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Hay una pequeña trampa en escuchar música de los 70 (siglo xx) desde el presente: muchas veces creemos que reconocemos el sonido porque ya lo hemos oído en grupos que llegaron veinte o treinta años después. Me ha pasado al volver a disco #1 Record, el debut de Big Star. En algunos pasajes podría pensar en R.E.M., en Teenage Fanclub o incluso en ciertas canciones de Wilco. Y entonces recuerdo que este disco salió en 1972. Los que parecen sus contemporáneos son, en realidad, parte de su descendencia.
ALBUM: #1 Record
En enero de 2024 ya recomendé este álbum en este blog de música. Aquella entrada sigue ahí, con sus canciones señaladas y mi entusiasmo por una banda a la que el éxito le llegó demasiado tarde. Ahora prefiero acercar Big Star a quienes han llegado después a estas páginas, quizá desde el rock alternativo, el indie o simplemente por afición a las buenas guitarras. Las etiquetas pueden esperar.
Empezar por las canciones:
Si no conocéis a Big Star, os propongo un experimento bastante sencillo. Escuchar “When My Baby’s Beside Me” sin mirar el año de publicación. Esa guitarra que parece impulsarse a sí misma, la batería que no deja caer el ritmo y un estribillo hecho para cantarlo sin darse cuenta podrían pertenecer a un grupo de otra década. Después probar con “Thirteen”. De pronto, todo se hace pequeño: una voz, una guitarra acústica y el temblor de alguien que todavía no sabe cómo decir lo que siente.
Esa distancia entre una canción y otra explica mejor el atractivo del disco que cualquier definición enciclopédica del power pop. Big Star podían sonar expansivos, casi insolentes, y a continuación hablar bajito. Tenían una manera particular de mezclar entusiasmo y dudas, de hacer que una melodía alegre cargara con una preocupación que solo aparece cuando prestas atención a la letra.
Cuatro músicos de Memphis mirando hacia Inglaterra:
El 24 de abril de 1972 Ardent Records publicó #1 Record. Big Star eran Alex Chilton, Chris Bell, Andy Hummel y Jody Stephens. Chilton había cantado con The Box Tops y conocía de primera mano lo que significaba colocar una canción en las listas. Bell, guitarrista y cantante, llevaba años fascinado por las posibilidades de grabar, superponer voces y encontrar el sonido exacto de un acorde. Hummel tocaba el bajo y Stephens la batería. No necesitaban una formación más complicada.
En una ciudad tan asociada al soul como Memphis, su entusiasmo por el pop británico de los 70 tenía algo de declaración de gustos. The Beatles eran una referencia central, sobre todo para Chris Bell, que soñaba con una complicidad compositiva parecida a la de Lennon y McCartney. Pero también asomaban el pulso de The Who, las canciones de The Kinks y las guitarras de The Byrds. No es un catálogo de préstamos: lo interesante fue cómo esos sonidos acabaron pasando por cuatro músicos estadounidenses con sus propias inquietudes.
Grabaron en los estudios Ardent, con John Fry al frente de la producción y Bell especialmente implicado en los arreglos. Las armonías vocales no parecen un adorno, sino parte de la estructura de las canciones. A ratos las guitarras se abren con brillo; en otros, un rasgueo seco cambia el ánimo. “Feel” añade metales y cierta agresividad, mientras que “Watch the Sunrise” respira con la ligereza de las cuerdas acústicas. Ese contraste es uno de los placeres del álbum.
La juventud no siempre suena fiesta:
Al volver a “In the Street” me ha hecho gracia comprobar lo poco que envejece la sensación de no saber qué hacer con una tarde. La canción tiene energía de sobra, pero debajo hay aburrimiento, ganas de salir, amigos buscando cualquier excusa. Muchos conocerán su melodía por la serie "That ’70s Show" y la versión de Cheap Trick. Yo prefiero regresar al original, porque su mezcla de impaciencia y despreocupación tiene algo muy reconocible.
Con “The Ballad of El Goodo” ocurre lo contrario. No invita tanto a salir como a mantenerse firme. La voz de Alex Chilton parece avanzar con dificultad mientras las armonías abren la canción y le dan aire. No necesito fijar una interpretación única de su letra para sentir ese esfuerzo por no rendirse. La tengo entre mis favoritas desde aquella primera recomendación de 2024, y sigue siendo una de las mejores razones para buscar este disco.
“Give Me Another Chance” ofrece otra clase de vulnerabilidad, la de quien sabe que algo se está perdiendo y no encuentra la manera de detenerlo. En “Thirteen” la incertidumbre todavía tiene la forma del primer amor. No son grandes discursos generacionales. Son escenas y emociones concretas, tratadas sin cinismo. Esa honestidad conecta con un oyente joven de hoy bastante mejor que cualquier intento de recrear la moda de 1972.
