BLOG DE MUSICA ▶️ BUSCAR TU MÚSICA Y ARTISTA-GRUPO ▶️ SEARCH YOUR MUSIC AND ARTIST-BAND

Waiting for a Miracle: el debut de THE COMSAT ANGELS

Si hoy escuchas a Interpol, Editors, The Chameleons o incluso determinados momentos de los tempranos Bloc Party, hay un álbum de 1980 al que merece la pena retroceder. No porque exista una línea genealógica sencilla que conecte todos esos nombres, sino porque "Waiting for a Miracle", debut de The Comsat Angels, contiene muchas de las sensaciones que décadas después volverían a resultar familiares en el rock alternativo, guitarras contenidas, bajos que gobiernan las canciones, baterías nerviosas, espacios vacíos y una voz que parece cantar desde algún lugar ligeramente apartado del mundo.

El álbum apareció el 5 de septiembre de 1980. Escucharlo hoy tiene algo de descubrimiento arqueológico, aunque la comparación pueda resultar injusta. No suena a objeto de museo. Suena extraño, inquieto y vivo.

Y precisamente por eso quiero recomendarlo.


ALBUM: Waiting for a Miracle


The Comsat Angels surgieron Sheffield, a finales de los setenta (siglo xx) la ciudad británica estaba atravesando las consecuencias de la crisis industrial, el desempleo y un cambio social profundo. Ese paisaje importa cuando uno escucha el disco. No porque las canciones funcionen como crónicas políticas explícitas, sino porque cierta sensación de incertidumbre parece haberse filtrado dentro de ellas.

THE COMSAT ANGELS - Waiting for a Miracle - Album 1980

La banda tampoco nació exactamente con el sonido que terminaría definiéndola. Stephen Fellows, Mik Glaisher, Kevin Bacon y Andy Peake habían tocado anteriormente bajo el nombre de Radio Earth, en una etapa con inclinaciones hacia el jazz rock. El contacto con el nuevo clima musical británico y, según recuerdan algunas de las fuentes de la época, una actuación junto a Pere Ubu, ayudaron a empujarles hacia otro territorio.

Influencia de Pere Ubu:

Pere Ubu dejó una huella clara, especialmente en la manera de entender el ritmo y la guitarra, pero The Comsat Angels pasaron esas ideas por el filtro del post punk británico. El resultado tenía algo del rock experimental estadounidense, algo de la austeridad que estaba apareciendo en grupos como Wire o The Cure, y una personalidad propia que todavía estaba tomando forma.

Antes de llegar a Polydor en 1979 habían publicado "Red Planet" en su propio sello, Junta. Un año después apareció Waiting for a Miracle.

THE COMSAT ANGELS

El milagro del título nunca llegó en forma de éxito masivo. El disco, en cambio, sí llegó.

Un álbum donde el vacío también toca:


Una de las primeras cosas que me atrapó al volver a "Waiting for a Miracle" fue comprobar lo poco que necesita la banda para crear tensión.

Aquí no existe una muralla de guitarras. Stephen Fellows toca muchas veces como si estuviera deliberadamente evitando ocupar todo el espacio disponible. La guitarra entra, desaparece, deja una figura suspendida y permite que sean el bajo, la batería y los teclados quienes construyan buena parte de la arquitectura.

Eso cambia por completo la escucha.

Kevin Bacon utiliza el bajo como una especie de columna vertebral. No se limita a acompañar las canciones, las empuja y, en algunos momentos, parece incluso discutir con ellas. Mik Glaisher toca la batería con una mezcla extraordinaria de disciplina y violencia controlada. Hay golpes que parecen aislados, patrones que no buscan decorar nada y silencios que tienen casi la misma importancia que la percusión.

Andy Peake completa ese espacio con teclados utilizados con enorme moderación. No están ahí para embellecer las canciones. Muchas veces hacen exactamente lo contrario, introducen una nota incómoda, una textura fría o una sensación difícil de identificar.

La producción, compartida por la banda y Pete Wilson, conserva esa sequedad. Escuchada hoy puede sorprender precisamente porque no intenta engrandecer nada. Cada instrumento parece encontrarse a cierta distancia de los demás.

Es uno de los secretos del disco.

El tema "Independence Day" es la puerta de entrada:


Si quieres probar una sola canción antes de entrar en el álbum completo, empezaría por "Independence Day".

