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Rollin’ And Tumblin’: American Electric Blues 1965–1971

Para mí, "Rollin’ And Tumblin’: American Electric Blues 1965–1971" es una de esas recopilaciones que justifican por sí solas un año entero de reediciones. No solo por la ambición del repertorio o por la calidad del sonido, sino porque escucha el blues desde dentro, como una música viva, en pleno proceso de cambio. En 2025 no han faltado rescates de archivo, pero pocos resultan tan reveladores y tan disfrutables a la vez. Es un disco especialmente agradecido para fans del blues y del rock, de esos que disfrutan reconociendo cruces, tensiones e influencias, y que saben que entender el pasado sigue siendo una de las mejores formas de escuchar el presente.

RECOPILACIÓN: Rollin’ And Tumblin’: American Electric Blues 1965–1971


La primera sensación al enfrentarse a "Rollin’ And Tumblin’: American Electric Blues 1965–1971" no es la nostalgia, sino el vértigo. Vértigo ante una música que, en apenas unos años, decidió dejar atrás el respeto casi ceremonial por sus propias reglas para probar suerte con el volumen, la distorsión y una nueva clase de público. Este no es un disco pensado para confirmar lo que ya sabes sobre el blues, sino para recordarte que durante un tiempo fue una música peligrosa, inestable y abierta al contagio. Escucharlo hoy, de principio a fin, es como asistir al momento exacto en el que el blues se miró en el espejo del rock, del soul y de la contracultura, y no siempre reconoció su propio reflejo.

Rollin’ And Tumblin’: American Electric Blues 1965–1971

Hablar de este álbum-recopilación es hablar de un proceso más que de un estilo. Un proceso que arranca en clubes pequeños, en sellos modestos, en amplificadores llevados más allá de lo recomendable, y que termina influyendo en casi todo lo que entendemos hoy por rock moderno. La recopilación editada por Cherry Red Records recoge ese tránsito con una amplitud poco habitual, sin intentar domesticarlo.

Cuando el blues decidió enchufarse:


Tras la Segunda Guerra Mundial, el blues eléctrico empezó a abrirse camino fuera de las comunidades negras que lo habían sostenido durante décadas. En ciudades como Chicago o Detroit, la amplificación no fue una elección estética, sino una necesidad práctica. Para hacerse oír en salas ruidosas, había que subir el volumen, endurecer el ataque, electrificar guitarras y armónicas. Pero en los años sesenta ocurrió algo más. El blues empezó a circular por rutas inesperadas.

Por un lado, el rock and roll, impulsado por locutores como Alan Freed, sirvió de caballo de Troya para que nuevas generaciones blancas se acercaran a estructuras, ritmos y emociones heredadas del blues. Por otro, jóvenes británicos obsesionados con discos importados devolvieron esa música a Estados Unidos transformada, amplificada y con una nueva actitud. Cuando bandas como The Rolling Stones o Cream pusieron el blues en el centro de su propuesta, algo se rompió y algo nuevo empezó a construirse.

Este álbum captura justo ese momento. No solo a los maestros, sino también a quienes reinterpretaron, estiraron o directamente forzaron el lenguaje del blues hasta hacerlo crujir.

Sonido, textura y tensión eléctrica:


Lo que une a estas grabaciones no es una estética homogénea, sino una actitud. Desde el arranque con Howlin’ Wolf y su "Killing Floor", el disco deja claro que aquí manda la intensidad. La voz de Wolf no busca agradar, sino imponer presencia, mientras la guitarra corta el aire como una herramienta de trabajo. A partir de ahí, el viaje se vuelve cada vez más imprevisible.

John Lee Hooker

John Lee Hooker aparece con "One Bourbon, One Scotch, One Beer", un boogie hipnótico donde la repetición se convierte en trance. Frente a él, The Paul Butterfield Blues Band suena como una declaración de intenciones: músicos blancos que no imitan, sino que dialogan con la tradición, incorporando solos largos, armónica amplificada y una energía heredada del rock.

Hay momentos de pura emoción contenida, como "I’d Rather Go Blind" de Etta James, donde el blues se cruza con el soul sin perder un ápice de verdad. Y otros donde el volumen se vuelve protagonista, como "Parchment Farm" de Blue Cheer o "Motor City Is Burning" de MC5, auténticos manifiestos de un blues llevado al límite de la saturación.

Guitarras, héroes y nuevas voces:


Uno de los grandes temas que atraviesan esta recopilación es el nacimiento del guitarrista como figura central. Después de B.B. King, cuya elegancia sigue siendo una lección de economía expresiva, llegan otros enfoques. Buddy Guy convierte cada nota en un gesto físico, casi violento. Freddie King aporta músculo y claridad, mientras que músicos como Mike Bloomfield o Ry Cooder introducen una sensibilidad más exploratoria.

Buddy Guy

Pero este no es un recopilatorio solo de guitarras. Las voces cuentan historias de deseo, pérdida, rabia y supervivencia. Y lo hacen desde lugares muy distintos. Janis Joplin, al frente de Big Brother and the Holding Company, canta el blues desde la herida abierta, sin protección, como si cada frase fuera la última.


Blues, contracultura y choque generacional:


Escuchar hoy esta recopilación también es enfrentarse a una paradoja. Mientras parte de la juventud negra estadounidense se desplazaba hacia el soul más pulido o el sonido Motown, el blues encontraba una nueva base de fans entre jóvenes blancos, muchos de ellos politizados por la guerra de Vietnam y la contracultura. Versiones como la de "Killing Floor" a cargo de The Electric Flag transforman un lamento personal en un comentario social, demostrando que el blues podía seguir siendo relevante en un mundo que cambiaba a gran velocidad.

No todas las decisiones fueron acertadas. El propio Muddy Waters aparece aquí con "Tom Cat", un tema que refleja los excesos psicodélicos de la época. Pero incluso esos tropiezos forman parte del relato. El blues no salió intacto de su encuentro con el rock, pero sí más amplio, más complejo y más influyente.

Disco recomendado


Hoy, en una época obsesionada con clasificar géneros y trazar líneas claras, "Rollin’ And Tumblin’" recuerda que la música popular avanza precisamente cuando esas líneas se difuminan. Este álbum no propone una historia ordenada, sino una experiencia. Una escucha que exige tiempo, atención y curiosidad.

Su valor no está solo en la calidad de las canciones, que es altísima, ni en el trabajo de archivo y masterización, impecable, sino en la conversación que propone entre pasado y presente. Aquí se entiende por qué el blues sigue siendo una fuente inagotable para el rock, para el soul y para cualquier música que aspire a decir algo honesto sobre la experiencia humana.

Terminé de escuchar esta recopilación con la sensación de haber aprendido algo, no desde la teoría, sino desde el oído y la emoción. Por eso la recomiendo. No como un manual, sino como un viaje. Si alguna vez te has preguntado cómo sonaba el momento en que el blues decidió arriesgarlo todo, este disco tiene muchas de las respuestas.

Video del tema "Killing Floor" de Howlin’ Wolf:

Tracklist:

CD1 

1.1 Howlin’ Wolf – Killing Floor
1.2 Bo Diddley – 500% More Man
1.3 Slim Harpo – Baby Scratch My Back
1.4 The Paul Butterfield Blues Band – Born in Chicago (Folksong 65 Version)
1.5 Junior Wells’ Chicago Blues Band – Snatch It Back and Hold It
1.6 Otis Redding – Rock Me Baby
1.7 Buddy Guy – Leave My Girl Alone
1.8 The Lovin’ Spoonful – Night Owl Blues
1.9 Dion – Spoonful
1.10 The Everly Brothers – My Babe
1.11 Booker T. & the MG’s – Plum Nellie
1.12 John Lee Hooker – One Bourbon, One Scotch, One Beer
1.13 The Shadows of Knight – Light Bulb Blues
1.14 Albert Collins – Sno Cone (Part II)
1.15 Johnnie Taylor – I Had a Dream
1.16 The Charlatans – 32-20
1.17 John Hammond – I Wish You Would
1.18 Slim Harpo – Shake Your Hips
1.19 Captain Beefheart and His Magic Band – Sure ’Nuff ’N Yes, I Do
1.20 Canned Heat – Rollin’ and Tumblin’
1.21 The Blues Project – I Can’t Keep from Crying Sometimes
1.22 B.B. King – Think It Over
1.23 Etta James – I’d Rather Go Blind
1.24 Kaleidoscope – You Don’t Love Me
1.25 The Butterfield Blues Band – Work Song