“Watch the Sunrise” conserva su aire de mañana abierta, entre la esperanza y la melancolía. La recomendé en 2024 y la mantengo entre mis favoritas.
El fracaso comercial que no consiguió apagar el disco:
A veces la historia de Big Star amenaza con comerse su música. El nombre venía de unos supermercados y la portada mostraba una estrella de neón. Titular #1 Record a un debut que apenas se pudo encontrar en las tiendas acabó siendo una ironía involuntaria. Recibió buenas críticas, pero su distribución fue desastrosa y las ventas iniciales no alcanzaron las diez mil copias. Chris Bell abandonó la banda después de este álbum. Su presencia, tan decisiva aquí, ya no volvería a repetirse de la misma manera.
Por fortuna, algunas músicas tienen una segunda vida. A finales de los 70, la edición británica que reunió #1 Record y Radio City ayudó a que nuevos oyentes llegaran hasta Big Star. Después aparecieron otros admiradores, muchos de ellos con guitarras en las manos. R.E.M. y The Replacements hablaron de su importancia; Teenage Fanclub y The Posies encontraron en aquellas melodías una especie de idioma compartido. La influencia no consistió en copiar una fórmula. Fue descubrir que se podía hacer rock contundente sin renunciar a la ternura, y escribir pop sin disimular las grietas.
Volver a Big Star:
En 2024 también conté que, por mucho que me guste #1 Record, mi favorito de Big Star es el álbum "Third/Sister Lovers". No he cambiado de opinión y tampoco necesito hacerlo para recomendar hoy su debut. Son discos distintos, unidos por una sensibilidad que fue tomando caminos cada vez menos previsibles. Radio City merece igualmente su propia escucha, pero no hace falta pensar en la discografía completa antes de empezar.
De #1 Record me quedo con algo muy concreto: logra que las canciones con guitarras parezcan sencillas sin ser superficiales. Se nota el cuidado en las voces, la producción de John Fry y el trabajo de Bell, pero nada de eso tapa la espontaneidad. No todo tiene el mismo peso, ni pretende tenerlo. Ese pequeño desnivel también forma parte del carácter de un álbum que todavía suena como un grupo descubriendo todo lo que puede hacer junto.
Disco Recomendado
Por eso recupero la recomendación para quienes no leyeron aquella entrada o dejaron pasar el disco. Escucharlo entero, sin consultar antes una lista de clásicos imprescindibles. Dejad que “Feel” os reciba con ruido, que “Thirteen” cambie la temperatura de la habitación y que “Watch the Sunrise” os acompañe un rato más. Si sois jóvenes lectores y os gustan el indie, el rock alternativo o el pop de guitarras, Big Star puede convertirse en uno de esos descubrimientos que conducen a muchos otros. Y si ya conocéis el álbum, quizá os pase como a mí: encontraréis una buena excusa para volver a ponerlo.
Video del tema "Feel":
Tracklist:
Cara A:
1."Feel"3:34 2."The Ballad of El Goodo"4:21 3."In the Street"2:55 4."Thirteen"2:34 5."Don't Lie to Me"3:07 6."The India Song"2:20
Cara B:
1."When My Baby's Beside Me"3.22 2."My Life Is Right"3:07 3."Give Me Another Chance"3:26 4."Try Again"3:31 5."Watch the Sunrise"3:45 6."ST 100/6"1:01
Big Star:
Chris Bell – guitarra, voz Alex Chilton – guitarra, voz Andy Hummel – bajo, piano, voz Jody Stephens – batería, percusión, voz
Talk Talk: del pop al post rock, cinco discos esenciales
Imagina escuchar e tema "It's My Life" y, acto seguido, poner "New Grass". La primera tiene todos los ingredientes de un gran éxito pop de los años ochenta. La segunda parece proceder de otra dimensión, con sus guitarras delicadas, una batería que apenas se impone y una voz que encuentra su sitio entre largos pasajes instrumentales. Lo curioso es que ambas pertenecen a la misma banda, TALK TALK, y que entre una y otra transcurrieron solamente siete años.
Esa distancia musical explica buena parte de mi fascinación por este grupo británico. Quienes seguís habitualmente este blog de música sabéis que TALK TALK ocupa un lugar especial entre mis bandas favoritas, y que siento una admiración particular por su cantante y principal compositor, Mark Hollis. He dedicado varias entradas a sus discos, incluido mi ranking personal de sus cinco álbumes de estudio, porque siempre encuentro motivos para regresar a su música.
Esta vez quiero hacer algo distinto. Me apetece compartir una historia musical que considero extraordinaria, especialmente con quienes conocen el nombre de TALK TALK por alguna canción que suena en las emisoras de clásicos de los 80 (siglo xx), pero nunca han investigado qué ocurrió después.