Es probablemente el tema más conocido de The Comsat Angels y también el lugar donde todas sus ideas encuentran una forma particularmente inmediata. Hay melodía, tensión, cambios de intensidad y un equilibrio precioso entre lo accesible y lo extraño.

Siempre me ha llamado la atención que una canción así no convirtiera al grupo en algo mucho mayor. Tenía suficientes elementos pop para resultar reconocible y, al mismo tiempo, suficientes rarezas para no parecerse demasiado a nadie.

Pero quedarse ahí sería perderse lo mejor de "Waiting for a Miracle".

El tema "Missing in Action" abre el disco con una guitarra que casi parece una señal de alarma. Desde los primeros segundos aparece una de las emociones que atravesarán todo el álbum, el cansancio de alguien que siente que la vida cotidiana ya exige demasiado antes incluso de empezar el día.

"Baby" muestra otra cara. Bajo y batería generan una sensación física, irregular, casi incómoda. La canción avanza sin desperdiciar movimientos, y esa economía convierte cada pequeño cambio en algo importante.

Después está "Total War".

Aquí The Comsat Angels convierten una relación sentimental deteriorada en algo parecido a un conflicto territorial. La idea podría haber terminado en melodrama, pero la música evita cualquier exceso. Durante buena parte del tema la guitarra prácticamente renuncia al protagonismo. Bajo, batería y teclados mantienen una estructura circular que parece incapaz de encontrar una salida.

No hay liberación porque la historia tampoco la tiene.

Monkey Pilot y el futuro imaginado desde 1980:


Para alguien que llegue al grupo por primera vez, "Monkey Pilot" puede ser una de las canciones más reveladoras.

Stephen Fellows utiliza imágenes de ciencia ficción para hablar de algo profundamente cotidiano, la sensación de no controlar del todo tu propia vida. La figura de alguien frente a unos mandos que ya no comprende termina convirtiéndose en una imagen bastante precisa de la ansiedad.

Ese imaginario futurista aparece varias veces en el disco y encaja perfectamente con el nombre del grupo, tomado de un relato de J. G. Ballard.

Pero lo interesante es que "Waiting for a Miracle" nunca suena como una fantasía sobre el futuro. Su ciencia ficción habla del presente. Aeropuertos, mapas, máquinas, comunicaciones y territorios funcionan como metáforas para personas que no saben muy bien dónde están emocionalmente.

En "Real Story" esa sensación de aislamiento se vuelve especialmente intensa. "On the Beach" permite que la guitarra gane algo más de espacio y, escuchada retrospectivamente, anticipa algunos paisajes que pocos años después asociaríamos con The Chameleons.

"Map of the World" es más nerviosa y directa. Hay algo casi pop en su movimiento, aunque cualquier posibilidad de ligereza termina inmediatamente deformada por la manera de tocar del grupo.

Y entonces llega “Postcard”.

Es el final que necesita este álbum. Lento, oscuro y progresivamente opresivo. La batería hace crecer la tensión mientras guitarra y voz parecen moverse dentro de un espacio cada vez más pequeño. Además, funciona como una especie de puente hacia Sleep No More, el segundo disco de la banda, donde muchas de estas ideas adquirirían una identidad todavía más definida.

Si te gusta el post punk:


Cuando se habla de música británica de 1980, siempre aparecen ciertos discos. Closer de Joy Division, Seventeen Seconds de The Cure, Jeopardy de The Sound, The Correct Use of Soap de Magazine o 154 de Wire forman parte de ese relato.

"Waiting for a Miracle" debería aparecer más a menudo en la conversación.

No porque The Comsat Angels necesiten ser convertidos retrospectivamente en una banda gigantesca, ni porque haya que corregir la historia del rock a golpe de reivindicación. Me interesa precisamente lo contrario.

Me gusta que este disco siga teniendo algo de secreto.

Mientras U2 y Echo and the Bunnymen, bandas nacidas aproximadamente en el mismo periodo, terminaron construyendo carreras mucho más visibles, The Comsat Angels quedaron en una posición lateral. Su éxito comercial fue limitado y "Independence Day", incluso en una versión posterior remezclada, solamente alcanzó el número 71 en Reino Unido.

Ese dato dice muy poco sobre la música.

