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CBGB & OMFUG: A New York City Soundtrack - Box Set

Hay momentos en las que uno siente que la historia de la música se puede tocar, o mejor dicho, escuchar de una forma casi física. Me ha pasado esta semana al experimentar la caja de "CBGB & OMFUG: A New York City Soundtrack", he tenido la sensación de que una corriente de aire viciado del Bajo Manhattan de mediados de los años setenta (siglo XX) entraba de golpe. He pasado estos días sumergido en sus cuatro discos, perdiéndome entre grabaciones crudas y melodías que parecen haber sido rescatadas de un incendio, y os aseguro que la experiencia va mucho más allá de la nostalgia convencional. Es una invitación a entender por qué un local con los baños más infames de la historia acabó siendo el útero de todo lo que hoy nos importa en el rock, y por eso necesito que me acompañéis en este viaje por las venas abiertas de la Gran Manzana.

Box Set: CBGB & OMFUG: A New York City Soundtrack 


Cierro los ojos e intento imaginar a qué sentía la libertad artística en 1975. Probablemente una mezcla de cerveza rancia, orina, sudor frío y la electricidad estática de amplificadores a punto de reventar. Esa es la atmósfera que inunda la habitación apenas comienzas a reproducir la nueva caja recopilatorio que acaba de aterrizar gracias al sello Cherry Red Records. Hablo de "CBGB & OMFUG: A New York City Soundtrack", una colección monumental que no solo documenta música, sino que captura el espíritu de una era irrepetible. Con su lanzamiento este pasado 30 de enero de 2026, nos enfrentamos a cuatro discos que funcionan como una máquina del tiempo sónica, transportándonos directamente al Bowery del Bajo Manhattan, a ese antro legendario fundado por Hilly Kristal que, sin pretenderlo, se convirtió en la zona cero de la cultura pop moderna.

CBGB & OMFUG: A New York City Soundtrack - Box Set

No estamos ante la típica compilación de éxitos que uno encuentra en las estanterías de las grandes superficies. Esto es una inmersión arqueológica profunda, una carta de amor sucia y honesta a una década que definió lo que hoy entendemos por música alternativa y actitud punk. Al escuchar estas canciones, uno entiende que el mito del CBGB no se construyó sobre el marketing, sino sobre la necesidad visceral de una generación de decir algo, aunque fuera a gritos y desafinando.

El nacimiento de una escena:


Resulta fascinante pensar en la ironía que esconde el nombre del local. Como bien nos recuerda la historia y se documenta en las notas de este box set, las siglas correspondían a "Country, Bluegrass, Blues and Other Music For Uplifting Gourmandizers". Su dueño Hilly Kristal abrió el local en diciembre de 1973 con la intención de convertirlo en un santuario para la música de roots. Sin embargo, la realidad de Nueva York tenía otros planes. Tras el colapso del Mercer Arts Center, las bandas de la ciudad se quedaron huérfanas de escenarios. Manhattan, en su decadencia de los setenta, no ofrecía refugio a quienes no tenían un contrato discográfico bajo el brazo.

Es aquí donde reside la magia de esta historia del rock. Hilly Kristal, un hombre que quizás no entendía del todo el ruido que hacían esos chavales ("Nadie va a quereros, pero podéis volver", le dijo a Joey Ramone), tuvo la visión, o quizás la indiferencia necesaria, para dejarlos tocar. Fue esa política de puertas abiertas la que permitió que floreciera algo único. Entre 1974 y 1976, bandas como Television, Ramones, Blondie, Patti Smith y Talking Heads no solo debutaron allí, sino que hicieron del club su cuartel general. Como relata Richard Hell, ellos mismos "soñaron la existencia del CBGB". Lo que esta caja recopilatorio logra de manera magistral es ilustrar cómo ese vacío cultural fue llenado no por un solo sonido, sino por una explosión de creatividad diversa que iba desde el art-rock hasta el hardcore más abrasivo.

Un análisis sonoro:


Al adentrarnos en los cuatro discos de "CBGB & OMFUG: A New York City Soundtrack", lo primero que golpea al oyente es la textura del sonido. No todo es punk de tres acordes y chaquetas de cuero, aunque hay mucho de eso y es glorioso. La curaduría de Rob Tannenbaum es exquisita porque equilibra a los gigantes conocidos con una cantidad abrumadora de "caras B" y rarezas que definen el verdadero tejido de la escena.

THE DEAD BOYS - banda

El primer disco-CD nos sitúa en el epicentro de la explosión. Escuchar la versión en vivo de "A Clean Break" de Talking Heads es recibir una lección de nerviosismo funk y precisión rítmica que te eriza la piel. Pero donde realmente brilla esta colección es en los descubrimientos. Hay una corriente subterránea de power pop que a menudo se olvida en las crónicas oficiales del punk. Temas como "Forgive and Forget" de Marbles o "Christmas Weather" de Student Teachers aportan una frescura melódica, un contrapunto pop que equilibra la crudeza del resto del material. Esos momentos de claridad melódica nos recuerdan que, en el fondo, muchos de estos chicos solo querían escribir la canción perfecta, aunque lo hicieran con amplificadores rotos.

La producción de los temas varía salvajemente, lo cual es parte del encanto. Pasamos de la urgencia lo-fi de bandas como Tot Rocket and the Twins con su tema "Reduced", a la sofisticación inesperada de grupos como Mink DeVille. Hay una sensación táctil en estas grabaciones; puedes casi sentir la humedad de las paredes del club y la vibración del suelo pegajoso. Es una experiencia auditiva que privilegia la autenticidad sobre la perfección técnica, algo que en nuestra era de producción digital aséptica se siente como un abrazo humano.

A medida que avanzamos en los discos-Cds, el viaje se torna más oscuro y experimental. La colección documenta brillantemente la evolución hacia el No Wave y el post-punk. Encontramos joyas disonantes como el "falso jazz" de The Lounge Lizards en "Do the Wrong Thing" o el funk retorcido de China Shop. Es aquí donde el CBGB demuestra que era mucho más que la casa de los Ramones; era un laboratorio de vanguardia. La inclusión de James Chance & The Contortions interpretando "Jailhouse Rock" en directo es un momento cumbre: Chance regañando al público por vivir en el pasado mientras deconstruye un clásico del rock and roll es la definición misma de la actitud punk.

Diversidad y ruptura de barreras:


Uno de los aspectos más valiosos de mi recomendación del Box-set es destacar cómo la compilación desmonta el estereotipo del punk como un club exclusivo de hombres blancos enfadados. La escena del CBGB fue, en muchos sentidos, mucho más inclusiva que la industria musical que la rodeaba. Las mujeres no eran meras espectadoras o musas, sino arquitectas del sonido. Desde la omnipresencia de Patti Smith y Debbie Harry hasta figuras esenciales como Cherry Vanilla, Model Citizens y Helen Wheels, el box set deja claro que el género no era una barrera para subirse a ese escenario.