Porque detrás de aquellos éxitos existe una discografía fascinante. Cinco álbumes publicados entre 1982 y 1991 que permiten seguir la transformación de un grupo de pop en una formación capaz de explorar caminos que años más tarde serían fundamentales para el desarrollo del post rock.
Y ya adelanto mi preferencia, por si alguien todavía no la conoce. Aunque sus dos últimos trabajos me parecen inmensamente excepcionales, mi álbum favorito continúa siendo "The Colour of Spring", de 1986. Para mí representa algo difícil de encontrar en la historia del rock: el momento en el que una banda consigue reunir dos maneras aparentemente opuestas de hacer música sin renunciar a ninguna.
Pero antes conviene conocer a los protagonistas.
Una banda que no se conforma con su propio éxito:
TALK TALK se formó en Londres en 1981. Su primera alineación estaba integrada por Mark Hollis, voz y principal compositor, Paul Webb al bajo, Lee Harris a la batería y Simon Brenner a los teclados.
La historia de Mark Hollis había comenzado antes, en el ambiente musical británico de finales de los 70. Su hermano mayor, Ed Hollis, vinculado a la escena del punk y al grupo "Eddie and the Hot Rods", contribuyó a acercarlo a una música muy diferente de la que terminaría grabando años después.
Mark Hollis pasó por una formación llamada The Reaction, donde ya había aparecido una composición titulada "Talk Talk Talk Talk". Aquella primera etapa tenía poco que ver con las exploraciones posteriores, pero resulta reveladora. Hollis procedía de una generación de músicos para quienes el punk había demostrado que la expresión personal podía ser más importante que la destreza académica.
Cuando TALK TALK firmó con EMI, el mercado británico estaba dominado por el new wave, los sintetizadores y una estética cuidadosamente construida alrededor de los nuevos ídolos del pop. Las comparaciones con Duran Duran llegaron enseguida.
No eran completamente absurdas desde el punto de vista comercial. Había teclados, canciones pegadizas, una imagen reconocible y una discográfica interesada en llegar al mismo público. Sin embargo, al escuchar los primeros discos con atención, encuentro diferencias importantes.
Lo más evidente es la voz de Hollis:
No cantaba como quien intenta seducir al oyente con una interpretación brillante. Había cierta aspereza en su timbre, una manera de alargar las palabras y una tensión emocional que contrastaban con los arreglos electrónicos. Incluso en las canciones más bailables parecía existir una preocupación que la música no terminaba de resolver.
Esa peculiaridad acabaría convirtiéndose en una de las grandes señas de identidad de TALK TALK.
De "The Party´s Over" a "It´s My Life" - parecía encajar:
El primer álbum, "The Party's Over", apareció en julio de 1982. Producido por Colin Thurston, que había trabajado con David Bowie y Duran Duran, incluía canciones como "Talk Talk", "Today" y "Mirror Man".
Me sigue pareciendo un disco interesante para comprender los comienzos del grupo. Es claramente hijo de su tiempo, con teclados dominantes, ritmos directos y una producción característica de aquellos años. No encuentro motivo para menospreciarlo por su orientación comercial. Las buenas canciones pop requieren oficio, sensibilidad y capacidad para comunicar en pocos minutos.
La evolución empezó a resultar mucho más evidente con "It's My Life", publicado en 1984.
Simon Brenner ya había abandonado la formación y apareció una figura decisiva, Tim Friese-Greene, productor, músico y colaborador en la composición de Mark Hollis. Aunque nunca fue miembro oficial del grupo, su aportación resultaría fundamental para todo lo que vino después.
"It's My Life" contiene dos canciones que siguen funcionando magníficamente, "Such a Shame" y la que da título al álbum. Recomiendo también escuchar "Renée", una composición menos conocida que deja entrever el interés creciente por los arreglos espaciosos y las emociones menos evidentes.
Aquí TALK TALK seguía utilizando sintetizadores, pero las canciones comenzaban a respirar de otra manera. El bajo de Paul Webb adquiría una personalidad más marcada y la batería de Lee Harris aportaba una solidez que acabaría siendo esencial en los siguientes discos.
También las letras parecían alejarse de las fórmulas habituales del pop. La incertidumbre, las relaciones humanas y la dificultad de comprender el propio comportamiento ganaban protagonismo.
Lo interesante es que el grupo estaba obteniendo reconocimiento internacional mientras empezaba a cuestionar el lenguaje musical que había contribuido a su éxito. Aquella contradicción no se resolvió buscando una fórmula más rentable. Se resolvió con un álbum que cambió su trayectoria.
THE COLOUR OF SPRING (1986): Mi disco favorito:
Publicado el 17 de febrero de 1986, "The Colour of Spring" es el tercer álbum de estudio de TALK TALK y, en mi opinión, la puerta de entrada ideal para descubrir el verdadero alcance de su música.