Porque cuando escucho este álbum no encuentro un borrador de algo que otros desarrollarían mejor. Encuentro a cuatro músicos aprendiendo a utilizar la contención como lenguaje.

Por qué escuchar "Waiting for a Miracle" hoy:


Hay una razón especialmente sencilla por la que recomiendo "Waiting for a Miracle" a lectores jóvenes, todavía no hemos agotado los grandes discos del pasado.

La historia de la música no está compuesta únicamente por los álbumes que terminaron apareciendo en todas las listas. También existen discos que circularon por caminos secundarios y que, cuarenta años después, pueden explicar perfectamente por qué ciertas ideas siguen reapareciendo.

Si has llegado al post punk a través de Interpol o Editors, aquí reconocerás algunas sombras. Si te interesa Joy Division, encontrarás una oscuridad diferente, menos monumental y quizá más nerviosa. Si disfrutas con el minimalismo de Wire, la primera etapa de The Cure o la tensión rítmica de Pere Ubu, probablemente descubrirás puntos de contacto.

Pero mi recomendación es intentar olvidarse de esas comparaciones después de la primera escucha.

Disco recomendado


Pon "Waiting for a Miracle" desde “Missing in Action” hasta “Postcard”, preferiblemente entero y sin saltar canciones. Deja que el bajo ocupe el espacio que normalmente esperas de una guitarra, escucha cómo Mik Glaisher utiliza la batería para aumentar la ansiedad y fíjate en todo lo que Andy Peake decide no tocar.

A veces descubrir un gran álbum antiguo no consiste en comprender inmediatamente por qué fue importante.

Consiste simplemente en encontrarte, décadas después, con una música que todavía consigue que prestes atención.

"Waiting for a Miracle" hace exactamente eso. Y si nunca habías escuchado a The Comsat Angels, este es el lugar donde yo empezaría.

Video del tema "Independence Day":

Tracklist (formato vinilo):

"Missing in Action"
"Baby"
"Independence Day"
"Waiting for a Miracle"
"Total War"
"On the Beach"
"Monkey Pilot"
"Real Story"
"Map of the World"
"Postcard"

The Comsat Angels:

  • Stephen Fellows – voz, guitarra
  • Andy Peake – sintetizador, voz
  • Kevin Bacon – bajo
  • Mik Glaisher – batería

JACK WHITE - Frozen Charlotte: rock, blues y guitarras en 2026

Poner el álbum "Frozen Charlotte" a todo volumen produce una sensación curiosamente física. No hace falta conocer demasiado sobre blues, garage rock ni sobre la genealogía de la guitarra eléctrica para entender lo que está ocurriendo. La batería golpea con una sencillez casi primitiva, el órgano entra y sale como humo dentro de una habitación pequeña y Jack White hace con la guitarra algo que cada vez resulta menos habitual en buena parte del rock actual, utilizarla no como decoración, sino como un personaje.

Ese puede ser precisamente el mejor punto de entrada para alguien que llegue aquí sin conocer demasiado al músico de Detroit. No importa si nunca has escuchado un disco entero de The White Stripes. Tampoco necesitas saber quiénes fueron Son House, Jimmy Page o los primeros The Who. "Frozen Charlotte" funciona primero como experiencia inmediata. Trece canciones, cuarenta y tres minutos y la sensación de estar escuchando a cuatro músicos empujándose mutuamente dentro de una sala.

ALBUM: Frozen Charlotte


Jack White publicó su séptimo álbum en solitario, "Frozen Charlotte", el 10 de julio de 2026. Él mismo produjo el disco y lo grabó en Third Man Studio, en Nashville, acompañado por Dominic Davis al bajo, Patrick Keeler a la batería y Bobby Emmett en teclados y órgano.

JACK WHITE - Frozen Charlotte - 2026

Pero los datos cuentan solamente una parte de la historia.

Lo verdaderamente interesante es cómo llegaron esos cuatro músicos hasta allí.

De la carretera al estudio:


Dos años antes, Jack White había publicado No Name, un disco de garage rock directo, áspero y cargado de riffs que apareció prácticamente sin aviso. Para la gira posterior se incorporó Bobby Emmett, músico procedente de la escena de Detroit y especialista en Hammond, junto a Davis y Keeler.

La banda comenzó entonces a adquirir una identidad propia.