De igual forma, la presencia de artistas negros es fundamental para entender la riqueza sonora de la época. No se trata solo de la fusión ska-punk de Bad Brains, que llegaría más tarde para cimentar el hardcore, sino de pioneros como Pure Hell con su abrasivo "I Feel Bad" o la experimentación de James "Blood" Ulmer. También encontramos a Nona Hendryx aportando su visión única. Esta diversidad racial y de género no se siente forzada en la recopilación, sino que fluye orgánicamente, demostrando que el underground neoyorquino era un crisol donde lo único que importaba era la originalidad y la capacidad de conmocionar.

Ramones - Banda

Las letras de estas canciones son otro mapa fascinante. Pasan del nihilismo urbano de The Testors ("You Don't Break My Heart") a la ironía intelectual de bandas como The Ordinairies. Hay una constante tensión entre el deseo de escapar de la realidad y la necesidad de documentarla con una crudeza brutal. Cuando The Cramps cantan "¿Quieres hablar de la verdadera basura?" en "Garbage Man", están lanzando un desafío estético que resuena hasta hoy. Es música hecha en una ciudad en bancarrota, donde el alquiler era barato y el peligro real, lo que fomentaba una libertad creativa sin las ataduras comerciales de hoy en día.

Conexiones culturales y legado:


Es inevitable comparar este documento sonoro con otras escenas musicales. Mientras que el punk británico de 1977 a menudo se centraba en la política y la clase social con una rabia muy específica, la escena del CBGB & OMFUG capturada aquí se siente más artística, más bohemia y, paradójicamente, más intelectual. Hay una línea directa que conecta la poesía callejera de Lou Reed y The Velvet Underground con lo que escuchamos en estos discos. Bandas como Suicide o Sonic Youth, presentes en la colección, tomaron ese legado y lo llevaron hacia el ruido y la textura, sembrando las semillas para todo el rock alternativo de los años 80 y 90.

Lo que esta caja nos dice sobre su tiempo es que fue una era de posibilidades infinitas. A pesar de la suciedad y la decadencia, o quizás debido a ellas, había un optimismo feroz en el acto de crear. Hilly Kristal, fallecido en 2007, y su club, cerrado en 2006, dejaron un legado que va más allá de los ladrillos. Crearon un espacio donde el "hazlo tú mismo" no era un eslogan, sino una estrategia de supervivencia. Al escuchar a grupos oscuros como The Miamis o The Raybeats junto a las leyendas, entendemos que la historia no la escriben solo los vencedores, sino todos aquellos que se atrevieron a subirse a la tarima.

Por qué mola este Box-set:


¿Por qué deberíamos invertir nuestro tiempo en 2026 escuchando grabaciones de hace cincuenta años? La respuesta es simple: porque esta música está viva. "CBGB & OMFUG: A New York City Soundtrack" no es una pieza de museo cubierta de polvo; es una fuente de energía renovable. En un momento cultural donde todo parece prefabricado y diseñado por algoritmos para el consumo rápido, la honestidad brutal de estas 101 canciones actúa como un limpiador de paladar.

La calidad del audio, remasterizado pero respetuoso con la suciedad original, permite apreciar matices que se perdían en viejos casetes piratas. El trabajo de Cherry Red Records y la curaduría de Rob Tannenbaum merecen un aplauso de pie. Han logrado equilibrar lo académico con lo emocional, entregándonos un producto que sirve tanto para el historiador musical como para el neófito que busca su próxima banda favorita. La relación entre éxitos y descubrimientos es asombrosamente alta; es casi imposible no encontrar una joya oculta que te haga correr a buscar más información sobre una banda que solo existió durante seis meses en 1979.

Este álbum es bueno hoy porque nos recuerda que la cultura no se pide permiso. Se toma. Nos recuerda que la música más influyente del último medio siglo nació en un bar de mala muerte donde el dueño solo quería escuchar Bluegrass. Es una lección de humildad y de poder. La influencia de estos sonidos resuena en cada banda de indie rock, en cada grupo de post-punk revival y en cada chaval que coge una guitarra en un garaje.

Box Set Recomendado


Si alguna vez te has sentido fuera de lugar, si alguna vez has pensado que tu arte no encaja en los moldes establecidos, o si simplemente amas el rock and roll en su forma más pura y visceral, necesitas escuchar esta caja recopilatorio. Hazte un favor: apaga las notificaciones de tu teléfono, sírvete una bebida barata, sube el volumen hasta que los vecinos se quejen y déjate llevar por el sonido de Nueva York cuando Nueva York era el centro del universo salvaje. Es un viaje que no olvidarás.

Video del tema “The Kid with the Replaceable Head”:

Tracklist (4 CD Box Set):