He escrito sobre él anteriormente en este blog, e incluso volví a dedicarle una entrada en 2025. Sigo pensando que merece toda esa atención.
¿Por qué lo considero su mejor disco cuando "Spirit of Eden" y "Laughing Stock" llevaron la experimentación mucho más lejos?
Precisamente porque "The Colour of Spring" es el puente perfecto entre el pop y el post rock. Conserva melodías capaces de conquistar a un público amplio, pero introduce una libertad instrumental y una riqueza de arreglos que anuncian el rumbo de sus siguientes trabajos. No se trata de una transición incompleta. Tiene personalidad propia y funciona extraordinariamente bien de principio a fin.
Mark Hollis y Friese-Greene comenzaron a preparar el material durante 1985, con la intención de reducir el protagonismo de los sintetizadores y trabajar con instrumentos que ofrecieran una respuesta más natural.
El piano acústico, el órgano Hammond, las guitarras, el contrabajo y una amplia variedad de instrumentos de percusión pasaron a ocupar el primer plano. También aparecen recursos menos habituales, como el Mellotron, la melódica y el Variophon, un instrumento electrónico de viento.
La participación de músicos invitados amplió las posibilidades expresivas. Steve Winwood aportó su órgano Hammond, Robbie McIntosh intervino con sus guitarras, Danny Thompson tocó el contrabajo y Mark Feltham contribuyó con su armónica. Todo ello bajo la dirección musical de Hollis y Friese-Greene.
Los nombres son importantes, pero el verdadero mérito está en cómo consiguieron integrar esas aportaciones.
Al escuchar "The Colour of Spring" no tengo la sensación de encontrarme ante una exhibición de grandes instrumentistas. Cada intervención parece estar al servicio de una intención concreta. Una guitarra puede aparecer durante unos segundos, dejar una impresión duradera y desaparecer sin reclamar protagonismo.
Esa forma de construir las canciones sería decisiva en el futuro de TALK TALK.
Ocho canciones para comprender una transformación:
El álbum comienza con "Happiness Is Easy", una composición que ya deja claro que las cosas han cambiado. La batería establece un ritmo contenido, mientras el piano, el bajo y los diferentes instrumentos van dibujando una atmósfera de aparente serenidad.
La entrada de un coro infantil introduce un contraste sorprendente con el contenido de la canción, que permite una lectura crítica de la religión y de ciertas justificaciones morales de la conducta humana. No es una elección decorativa. La inocencia de aquellas voces modifica nuestra percepción del conjunto.
Siempre me ha interesado especialmente esa capacidad de TALK TALK para expresar una emoción mediante el contraste entre lo que escuchamos y lo que se está diciendo.
Después aparece "I Don't Believe in You", con una interpretación vocal que transmite desconfianza y vulnerabilidad. La guitarra de Robbie McIntosh gana intensidad sin romper el carácter introspectivo de la composición.
Y llegamos a "Life's What You Make It".
Su introducción de piano es inmediatamente reconocible. Lee Harris sostiene un ritmo poderoso, la guitarra de David Rhodes aporta tensión y Hollis canta sobre la posibilidad de intervenir en el propio destino.
Es una canción extraordinaria porque admite diferentes formas de escucha. Puedes disfrutarla como uno de los grandes temas pop de los ochenta, pero también detenerte en sus capas instrumentales y descubrir una arquitectura mucho más elaborada de lo que parece.
Además, su mensaje tiene una ambigüedad interesante. El título propone que la vida depende de lo que hacemos con ella, mientras la interpretación de Hollis introduce una gravedad que impide escucharla como una simple declaración optimista.
"April 5th" cambia radicalmente el ambiente. Aquí las pausas cobran importancia y el piano parece avanzar con cautela. La voz se vuelve íntima, casi confidencial, y los instrumentos aparecen de manera gradual.
Es una de las composiciones que más claramente anticipan la sensibilidad de "Spirit of Eden".
Otra de mis favoritas es "Living in Another World", con el órgano de Steve Winwood, un magnífico trabajo de bajo de Paul Webb y la armónica de Mark Feltham. La canción posee un movimiento continuo, pero sus cambios instrumentales hacen que el recorrido resulte imprevisible.
Me gusta especialmente cómo los instrumentos dialogan sin estorbarse. El bajo no se limita a sostener el ritmo y el órgano no funciona como un simple acompañamiento. Cada uno tiene algo que contar.
"Give It Up" incorpora otra dimensión del grupo, con una energía cercana al soul y al blues, pero filtrada por su particular sensibilidad.