CD 2

2.1 Magic Sam Blues Band – I Feel So Good (I Wanna Boogie)
2.2 Canned Heat – Going Up the Country
2.3 Taj Mahal – Statesboro Blues
2.4 John Kay and the Sparrow – Twisted
2.5 Big Brother and the Holding Company – Piece of My Heart
2.6 The Electric Flag – Killing Floor
2.7 Muddy Waters – Tom Cat
2.8 Johnny Winter – Mean Town Blues
2.9 Otis Rush – Gambler’s Blues
2.10 Wilson Pickett – Born to Be Wild
2.11 James Gang – Funk #48
2.12 Steppenwolf – Hoochie Coochie Man
2.13 Mike Bloomfield and Al Kooper – Stop
2.14 Lonnie Mack – Roberta
2.15 The J. Geils Band – Pack Fair and Square
2.16 J.B. Hutto and His Hawks – Speak My Mind
2.17 Quicksilver Messenger Service – Who Do You Love
2.18 Blood, Sweat & Tears – I’ll Love You More Than You’ll Ever Know
2.19 Blue Cheer – Parchment Farm
2.20 MC5 – Motor City Is Burning

CD 3

3.1 Ike and Tina Turner – The Hunter
3.2 The Allman Brothers Band – Whipping Post
3.3 Aretha Franklin – Why I Sing the Blues
3.4 Freddie King – Yonder Wall
3.5 Howlin’ Wolf – Evil
3.6 B.B. King – The Thrill Is Gone
3.7 J.J. Cale – Call Me the Breeze
3.8 Muddy Waters – Blues and Trouble
3.9 Bo Diddley – Elephant Man
3.10 Tony Joe White – Boom Boom
3.11 Johnny Jenkins – I Walk on Gilded Splinters
3.12 Ry Cooder – Alimony
3.13 Buddy Miles Express – Train
3.14 King Curtis and the Kingpins – Whole Lotta Love
3.15 Chairmen of the Board – Chairman of the Board
3.16 Dr. John – Where Ya at Mule
3.17 ZZ Top – Somebody Else Been Shaking Your Tree
3.18 Freddie King – Going Down

CHRISTONE "KINGFISH" INGRAM - Hard Road - Album

Hay artistas que no necesitan discursos previos para justificar por qué siguen interesando. Basta escuchar unos segundos de su música para entender que están construyendo algo propio, algo que respira pasado y presente al mismo tiempo. Christone "Kingfish" Ingram pertenece a ese grupo selecto. Su nuevo álbum, Hard Road, publicado el 26 de septiembre de 2025, no invita a recordar lo que el blues fue, sino a escuchar lo que puede ser hoy. A partir de aquí, quiero contarte por qué este disco merece una escucha atenta y qué he encontrado en él como oyente y amante del género.

ALBUM: Hard Road


"Hard Road", el nuevo álbum de Christone "Kingfish" Ingram, muestra a un músico que ha decidido crecer sin mirar atrás. Desde la primera escucha, se percibe la determinación de un artista que utiliza el blues no como refugio, sino como lenguaje para ordenar su propio camino. El joven "Kingfish" firma aquí su trabajo más personal, ambicioso y emocionalmente transparente.

CHRISTONE "KINGFISH" INGRAM - Hard Road - Album (2025)

Lo que más me llamo la atención al escucharlo no fue un solo de guitarra, ni un giro inesperado en la producción, sino la sensación de estar ante un músico que, después de un camino largo y complejo, decide por fin contarse a sí mismo sin filtros. "Hard Road" es eso: un retrato honesto de un artista que mira hacia atrás sin nostalgia, hacia adelante sin miedo, y que encuentra en el blues el idioma perfecto para ordenar todo lo que ha vivido.

Quién es Christone "Kingfish" Ingram:


Hablar de "Kingfish" es hablar de un hijo del Mississippi profundo que creció entre historias, leyendas y sonidos que se respiran más que se escuchan. Nació en Clarksdale, el mismo punto del mapa donde el mito sitúa a Robert Johnson vendiendo su alma, y donde Muddy Waters, Son House y John Lee Hooker moldearon la historia musical del siglo XX. Pero "Kingfish" nunca se vio aplastado por ese peso. Al contrario, lo asumió con naturalidad, como quien respira el aire de su propio barrio.

Christone "Kingfish" Ingram

Su formación en el Delta Blues Museum, su primera aparición en el escenario con Bill Howlin’ "Mad" Perry y aquel día en el que tocó para Michelle Obama siendo apenas un adolescente, forman parte del relato que ha acompañado a su meteórico ascenso. Pero lo que le convierte en algo más que un prodigio no es esa cronología, sino la capacidad de tocar la guitarra como si estuviera improvisando dentro de su propia memoria: cada fraseo, cada vibrato, cada silencio tiene el pulso de alguien que sabe escuchar el peso de una historia antes de contarla.

Desde Kingfish (2019) hasta el poderoso 662 (2021), pasando por el incendiario "Live in London", su progresión ha sido constante, siempre respaldada por figuras de la talla de Buddy Guy, Eric Gales o Keb’ Mo’. Y, sin embargo, "Hard Road" es el primer álbum en el que percibo a "Kingfish" mirando hacia dentro con la misma intensidad con la que siempre ha mirado a la tradición.

Un disco construido en movimiento:


Este álbum llega tras años de giras, pérdidas personales, mudanzas y aprendizajes. Christone "Kingfish" Ingram ya no vive en Clarksdale; ahora está en Los Ángeles, lejos del 662, pero con la mirada siempre puesta en su origen. La muerte de su madre, Princess, el salto profesional que supuso fundar su propio sello, Red Zero Records, y la inquietud por expandir su lenguaje musical fueron ingredientes esenciales para dar forma a "Hard Road".

Lo interesante es que el disco no nació en un solo estudio, ni con una sola intención. Se gestó entre Nashville, Santa Mónica, Memphis, Hollywood y Clarksdale, y se grabó con tres productores diferentes: Tom Hambridge, el gran socio creativo de Kingfish, Patrick “Guitar Boy” Hayes y Nick Goldston. Fue un proceso largo, casi en tránsito, como si cada ciudad añadiera una capa sonora distinta al resultado final.

Christone "Kingfish" Ingram confesó que al principio le aterraba la idea de integrar tantos géneros y enfoques; temía acabar con un álbum que sonara disperso. Pero esa preocupación desaparece al escuchar Hard Road, que es diverso, sí, pero siempre coherente. Todo lo que aparece aquí es "Kingfish", aunque lo muestre desde ángulos muy diferentes.

El sonido de Hard Road: 


Lo que me fascina de este disco es que consigue expandir el lenguaje del blues sin desdibujar su esencia. Si algo caracteriza a "Kingfish" es la capacidad de respetar la tradición mientras la empuja suavemente hacia adelante, y "Hard Road" es posiblemente su obra más ambiciosa en ese sentido.

La apertura del álbum, "Truth", es ya una declaración estética: un bajo profundo marcado, teclados que flotan entre el soul y el funk, una batería que sostiene el pulso sin invadir, y una letra que resume la identidad de Kingfish mejor que cualquier biografía. Escucharle cantar "my faith and my guitar was my only way out" es asistir a una confesión que transforma lo íntimo en universal.

En "Bad Like Me" y "S.S.S.", su voz adquiere un protagonismo inusual. Aquí, más que exhibir técnica, despliega carácter, un fraseo más cálido, más redondo, casi soul. Esa voz, siempre grave y terrosa, encuentra nuevos matices gracias a producciones más abiertas y contemporáneas. Y, sin embargo, cuando llega el turno de la guitarra, el sonido sigue siendo puro "Kingfish": líneas densas, sostenidas, cargadas de emoción.

"Nothin’ But Your Love" es una de las joyas del disco. Una balada suave, elegante, que recuerda a los momentos más íntimos de Prince, pero filtrada a través de la sensibilidad narrativa del blues. La guitarra en el solo, grabada en Memphis con una Stratocaster y un toque apenas sucio de pedal, es pura conversación.

En el extremo contrario está "Crosses", quizá el momento más incendiario del álbum, donde Christone "Kingfish" Ingram canaliza la electricidad de Hendrix sin caer en el homenaje explícito. Aquí el blues se estira hasta tocar la psicodelia y demuestra que la guitarra, en manos de Kingfish, sigue teniendo una capacidad expresiva que muy pocos artistas de su generación han sabido explorar.

"Back to L.A." tiene un aroma glam, un giro inesperado que sin embargo encaja con naturalidad. Clearly desliza un soul cálido y elegante en el que los teclados se mueven como si respiraran. "Standing on Business" se sumerge en un ambiente jazzy, nocturno, y "Hard to Love" vuelve a la energía del blues eléctrico con un "Kingfish" más desatado.