1. The Dictators – (I Live For) Cars and Girls
2. The Harlots of 42nd Street – S&M (I Can't Live Without You)
3. The Magic Tramps – S&M / Leather Queen
4. Patti Smith – Free Money
5. The Brats – Be a Man
6. City Lights – Travelin' Man
7. The Hounds – Call Me (Previously unreleased on CD)
8. Erasers – It Was So Funny (That Song That They Sung)
9. Ramones – Beat on the Brat
10. Stuart's Hammer – Everybody's Depraved (Live at CBGB)
11. The Planets – Come On Up (Previously unreleased)
12. Milk ’N’ Cookies – Not Enough Girls (In the World)
13. Just Water – They Live by Night
14. Television – See No Evil
15. Mumps – Crocodile Tears
16. The Heartbreakers – Born to Lose
17. Testors – You Don't Break My Heart
18. The Dead Boys – Ain't Nothing to Do
19. The Senders – You Really Piss Me Off
20. The Electric Chairs – Fuck Off
21. Marbles – Forgive and Forget
22. Cherry Vanilla – Hard as a Rock
23. Tuff Darts – Fun City
24. Talking Heads – A Clean Break (Let's Work) (Live)
25. Suicide – Ghost Rider
26. Pure Hell – I Feel Bad
27. Helen Wheels – Room to Rage
28. Blondie – Picture This
29. Mars – Helen Forsdale
30. Come On – Don't Walk on the Kitchen Floor
31. Mink DeVille – “A” Train Lady
32. The Heat – Instant Love (Previously unreleased on CD)
33. Genya Ravan – Aye Co'lorado
34. Theoretical Girls – Lovin' in the Red
35. Richard Hell & The Voidoids – The Kid with the Replaceable Head
36. The Stilettos – Pink Stilettos
37. The Paley Brothers – Baby, Let's Stick Together
38. Neon Leon – Rock ’n’ Roll Is Alive (Previously unreleased on CD)
39. Revelons – The Way (You Touch My Hand)
40. New York Ni**ers – Just Like Dresden ’45
41. L.O.K. – Fun House (Previously unreleased on CD)
42. Material – O.A.O.
43. The Laughing Dogs – I Need a Million
44. Shrapnel – Combat Love
45. Peroxide – Heart Disease
46. Student Teachers – Christmas Weather
47. Tom Verlaine – Breakin' in My Heart
48. Richard Lloyd – Number Nine
49. James Chance & The Contortions – Jailhouse Rock (Live at CBGB 1978)
50. The Cramps – Garbage Man
51. The Dots – I Don't Wanna Dance (With You) (Previously unreleased on CD)
52. The Miamis – We Deliver
53. Model Citizens – Shift the Blame
54. The dB's – Black and White
55. The Rattlers – On the Beach
56. Love of Life Orchestra – Revolution Is Personal
57. Urban Verbs – Next Question (Previously unreleased)
58. Sylvain Sylvain – Teenage News
59. Stimulators – Loud Fast Rules
60. Tot Rocket and the Twins – Reduced
61. The Bongos – Telephoto Lens
62. Outsets – I'm Searchin' for You
63. Sorrows – Teenage Heartbreak
64. The Lounge Lizards – Do the Wrong Thing
65. Nervus Rex – There She Goes
66. The Cosmopolitans – Wild Moose Party
67. Polyrock – You're Dragging Feet
68. Lenny Kaye with The Lone Wolves – Child Bride (Previously unreleased on CD)
69. R.L. Crutchfield's Dark Day – Arp's Carpet
70. The Colors – Jealousy
71. TV Toy – (Don't Blame It on the) Weekend
72. DNA – Blonde Red Head
73. The Rudies – Sherri Goodbye
74. The Raybeats – Tight Turn
75. Phosphenes – Asexual (Previously unreleased on CD)
76. Minor Threat – Straight Edge
77. Bush Tetras – Things That Go Boom in the Night
78. Human Switchboard – (Say No to) Saturday's Girl
79. Disturbed Furniture – Information
80. The Necessaries – Back to You
81. Chemicals Made from Dirt – Oriental Television
82. China Shop – If It's New
83. James Blood Ulmer – Open House
84. Nihilistics – You're to Blame
85. Beastie Boys – Egg Raid on Mojo
86. The Individuals – My Three Sons (Revolve Around the Earth)
87. Rhys Chatham – Drastic Classicism (Edit)
88. Unknown Gender – Boys-Girls (Radio)
89. Khmer Rouge – Hinterland
90. Bad Brains – Banned in D.C.
91. Heart Attack – English Cunts
92. Outpatients – Fight
93. Vatican Commandos – Housewives on Valium
94. Sonic Youth – The World Looks Red
95. Jeff & Jane Hudson – Operating Instruction
96. Glorious Strangers – Deception
97. Nona Hendryx – Transformation
98. Reagan Youth – No Class
99. Rat at Rat R – Assassin
100. Ritual Tension – Social Climber
101. The Ordinaires – Grace

CBGB's — A NYC STORY (Documentary):

DEPECHE MODE - Songs of Faith and Devotion - Album

Antes de entrar en el detalle, tengo que confesar algo que siempre me cuesta explicar sin que suene exagerado. "Songs of Faith and Devotion" no es solo un gran disco en la discografía de Depeche Mode, para mí es el mejor, el que más me ha acompañado y el que más me ha cambiado la forma de escuchar la música de la banda. Lo he puesto en momentos de euforia y en días en los que no podía con mi propia cabeza, y en ambos casos ha funcionado como si supiera exactamente qué decir, sin decirlo del todo. Hay una conexión casi espiritual, un tipo de vínculo emocional que no responde a la lógica del "este tema es mejor que aquel", sino a algo más íntimo, como si el álbum te reconociera antes de que tú te reconozcas. Por eso esta recomendación no va solo de análisis, también va de esa sensación rara, difícil de traducir, de volver a un lugar que no existe y, aun así, sentir que estás.

ALBUM: Songs of Faith and Devotion


El 22 de marzo de 1993. Esa es la fecha que conviene fijar primero, porque explica muchas cosas. No solo marca el lanzamiento de "Songs of Faith and Devotion", también señala el momento exacto en el que Depeche Mode decidió ponerse en riesgo cuando menos lo necesitaba. Venían de conquistar el mundo con el disco "Violator", de llenar estadios, de convertirse en una referencia transversal para públicos que iban del pop al rock alternativo. Lo lógico habría sido repetir la fórmula. Lo cómodo, incluso. Pero este disco hace justo lo contrario: se mueve incómodo, se expone, se contradice y, por eso mismo, sigue vivo más de treinta años después.

DEPECHE MODE - Songs of Faith and Devotion - Album

Escribo esto desde una doble posición que nunca he sabido separar del todo. Durante muchisimos años trabajé dentro de la industria discográfica, aprendí cómo se fabrican los relatos de éxito, cómo se pulen las narrativas y se disimulan las grietas. Pero también soy fan, y "Songs of Faith and Devotion" es uno de esos discos que me acompañan desde hace décadas, no como fetiche, sino como casi un espejo. Cada vez que vuelvo a él escucho algo distinto, porque no es un álbum cerrado, es un estado emocional grabado en cinta.

Después de la cima:


Para entender este álbum hay que volver brevemente a lo que ocurrió antes. Violator no solo fue un éxito, fue una declaración de poder. Sintetizadores elegantes, canciones perfectas, una producción que parecía flotar sin esfuerzo. La gira mundial que lo acompañó fue enorme, agotadora, y dejó a la banda física y mentalmente exprimida. Cuando terminó, cada uno se fue a su esquina del mundo. Alan Wilder siguió creando música de forma obsesiva. Martin Gore cargaba con la presión de volver a escribir algo a la altura. Andy Fletcher buscaba estabilidad lejos del foco. Dave Gahan, en cambio, se desplazó a Los Ángeles y empezó a absorber otra energía, otro lenguaje, otra forma de entender lo que significaba ser una banda en los años noventa.

Depeche Mode 1993

Entre 1990 y 1993 el paisaje musical cambió radicalmente. El grunge y el rock alternativo ocuparon el centro de la conversación. La distorsión volvió a ser símbolo de honestidad. La pulcritud empezó a sonar sospechosa. Y Depeche Mode, sin renunciar a su identidad, decidió dejar entrar todo eso por las rendijas.

Madrid, una casa y tensiones:


La gestación de "Songs of Faith and Devotion" fue cualquier cosa menos cómoda. En lugar de un estudio tradicional, optaron por instalarse en una casa alquilada en Madrid, vivir juntos y grabar juntos. La idea era romper rutinas, evitar automatismos, forzar nuevas dinámicas. Sobre el papel sonaba estimulante. En la práctica, fue claustrofóbico.