En cambio, "Chameleon Day" lleva la música hacia un terreno casi desnudo. Su brevedad contrasta con la riqueza de lo que propone. El tratamiento de la voz y los sonidos de viento crea una sensación de fragilidad que resulta difícil asociar con el TALK TALK de 1982.
Finalmente, "Time It's Time" cierra el álbum con más de ocho minutos de música que parecen despedirse de una etapa y anunciar otra. Las melodías conservan su fuerza, pero el desarrollo instrumental adquiere una libertad poco habitual en el pop comercial.
Cada vez que escucho este final entiendo mejor por qué "The Colour of Spring" sigue siendo mi favorito.
Aquí todavía encuentro canciones que puedo recordar y tararear con facilidad, pero también descubro una manera de organizar la música que obliga a prestar atención a detalles diferentes.
El éxito que permitió dar un paso todavía más arriesgado:
"The Colour of Spring" fue el mayor éxito comercial de TALK TALK como álbum de estudio. Alcanzó el #8 en las listas británicas y obtuvo una excelente recepción en diferentes países europeos. Eso tiene su importancia histórica.
La banda estaba demostrando que podía ampliar su lenguaje musical sin perder completamente el contacto con el gran público. La discográfica tenía motivos para confiar en ellos y el grupo había conseguido una posición desde la que podía afrontar proyectos más ambiciosos.
Hay además una curiosidad cercana para los lectores españoles. En septiembre de 1986, TALK TALK actuó en la Plaza Mayor de Salamanca, dentro del Festival de Radiocadena. Fue una de sus últimas actuaciones antes de abandonar definitivamente las giras.
A partir de entonces, el estudio de grabación se convertiría en el principal espacio de trabajo de Hollis y sus compañeros. Y el concepto tradicional de canción empezaría a quedarse pequeño.
SPIRIT OF EDEN (1988): Encontrando otros caminos:
El 12 de septiembre de 1988 apareció "Spirit of Eden", cuarto álbum de TALK TALK. Conviene imaginar el desconcierto que debió provocar en quienes esperaban nuevas canciones del estilo de "Life's What You Make It".
El disco contiene seis composiciones que se alejan de las estructuras tradicionales del pop. Algunas se desarrollan lentamente, otras introducen cambios bruscos de intensidad y prácticamente todas permiten que los instrumentos ocupen espacios que antes habrían pertenecido a una voz o un estribillo.
Aquí las influencias del jazz, la música clásica contemporánea, el folk, el blues y las corrientes más experimentales del rock resultan mucho más evidentes.
Mark Hollis admiraba a músicos como Miles Davis, John Coltrane y compositores como Erik Satie, Claude Debussy y Béla Bartók. Lo interesante de "Spirit of Eden" es que esas referencias no aparecen como citas reconocibles, sino como parte de una concepción musical muy personal.
La grabación comenzó en mayo de 1987 en los estudios Wessex de Londres y se prolongó durante aproximadamente diez meses.
Las sesiones se desarrollaron frecuentemente en un ambiente de oscuridad, acompañado por proyecciones de luz. El ingeniero Phill Brown describió posteriormente aquellas jornadas como un proceso intenso, con numerosas horas dedicadas a probar interpretaciones y posibilidades instrumentales.
Hollis y Friese-Greene trabajaron con músicos invitados que grababan improvisaciones extensas. Después seleccionaban fragmentos, modificaban las estructuras y construían las composiciones a partir de aquel material.
Este detalle me parece fundamental para comprender el resultado. "Spirit of Eden" puede transmitir la impresión de estar escuchando a un conjunto que interpreta libremente una música espontánea, pero detrás existe un trabajo enorme de selección, montaje y organización. La aparente naturalidad es fruto de decisiones muy precisas.
Escuchar "The Rainbow", "Desire" e "I Believe in You":
"The Rainbow" abre el álbum con una introducción que se desarrolla lentamente. Una armónica parece surgir a lo lejos, mientras el acompañamiento va adquiriendo forma.
El oyente necesita adaptarse a otra escala temporal. Los acontecimientos musicales no obedecen a la necesidad de alcanzar rápidamente un estribillo.
"Eden" continúa ese recorrido y "Desire" introduce momentos de una intensidad extraordinaria. La tranquilidad puede desaparecer de repente ante una batería poderosa, un cambio de volumen o una intervención vocal cargada de emoción.
Por eso no estoy completamente de acuerdo cuando se describe "Spirit of Eden" como un álbum exclusivamente tranquilo o relajante.
Tiene momentos de una violencia sonora considerable. Precisamente ese contraste entre la contención y los estallidos instrumentales constituye una de sus grandes virtudes.
"I Believe in You" merece una atención especial. Su letra aborda el daño provocado por la heroína y la desesperación que rodea la dependencia. Hollis evita convertir el asunto en una narración convencional y utiliza una interpretación profundamente emotiva.