Y entonces llega "Memphis", el final perfecto: guitarra y armónica, sin artificios, un regreso al origen, un recordatorio de que, por mucho que explore otros territorios, "Kingfish" siempre vuelve al corazón del Delta.

Lo que cuenta Hard Road: 


Si tuviera que resumir el tema principal del álbum en una sola palabra sería claridad. "Hard Road" es un ejercicio de mirarse en el espejo sin idealizar nada. Habla de fama, sí, pero también de la soledad que la acompaña. Habla de amor, de rupturas, de identidad, de aprender a decir no. Habla, sobre todo, de seguir adelante aunque el camino no sea sencillo.

Christone "Kingfish" Ingram lo explica mejor que nadie: estas canciones son sobre aprender a verse con compasión, a reconocer la propia historia y a no esconderla. En un momento histórico en el que la música tiende a la inmediatez y al consumo rápido, que un artista tan joven decida entregarse a esta vulnerabilidad resulta profundamente valioso.

¿Por qué Hard Road?


Vivimos en un tiempo extraño para el blues: sigue siendo una raíz esencial de la música popular, pero rara vez ocupa el centro de la conversación. Christone "Kingfish" Ingram desafía esa tendencia, no por nostalgia, sino por convicción. Él demuestra que el blues sigue siendo un instrumento vivo para hablar de lo que somos, de nuestras luchas, de nuestros duelos, de nuestras pequeñas victorias.

"Hard Road" es importante porque actualiza esa tradición sin traicionarla. Porque acerca el blues a una generación que quizá nunca escuchó un disco de Albert King o de Koko Taylor. Porque recuerda que este género nunca fue solamente un estilo musical, sino una forma de estar en el mundo.

Disco recomendado


Si te interesa la música que nace de un lugar real, que mezcla raíces con riesgo, que respira historia pero late con urgencia contemporánea, "Hard Road" es un álbum para escuchar. No es solo el mejor trabajo de "Kingfish" hasta la fecha, es una de esas obras que te acompañan durante semanas, que regresan cuando no las buscas, que dejan huella.

Escúchalo con tiempo. Escúchalo con calma. Escúchalo con el corazón abierto. Y deja que Christone "Kingfish" Ingram te lleve por ese camino difícil que él ha aprendido a recorrer con una madurez y un talento que ya lo sitúan entre los grandes.

Video del tema "Truth":

Tracklist:

A1 Truth
A2 Bad Like Me
A3 S.S.S.
A4 Nothin’ But Your Love
A5 Crosses
A6 Voodoo Charm
B1 Back to LA
B2 Clearly
B3 Standing on Business
B4 Hard To Love
B5 Memphis

JOHNNY CASH - Johnny Cash at San Quentin - Album

Para cualquiera que esté empezando a explorar las raíces del country y el rock, el LP "Johnny Cash At San Quentin" es más que una reliquia de otra época; es un momento vivo, capturado en un lugar donde la música nunca tuvo la intención de sonar hermosa, pero de alguna manera lo hizo. Imagina a un hombre de negro, de pie frente a reclusos endurecidos en una de las cárceles más duras de Estados Unidos, cantando no para ellos, sino para ellos, y tal vez incluso como uno de ellos. Ese hombre era Johnny Cash. Su voz transmitía coraje, humor, desafío y compasión a la vez, y ese día de febrero de 1969, convirtió un concierto en una confesión y una comunión. Para los oyentes más jóvenes que buscan algo real en medio del ruido de las interminables listas de reproducción, "At San Quentin" es un recordatorio de lo poderosa que puede sonar la honestidad cuando viene acompañada de una guitarra, una historia y un latido.

ALBUM: Johnny Cash at San Quentin


He vuelto a "Johnny Cash en San Quintín" muchas veces porque nunca suena nostálgico, suena presente. La grabación, grabada el 24 de febrero de 1969 en la Prisión Estatal de San Quintín y publicada el 16 de junio de ese año, muestra a Johnny Cash en su faceta más explosiva y centrada, una paradoja que explica su perdurable atractivo. Granada Television filmó el programa, producido y dirigido por Michael Darlow, y las cámaras no distrajeron a Cash mucho tiempo. Convirtió la sala en su propio territorio, habló con claridad y cantó como si tuviera algo urgente que resolver con el lugar y consigo mismo.

JOHNNY CASH - Johnny Cash at San Quentin - Album

Para cuando este concierto llegó a las tiendas, ya formaba parte de una idea mayor. Fue la segunda entrega de la serie de álbumes de Cash sobre la prisión, tras "At Folsom Prison" en 1968 y precediendo a los posteriores "På Österåker" y "A Concert Behind Prison Walls". Le siguió el éxito en las listas de éxitos, y luego el reconocimiento que rara vez reciben los discos country en directo. El álbum obtuvo la certificación de oro el 12 de agosto de 1969, luego platino y doble platino el 21 de noviembre de 1986, y triple platino el 27 de marzo de 2003. "A Boy Named Sue" ganó el Grammy a la Mejor Interpretación Vocal Country Masculina. Esos hechos importan, pero no explican la tensión que se siente cuando la sala estalla con una nueva canción llamada "San Quentin" y luego la vuelve a pedir.

JOHNNY CASH - Johnny Cash at San Quentin - Album back cover


Preparando el escenario, el dolor, el cambio y una nueva voz de guitarra:


El contexto lo agudiza todo. Siete meses antes de este concierto, Luther Perkins, el guitarrista original de Johnny en Tennessee Two, falleció en agosto de 1968. Esa pérdida no solo rompió corazones, sino que desestabilizó el motor del boom-chicka-boom que había impulsado a Cash durante años. En lugar de dejarse llevar por la refinada música de sesión, Cash encontró una corriente diferente. Carl Perkins, el arquitecto de Blue Suede Shoes, le dio fuego a las líneas principales. A su lado estaba Bob Wooten, un fanático devoto que en su día sustituyó a Luther y que podía convocar a esas figuras esbeltas y percusivas sin problemas. Se puede percibir el nerviosismo y la entereza de Wooten en "Wanted Man", una coautoría de Dylan que abre el concierto como un latigazo de telón, breve, pegadiza, en movimiento.

El cambio de personal cambió el lenguaje corporal de la música. Sin Luther, el famoso tictac sigue presente, pero se mueve con una bisagra más suelta. Johnny Cash usa esa soltura para profundizar en sus historias, para provocar al público, para marcar el ritmo cuando la sala se llena de energía. Hay menos rigidez, más chispa. La banda puede irrumpir en una fiesta de prisión, luego retroceder y dejar a Johnny solo con una acústica para "Starkville City Jail", una reminiscencia seca y divertida extraída de su propio encuentro con la cárcel de un pequeño pueblo.

Lo que se escucha y por qué suena diferente a Folsom:


Los oyentes a menudo preguntan si "San Quentin" es igual a "Folsom". Yo lo oigo de otra manera. En "Folsom Prison" suena como una llegada, en "San Quentin" suena como una confrontación. El LP original era más corto, diez canciones, con dos pases en el número del título intactos, y parte del material cortado o reorganizado por espacio, con algunos momentos censurados. Las ediciones posteriores de Columbia y Legacy añadieron números y acercaron el orden de ejecución al repertorio tal como se interpretó, aunque incluso el lanzamiento de 2000 anunciado como completo no es la noche sin cortes. Jackson y Orange Blossom Special, por ejemplo, siguen vivos en el vídeo en lugar del LP original, y dos piezas, "Starkville City Jail" y "Blistered", aparecen ligeramente ralentizadas, probablemente como consecuencia de un cambio de cinta.

Esos detalles recompensarán a los coleccionistas empedernidos, pero también resaltan la cuestión. Este no es un álbum de recortes ordenado. Es un documento vivo. Johnny Cash no está aquí para recrear el pasado. Está aquí para compartir habitación con hombres que reconocen lo que está en juego. Cuando dice que le dijeron qué canción cantar, cómo ponerse de pie, cómo actuar, y luego se encoge de hombros con una promesa irónica de hacer lo que él quiere y lo que ellos quieren, las ovaciones no son corteses. Son de alivio.

Canciones que suenan como un discurso sencillo:


"Wanted Man" es el tema inicial perfecto, un blanco móvil que viaja de ciudad en ciudad, esquivando problemas y haciendo caso omiso de lo que venga después. La idea encaja con el público y también enmarca la noche. Poco después, June Carter Cash entra al escenario, y juntos elevan el Darlin' Companion de John Sebastian con un swing fácil que demuestra cuánto se había alejado el oído de Johnny de los límites de Nashville hacia lo que se sentía vivo. La elección dice: "Canto lo que me conmueve, no solo lo que prescribe la tradición".