Depeche Mode 1993

Durante meses convivieron sin apenas descanso, sin una estructura clara de trabajo y con muy poca preproducción. Se intentó algo casi inédito para ellos, improvisar, tocar juntos, buscar canciones desde el cuerpo antes que desde la programación. El resultado inicial fue frustrante. Las ideas no fluían, los egos chocaban, la paciencia se agotaba. Flood, el productor, ha descrito aquellas sesiones como una experiencia emocionalmente extenuante, más cercana a arrancar piezas a la fuerza que a construirlas con placer. Y, sin embargo, de ese caos salió el disco. Quizá precisamente por eso.

Un sonido más humano, menos perfecto:


Lo primero que me sigue llamando la atención al escuchar "Songs of Faith and Devotion" es su textura. Este no es un álbum que suene "limpio". Hay fricción, aire, errores conservados a propósito. Alan Wilder insistió en que las baterías se tocaran en directo, para luego ser reordenadas, sampleadas, transformadas, pero sin perder la dinámica humana. Se oyen respiraciones, golpes imperfectos, pequeñas irregularidades que hacen que las canciones se muevan.

"I Feel You" abre el álbum con un chirrido que no pide permiso. Batería física, guitarra casi blues, bajo sintético empujando desde abajo. Es una declaración de intenciones. Depeche Mode puede sonar rock sin dejar de ser Depeche Mode. La voz de Gahan entra segura, desafiante, más cerca que nunca. No interpreta un personaje, se expone.

"Walking in My Shoes" es, para mí, una de las grandes canciones de toda su carrera. No por su ambición sonora, sino por su mensaje. Habla de juicio, de fragilidad, de la imposibilidad de comprender al otro sin haber recorrido su camino. Musicalmente combina loops, guitarras procesadas, teclados distorsionados, pero todo está al servicio de una emoción contenida, madura. No hay rabia adolescente aquí, hay cansancio, lucidez, experiencia.

Fe, deseo y contradicción:


El título del álbum no es casual. "Songs of Faith and Devotion" gira alrededor de la idea de creer en algo cuando ya no es fácil hacerlo. Martin Gore recurre a un lenguaje religioso no como provocación, sino como metáfora. La fe aparece mezclada con el deseo, la devoción con la culpa, el amor con la dependencia. No hay respuestas claras, solo preguntas formuladas con una honestidad incómoda.

"Condemnation" es probablemente el mejor ejemplo. Una canción construida como un himno lento, casi un ritual. Palmas, órgano, un pulso grave que avanza sin prisa. La interpretación vocal de Dave Gahan es extraordinaria, una de las más intensas de su carrera. No canta desde la fuerza, sino desde la aceptación amarga. No pide perdón, se expone.

En "Judas", Gore toma el micrófono y se mueve en un territorio más introspectivo. Las gaitas irlandesas invertidas, el coro final construido con voces improvisadas, la sensación de espacio sagrado artificial. Todo contribuye a crear una atmósfera inquietante, hermosa y moralmente ambigua.

Luces y sombras:


No todo el álbum es igual de equilibrado, y eso también forma parte de su encanto. "Rush" es, probablemente, el tema que peor ha envejecido. Su agresividad industrial, muy marcada por la estética de la época, suena más derivativa. Aun así, funciona como contrapunto, como recordatorio de que este disco no busca agradar siempre.

En el extremo opuesto está "One Caress". Breve, delicada, grabada casi como un susurro orquestal. Gore canta acompañado por una sección de cuerda que eleva la canción sin grandilocuencia. Es uno de esos momentos en los que el álbum respira, se recoge, muestra su lado más vulnerable.

"In Your Room" merece una mención aparte, es el temazo. Oscura, obsesiva, profundamente sensual. Es una de esas canciones que crecen con los años. Cada escucha revela una capa nueva, una intención distinta. No es casual que fuera uno de los pilares del directo durante la gira posterior.

La intensidad:


Todo este proceso tuvo consecuencias. El desgaste fue enorme. Alan Wilder decidió que no volvería a trabajar en esas condiciones y abandonó la banda poco después. Dave Gahan tocó fondo personal y físicamente. La gira "Devotional", monumental y excesiva, se convirtió en leyenda por razones que iban más allá de la música. Pero el disco quedó. Y eso es lo que importa cuando lo escuchamos hoy.

Disco recomendado


Songs of Faith and Devotion no es un álbum perfecto, y precisamente por eso sigue siendo relevante. No intenta congelar un sonido, ni repetir un éxito. Documenta un momento de crisis creativa y personal, y lo convierte en arte. Para oyentes jóvenes, acostumbrados a producciones impecables y narrativas controladas, este disco ofrece otra cosa: vulnerabilidad, contradicción, riesgo real.

Sigue funcionando porque habla de temas universales, la necesidad de creer, el miedo a ser juzgado, la búsqueda de redención, sin cinismo ni grandilocuencia. Y porque musicalmente se atreve a mezclar electrónica, rock, gospel y pop sin pedir permiso.

Si nunca lo has escuchado entero, hazlo sin prisas. Con auriculares, con atención, dejando que las canciones respiren. No esperes un manual de Depeche Mode. Espera una conversación honesta, a veces incómoda, siempre intensa. "Songs of Faith and Devotion" no te promete consuelo, pero sí verdad. Para mi el mejor disco hasta ahora de la banda. 

Video del tema "In Your Room":

Tracklist (original):

1. "I Feel You" 4:35
2. "Walking in My Shoes" 5:35
3. "Condemnation" 3:20
4. "Mercy in You" 4:17
5. "Judas" Gore 5:14
6. "In Your Room" 6:26
7. "Get Right with Me" (includes hidden track "Interlude #4" at 2:59) 3:52
8. "Rush" 4:37
9. "One Caress" Gore 3:32
10. "Higher Love" 5:56

Depeche Mode;

  • David Gahan
  • Martin Gore
  • Andrew Fletcher
  • Alan Wilder

Músicos adicionales:

  • Bazil Meade – voz adicional (pista 7)
  • Hildia Campbell – voz adicional (pista 7)
  • Samantha Smith – voz adicional (pista 7)
  • Steáfán Hannigan – gaita irlandesa (pista 5)
  • Wil Malone – arreglos de cuerdas, dirección de cuerdas (pista 9)

Técnica:

Depeche Mode, producción y mezcla
Flood, producción y mezcla

UNDERWORLD - Second Toughest in the Infants - Album

No es un disco fácil de resumir ni de colocar en una estantería concreta. "Second Toughest in the Infants" de UNDERWORLD exige algo más que una escucha distraída y, a cambio, ofrece una experiencia que crece con el tiempo, con la repetición y con la atención. Más que una colección de temas, funciona como un espacio sonoro que se despliega poco a poco, donde ritmo, palabra y textura se entrelazan hasta formar algo difícil de separar en partes. Volver a él hoy no es solo revisar un momento clave de la música electrónica de los años noventa (siglo xx), sino preguntarse qué ocurre cuando un álbum decide tomarse en serio a quien escucha.