Durante los conciertos de 2024 y 2025, algunas ideas empezaron a aparecer en pruebas de sonido, improvisaciones y momentos espontáneos de los propios directos. "Neighbors Blues", por ejemplo, nació parcialmente sobre el escenario. Lo interesante de este proceso es que "Frozen Charlotte" no parece construido exclusivamente frente a una mesa de estudio. Muchas canciones conservan esa elasticidad de músicos que llevan meses tocando juntos.

Eso explica también la importancia del órgano en el disco.

Jack White y sus compañeros han hablado abiertamente de su afición por Deep Purple, y esa vieja conversación entre guitarra y Hammond aparece constantemente aquí. No es un homenaje arqueológico al rock de los años setenta, sino una manera de recuperar una combinación que durante décadas fue tremendamente poderosa y que hoy casi parece exótica.

Escucha "Derecho Demonico". La guitarra y el órgano no se limitan a acompañarse, se provocan. Uno abre espacio, el otro responde, ambos se pisan durante unos segundos y después vuelven a encontrarse. Hay algo desordenado en el resultado, pero ese desorden forma parte del encanto.

Puerta de entrada al universo musical de Jack White:


Para muchos oyentes jóvenes, Jack White probablemente continúa siendo el hombre detrás del riff del tema "Seven Nation Army". No es una mala presentación, teniendo en cuenta que pocas líneas de bajo, que en realidad nacieron de una guitarra procesada, han acabado convertidas en cánticos colectivos en estadios de medio mundo.

Pero limitar a White a aquella canción sería perderse uno de los recorridos más peculiares del rock estadounidense de las últimas décadas.

Jack White 2026

Con The White Stripes recuperó elementos del blues, del punk y del garage cuando buena parte de la música popular se movía en otra dirección. Después llegaron The Raconteurs, The Dead Weather y una carrera en solitario donde ha probado desde arreglos acústicos hasta electrónica, funk extraño y experimentos casi deliberadamente incómodos.

En "Frozen Charlotte" simplifica la ecuación:


Guitarra, bajo, batería, órgano y canciones. Parece poco. No lo es.

"Dollar Bill" es un buen ejemplo. La guitarra slide atraviesa la canción con ese sonido metálico y algo salvaje que White lleva años utilizando. La dinámica cambia constantemente, hay momentos donde la banda parece contenerse antes de volver a atacar, y Patrick Keeler llena los espacios con una batería expresiva que nunca necesita exhibirse demasiado.

En "I Can’t Believe What I’m Hearing" aparecen ecos del golpe directo de los primeros The Who, mientras que ciertas guitarras pueden recordar por momentos a Queens of the Stone Age. "She’s in a Frenzy", en cambio, se acerca al glam, al primer punk estadounidense y a aquella frontera borrosa donde podían convivir Alice Cooper, KISS y grupos de garaje que sonaban como si hubieran aprendido tres acordes esa misma tarde.

Todo pasa por el filtro de Jack White.

Blues del siglo XXI:


Una de las razones por las que sigo encontrando interesante a Jack White es su relación con el blues.

Muchos artistas tratan el género con demasiado respeto, como si cualquier modificación pudiera romper una pieza histórica. White hace justo lo contrario. Lo ensucia, lo distorsiona, lo acelera y algunas veces lo convierte casi en ruido.

En "Neighbors Blues", la canción que cierra el álbum, esa relación aparece especialmente clara. La progresión es sencilla, pero el grupo la estira hasta convertirla en una jam espesa donde el órgano mantiene un zumbido constante y la guitarra parece buscar grietas dentro del propio ritmo.

Ahí está una buena lección para quien esté descubriendo este tipo de música.

El blues no tiene por qué sonar antiguo. Puede ser incómodo, eléctrico, ruidoso y extraño.

Puede convivir perfectamente con una playlist donde también haya Fontaines D.C., Viagra Boys, Amyl and the Sniffers, Queens of the Stone Age o incluso artistas completamente alejados del rock.

Biblias, paranoia y cultura digital:


Las letras tampoco parecen interesadas en contar pequeñas historias realistas.

Jack White lleva tiempo cultivando una especie de personaje situado en algún punto entre predicador, feriante, narrador sureño y hombre que acaba de descubrir una conspiración en el sótano de su casa.