Sigo pensando que el tranquilo solo es el corazón de la primera cara. Cash habla, sonríe ante sus propias acotaciones, hace un guiño a Luther Perkins y luego se adentra en "Starkville City Jail". La escritura es sencilla, la melodía prestada con un guiño, el humor preciso y el mensaje claro. No está glorificando nada, está notando lo rápido que un pequeño error puede convertirse en una historia que uno lleva consigo. Es el tipo de detalle que une a un intérprete con una sala llena de desconocidos.

La segunda cara aprieta los tornillos. "San Quentin" llega como una carta que nunca se suavizó con barniz de estudio. San Quentin, has estado viviendo un infierno para mí, que te pudras y ardas en el infierno, los versos caen con un golpe sordo que es en parte ritmo, en parte claridad moral. El público ruge tras cada verso, y Cash lo repite, sonriendo, mostrando que a él también le está empezando a gustar. La repetición no es un truco, es un intercambio. Ha expresado lo que muchos en esa sala desearían que alguien se atreviera a decir en voz alta.

Luego llega el giro a la izquierda que llegó a los titulares, "A Boy Named Sue", letra de Shel Silverstein, melodía y ritmo proporcionados sobre la marcha. Cash advierte a la banda que lo intentará, lee una partitura y ellos inventan el acompañamiento sobre la marcha. Se pueden oír las risas y luego el silencio cuando el número pasa de la comedia a la triste realidad: un hijo que encontró a su padre, levantó el puño y aprendió una dura lección sobre la supervivencia y los nombres. Ese número se llevaría el Grammy, pero en esta sala funciona como liberación y reconocimiento más que como novedad.

El momento espiritual que sigue no es un añadido, es la columna vertebral del arte de Cash. "Peace in the Valley", con la familia Carter y Carl Perkins como teloneros, ofrece a todos un respiro, y luego la familiar oleada de Folsom Prison Blues reconecta al cantante con el lugar que hizo que sus conciertos en prisión cobraran sentido para el mundo. Cuando saluda a los hombres que aún permanecen en sus celdas, se comprende por qué sus conciertos en prisión cambiaron la forma en que muchas personas pensaban sobre el castigo, las instituciones y los hombres que las habitaban.

El mito que perduró:


Bob Johnston mantuvo la banda sencilla y los bordes ásperos, una sabia decisión después de años en que los discos country a menudo se ahogaban en edulcorantes. El equipo de Granada Television lo grabó todo, incluyendo un famoso dedo medio que luego se convirtió en leyenda. Cash no estaba maldiciendo a un guardia, estaba apartando de un manotazo una cámara que bloqueaba su diálogo al público, porque ese diálogo importaba más que cualquier ángulo limpio. Había tocado por primera vez en San Quentin en 1958, y esa visita cambió la vida de al menos un recluso, Merle Haggard, quien luego dijo que Johnny Cash se comportaba como los presos desearían poder hacerlo, mascando chicle, mirando fijamente a las autoridades, actuando como si la habitación perteneciera a quienes la llenaban.

JOHNNY CASH - The finger foto

El álbum en su conjunto, entonces y ahora:


La gente lo llama el disco más salvaje de Johnny Cash. Entiendo por qué. Suena como un forajido sin pretensiones, enojado cuando la ira es sincera, tierno cuando la ternura tiene sentido, divertido cuando la risa es una válvula de escape. Rinde homenaje a Luther Perkins, da la bienvenida a June, intercambia diálogos con Carl Perkins, confía en Bob Wooten para mantener el ritmo y deja que los Statler Brothers y la Carter Family levanten los coros. Combina temas antiguos como "I Walk the Line" y "Wreck of the Old 97" con piezas nuevas y canciones prestadas, y de alguna manera cada elección suena inevitable.

Si buscas información, la tienes aquí. La fecha, las certificaciones, el premio, el equipo de filmación, los cortes que faltan y que aparecen en otros lugares, el bis que se mantuvo en el LP original cuando otras canciones no. Si buscas una razón para escucharlo ahora, es más simple. Este álbum todavía se siente como una conversación con un hombre que se negó a dejar que una institución definiera el momento. Pertenece a la historia del country, a la historia del rock and roll y a la historia estadounidense, pero no necesita una etiqueta de museo para tener sentido. Solo necesita una habitación tranquila y cuarenta minutos de tu tiempo.

Disco recomendado


Si buscas algo nuevo para escuchar, empieza con algo que se resista a ser aburrido. "Johnny Cash at San Quentin" sigue siendo crudo, sincero e inesperadamente conmovedor, y recompensa tanto la escucha atenta como la escucha casual. Empieza con "Wanted Man", quédate para el doble éxito de "San Quentin", escucha con atención cómo "A Boy Named Sue" pasa de la risa al ajuste de cuentas, y deja que "Peace in the Valley" aclare el ambiente. Recomiendo el disco, no como una reliquia, sino como un álbum vivo y vibrante que aún tiene algo honesto que decir.

Video del tema "A Boy Named Sue":


Tracklist (formato LP original):

Cara A:

1. "Wanted Man" Bob Dylan 3:24
2. "Wreck of the Old 97"  Cash, Bob Johnston, Norman Blake 2:17
3. "I Walk the Line" Johnny Cash 3:13
4. "Darling Companion" John Sebastian 6:10
5. "Starkville City Jail" Johnny Cash 2:01

Cara B:

1. "San Quentin" Johnny Cash 4:07
2. "San Quentin" (solicitado de nuevo por la audiencia) Johnny Cash 3:13
3. "A Boy Named Sue" Shel Silverstein 3:53
4. "(There'll Be) Peace in the Valley" Thomas A. Dorsey 2:37
5. "Folsom Prison Blues" Johnny Cash 1:29

Banda:

  • Johnny Cash – voz, guitarra rítmica, armónica
  • June Carter Cash – voz
  • Carter Family – voz, autoarpa, guitarra acústica
  • Marshall Grant – bajo
  • W.S. Holland – batería
  • Carl Perkins – guitarra rítmica, guitarra principal, voz
  • Bob Wootton – guitarra principal
  • The Statler Brothers – voz

ROD STEWART - Gasoline Alley - Album

Antes de que Rod Stewart se convirtiera en un nombre reconocido, antes de las giras por estadios y los éxitos de las listas de éxitos, era un joven que forjaba su identidad entre la energía cruda de Faces y la intimidad de su trabajo en solitario. El LP "Gasoline Alley", lanzado en el verano de 1970, se sitúa justo en esa encrucijada. No es un álbum pensado para sencillos de radio o éxitos fugaces, sino una colección que revela a Stewart en su faceta más genuina, cruda, reflexiva y sin miedo a expresar sus emociones. Escuchando hoy es como abrir una cápsula del tiempo de un momento en el que el rock reconectaba con sus raíces y Rod Stewart demostraba su valía no solo como voz, sino también como narrador.


ALBUM: Gasoline Alley


Cuando se habla de los primeros trabajos de Rod Stewart, la conversación suele dirigirse directamente a "Every Picture Tells a Story", el álbum de 1971 que lo catapultó al estrellato. Pero siempre me detengo y miro hacia un año antes, a junio de 1970, cuando Stewart lanzó "Gasoline Alley". Era solo su segundo disco en solitario, pero ya lo capturaba en una inusual intersección de valentía, ternura y sinceridad sin adornos. Al escucharlo ahora, tantas décadas después, todavía se siente como una declaración de intenciones viva y palpitante.

ROD STEWART - Gasoline Alley - Album (1970)

Un momento en el tiempo:


"Gasoline Alley" llegó apenas tres meses después de que Rod Stewart debutara con Faces en "First Step". Equilibrar dos vidas musicales - una como líder de una banda estridente y la otra como cantautor solista - es algo que pocos artistas logran sin una notable disminución de calidad. Stewart lo logró. De hecho, la tensión entre esas dos identidades le dio a "Gasoline Alley" su pulso.

El álbum se lanzó el 12 de junio de 1970 y, aunque nunca produjo un sencillo exitoso, alcanzó el puesto número 27 en la lista Billboard. En el Reino Unido no tuvo un gran impacto comercial, pero en retrospectiva, marcó el comienzo de quince entradas consecutivas al Top 40 para Stewart en Estados Unidos.