ALBUM: Second Toughest in the Infants 


La primera vez que "Second Toughest in the Infants" me atrapó no fue por un subidón inmediato ni por una melodía fácil de recordar. Fue por su duración. Por la forma en la que el disco parecía decir, desde el primer minuto, que no tenía prisa. Que si quería entrar, debía hacerlo despacio, aceptando sus reglas. En 1996, cuando gran parte de la música electrónica todavía funcionaba como una sucesión de impactos pensados para la pista de baile, Underworld se atrevió a pedir algo poco habitual: tiempo, atención y escucha activa. Y lo hizo sin pedir permiso.

UNDERWORLD - Second Toughest in the Infants - Album

Publicado en marzo de 1996, "Second Toughest in the Infants" es el cuarto álbum de estudio de Underworld y el segundo de su etapa MK2, ya con Darren Emerson plenamente integrado junto a Karl Hyde y Rick Smith. No es un dato menor. La entrada de Emerson a principios de los años noventa transformó a Underworld de un proyecto irregular, con raíces en el rock y el synth pop, en una de las propuestas más singulares y ambiciosas de la electrónica británica. Este disco no solo consolidó esa mutación, también la llevó a un punto de madurez creativa difícil de igualar.

Un título del álbum extraño:


El título del álbum procede de una frase dicha por el sobrino de Rick Smith, un niño de seis años que, al ser preguntado por su progreso en la escuela infantil, respondió que era "el segundo más duro de la clase". Esa mezcla de ingenuidad, humor involuntario y misterio encaja perfectamente con el espíritu del disco. "Second Toughest in the Infants" suena exactamente así, como algo que no pretende explicarse del todo, pero que contiene una lógica interna poderosa.

UNDERWORLD - banda

En el contexto de mediados de los noventa, Underworld estaban rodeados de propuestas que exploraban terrenos similares. Fluke, Transglobal Underground o Banco de Gaia trabajaban con una electrónica densa, dub, expansiva. Pero Underworld hicieron algo distinto. Tomaron ese lenguaje y lo forzaron hacia una estructura casi narrativa, más cercana a la tradición del álbum largo que a la cultura del sencillo. No es casual que muchos hayan comparado la ambición de este disco con la del rock progresivo de los años setenta, aunque aquí todo pasa por máquinas, secuenciadores y capas de sonido tratadas con precisión quirúrgica.

Cómo se construye:


Nada prepara del todo para el arranque del disco. "Juanita : Kiteless : To Dream of Love" ocupa más de dieciséis minutos y funciona como una suite en tres movimientos que no se separan, sino que se superponen. Durante los primeros minutos, conceptos clásicos como melodía o progresión armónica parecen irrelevantes. Hay un bajo sintético insistente, una voz casi monocorde y una percusión que va creciendo en complejidad. Lo fascinante es cómo Underworld estiran esa idea más allá de lo razonable hasta que, cuando entran los pianos dispersos y las guitarras, el efecto es casi físico.

No es música pensada para el impacto rápido. Es música que se despliega. El ritmo muta, se densifica, se vacía y vuelve a recomponerse. Hay momentos de tensión nerviosa, otros de calma glacial, con ecos que recuerdan tanto al minimalismo de Philip Glass como a la electrónica ambiental de Detroit. Todo sucede sin cortes evidentes, como si el tema respirara por sí mismo.

El segundo bloque, el magnifico "Banstyle / Sappys Curry", continúa esa lógica, aunque con una energía distinta. Aquí aparecen ritmos cercanos al drum and bass, guitarras acústicas inesperadas y teclados que evocan paisajes casi psicodélicos. En pleno auge de los sencillos de club, Underworld abrían su álbum con más de media hora de música que exigía compromiso. Ese gesto, por sí solo, dice mucho de su ambición.

Ritmo, cuerpo y una oscuridad contenida:


Después de semejante introducción, "Confusion the Waitress" podría parecer un regreso a la simplicidad. Pero no lo es del todo. Su pulso es directo, casi marcial, con un ritmo constante y una atmósfera inquietante. Karl Hyde repite frases fragmentadas, como si estuviera atrapado en un pensamiento circular. Aquí se entiende bien una de las claves de Underworld en esta etapa: Hyde no canta en el sentido tradicional. Funciona más como un sampler humano, lanzando palabras, imágenes y sonidos que se integran en el conjunto sin imponerse.

"Rowla" es, probablemente, el momento más abiertamente físico del álbum. Un tema instrumental construido sobre sintetizadores distorsionados y repetitivos que crecen, se detienen y vuelven a explotar. Tiene algo casi agresivo, una sensación de amenaza constante que resulta extrañamente adictiva. No es un tema amable, pero sí profundamente hipnótico.

El gran punto de equilibrio llega con "Pearl’s Girl". Aquí Underworld logran una de sus piezas más completas. Breakbeats afilados, percusiones cercanas al jungle, sintetizadores que remiten al cine de John Carpenter y una letra fragmentada que mezcla referencias geográficas, colores y nombres propios sin una narrativa evidente. "Rioja, Rioja, Reverend Al Green", canta Hyde, como si estuviera hojeando recuerdos a toda velocidad desde el interior de un coche lanzado por la noche. Es un tema de urgencia, de movimiento, de ansiedad contenida. No es casual que haya sido uno de los sencillos más recordados del grupo.

El descenso necesario:


Tras la intensidad acumulada, "Air Towel" funciona como un tránsito más ligero, sin perder el pulso bailable. Pero el verdadero cierre emocional llega con los dos últimos temas. "Blueski" introduce guitarras tratadas con un tono casi blusero, envueltas en una atmósfera nebulosa. No es el momento más memorable del disco, pero cumple una función clara: preparar el terreno para el final.

"Stagger" cierra el álbum con una sensación de madrugada avanzada. Ritmos ralentizados, reverberaciones profundas, teclados oscuros y una voz que parece hablar más que cantar. No hay clímax, no hay explosión final. Hay una especie de vacío melancólico que permanece cuando el disco termina. Es un final valiente, alejado de cualquier concesión, que refuerza la idea de que Underworld estaban pensando el álbum como una experiencia completa.

Un disco de su tiempo y más allá:


Es dificil hablar de "Second Toughest in the Infants" sin mencionar el contexto cultural que lo rodea. Su publicación coincidió con un momento en el que la electrónica empezaba a recibir una atención mediática inusual, especialmente en Reino Unido y Europa. Poco después, Born Slippy .NUXX, incluida en reediciones posteriores del álbum y popularizada por la película Trainspotting, se convertiría en un fenómeno que acabaría eclipsando parcialmente al disco. Pero reducir Underworld a ese tema es una simplificación injusta.

UNDERWORLD - banda

Este álbum representa uno de los últimos momentos en los que la música electrónica experimental consiguió una presencia real en el imaginario popular sin renunciar a su complejidad. Antes de que la escena se fragmentara y se institucionalizara, Underworld demostraron que se podía hacer música de baile ambiciosa, emocional y exigente sin perder conexión con el cuerpo.