"G.O.D. and the Broken Ribs" abre Frozen Charlotte entrando directamente en el Jardín del Edén. Hay referencias bíblicas, apocalipsis, Adán y Eva, pecado y supervivencia, pero todo aparece tratado con humor negro y cierta teatralidad.

White canta muchas veces como si estuviera discutiendo con alguien situado justo delante del micrófono.

En "Making Contact" cambia parcialmente de objetivo y mira hacia nuestro presente digital. Aparecen referencias a la transformación del arte en “contenido”, a una cultura obsesionada con producir, publicar, reaccionar y volver a producir. Resulta especialmente interesante escucharlo en 2026, cuando prácticamente cualquier experiencia cultural parece destinada a convertirse inmediatamente en material para otra pantalla.

No estamos ante un tratado sobre internet. Es algo más intuitivo. Una incomodidad.

La sensación de que estamos creando muchísimo y quizá viviendo bastante menos.

En ese sentido, "Frozen Charlotte" conecta perfectamente con su época mientras utiliza herramientas musicales que tienen muchas décadas de historia.

El sonido imperfecto también puede ser parte de la experiencia:


El álbum no busca una superficie especialmente limpia.

Hay guitarras que saturan, voces colocadas muy delante, baterías que algunas veces parecen grabadas desde el fondo de una habitación y mezclas deliberadamente rugosas. Canciones como "There’s Nobody There" o "You’ll Never Fix Me" pueden sorprender si vienes de producciones contemporáneas donde cada elemento ocupa cuidadosamente su espacio.

Aquí algunas cosas chocan.

Y precisamente por eso recomiendo escucharlo con buenos auriculares, pero también alguna vez en altavoces, sin obsesionarse con la perfección técnica.

En "All Alone Again" todo parece abrirse de repente. La batería gana definición, el grupo encuentra espacio y resulta más sencillo distinguir la interacción entre músicos. Ese contraste ayuda a entender que la producción de White no pretende borrar completamente las irregularidades.

Hay momentos que casi conservan la sensación de una grabación de ensayo. Para algunos será una limitación. Para otros, y yo estoy bastante cerca de ese segundo grupo, puede convertirse en una forma de cercanía.


Por que mola "Frozen Charlotte":


Lo que más me interesa de este disco no es que Jack White vaya a revolucionar nuevamente el rock music. Probablemente ni siquiera pretende hacerlo.

Jack White 2026

Me interesa porque demuestra algo mucho más sencillo y quizá más útil.

Una guitarra todavía puede resultar emocionante.

Cuatro músicos tocando juntos todavía pueden generar tensión sin necesidad de llenar cada segundo con capas de sonido. Una tradición musical antigua puede seguir creciendo si alguien decide tratarla como material vivo y no como una reliquia.

Jack White tiene cincuenta años y pertenece a una generación que vio cómo el rock pasaba de ocupar el centro absoluto de la cultura pop a convertirse en uno más entre decenas de lenguajes musicales. Su respuesta no parece ser nostálgica. No está intentando convencer a nadie de que antes todo era mejor.

Simplemente continúa tocando. Y eso resulta bastante liberador.

Disco recomendado


Por eso recomiendo "Frozen Charlotte" especialmente a quien tenga curiosidad pero no sepa exactamente por dónde empezar con Jack White. Escúchalo primero sin investigar demasiado.

Después puedes retroceder hasta "White Blood Cells" o "Elephant" de The White Stripes. Puedes pasar por "No Name", explorar la rareza de "Boarding House Reach" o descubrir el contraste entre "Fear of the Dawn" y "Entering Heaven Alive". Y desde allí probablemente acabarás llegando a Led Zeppelin, Deep Purple, The Stooges, Son House, Howlin’ Wolf, The Who o decenas de grupos nuevos que siguen trabajando con esas mismas herramientas.

Ese es uno de los mejores regalos que puede hacer un álbum. No terminar cuando termina.

Si eres joven, estás acostumbrado a escuchar música saltando entre épocas y estilos y alguna vez te has preguntado por qué tanta gente continúa obsesionada con el sonido de una guitarra eléctrica conectada a un amplificador, este disco de Jack White es un lugar estupendo para averiguarlo. No necesitas nostalgia, conocimientos previos ni una colección de vinilos. Basta con darle volumen a "G.O.D. and the Broken Ribs", dejar que aparezca el órgano, esperar a que White ataque la primera guitarra y seguir el ruido hasta el final. Puede ser un descubrimiento!