El álbum concluye con "Wealth", una pieza de carácter espiritual que deja una sensación distinta de las tensiones anteriores.
No necesito encontrar una explicación literal para cada pasaje. Me interesa cómo la música construye un estado emocional que cambia mientras escucho.
Para mí, "Spirit of Eden" es uno de los discos más importantes del rock experimental de los años 80 (siglo xx), no porque pretenda ser difícil, sino porque demuestra hasta dónde puede llegar una banda cuando decide abandonar las expectativas asociadas a su propio éxito.
LAUGHING STOCK (1991) - El último capítulo:
Después de "Spirit of Eden", las relaciones con EMI se deterioraron y acabaron derivando en conflictos legales. Paul Webb dejó la formación y TALK TALK pasó a trabajar con Polydor, que publicó su último álbum a través del sello Verve.
Mark Hollis, Lee Harris y Tim Friese-Greene continuaron explorando el camino anterior, nuevamente con Phill Brown como ingeniero de sonido y con la colaboración de numerosos instrumentistas. Pero conviene no considerar este quinto álbum como una simple continuación de "Spirit of Eden".
Encuentro en "Laughing Stock" una atmósfera más austera, a veces inquietante. Las guitarras, el órgano, los instrumentos de viento y las intervenciones de percusión parecen surgir de espacios muy diferentes.
El álbum comienza con "Myrrhman", una composición que exige acostumbrarse a una manera distinta de escuchar. Los sonidos aparecen lentamente y dejan entre ellos un espacio considerable. La voz de Hollis interviene con una discreción que no disminuye su intensidad.
En "Ascension Day" encontramos otra cara del grupo, con una batería más agresiva y un desarrollo instrumental que acumula tensión hasta su brusca conclusión.
"After the Flood" es uno de los momentos que más me impresionan. El órgano adquiere un protagonismo particular y la composición avanza sobre una base repetitiva, atravesada por sonidos que alteran su aparente estabilidad.
En mi entrada anterior dedicada a este disco ya destaqué su capacidad para ampliar la definición de lo que entendemos por música rock. Sigo pensando lo mismo, aunque con el tiempo me interesa todavía más su dimensión humana.
Porque "Laughing Stock" no es únicamente una colección de experimentos con instrumentos y técnicas de grabación. Hay dolor, esperanza, incertidumbre y una extraña sensación de búsqueda en muchas de sus composiciones.
"New Grass" ofrece uno de sus momentos más luminosos. La guitarra mantiene un movimiento delicado y la batería contribuye a una sensación de calma que contrasta con la intensidad de otros pasajes.
El álbum termina con "Runeii", una despedida de enorme contención.
Siempre me ha parecido significativo que el último disco de TALK TALK finalice de esta manera. No hay una conclusión espectacular ni un intento de resumir todo lo anterior. La música sencillamente llega a su término.
Poco después, la banda dejó de existir como proyecto activo.
Quedaron cinco álbumes de estudio y una influencia que crecería con el paso de los años.
¿Inventaron el Post Rock?
Esta pregunta aparece inevitablemente cuando se habla de los últimos trabajos de Mark Hollis.
El término post rock empezó a adquirir su significado moderno durante los años 90, especialmente a partir de los textos del periodista Simon Reynolds sobre grupos como Bark Psychosis y su álbum "Hex", de 1994.
Sin embargo, varios de los principios asociados al género ya estaban presentes en "Spirit of Eden" y "Laughing Stock". La idea de utilizar los instrumentos habituales del rock sin sentirse obligado a reproducir sus estructuras tradicionales abrió posibilidades enormes.
Una guitarra podía crear una atmósfera en lugar de sostener un riff. La batería podía introducir un cambio emocional sin marcar continuamente el ritmo. Una composición podía avanzar durante varios minutos sin necesidad de alternar estrofa y estribillo.
Posteriormente, bandas como Slint, Bark Psychosis, Tortoise, Mogwai o Godspeed You! Black Emperor explorarían, cada una a su manera, algunos de esos territorios.
No creo que resulte especialmente útil adjudicar la invención de todo un género a un solo grupo. La música se transforma mediante influencias, intercambios y descubrimientos que suelen producirse de forma simultánea.
Pero sí considero que TALK TALK ocupa una posición decisiva en esa historia.
Cuando escucho sus últimos álbumes encuentro una conexión evidente con algunas de las propuestas más interesantes del rock alternativo posterior. También puedo reconocer su sensibilidad en determinados trabajos de Radiohead, Elbow o artistas que han incorporado el silencio y los arreglos poco convencionales a su música.
Lo importante es que esa influencia no ha borrado la personalidad de los originales. "Spirit of Eden" sigue sonando a "Spirit of Eden". "Laughing Stock" sigue siendo un disco difícil de confundir con cualquier otro.