En aquel entonces, el rock británico redescubría sus raíces. Después de que "Music From Big Pink" de The Band virase la conversación hacia una autenticidad depurada en 1968, muchos músicos británicos respondieron con instrumentos acústicos, violín y mandolina, retomando las tradiciones folclóricas. Rod Stewart, nacido en el Londres de la guerra en 1945, con ascendencia inglesa y escocesa, estaba en la posición perfecta para canalizar esa corriente. Su adolescencia, dedicada a empaparse de folk, rhythm and blues, y su aprendizaje con Jeff Beck le proporcionaron la base. Cuando entró al estudio para grabar "Gasoline Alley", estaba ansioso por demostrar que podía llevarlo todo bajo su propio nombre.

Un álbum de anhelo y liberación:


El disco arranca con la canción que le da nombre, escrita por Stewart y Ronnie Wood. Es, en muchos sentidos, la clave para comprender toda la colección. Construida con guitarra acústica y mandolina, con la guitarra slide de Wood entrelazada con las líneas vocales de Stewart, evoca una nostalgia en tonos sepia. La letra habla de volver a casa, tragarse el orgullo y volver a las raíces. Esa sensación de honestidad melancólica marca el tono de lo que sigue.


Luego llega "It's All Over Now" de Bobby Womack, que los Rolling Stones habían convertido en su primer número 1 seis años antes. Stewart y sus compañeros de banda no solo la versionan, sino que la recuperan. Donde los Stones lanzaban una burla, Rod Stewart la convierte en un estridente alboroto de liberación. El piano de Ian McLagan es suelto y alcohólico, la batería de Mick Waller resuena alegremente y Wood se desboca con una guitarra slide cortante. Se siente como un pub un sábado por la noche, con todos gritando al unísono y vasos de cerveza tintineando.

Rod Stewart (1970)

La empatía en la voz de Stewart brilla con más fuerza en "Only a Hobo" de Bob Dylan. Dylan nunca publicó oficialmente la canción en su época, pero Stewart la canta con una compasión contenida, con su timbre áspero acunando el retrato de un hombre desamparado. El siguiente tema, "Country Comfort" de Elton John y Bernie Taupin, lo encuentra a gusto entre imágenes pastorales de la sencilla vida rural, acompañado por Pete Sears al piano y Jack Reynolds a los coros. Stewart aporta calidez sin disimular la melancolía.

Versiones con un toque especial:


"Gasoline Alley" se apoya considerablemente en reinterpretaciones, seis de sus nueve canciones son prestadas. Sin embargo, no se trata de interpretaciones mecánicas. Stewart tenía un don en aquel entonces para hacer que el trabajo de otros se sintiera completamente suyo. "My Way of Giving", originalmente una canción de Small Faces, lleva la impronta de la energía de los Faces, con Ronnie Lane y Kenney Jones aportando su granito de arena. Y "Cut Across Shorty", un tema de Eddie Cochran de 1960, se extiende hasta convertirse en el tema más largo del álbum, impregnado de una interacción de violín y acústica que transforma sus raíces rockabilly en algo extenso y jubiloso.

Incluso el tema de cierre, "You're My Girl (I Don't Want to Discuss It)", un tema de Little Richard previamente grabado por Delaney & Bonnie, adquiere un aire funk. Algunos oyentes lo encuentran un poco fuera de lugar después de la intimidad de lo que lo precede. Tiendo a estar de acuerdo: se siente como una fiesta que se estrella en el último capítulo de un diario. Pero también subraya la negativa de Stewart a dejar que las texturas acústicas se suavizaran hasta convertirse en algo dócil. Esto seguía siendo rock and roll, por muy rústicos que fueran los instrumentos.

La propia voz de Rod Stewart:


A pesar de todo el placer de las versiones, son las originales de Stewart las que elevan "Gasoline Alley" por encima de ser simplemente un repertorio bien escogido. "Lady Day" es una de las baladas más conmovedoras que jamás haya grabado. Comienza con los versos: "Los vientos del norte han envejecido un poco mi rostro / Y mi espalda está doblada por esforzarme demasiado", captura una sabiduría cansada mucho más allá de sus veintiséis años. La guitarra de cuello de botella de Wood suspira a su alrededor, y toda la pieza se siente como una confesión susurrada en el aire nocturno.

Rod Stewart

"Jo's Lament" recorre un territorio similar, con tintes de arrepentimiento y disculpa, supuestamente destinado a reconectar con la madre del hijo de Stewart. Su melodía folk y su forma vulnerable de cantar son devastadoras en su simplicidad. Al escucharla hoy, me sorprende su despreocupación. Más adelante en su carrera, Stewart se hizo conocido por su bravuconería y sus sencillos que alcanzaron las listas de éxitos. Aquí, todavía estaba dispuesto a exponerse, temeroso de la soledad, buscando la reconciliación.

La canción principal, "Lady Day", y "Jo's Lament" forman la columna vertebral emocional del álbum. Muestran a Stewart no solo como un cantante poderoso, sino también como un compositor capaz de decir la verdad.

Gasoline Alley sigue siendo relevante:


"Gasoline Alley" no es solo un puente entre el debut de Stewart y su gran éxito. Es un reflejo de un momento muy específico en el que aún cantaba como si todo estuviera en juego. La crítica de la época lo notó. El periodista de la revista Rolling Stone, Langdon Winner, escribió que Stewart tenía "una sensibilidad poco común para los momentos delicados de la existencia de una persona cuando una verdad crucial, pero a menudo olvidada, desfila ante sus ojos". Al escucharlo hoy, es difícil no estar de acuerdo.

El sonido del álbum, acústico pero nunca dócil, alegre pero con toques de melancolía, refleja la encrucijada de los años 70. El rock estaba pasando de la expansión psicodélica de finales de los 60 a algo más terrenal y directo. La voz de Stewart, áspera pero tierna, encarnaba ese cambio a la perfección.

Cabe recordar también que Rod Stewart cumplía una doble función por aquel entonces: lideraba Faces y forjaba su camino en solitario simultáneamente. "Gasoline Alley" demuestra que podía equilibrar ambos mundos, tomando prestada la energía de sus compañeros de banda y, al mismo tiempo, marcando su propio camino.

Un disco que vale la pena revisitar:


"Gasoline Alley" quizá carezca de la fuerza que encabeza las listas de éxitos de "Every Picture Tells a Story", pero posee una honestidad cruda que lo convierte, para mí, en quizás su disco más duradero. Es tierno sin ser sentimental, estridente sin ser descuidado y arraigado en la tradición sin verse atrapado por ella.

Si solo has conocido a Rod Stewart a través de sus últimos éxitos o sus incursiones en el cancionero americano, hazte un favor y empieza por aquí. "Gasoline Alley" lo captura en el momento en que su voz aún transmitía el hambre del músico callejero, la arrogancia del rockero y la vulnerabilidad de un joven que plasmaba sus confesiones en canciones. Más de cincuenta años después, sigue sonando viva.

Disco recomendado


"Gasoline Alley" es una escucha imprescindible para cualquiera que sienta curiosidad por Rod Stewart en su faceta más humana. Ya sea por las interpretaciones de Dylan y Elton John, o por las desgarradoras baladas del propio Stewart, encontrará un disco que habla a través de generaciones. No lo pase por alto, aquí es donde realmente comenzó la leyenda de Stewart.

Video del tema "It's All Over Now":

Tracklist:

1. "Gasoline Alley" 4:02
2. "It's All Over Now" Bobby Womack, Shirley Jean Womack 6:22
3. "Only a Hobo" Bob Dylan 4:13
4. "My Way of Giving" 3:55
5. "Country Comfort" 4:42
6. "Cut Across Shorty" 6:28
7. "Lady Day" Stewart 3:57
8. "Jo's Lament" Stewart 3:24
9. "You're My Girl (I Don't Want to Discuss It)" 4:27

Personal:

  • Rod Stewart – voz principal, guitarra acústica en "Jo's Lament"
  • Ronnie Wood – guitarra, guitarra acústica, bajo
  • Martin Quittenton – guitarra acústica
  • Stanley Matthews – mandolina
  • Ronnie Lane – bajo en "My Way Of Giving" y "You're My Girl", coros en "My Way Of Giving"
  • Pete Sears – piano en "Country Comfort", bajo en "Cut Across Shorty".
  • Ian McLagan – piano, órgano Hammond 
  • Mick Waller – batería
  • Kenney Jones – batería en «My Way Of Giving» y "You're My Girl"
  • William Gaff – silbato
  • Dennis O'Flynn, Dick Powell – violín
  • Jack Reynolds – coros en "Country Comfort"

Producción:

Productores: Rod Stewart y Lou Reizner

PJ HARVEY - Rid of Me - Album (Revisited)

Antes de escribir sobre "Rid of Me", vale la pena detenerse a reconocer qué convierte a PJ Harvey en una figura tan importante de la música moderna. Pocos artistas han logrado combinar vulnerabilidad, ferocidad y experimentación con la misma convicción. Su obra siempre ha sido un desafío para el oyente, una invitación a adentrarse en un mundo donde el blues, el punk y la poesía cruda se fusionan. Con el álbum "Rid of Me", Harvey creó no solo una continuación de su debut, sino una declaración de intenciones definitiva. Lo que sigue es mi intento de analizar en detalle cómo surgió este disco, por qué sigue siendo importante y cómo sigue resonando décadas después.

