrapado en un pensamiento circular. Aquí se entiende bien una de las claves de Underworld en esta etapa: Hyde no canta en el sentido tradicional. Funciona más como un sampler humano, lanzando palabras, imágenes y sonidos que se integran en el conjunto sin imponerse.
"Rowla" es, probablemente, el momento más abiertamente físico del álbum. Un tema instrumental construido sobre sintetizadores distorsionados y repetitivos que crecen, se detienen y vuelven a explotar. Tiene algo casi agresivo, una sensación de amenaza constante que resulta extrañamente adictiva. No es un tema amable, pero sí profundamente hipnótico.
El gran punto de equilibrio llega con "Pearl’s Girl". Aquí Underworld logran una de sus piezas más completas. Breakbeats afilados, percusiones cercanas al jungle, sintetizadores que remiten al cine de John Carpenter y una letra fragmentada que mezcla referencias geográficas, colores y nombres propios sin una narrativa evidente. "Rioja, Rioja, Reverend Al Green", canta Hyde, como si estuviera hojeando recuerdos a toda velocidad desde el interior de un coche lanzado por la noche. Es un tema de urgencia, de movimiento, de ansiedad contenida. No es casual que haya sido uno de los sencillos más recordados del grupo.
El descenso necesario:
Tras la intensidad acumulada, "Air Towel" funciona como un tránsito más ligero, sin perder el pulso bailable. Pero el verdadero cierre emocional llega con los dos últimos temas. "Blueski" introduce guitarras tratadas con un tono casi blusero, envueltas en una atmósfera nebulosa. No es el momento más memorable del disco, pero cumple una función clara: preparar el terreno para el final.
"Stagger" cierra el álbum con una sensación de madrugada avanzada. Ritmos ralentizados, reverberaciones profundas, teclados oscuros y una voz que parece hablar más que cantar. No hay clímax, no hay explosión final. Hay una especie de vacío melancólico que permanece cuando el disco termina. Es un final valiente, alejado de cualquier concesión, que refuerza la idea de que Underworld estaban pensando el álbum como una experiencia completa.
Un disco de su tiempo y más allá:
Es dificil hablar de "Second Toughest in the Infants" sin mencionar el contexto cultural que lo rodea. Su publicación coincidió con un momento en el que la electrónica empezaba a recibir una atención mediática inusual, especialmente en Reino Unido y Europa. Poco después, Born Slippy .NUXX, incluida en reediciones posteriores del álbum y popularizada por la película Trainspotting, se convertiría en un fenómeno que acabaría eclipsando parcialmente al disco. Pero reducir Underworld a ese tema es una simplificación injusta.
Este álbum representa uno de los últimos momentos en los que la música electrónica experimental consiguió una presencia real en el imaginario popular sin renunciar a su complejidad. Antes de que la escena se fragmentara y se institucionalizara, Underworld demostraron que se podía hacer música de baile ambiciosa, emocional y exigente sin perder conexión con el cuerpo.
Por qué mola hoy:
Escuchar hoy "Second Toughest in the Infants" no es un ejercicio de nostalgia. Es enfrentarse a un disco que sigue sonando sorprendentemente vigente en su forma de entender el tiempo, la repetición y la construcción de atmósferas. En una época dominada por la inmediatez y la escucha fragmentada, este álbum propone lo contrario. Pide concentración, recompensa la paciencia y ofrece una experiencia que va más allá de canciones sueltas.
Para oyentes jóvenes que buscan algo distinto, aquí hay una puerta de entrada perfecta a una electrónica que no se conforma con funcionar, sino que aspira a decir algo. Para quienes lo escuchamos en su momento o lo descubrimos después, sigue siendo un recordatorio de hasta dónde se puede llegar cuando se confía en la inteligencia del oyente.
Disco recomendado
Recomiendo "Second Toughest in the Infants" sin reservas, preferiblemente con auriculares, sin prisas y con la disposición de dejarse llevar. No es un disco que se revele a la primera, pero cuando lo hace, se queda contigo durante mucho tiempo. Magnifico álbum, si señor.
Video del tema "Banstyle/Sappy's Curry":
Tracklist (formato original):
1. "Juanita : Kiteless : To Dream of Love" 16:36
2. "Banstyle/Sappy's Curry" 15:22
3. "Confusion the Waitress" 6:47
4. "Rowla" 6:31
5. "Pearl's Girl" 9:36
6. "Air Towel" 7:37
7. "Blueski" 2:55
8. "Stagger" 7:37



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