Y "The Colour of Spring" conserva su extraordinario equilibrio entre el instinto melódico y la curiosidad experimental.
MARK HOLLIS
Hasta ahora he hablado de los discos, pero sería imposible explicar mi admiración por TALK TALK sin detenerme en la figura de Mark Hollis.
Nacido en Londres en 1955, fue un músico que evolucionó considerablemente a lo largo de su carrera. Su voz mantuvo siempre ciertas características reconocibles, pero aprendió a utilizarla de maneras muy diferentes.
En los primeros álbumes proyectaba las melodías con una intensidad cercana al soul. En los últimos parecía buscar una relación más estrecha entre la palabra, la respiración y los instrumentos.
No necesitaba llenar todos los espacios disponibles.
También me interesa su aproximación a la composición. Mark Hollis demostraba una curiosidad evidente por el jazz y la música clásica, pero no parecía preocupado por exhibir esas influencias como credenciales culturales. Quería encontrar una música que respondiera a sus propias necesidades expresivas.
Naturalmente, TALK TALK no fue un proyecto individual. El papel de Friese-Greene en la composición y la producción resulta inseparable de su desarrollo. La batería de Lee Harris y el bajo de Paul Webb contribuyeron decisivamente al carácter de los primeros discos y a la transformación posterior. Recordarlo evita convertir una historia colectiva en el relato simplificado de un genio aislado.
Hollis fue una figura central, pero sus ideas adquirieron forma gracias al trabajo compartido con músicos extraordinarios.
Su decisión de retirarse progresivamente de la actividad pública también forma parte de su historia, aunque prefiero no romantizarla.
No conocemos todos los motivos personales que llevaron a un artista a alejarse de los escenarios y de la industria musical. Sabemos que dio prioridad a su vida familiar y que dejó de publicar discos de manera habitual.
Me parece suficiente.
Mark Hollis falleció en febrero de 2019, a los 64 años. Su obra, sin embargo, continúa encontrando nuevos oyentes.
Recomiendo TALK TALK a los nuevos oyentes:
Si has llegado hasta aquí y todavía no conoces a TALK TALK, voy a proponerte una forma de aproximarte a su música. No hace falta empezar por sus grabaciones más experimentales ni entender qué significa exactamente el post rock.
Puedes comenzar escuchando "It's My Life" y "Such a Shame". Son dos canciones magníficas que permiten reconocer el contexto musical de los 80, una época mucho más variada de lo que sugieren algunas recopilaciones nostálgicas.
Después pondría "The Colour of Spring" completo. No únicamente sus canciones más famosas. Me parece importante escuchar "Happiness Is Easy", pasar por "April 5th" y llegar al final de "Time It's Time" para comprender cómo funciona el álbum en su conjunto.
Cuando ese lenguaje te resulte familiar, "Spirit of Eden" y "Laughing Stock" tendrán mucho más sentido.
También puede suceder lo contrario. Tal vez conozcas a Sigur Rós, Radiohead, Mogwai o alguna propuesta contemporánea de música instrumental y descubras primero los últimos discos de TALK TALK. En ese caso, regresar a "It's My Life" puede resultar una sorpresa considerable.
No existe un recorrido obligatorio.
Lo que sí aconsejo es dedicarles una escucha completa, sin convertir cada canción en una prueba que debe superarse durante sus primeros treinta segundos.
Y no lo digo como una crítica a los hábitos de los jóvenes. Hoy tenemos un acceso extraordinario a la música de cualquier época, algo que habría parecido ciencia ficción hace unas décadas. El problema no es la abundancia, sino la facilidad con la que podemos pasar de una propuesta a otra sin llegar a conocer ninguna.
Una discografía como la de TALK TALK recompensa esa pequeña inversión de atención.
También permite descubrir un aspecto de la historia del rock que a menudo queda oculto cuando todo se reduce a artistas famosos, canciones de éxito y cifras de ventas.
Hay grupos cuya importancia reside en haber modificado las posibilidades creativas de quienes llegaron después. Para mí, TALK TALK pertenece a esa categoría.
LOS CINCO ÁLBUMES
En mi ranking personal de los mejores álbumes de TALK TALK, "The Colour of Spring" sigue ocupando el primer puesto. No porque considere inferiores a "Spirit of Eden" o "Laughing Stock", sino porque encuentro en él una combinación especialmente emocionante de composición, interpretación y descubrimiento musical.
Los cinco discos tienen su propio valor.
"The Party's Over" permite conocer el punto de partida. "It's My Life" muestra a una banda que empieza a definir una personalidad diferente. "The Colour of Spring" consigue reunir sus aspiraciones artísticas con una extraordinaria capacidad para escribir canciones memorables. "Spirit of Eden" descubre nuevas posibilidades de expresión y "Laughing Stock" lleva esa búsqueda hasta un territorio todavía más personal.