Video del tema "Derecho Demonico":

Tracklist:

1. "G.O.D. and the Broken Ribs" 3:43
2. "Derecho Demonico" 3:53
3. "There's Nobody There" 3:56
4. "Raising the Grain" 3:06
5. "You'll Never Fix Me" 3:23
6. "Nobody Knows" 3:04
7. "Dollar Bill" 2:42
8. "I Can't Believe What I'm Hearing" 2:29
9. "Thick as Thieves" 3:01
10. "All Alone Again" 3:29
11. "She's in a Frenzy" 2:23
12. "Making Contact" 2:23
13. "Neighbors Blues" 5:04

Músicos:

  • Jack White – voz, guitarra solista, producción, mezcla
  • Dominic Davis – bajo eléctrico
  • Patrick Keeler – batería (pistas 1–5, 7–13), percusión (5–7, 11, 12)
  • Bobby Emmett – órgano Hammond (1–7, 9, 11–13), coros (3–8, 12, 13), Mellotron (5), teclados (8)
  • Daru Jones – batería (6)
  • Olivia Jean – bajo eléctrico (8)
  • David James Swanson – percusión (11)

ART OF FIGHTING - Wires: un clásico indie australiano

A comienzos de este siglo, mientras buena parte del rock alternativo buscaba canciones capaces de crecer hasta llenar estadios, cuatro músicos australianos siguieron una dirección bastante menos evidente. Art of Fighting decidió reducir el volumen, separar los golpes de batería, dejar respirar las guitarras y comprobar cuánto podía aguantar una canción antes de romperse por completo.

El resultado "Wires", su primer álbum, publicado en Australia en marzo de 2001. Décadas después, sigue siendo un disco curioso incluso dentro de la música independiente de su época. No porque resulte extraño o experimental en un sentido convencional, sino porque se atreve a hacer algo especialmente difícil: confiar en la paciencia.

ART OF FIGHTING - Wires - Album

Aquí casi nunca sobra nada. Una guitarra puede aparecer durante unos segundos y desaparecer. El bajo se mueve discretamente bajo las voces. La batería evita imponerse. Entre una nota y la siguiente hay huecos que otros grupos habrían llenado de inmediato.

Y precisamente ahí vive gran parte de la emoción de "Wires".


ALBUM: Wires


La banda no había empezado haciendo esta clase de música. Sus primeras grabaciones estaban mucho más cerca del indie rock estadounidense de los años noventa. Pavement, Sonic Youth y Sebadoh formaban parte de su educación musical, y aquellas influencias podían escucharse en sus primeras maquetas.

Con el tiempo, "Art of Fighting" comenzó a eliminar ruido de sus canciones. Hacia 1998, el grupo ya experimentaba con estructuras más abiertas y delicadas en los EP The Very Strange Year y Empty Nights. Todavía estaban buscando una identidad, pero la dirección empezaba a estar clara.

ART OF FIGHTING - Banda

Ollie Browne recordaría años después un momento que ayuda a comprender ese cambio. Una mañana escuchó por casualidad en la radio "I Dream a Highway", de Gillian Welch. Llegó cuando la canción ya había comenzado y quedó atrapado por su lentitud y su paciencia. No era exactamente la música que hacía Art of Fighting, pero sí contenía algo que el grupo quería perseguir: la posibilidad de tocar despacio y en voz baja sin renunciar a la intensidad.

Convertir esa idea en un álbum completo sería bastante más complicado.

Un apartamento, una guitarra barata y un invierno en Melbourne:


Buena parte de "Wires" tomó forma durante el invierno de 2000 en el suburbio de Carlton North, Melbourne. Ollie Browne y Peggy Frew vivían en un pequeño apartamento situado encima de una tienda. Muchas canciones comenzaron allí durante largas noches, con una guitarra acústica Yamaha de unos 200 dólares y la luz de las farolas entrando desde la calle.

El escenario encaja sorprendentemente bien con el sonido posterior del álbum. Hay algo nocturno en estas canciones, pero no una oscuridad teatral. Se parecen más a esas horas en las que una ciudad está prácticamente dormida y cualquier sonido parece adquirir una importancia desproporcionada.