Por qué mola hoy:


Escuchar hoy "Second Toughest in the Infants" no es un ejercicio de nostalgia. Es enfrentarse a un disco que sigue sonando sorprendentemente vigente en su forma de entender el tiempo, la repetición y la construcción de atmósferas. En una época dominada por la inmediatez y la escucha fragmentada, este álbum propone lo contrario. Pide concentración, recompensa la paciencia y ofrece una experiencia que va más allá de canciones sueltas.

Para oyentes jóvenes que buscan algo distinto, aquí hay una puerta de entrada perfecta a una electrónica que no se conforma con funcionar, sino que aspira a decir algo. Para quienes lo escuchamos en su momento o lo descubrimos después, sigue siendo un recordatorio de hasta dónde se puede llegar cuando se confía en la inteligencia del oyente.

Disco recomendado


Recomiendo "Second Toughest in the Infants" sin reservas, preferiblemente con auriculares, sin prisas y con la disposición de dejarse llevar. No es un disco que se revele a la primera, pero cuando lo hace, se queda contigo durante mucho tiempo. Magnifico álbum, si señor.

Video del tema "Banstyle/Sappy's Curry":


Tracklist (formato original):

1. "Juanita : Kiteless : To Dream of Love" 16:36
2. "Banstyle/Sappy's Curry" 15:22
3. "Confusion the Waitress" 6:47
4. "Rowla" 6:31
5. "Pearl's Girl" 9:36
6. "Air Towel" 7:37
7. "Blueski" 2:55
8. "Stagger" 7:37

PUBLIC ENEMY - It Takes a Nation of Millions to Hold Us (Revisited)

"It Takes a Nation of Millions to Hold Us Back" de PUBLIC ENEMY sigue siendo un álbum difícil de escuchar en el mejor sentido posible. No por su sonido, que hoy resulta incluso familiar, sino por la claridad con la que expone tensiones sociales, mediáticas y políticas que siguen plenamente vigentes. Revisarlo ahora de nuevo no implica reivindicar un pasado más combativo, sino preguntarse por qué un disco publicado en 1988 continúa resultando más incisivo que buena parte de la música política contemporánea. Esta nueva escucha parte de ahí, del impacto que todavía produce y de la necesidad de explicarlo a quien no estuvo allí cuando apareció.

ALBUM: It Takes a Nation of Millions to Hold Us 


"It Takes a Nation of Millions to Hold Us Back" no pide permiso ni contexto previo. Entra a golpes. Desde sus primeros segundos deja claro que no está pensado para acompañar, sino para interrumpir. No es un disco que se escuche de fondo ni uno que busque caer simpático. Es un álbum que te señala con el dedo y te obliga a posicionarte, incluso si vienes del rock, del pop o de cualquier otro territorio aparentemente ajeno al hip hop militante de finales de los ochenta.

Mi ejercicio de "revisited" nace de la necesidad de volver a escucharlo hoy, con distancia, con más referencias, con menos ingenuidad, y comprobar si todo lo que creí entonces sigue teniendo sentido ahora. La respuesta es incómoda, pero clara. Sí. Este disco no solo resiste el paso del tiempo, sino que lo pone en evidencia.

Cómo se construye una amenaza cultural:


Public Enemy no aparece de la nada. Se forma en Long Island, en un entorno que ya era en sí mismo una contradicción americana. Roosevelt, el lugar donde crece Chuck D, había sido concebido como un experimento de integración suburbana que acabó replicando, con otros códigos, las mismas dinámicas de segregación racial y económica. Ver cómo un barrio negro de clase media era desplazado simbólica y físicamente por zonas blancas acomodadas no es un detalle biográfico menor, es la raíz del tono que atraviesa todo el disco.

PUBLIC ENEMY - It Takes a Nation of Millions to Hold Us

Chuck D no escribe desde la teoría, escribe desde la observación directa. Desde el trayecto diario a la universidad, desde la radio estudiantil, desde una educación política heredada y reforzada. Public Enemy se forma alrededor de esa voz, pero no como un proyecto solista. Flavor Flav, Terminator X, Professor Griff y el equipo de producción, el Bomb Squad, funcionan como un sistema completo. No hay piezas decorativas.

Tras el disco "Yo! Bum Rush the Show", que ya dejaba claras las intenciones, el grupo entiende que el directo está siendo su verdadero campo de pruebas. El público responde a la velocidad, al volumen, a la confrontación. Así que deciden ir más lejos. Más rápido. Más denso. El objetivo no es hacer un segundo disco, es construir algo que pueda sostenerse como manifiesto.

También hay una referencia clara, casi ambiciosa hasta lo imprudente. Chuck D habla abiertamente de querer hacer el equivalente hip hop de What’s Going On de Marvin Gaye. No desde el sonido, sino desde la función cultural. Un álbum que no se limite a describir el mundo, sino que lo cuestione frontalmente.

El sonido como arma:


Desde una perspectiva musical, "It Takes a Nation of Millions to Hold Us Back" resulta sorprendentemente familiar y radical al mismo tiempo. Public Enemy toma la idea de Run DMC de funcionar como una banda, no como un proyecto individual, y la lleva a un terreno mucho más agresivo. El Bomb Squad no produce canciones, produce colisiones.

Los ritmos no respiran. Las capas de sonido se superponen sin pedir permiso. Hay funk duro, free jazz, fragmentos de discursos políticos, scratches que no adornan, sino que atacan. Todo suena deliberadamente saturado. Hank Shocklee lo explicó sin rodeos, si decían que el rap era ruido, ellos iban a demostrar qué significaba realmente el ruido.

PUBLIC ENEMY 1988

"Countdown to Armageddon" no es una introducción, es una alarma. El sonido de público, las voces, las sirenas, todo crea la sensación de estar entrando en algo que ya está ocurriendo, tarde, sin instrucciones. "Bring the Noise" convierte esa tensión en una declaración. La base es seca, insistente, casi industrial, y la voz de Chuck D entra como un bloque. Grave, clara, sin florituras. Cada palabra está ahí para ser entendida.

Cuando "She Watch Channel Zero?!" irrumpe con un riff tomado de Slayer, el gesto es más que provocador. Es una apropiación consciente del lenguaje del metal para atacar la anestesia televisiva. No es un guiño, es una confrontación directa con el consumo pasivo de imágenes y mensajes.

"Night of the Living Baseheads" es probablemente uno de los momentos más difíciles del disco. El caos de los samples, el ritmo quebrado, la sensación de descontrol, todo acompaña un relato sobre la epidemia del crack que evita el moralismo fácil. No hay distancia, hay rabia.

Y luego está "Black Steel in the Hour of Chaos". Aquí el álbum cambia de velocidad y demuestra otra cosa. Un piano en bucle, una base contenida, una narración casi literaria. Chuck D cuenta la historia de un objetor de conciencia encarcelado que decide escapar. No hay exageración en la voz. Cada frase se articula con precisión. Es más folk que rap, más Johnny Cash que radio urbana. Y funciona porque la historia importa.