ALBUM: Rid of Me


Cuando pienso en álbumes que han dejado una huella imborrable en el rock alternativo británico, "Rid of Me" de PJ Harvey siempre encabeza la lista. Publicado en abril de 1993, tan solo un año después de su impactante debut "Dry", no es simplemente una continuación, sino un salto contundente hacia un territorio más oscuro y crudo. Escuchándolo recientemente, décadas después, sigo impresionado por su potencia, su precisión y su deliberado desorden. Es uno de esos raros discos que suenan a la vez completamente de su tiempo y absolutamente atemporales.

PJ HARVEY - Rid of Me - Album


De Dorset a Island Records:


Polly Jean Harvey creció en una granja de ovejas en Dorset (Reino Unido), lejos del bullicio de Londres. En 1991, con su primer sencillo, "Dress", ya estaba atrayendo mucha atención. Su debut, "Dry", llegó en 1992 a través de Too Pure Records, repleto de guitarras ásperas y letras provocativas, y rápidamente elevó a Harvey de una forastera rural a una de las nuevas voces más comentadas del rock británico. Casi de inmediato, comenzó la guerra de ofertas. A pesar de sus dudas sobre perder el control creativo, Harvey firmó con Island Records a principios de 1992, y "Rid of Me" se convirtió en su debut con una importante discográfica.

PJ HARVEY

A pesar de toda la atención de la discográfica y el entusiasmo de la crítica, la propia PJ Harvey estaba sumida en un caos. A finales de 1992, la intensidad de las giras, una dolorosa ruptura y la presión de la fama repentina la habían dejado agotada. Se retiró a su hogar en Dorset, donde admitió que apenas comía ni se cuidaba. Fue en este estado de fragilidad, en la tranquilidad del campo, que escribió gran parte de "Rid of Me".

La figura de Steve Albini:


Para plasmar las nuevas canciones, PJ Harvey eligió a Steve Albini, un ingeniero de Chicago conocido por su enfoque abrasivo y directo en álbumes como Surfer Rosa de Pixies. Albini grabó al trío, Harvey a la guitarra y voz, Rob Ellis a la batería y Steve Vaughan al bajo, en tan solo dos semanas en Pachyderm Studios en Minnesota (EE. UU.). Su estilo no se centraba en la refinación. En cambio, colocó micrófonos en la sala, dejó que la banda tocara en directo y conservó cada imperfección. Se puede percibir en la tos audible que abre "Rub 'Til It Bleeds", en los cavernosos sonidos de batería y en los momentos en que los instrumentos parecen abalanzarse sobre ti desde los altavoces.

Algunos críticos de la época consideraron la producción de Albini demasiado dura, aplanando los matices de la escritura de Harvey. Pero yo oigo lo contrario: su negativa a dulcificar el sonido exalta la emoción de las canciones de Harvey. La tensión entre su enfoque en blanco y negro y su escritura matizada y ambigua crea chispas que todavía duelen.

Canciones que calan hondo:


El álbum comienza casi en un susurro con la canción que da título al álbum. La voz de Harvey entra silenciosa, casi con ternura, antes de estallar en un estribillo venenoso: "¿No desearías nunca haberla conocido?". Es la introducción perfecta a la dinámica de alto-bajo-alto del álbum, donde la intimidad y la violencia están a la distancia.

"50ft Queenie", el sencillo que llegó a mis oídos por primera vez en la radio, sigue siendo uno de los dos minutos más feroces del rock. El riff chirría como un cable de alta tensión, Harvey gruñe: "Hey, soy el rey del mundo", y todo se siente como una atracción de feria que podría desmoronarse en cualquier momento. Para mí, esa canción fue un despertar: aquí estaba alguien reescribiendo cómo podía sonar la potencia del rock.

Luego está "Man-Size", presentada dos veces: primero como un asalto de rock con cuerpo, y luego como "Man-Size Sextet", un escalofriante arreglo de cuerdas con Harvey recitando sus palabras como un conjuro gótico. Snake se enrosca amenazante; "Missed" ofrece un raro atisbo de vulnerabilidad melódica, mientras que "Legs" presenta uno de los versos más inquietantes del álbum: "I might as well be dead / But I could kill you instead". Incluso la versión de Bob Dylan, "Highway 61 Revisited", se transforma en una invocación abrupta más que en un homenaje.

La persona vs. la interpretación:


Parte de lo que hace a "Rid of Me" tan genial es la forma en que PJ Harvey difuminó las fronteras entre la persona y el yo. En 1993, apareció en el programa estadounidense "The Tonight Show" con un brillante vestido dorado, el pelo lacado y el delineador de labios corrido, luciendo glamurosa y desafiantemente despeinada a la vez. A solas con su guitarra, cantó "Rid of Me", superponiendo partes de solista y falsete de una forma inquietante y teatral. Para el público estadounidense, podría haber parecido tosca o excéntrica, pero en realidad era una de las representaciones más auténticas de su arte: juguetona, inquietante y desinteresada en ajustarse a las expectativas de cómo debía presentarse una mujer música.

En aquel entonces, la prensa británica no pudo resistirse a proyectar sobre ella, etiquetándola de todo, desde icono feminista hasta "bruja chillona". La propia PJ Harvey se resistía a esas definiciones. "Ni siquiera me considero mujer la mitad del tiempo", dijo en 1993. Al escuchar "Rid of Me", queda claro que estaba más interesada en explorar personajes, mitologías y contradicciones que en hacer declaraciones. Canciones como "Me-Jane" o la ya mencionada "50ft Queenie" no son confesiones literales, sino esbozos teatrales y surrealistas. Esa ambigüedad forma parte de su fuerza perdurable.

Una banda en su apogeo y su desintegración:


Es fácil olvidar que PJ Harvey era, en ese momento, una banda. El bajo de Vaughan y la batería de Ellis le dan al álbum su contundente y primigenia columna vertebral, y la interacción entre los tres músicos es feroz. Sin embargo, entre bastidores, la tensión aumentaba. A finales de 1993, el trío se separó, dejando a Harvey para continuar bajo su propio nombre. La fractura es casi audible en "Rid of Me": tres músicos enfrascados en la interpretación del otro, pero también aparentemente luchando por respirar.

PJ HARVEY Live


Un disco que sigue siendo importante:


"Rid of Me" se suele agrupar con otras producciones de Albini de la época, como "In Utero" de Nirvana. Ambos discos comparten una crudeza que se resiste a la sofisticación del rock convencional. Pero el álbum de PJ Harvey se siente más íntimo, más peligroso y más personal. Donde Nirvana tradujo el dolor en catarsis colectiva, Harvey lo convirtió en algo más extraño y difícil de categorizar: en parte aullido de blues, en parte actuación teatral, en parte una entrada de diario garabateada con sangre.

Décadas después, el disco sigue siendo cautivador. La revista Rolling Stone lo incluyó entre los 500 mejores álbumes de todos los tiempos, alcanzando el puesto 153 en una edición reciente. Su reputación no ha hecho más que crecer a medida que los oyentes revisitan la década de 1990 y redescubren la singular visión de Harvey. Para mí, "Rid of Me" se erige como el momento más desprevenido y desgarrador de su catálogo, una purga necesaria antes de ampliar su paleta en álbumes posteriores como "To Bring You My Love" y "Stories from the City, Stories from the Sea".

Disco recomendado


"Rid of Me" no es fácil de escuchar. Es abrasivo, a veces impactante, a menudo claustrofóbico. Pero también es catártico, rebosante de inventiva y profundamente humano. Lo que PJ Harvey logró en esas dos semanas en Minnesota todavía suena como un rayo en una botella: el sonido de una artista destrozándose y construyendo algo nuevo a partir de los pedazos.

Si te interesa el rock alternativo, si quieres comprender la historia del blues al punk y las múltiples voces que surgieron en los 90, o si simplemente quieres experimentar música que se niega a ir a lo seguro, entonces "Rid of Me" es simplemente esencial. Es uno de los pocos discos que puedo decir que ayudó a cambiar mi forma de escuchar el rock, y sigue siendo un claro recordatorio de lo poderoso e inquietante que puede ser un gran álbum.

Totalmente recomendado.