Browne llevaba estructuras de acordes, melodías y letras todavía incompletas, pero "Art of Fighting" trabajaba colectivamente sobre ellas. Peggy Frew construía líneas de bajo melódicas, Miles Browne añadía guitarras finas y teclados, mientras Marty Brown encontraba la manera de mantener aquellas canciones extremadamente lentas en movimiento. También fue responsable del Fender Rhodes que aparece en el disco.

El grupo desmontaba y reconstruía cada composición una y otra vez. Esa atención obsesiva explica por qué Wires puede parecer espontáneo y frágil cuando, en realidad, detrás existe una preparación minuciosa.

Una canción lenta puede ser más difícil:


"Art of Fighting" llegó a las sesiones del álbum con una ventaja poco habitual: prácticamente ya había grabado Wires entero como maqueta. Temas como "Moonlight", "Just Say I’m Right" o "Find You Lost" llevaban tiempo formando parte de sus conciertos, mientras "Skeletons" o "Something New" eran todavía mucho más recientes.

El productor elegido fue Tim Whitten, cuyo trabajo con la banda australiana Crow había impresionado profundamente al grupo. Para unos músicos que admiraban el álbum Li-Lo-Ing, poder trabajar con Whitten en Megaphon Studios era casi una aspiración improbable.

Las sesiones tuvieron lugar a finales de 2000. La prioridad no consistía en conseguir un sonido espectacular, sino en preservar la interacción entre los cuatro músicos.

En canciones tan lentas, entrar ligeramente fuera de tiempo podía desmontarlo todo. Marty comenzaba algunas grabaciones siguiendo una claqueta para establecer el pulso. Después, Whitten la retiraba y permitía que los músicos terminaran la canción escuchándose entre ellos.

Ese pequeño detalle se percibe en el resultado. "Wires" tiene precisión, aunque nunca parece mecánico.

"Skeletons" abre una puerta que después ya no se cierra:


Los primeros minutos de "Skeletons" contienen buena parte del lenguaje del álbum. La voz de Ollie Browne aparece contenida, casi vulnerable, mientras las guitarras construyen un paisaje que nunca termina de asentarse.

Se han señalado conexiones con Mazzy Star o Built to Spill, y tienen sentido. También resulta inevitable pensar en el slowcore de Low cuando aparece "Moonlight", o incluso en Songs: Ohia durante algunos de los momentos más desnudos del disco. Art of Fighting, sin embargo, no suena como una combinación calculada de esas referencias.

Su personalidad procede de la tensión:


"Akula" quizá sea el ejemplo más evidente. Las escobillas de la batería y los largos espacios entre notas hacen que escucharla se parezca a esperar algo que no sabemos si llegará. Miles Browne describió esa forma de tocar como una relación entre tensión y liberación. El grupo tenía que mantenerse unido precisamente durante los momentos en los que aparentemente estaba ocurriendo menos.

Ese principio convierte el silencio en un instrumento más.

Pop de canciones frágiles:


Una escucha superficial podría hacer pensar que "Wires" mantiene la misma velocidad emocional durante todo el recorrido. Al detenerse en las canciones aparece una realidad bastante diferente.

"Give Me Tonight", por ejemplo, revela cuánto le interesaba a Ollie Browne la estructura de la canción pop. Durante aquella etapa quería probar formas algo más compactas, con versos, estribillos y puentes reconocibles, pero sin abandonar la delicadeza que Art of Fighting había descubierto.

"Find You Lost" es, para mí, donde esa combinación alcanza uno de sus mejores momentos. La canción incluye voces invitadas de Marcus Barczak y avanza sin necesidad de buscar un gran estallido final. Todo parece suspendido durante unos minutos. Es melancólica sin resultar sentimental y hermosa sin esforzarse por demostrarlo.

Peggy Frew toma la voz principal en "I Don’t Keep a Record", aportando un cambio de perspectiva que evita que el álbum dependa exclusivamente del registro de Browne.

Más adelante, "Just Say I’m Right" deja entrar algo más de volumen y distorsión. No rompe con la lógica del disco, pero demuestra que la contención funciona mejor cuando existe la posibilidad de abandonarla.