Palabras que pesan:


Chuck D nunca ha sido el rapero más técnico ni el más flexible. Su fuerza está en otra parte. En la claridad. En la convicción. En la capacidad de convertir ideas complejas en frases directas sin simplificarlas. No habla para impresionar, habla para convencer.

Las letras de "It Takes a Nation of Millions to Hold Us Back" atacan la prensa, la policía, el sistema educativo, la televisión, el reclutamiento militar, la manipulación mediática. Pero no lo hacen desde la abstracción. Todo está anclado a situaciones concretas, a experiencias reconocibles.

Flavor Flav cumple una función clave. No es solo alivio cómico. Es el contrapunto humano. Sus interrupciones, sus comentarios, su energía caótica evitan que el discurso se convierta en sermón. Sin él, el disco sería demasiado rígido. Con él, respira.

Rock, punk y actitud:


Desde el rock, este álbum se entiende rápido. Public Enemy adopta la actitud del punk, el enfrentamiento directo con la autoridad, la negación de la complacencia. "Bring the Noise" podría funcionar perfectamente como un manifiesto punk con otra instrumentación.

No es casual que el disco conectara tan bien con críticos de rock. No encaja del todo en las expectativas clásicas del hip hop. No hay lujo, no hay mitología personal, no hay fantasía de ascenso individual. Hay colectivo, hay conflicto, hay incomodidad.

PUBLIC ENEMY 1988

Compararlo con algo como American Idiot de Green Day no es descabellado, aunque aquí no hay concepto narrativo cerrado. Hay paranoia, hay desconfianza hacia el poder, hay una lectura crítica de la cultura dominante. La diferencia es que Public Enemy no inventa. Habla desde dentro.

Un disco incómodo, ayer y hoy:


Tras su lanzamiento, el álbum generó admiración y sospecha a partes iguales. La figura de Professor Griff y sus declaraciones antisemitas mancharon parte del legado del grupo y obligaron a Chuck D a tomar decisiones difíciles. Nada de eso invalida el impacto del disco, pero sí obliga a escucharlo con contexto y espíritu crítico.

Lo interesante es que, décadas después, muchas de las preguntas que plantea siguen abiertas. El papel de los medios, la criminalización de ciertas comunidades, la manipulación del miedo, la saturación informativa. Todo está ahí.


Sigue siendo necesario escucharlo:


"It Takes a Nation of Millions to Hold Us Back" no es un clásico porque suene bien, aunque suene brutal. Es un clásico porque se atrevió a ocupar un espacio que nadie más estaba ocupando con esa contundencia. Porque entendió la música como una herramienta de intervención cultural.

Para un oyente joven, acostumbrado a un hip hop completamente integrado en la industria y en la cultura pop global, este disco puede resultar chocante. Precisamente por eso es necesario. No para idealizar el pasado, sino para recordar que la música popular también puede ser incómoda, conflictiva y profundamente política sin perder fuerza artística.

Disco recomendado


Recomiendo "It Takes a Nation of Millions to Hold Us Back" sin advertencias ni filtros. Escúchalo entero. Sin saltar canciones. Con atención. No importa desde dónde vengas musicalmente. Si te interesa entender cómo un álbum puede cambiar las reglas del juego, cómo el sonido puede convertirse en discurso y cómo una voz colectiva puede imponerse al ruido del sistema, este disco sigue siendo una referencia ineludible. No es un museo. Es una herramienta. Y sigue funcionando.

Video del tema "Black Steel in the Hour of Chaos":

Tracklist (formato LP):

Cara: Silver

1. "Countdown to Armageddon" (Intro) 1:40
2. "Bring the Noise" 3:46
3. "Don't Believe the Hype" 5:19
4. "Cold Lampin' with Flavor" 4:17
5. "Terminator X to the Edge of Panic" 4:31
6. "Mind Terrorist" (Interlude) 1:21
7. "Louder Than a Bomb" 3:37
8. "Caught, Can We Get a Witness?" 4:53

Cara: Black

9. "Show 'Em Whatcha Got" (Interlude) 1:56
10. "She Watch Channel Zero?!" 3:49
11. "Night of the Living Baseheads" 3:14
12. "Black Steel in the Hour of Chaos" 6:23
13. "Security of the First World" (Interlude) 1:20
14. "Rebel Without a Pause" 5:02
15. "Prophets of Rage" 3:18
16. "Party for Your Right to Fight" 3:24

THE BLUE NILE - A Walk Across the Rooftops - Album (Revisited)

Durante años he vuelto a ciertos discos, no para comprobar si sigue igual, sino para ver en qué he cambiado yo. Hay álbumes que no se escuchan, se habitan, y cuya música parece esperar pacientemente a que uno esté preparado para volver a entrar. "A Walk Across the Rooftops" de THE BLUE NILE es uno de ellos. Cada nueva escucha no sustituye a la anterior, la amplía, la cuestiona, la profundiza. Por eso ahora no escribo desde la nostalgia ni desde la revisión académica, sino desde el deseo genuino de compartir una experiencia que sigue viva con los lectores de este humilde blog de música.

Este post no pretende explicar el disco ni colocarle una etiqueta definitiva. Quiere, más bien, acompañar al lector hasta su umbral, ofrecer algunas claves, algunas imágenes y muchas sensaciones, antes de dejar que la música haga su propio trabajo. Si nunca has caminado por estos tejados, este es un buen momento para hacerlo. Y si ya lo hiciste alguna vez, quizá descubras que el paisaje ha cambiado, o que quien ha cambiado eres tú.

ALBUM: A Walk Across the Rooftops


Han pasado algunos años desde la última vez que escribí sobre "A Walk Across the Rooftops". Recuerdo aquella entrada, escrita más desde la fascinación que desde la distancia crítica, porque este disco nunca ha sido para mí un simple objeto de análisis. Es un lugar. Un clima. Una forma de escuchar. Hoy vuelvo a él con la misma emoción, pero con otra intención. No tanto revisitarlo, que también, sino presentarlo a quienes no estaban allí, a lectores jóvenes que quizá han oído hablar de The Blue Nile como un nombre casi mitológico, citado con respeto, pero raramente explicado desde la experiencia.

THE BLUE NILE - A Walk Across the Rooftops - Album (1984)

Este álbum debut de The Blue Nile, publicado el 30 de abril de 1984, no fue un éxito inmediato. No llenó estadios ni generó titulares grandilocuentes. Salió casi en silencio, editado por Linn Records, un sello creado por una empresa de alta fidelidad escocesa más interesada en el sonido que en el mercado. Y, sin embargo, con el paso del tiempo, "A Walk Across the Rooftops" se ha convertido en uno de esos discos que no envejecen porque nunca pertenecieron del todo a su época.