Video del tema "50ft Queenie":


Tracklist (formato vinilo):

Cara A:

1. "Rid of Me" 4:28
2. "Missed" 4:25
3. "Legs" 3:40
4. "Rub 'til It Bleeds" 5:03
5. "Hook" 3:57
6. "Man-Size Sextet" 2:18

Cara B:

7. "Highway 61 Revisited" (versión de Bob Dylan) 2:57
8. "50ft Queenie" 2:23
9. "Yuri-G" 3:28
10. "Man-Size" 3:16
11. "Dry" 3:23
12. "Me-Jane" 2:42
13. "Snake" 1:36
14. "Ecstasy" 4:26

Detalles:

  • PJ Harvey – voz, guitarra, órgano, violonchelo, violín, productor (6)
  • Steve Vaughan – bajo
  • Rob Ellis – batería, percusión, coros, arreglos, productor (6)

Técnica

Steve Albini – productor, ingeniería de sonido, mezcla

MIKE BLOOMFIELD, AL KOOPER & STEVE STILLS - Super Session - Album

Me topé con el disco "Super Session" casi por casualidad, al igual que la forma en que se grabó. A primera vista, podría parecer otro experimento de blues-rock de finales de los sesenta, pero en pocos minutos te das cuenta de que es algo completamente distinto. Es crudo pero refinado, suelto pero notablemente coherente, y transmite la energía de tres músicos inquietos atrapados entre dos capítulos de sus carreras. Al seguir escuchándolo, no pude evitar imaginar cómo se sentiría estar en ese estudio, sin un gran plan, solo una sala llena de talento y la cinta rodando. Esa sensación de espontaneidad es lo que hace que valga la pena explorar "Super Session" décadas después. Permitirme recomendar aquí, en este blog de música, este extraordinario álbum.

ALBUM: Super Session


Al escucharlo, me impresionó lo natural que resulta. Para ser un álbum nacido de la espontaneidad y la necesidad, transmite un propósito que muchos discos cuidadosamente planificados no logran. Publicado en julio de 1968 por Columbia Records, esta colaboración entre Al Kooper, Mike Bloomfield y Stephen Stills se erige como uno de los grandes accidentes afortunados del rock. Con el tiempo, su influencia no ha hecho más que crecer, a pesar de que comenzó como una sesión de improvisación sin grandes ambiciones.

MIKE BLOOMFIELD, AL KOOPER & STEVE STILLS - Super Session - Album

Talentos inquietos:


Para 1968, estos tres músicos se encontraban entre proyectos, cada uno buscando el siguiente capítulo en sus carreras. Al Kooper acababa de dejar Blood, Sweat & Tears tras crear su álbum debut. Mike Bloomfield estaba a punto de dejar The Electric Flag. Stephen Stills, que aún no formaba parte de Crosby, Stills & Nash, acababa de salir de Buffalo Springfield. Kooper, ahora trabajando como A&R para Columbia Records, aprovechó la oportunidad para traer a Bloomfield al estudio para un experimento de grabación de dos días.

El objetivo de Kooper era simple: reunir a un grupo de músicos talentosos en una sala y dejarlos improvisar, como los músicos de jazz que admiraba. La idea no era crear un disco pop refinado, sino explorar el blues, el rock y más allá de una forma libre y desestructurada. Además de Kooper en teclados y guitarra y Bloomfield en la guitarra principal, la formación incluía a Barry Goldberg en el teclado, Harvey Brooks en el bajo y "Fast" Eddie Hoh en la batería.

MIKE BLOOMFIELD, AL KOOPER & STEVE STILLS

Lo que siguió fue una serie de actuaciones inspiradas que trascendieron su modesto presupuesto de 13.000 US$ y su limitada preparación.

Blues en pleno apogeo:


La primera mitad (cara A) de Super Session pertenece a Bloomfield y es una obra maestra de la guitarra eléctrica de blues. El tema inicial, "Albert’s Shuffle", marca el tono con un ritmo relajado, mientras el fraseo fluido de Bloomfield se entrelaza con el órgano Hammond de Kooper. Hay una química orgánica que se siente casi telepática. En "His Holy Modal Majesty", una excursión modal de nueve minutos que rinde homenaje a John Coltrane, Bloomfield se adentra en el territorio del jazz, mientras que el uso experimental de la ondulina por parte de Kooper le da a la pieza una atmósfera psicodélica con tintes orientales.

Otros temas como "Stop" (una canción de Jerry Ragovoy) y "Man’s Temptation" de Curtis Mayfield muestran la versatilidad de Bloomfield, cuya versatilidad blues se expande para dar cabida a texturas más funky y conmovedoras. Estos cortes revelan por qué la revista Rolling Stone lo incluyó posteriormente entre los mejores guitarristas de todos los tiempos. La forma de tocar de Bloomfield es a la vez sofisticada y cruda, un equilibrio inusual que pocos han logrado desde entonces.

Video del tema "Stop":

Pero entonces, de repente, Bloomfield se fue. Acosado por el insomnio y quizás por su propia confusión interna, dejó una nota y regresó a San Francisco, dejando a Kooper con medio álbum y otro día de estudio por delante.

Entra Stephen Stills:


En lo que podría haber sido un desastre, Kooper cambió de rumbo rápidamente. Llamó a todos los guitarristas que conocía en la Costa Oeste, desde Jerry Garcia hasta Randy California, y fue Stephen Stills quien respondió. Stills se encontraba en un momento de transición, y su llegada cambió por completo la atmósfera del proyecto. Donde Bloomfield había aportado el alma del blues de Chicago, Stills aportó una sensibilidad de la Costa Oeste, con toques de folk-rock y psicodelia.

Su versión de "It Takes a Lot to Laugh, It Takes a Train to Cry" de Bob Dylan es brillante y desenfadada, con un aire casi country-rock. Sin embargo, lo más destacado es la extensa versión de "Season of the Witch" de Donovan. Durante once minutos, la guitarra de Stills, impregnada de wah-wah, lleva a la banda a una improvisación hipnótica y vibrante que se siente a la vez urgente y pausada. Es una de esas raras grabaciones donde se percibe a los músicos impulsándose mutuamente, retroalimentándose mutuamente.

Otros momentos destacados de la Cara B incluyen un interludio jazzístico en "Harvey’s Tune", compuesta por el bajista Harvey Brooks, y una versión salvaje y distorsionada de "You Don’t Love Me", donde Stills se desata con una interpretación sorprendentemente feroz. Sus contribuciones le dan a Super Session un nuevo aire, asegurando que el álbum nunca se sienta incompleto a pesar de la marcha de Bloomfield.

Un modelo para la improvisación de rock:


En el momento de su lanzamiento, Super Session alcanzó el puesto número 12 en el Billboard 200 y rápidamente se convirtió en disco de oro. Sin embargo, más importante que su éxito comercial fue la puerta que abrió a los músicos de rock para experimentar. La visión de Kooper de reunir músicos para una improvisación única se acercaba más al jazz que a las rígidas estructuras del rock de la época. Sin quererlo, el álbum presagió el auge de "supergrupos" como Blind Faith y Crosby, Stills & Nash y marcó el camino hacia las improvisaciones extensas de bandas como Grateful Dead y Allman Brothers.

Al escucharlo hoy, sigue siendo notable su frescura. Las interpretaciones son sueltas pero nunca descuidadas, aventureras pero siempre arraigadas al ritmo. E incluso las peculiaridades, como las inusuales texturas de Kooper o Bloomfield sumergiendo su pie en un cuenco de cristal durante la sesión, no hacen más que acrecentar el encanto original del álbum.

Por qué deberías escucharlo:


Super Session no es solo una curiosidad histórica. Es un álbum que invita a la escucha atenta, tanto si te atrae la maestría blues de Bloomfield como las florituras psicodélicas de Stills. Captura un momento en el que los músicos de rock no temían arriesgarse, salir de su zona de confort y dejarse llevar por la música.

Si te encanta descubrir discos que transmiten vida, que te transportan a la sala con los músicos, este es uno para disfrutar. No es frecuente que la música creada de forma tan casual, incluso caótica, suene tan vital décadas después.

Disco recomendado


Para los amantes del blues, el rock y el arte de la improvisación, Super Session sigue siendo una escucha imprescindible. Es una instantánea de tres músicos brillantes que se encuentran en una encrucijada de sus carreras y crean algo más que la suma de sus partes. Escúchalo y déjate sorprender por cómo una "buena idea en su momento" puede seguir resonando tantos años después. ¡Un gran álbum, muy recomendable!