La tristeza nunca termina de convertirse en desesperación. Durante la creación del álbum, el propio Ollie Browne llegó a preocuparse por la cantidad de melancolía acumulada en las canciones. Quiso escribir algo que ofreciera un poco más de luz.

De esa intención nació "Reasons Are All I Have Left":


La referencia fue Everybody’s Talking, de Harry Nilsson. Browne admiraba su capacidad para transmitir tristeza y, al mismo tiempo, producir una extraña sensación de apertura. Buscaba algo parecido.

La canción cumple precisamente esa función dentro de "Wires". No elimina la melancolía anterior, pero cambia su significado. Después de escuchar el álbum completo, la sensación que queda no es tanto de derrota como de una belleza que necesita convivir con cierta tristeza para existir.

Las letras y los arreglos parecen compartir esa misma inseguridad. Relaciones que podrían romperse, personas intentando acercarse, pensamientos difíciles de ordenar. Nada termina de resolverse por completo.

Por qué se llamó "Wires":


El título apareció durante una noche en un pub de Kings Cross mientras la banda esperaba que Tim Whitten terminara una mezcla. Durante algún tiempo habían manejado otros nombres, entre ellos Murder In The Dark, pero ninguno terminaba de representar el disco.

La palabra Wires procedía de una frase que había circulado entre ellos: “You want to put wires in my brain”.

Funcionaba en varios niveles. Estaban las cuerdas de las guitarras, el Fender Rhodes, las escobillas de batería y todo el sistema físico de cables que permite grabar música. Pero también aparecía una lectura emocional, los hilos invisibles que conectan unas personas con otras.

Para un álbum tan preocupado por la fragilidad de esas conexiones, difícilmente podían haber encontrado un nombre más adecuado.

Un premio que la banda no esperaba ganar:


"Wires" fue publicado por Trifekta Records en 200
1 y ese mismo año recibió el premio ARIA a mejor lanzamiento alternativo.

La victoria resultaba especialmente improbable para sus autores. Compartían nominación con grupos como You Am I, Something for Kate, Big Heavy Stuff y Magic Dirt, bandas que ellos mismos habían admirado años antes.

De hecho, "Art of Fighting" ni siquiera acudió a la ceremonia. Tenía programada una gira europea de seis semanas y decidió continuar con ella.

La noticia llegó mientras estaban en Krefeld, Alemania. En mitad de la carga del equipo después de un concierto, una llamada telefónica les comunicó que habían ganado. Guitarras y amplificadores terminaron momentáneamente abandonados mientras los cuatro intentaban asimilarlo.

El reconocimiento del disco no terminó ahí. En 2021, Rolling Stone Australia situó "Wires" en el puesto 159 de su selección de los mejores álbumes australianos.

Escuchar en una época que apenas deja espacio al silencio:


Quizá la razón por la que este álbum de Art of Fighting me sigue resultando tan atractivo tenga poco que ver con la nostalgia.

Su manera de utilizar el tiempo incluso parece más radical ahora.

Vivimos rodeados de canciones que intentan mostrar rápidamente cuál es su mejor parte. "Wires" hace exactamente lo contrario. No corre hacia ningún estribillo, no fuerza grandes momentos emocionales y rara vez intenta conquistar al oyente de inmediato. Necesita espacio.

Y cuando se lo das aparecen todos esos pequeños movimientos que al principio podían pasar inadvertidos: una línea de bajo que cambia la dirección de la canción, unas escobillas entrando suavemente, una guitarra que deja una nota suspendida o una voz que parece dudar antes de continuar.

Disco recomendado


Para alguien joven que nunca haya escuchado a "Art of Fighting", comenzaría por "Skeletons" y "Find You Lost", pero no me quedaría ahí. "Wires" funciona mejor cuando se escucha entero y sin demasiadas interrupciones. Hay discos que impresionan por todo lo que contienen. Este consigue algo bastante más raro: emocionar por todo aquello que sabe que no necesita añadir. Creo que te va gustar.

Video del tema "Reasons Are All I Have Left":

Tracklist:

1. Skeletons 04:04
2. Give Me Tonight 04:38
3. Akula 05:18
4. Moonlight 04:45
5. I Don't Keep A Record 05:49
6. In No Good Way 04:35
7. Find You Lost 07:17
8. Reasons Are All I Have Left 04:30
9. Just Say I'm Right 06:09
10. Wires 01:27
11. Something New 07:04