Un disco contra la lógica de su tiempo:


Para entender este álbum hay que entender su contexto. Paul Buchanan, Robert Bell y Paul Joseph Moore no eran músicos virtuosos ni pretendían serlo. Venían de la universidad, de la literatura, de las matemáticas, de la electrónica, no de la tradición del rock ni del pop británico. Tampoco encajaban en la narrativa dominante de los primeros ochenta (Siglo xx), marcada por el espectáculo, el exceso y una industria que empezaba a confundir visibilidad con valor.

THE BLUE NILE - Banda

Su historia previa con sellos discográficos fallidos les dejó una desconfianza profunda hacia el negocio. Cuando Linn Records les ofreció un contrato, lo hizo desde un respeto absoluto por su visión. Les dejaron solos en el estudio, algo casi impensable incluso entonces. Ese aislamiento creativo fue clave. "A Walk Across the Rooftops" no suena a un grupo intentando gustar, sino a tres personas tratando de entender qué sienten y cómo traducirlo en sonido.

El disco se grabó durante meses, con una paciencia casi obsesiva. No había samplers modernos. Cada sonido debía tocarse, grabarse, cortarse y ensamblarse a mano. El silencio se trabajaba con la misma atención que una nota. Nada sobraba. Nada se colocaba por inercia.

El arte de decir poco y sentir mucho:


Hablar del sonido de "A Walk Across the Rooftops" es hablar de espacios. De aire. De una producción que no busca llenar, sino sugerir. Los sintetizadores, omnipresentes, no suenan fríos ni futuristas. Son frágiles, casi humanos. Las cajas de ritmos marcan pulsos contenidos, nunca dominan. El bajo aparece como una línea que se desliza, no como un ancla.

A veces cuesta identificar dónde empieza la canción y dónde termina el paisaje sonoro. Hay ecos que parecen lejanos, ruidos indefinidos, texturas que no sabes si pertenecen a un instrumento o a la ciudad que el disco retrata. En ese vacío controlado entra la voz de Paul Buchanan, y todo se ordena.

Su forma de cantar es única. No interpreta personajes. Se expone. Hay momentos de contención extrema y otros en los que la emoción se desborda, casi de manera incómoda. No busca agradar. Busca decir la verdad emocional de cada frase. Esa tensión entre tecnología y vulnerabilidad es el gran logro del álbum.

Se ha comparado muchas veces esta producción con la precisión de Aja de Steely Dan, y la referencia no es gratuita. Aquí también hay una obsesión por el detalle, pero al servicio de algo mucho más íntimo, menos cerebral y más nocturno.

Escenas de una ciudad interior:


El disco se abre con "A Walk Across the Rooftops", una declaración de intenciones. Campanas lejanas, teléfonos que no dejan de sonar, una sensación de insomnio urbano. La canción avanza como un paseo mental, buscando altura para ganar perspectiva. No es una huida, es un intento de entender.

La maravillosa "Tinseltown in the Rain" llega pronto y redefine lo que entendemos por single. Tiene ritmo, tiene repetición, pero también una intensidad casi violenta en su insistencia. La letra habla de la ilusión que se desvanece, de la ciudad como promesa y decepción a la vez. Cada repetición de "I know now" suena más cansada que la anterior. Es una canción que baila mientras se rompe.

"From Rags to Riches" reduce aún más los elementos. Percusión mínima, voz al frente, espacio. Habla de dejar atrás, de empezar, de salir al mundo con lo aprendido. No hay épica, hay aceptación. Es una de esas canciones que crecen con cada escucha.

"Stay" es probablemente el momento más accesible del álbum, pero no por ello menos profundo. Es una súplica adulta, consciente de sus límites. No promete nada imposible. Solo pide tiempo. Su piano y su ritmo contenido la convierten en una de las grandes canciones de amor de la década, sin necesidad de grandilocuencia.

Luego llega "Easter Parade", y todo se detiene. Para mí, posiblemente una de las canciones más conmovedoras escritas. Minimalista hasta el extremo, construida alrededor de un piano y silencios que pesan más que las notas. Habla de la soledad en medio de la multitud, de la belleza triste de lo cotidiano. Es imposible escucharla sin sentir que alguien ha puesto palabras a pensamientos que nunca supimos formular.

"Heatwave" aporta un respiro aparente, una luz engañosa. El calor como metáfora de una opresión compartida. El cansancio emocional traducido en sonido. Y finalmente "Automobile Noise", que cierra el disco como un plano final de cine negro. Movimiento constante, ruido, ciudades que no paran, personas que no saben dónde detenerse. Una despedida sin respuestas, pero con una extraña sensación de consuelo.

Un disco de su tiempo, o no:


Se suele hablar de "A Walk Across the Rooftops" como un disco “ochentero”, pero eso es quedarse en la superficie. Sí, hay sintetizadores. Sí, hay cajas de ritmos. Pero su espíritu no tiene nada que ver con la euforia ni con el escapismo dominante de aquella década. Este álbum dialoga más con la pintura de Edward Hopper, con el cine nocturno, con la literatura introspectiva, que con las listas de éxitos.

The Blue Nile (Banda)

También es un disco profundamente político sin mencionar la política. Retrata una ciudad cansada, individuos que buscan sentido en un entorno hostil, sin necesidad de consignas. En plena era Thatcher, eso era más elocuente que cualquier discurso.

Por qué revisitar:


Volver a "A Walk Across the Rooftops" hoy es comprobar que hay discos que no envejecen porque hablan de emociones estructurales. Soledad, deseo, desencanto, esperanza contenida. Todo eso sigue ahí. Quizá más que nunca.

En una época de sobreproducción, de estímulos constantes, este álbum propone otra forma de escuchar. Pide atención. Pide tiempo. A cambio, ofrece una experiencia profunda, honesta y duradera.

Disco recomendado


Si nunca has escuchado "A Walk Across the Rooftops", este es un buen momento. No lo pongas de fondo. Escúchalo de noche. Con auriculares. Déjalo respirar. Es un disco que no se impone, pero que se queda contigo mucho tiempo después de que termine. Y eso, hoy, es un pequeño milagro.

Video del tema "Tinseltown in the Rain":

Tracklist (formato LP vinilo):

Cara A:

1. "A Walk Across the Rooftops" – 4:56
2. "Tinseltown in the Rain" – 5:57
3. "From Rags to Riches" – 5:59

Cara B:

1. "Stay" – 4:57
2. "Easter Parade" – 4:34
3. "Heatwave" – 6:28
4. "Automobile Noise" – 5:08

The Blue Nile

  • Paul Buchanan – voz, guitarras, sintetizadores
  • Robert Bell – bajo, sintetizadores
  • Paul Joseph Moore – teclados, sintetizadores

Personal adicional:

  • Calum Malcolm – ingeniero de grabación
  • Nigel Thomas – batería