Video del tema "Season of the Witch":

Tracklist (LP original):

Cara A:

1. "Albert's Shuffle" Al Kooper, Mike Bloomfield 6:43
2. "Stop" Jerry Ragovoy, Mort Shuman 4:23
3. "Man's Temptation" Curtis Mayfield 3:25
4. "His Holy Modal Majesty" Kooper, Bloomfield 9:13
5. "Really" Kooper, Bloomfield 5:29

Cara B:

1. "It Takes a Lot to Laugh, It Takes a Train to Cry" Bob Dylan 3:30
2. "Season of the Witch" Donovan Leitch 11:07
3. "You Don't Love Me" Willie Cobbs 4:12
4. "Harvey's Tune" Harvey Brooks 2:09

Miembros:

  • Al Kooper – voz, piano, órgano Hammond, Ondioline, guitarra eléctrica, guitarra de doce cuerdas
  • Mike Bloomfield – guitarra eléctrica en la cara uno, reedición de las pistas 10, 12 y 13
  • Stephen Stills – guitarra eléctrica en la cara dos, reedición de la pista 11
  • Barry Goldberg – piano eléctrico en "Albert's Shuffle" y "Stop"
  • Harvey Brooks – bajo
  • Eddie Hoh – batería, percusión

AC/DC - Back in Black - Album (Revisted)

En 2007 hice un blog post sobre el disco "Back in Black". Un trabajo de AC/DC editado en 1980 que sigue hoy relevante y popular. No es solo un álbum más de AC/DC; es una declaración audaz, un regreso triunfante tras una tragedia y un testimonio del poder inquebrantable del rock. Este disco marcó un antes y un después en la historia de la banda, con un nuevo cantante, Brian Johnson, al frente. A pesar de la dolorosa pérdida de Bon Scott, AC/DC logró capturar su esencia rebelde y su energía arrolladora, llevando el rock a nuevas alturas. Este álbum se convirtió en un clásico instantáneo, resonando con la misma fuerza y vitalidad hoy en día, como una de las obras más emblemáticas del género.

Por esto quiero volver a dedicar espacio en este blog de música a este extraordinario disco.

ALBUM: Back in Black

 
En el mundo del rock and roll, los regresos son un tema de conversación frecuente, pero rara vez se materializan con el impacto sísmico de "Back in Black" de AC/DC. Publicado el 25 de julio de 1980, el álbum es a la vez un homenaje al fallecido Bon Scott y una declaración triunfal de la resiliencia de la banda. Con Brian Johnson en el lugar de Scott, AC/DC creó una obra maestra que trascendió la tragedia de su pérdida y consolidó su lugar como leyendas del rock. No es solo un álbum; es un himno a la supervivencia, la rebelión y el poder inquebrantable de la música rock.

ALBUM: Back in Black - 1980 (AC/DC)

Una campana para una nueva era

 
El sonido inicial de "Hells Bells" es más que una simple introducción; es una proclamación. El inquietante sonido de la campana (una bestia de hierro de una tonelada hecha a medida) anuncia una era de desafío y celebración. La voz gruñona de Brian Johnson atraviesa la mezcla con una ferocidad que parece menos un panegírico y más un grito de guerra: "Eres joven, pero vas a morir". Si el espíritu de Bon Scott se mantuvo en este álbum, fue menos triste y más travieso, incitando a la banda a festejar más, tocar más fuerte y vivir más salvajemente.

A partir de ahí, "Back in Black" estalla en una exhibición electrizante de riffs y energía contagiosa. Angus y Malcolm Young manejan sus guitarras como arietes gemelos, entregando riffs icónicos con la precisión de artesanos y la ferocidad de guerreros.

Una transición perfecta

 
Cuando Brian Johnson tomó el micrófono, el escepticismo estaba a flor de piel. ¿Podría alguien reemplazar a Bon Scott, el carismático escocés-australiano cuyo encanto travieso y actitud despreocupada habían definido a AC/DC? Brian Johnson no sólo reemplazó a Scott, sino que reinventó el papel. Su aullido áspero, a partes iguales salvaje y melódico, trajo una energía fresca pero familiar a la banda. Canciones como "Shoot to Thrill" y "You Shook Me All Night Long" muestran su habilidad para mezclar potencia bruta con un toque de encanto descarado. Johnson no intentó imitar a Scott; hizo suyo el papel al tiempo que honraba el espíritu de la banda.

Brian Johnson - cantante de AC/DC

En "You Shook Me All Night Long", Brian Johnson canaliza una exuberancia juguetona que hace de la canción una de las mejores canciones de rock para cantar a coro. Es una tormenta perfecta de metáforas, que compara una escapada romántica con un combate de boxeo, una comida y un paseo en coche, todo en menos de cuatro minutos. El hecho de que la canción se convirtiera en el primer éxito de AC/DC en el Top 40 en los EE. UU. habla de la integración perfecta de Johnson en el ADN de la banda.

Riffs que aún resuenan


Si AC/DC tiene un arma secreta, es su habilidad para crear riffs que se meten en tu cerebro y se niegan a irse. La canción principal, "Back in Black", lo ejemplifica. Su riff inicial es material de leyenda, un ritmo musculoso y traqueteante que se siente elemental, como si siempre hubiera existido, esperando a que AC/DC lo desentierre. La guitarra rítmica de Malcolm Young ancla la canción con una precisión implacable, mientras que los solos abrasadores de Angus Young se elevan como rayos a través del cielo tormentoso de la canción.

Temas como "Have a Drink on Me" y "Givin' the Dog a Bone" continúan el asalto, equilibrando el humor irreverente con el rock blusero y aplastante. Incluso cuando las letras viran hacia el territorio descarado ("Ella está usando su cabeza otra vez, yo solo le estoy dando un hueso al perro"), el compromiso de la banda con su arte evita que las canciones caigan en la parodia. En cambio, se presentan como celebraciones alegres de los placeres más simples y salvajes de la vida.

Un homenaje sin lágrimas


A pesar de su portada fúnebre y la sombra del fallecimiento de Bon Scott, "Back in Black" es todo menos sombrío. El álbum no es un canto fúnebre; es una celebración, un velorio en forma de 42 minutos de rock implacable. Canciones como "Let Me Put My Love Into You" reducen ligeramente el ritmo, ofreciendo un ritmo con infusión de blues que muestra la capacidad de la banda para agregar matices sin perder su filo. Aun así, el tema general es claro: mantener las bebidas fluyendo, las guitarras aullando y los buenos momentos continuando.

Quizás el momento más conmovedor llega en la última canción del álbum, "Rock and Roll Ain't Noise Pollution". Con su construcción lenta y deliberada, la canción se siente como un manifiesto, una declaración de que la música rock no es solo entretenimiento, es una forma de vida. Mientras Johnson grita: “El rock and roll no es contaminación acústica, el rock and roll nunca morirá”, es imposible no creerle.


Un legado forjado en negro

 
Más de varias décadas después de su lanzamiento, "Back in Black" sigue siendo uno de los álbumes más vendidos de todos los tiempos, con más de 50 millones de copias vendidas (y continuando). Pero los números por sí solos no pueden capturar su importancia. Este álbum no solo catapultó a AC/DC al estrellato mundial; redefinió lo que podía ser un álbum de rock. Demostró que incluso ante una pérdida devastadora, una banda puede emerger más fuerte, más audaz y más unida.

AC/DC - 1980

Disco recomendado

 
"Back in Black" es más que una simple colección de canciones. Es una cápsula del tiempo de rebelión, una clase magistral de resiliencia y un recordatorio de que la buena música rock no necesita reinvención, solo necesita pasión, precisión y mucho volumen. Para cualquiera que nunca haya experimentado la alegría atronadora de este álbum, ahora es el momento de sumergirse en él. Y para aquellos que ya lo saben de memoria, suban el volumen, porque esta obra maestra nunca pasa de moda.

Video del tema "Shoot to Thrill" (Live):

Tracklist (canciones):

Cara A:

1.         "Hells Bells"   5:10
3.         "What Do You Do for Money Honey"         3:33
4.         "Givin the Dog a Bone"         3:30
5.         "Let Me Put My Love into You"       4:16 

Side B:

6.         "Back in Black"          4:15
7.         "You Shook Me All Night Long"      3:30
8.         "Have a Drink on Me"           3:57
9.         "Shake a Leg" 4:06
10.       "Rock and Roll Ain't Noise Pollution"          4:15

AC/DC (Banda):

  • Brian Johnson – voz principal
  • Angus Young – guitarra principal
  • Malcolm Young – guitarra rítmica, coros
  • Cliff Williams – bajo, coros
  • Phil Rudd – batería

Producción

  • Robert John "Mutt" Lange – producción
  • Tony Platt – ingeniería de sonido