Vistos en conjunto, ofrecen una historia de transformación poco habitual.
Lo que más admiro de la banda es que no pareció interesado en construir una carrera basada en repetir aquello que mejor había funcionado. Sus integrantes aceptaron que la música podía cambiar a medida que cambiaban sus intereses.
Por supuesto, esa decisión tuvo consecuencias comerciales. También permitió que hoy podamos hablar de una obra que conserva una identidad muy reconocible.
Al regresar a sus álbumes sigo encontrando detalles que antes me habían pasado inadvertidos. A veces es una línea de bajo, una intervención de guitarra o el modo en que la voz de Hollis entra después de un pasaje instrumental. Otras veces descubro una relación diferente entre dos canciones que conozco desde hace años.
Esa es una de las razones por las que continúo recomendándolos.
No necesito que todos los lectores compartan mi entusiasmo ni que coincidan con mi elección del mejor disco. Me conformo con despertar la curiosidad suficiente para que alguien decida escuchar algo que hasta ahora desconocía.
Quizá termines prefiriendo las melodías de "It's My Life". Puede que "Spirit of Eden" te resulte más emocionante que "The Colour of Spring", o que encuentres en "Laughing Stock" una experiencia musical completamente nueva. Cualquiera de esas posibilidades me parece una buena noticia.
Y todavía queda una última grabación por descubrir.
MARK HOLLIS (1998) - La despedida en solitario:
Siete años después de "Laughing Stock", Mark Hollis regresó con un álbum que llevaba simplemente su nombre.
"Mark Hollis", publicado el 26 de enero de 1998, fue su primer y único disco de estudio en solitario.
Ya le dediqué una entrada específica en este blog porque considero que forma parte esencial de su legado. Si has seguido el recorrido de TALK TALK hasta aquí, sería una pena dejarlo fuera.
El álbum continúa algunas de las exploraciones de los dos últimos trabajos de la banda, pero con una diferencia importante. Su sonido resulta todavía más acústico, íntimo y contenido.
El jazz de cámara, la música clásica y determinadas formas del folk parecen ocupar el espacio que antes compartían con las estructuras del rock.
La participación de antiguos colaboradores, entre ellos Robbie McIntosh, Martin Ditcham y Mark Feltham, permitió mantener cierta continuidad musical. Phill Brown volvió a encargarse de la ingeniería de sonido, mientras Hollis asumió la producción. Tim Friese-Greene no participó en el proyecto.
El resultado posee una personalidad muy distinta de lo que habitualmente se espera de un álbum firmado por el antiguo cantante de un grupo de éxito. No hay intento alguno de recuperar las canciones comerciales del pasado.
La primera composición se titula "The Colour of Spring", una referencia que inevitablemente despierta recuerdos del tercer álbum de TALK TALK, aunque se trata de una canción diferente.
El piano y la voz establecen desde el principio el carácter del disco. Los sonidos aparecen con una claridad extraordinaria y las pausas permiten percibir la respiración de la interpretación.
En "Watershed", la trompeta de Henry Lowther introduce un color cercano al jazz. No necesita imponerse sobre el resto de instrumentos para transformar la atmósfera.
"The Daily Planet" incorpora clarinetes, fagotes y otros instrumentos de viento que aportan un movimiento más animado, sin abandonar el carácter reservado del conjunto.
"A Life (1895-1915)" es otra composición fundamental. Sus diferentes secciones crean una sensación de desarrollo que recuerda, por momentos, a las aspiraciones más ambiciosas de TALK TALK, aunque el tratamiento instrumental resulta más ligero.
También recomiendo "Westward Bound", una pieza que permite apreciar la relación entre el fraseo vocal de Hollis y los pequeños movimientos de la instrumentación.
Una de las cosas que más me interesan de este álbum es su sonido de grabación.
Phill Brown utilizó una técnica basada en dos micrófonos principales, situando a los músicos en el espacio según la posición que debían ocupar en la imagen sonora final. El procedimiento ayudó a conservar una impresión natural de los instrumentos y del ambiente de la sala.
Esa cercanía transforma la experiencia de escucha. Se percibe el carácter físico de la interpretación, la forma en que cada sonido ocupa un lugar y desaparece.
No encuentro aquí la densidad de "Laughing Stock" ni los grandes contrastes de "Spirit of Eden". La música parece concentrarse en elementos cada vez más pequeños.
Mark Hollis había manifestado su admiración por grabaciones de Miles Davis con Gil Evans, como "Sketches of Spain" y "Porgy and Bess". Su interés por los arreglos que crean atmósferas sin imponerse al oyente ayuda a comprender la dirección de este trabajo.
Escuchado desde la perspectiva actual, "Mark Hollis" constituye una conclusión coherente para una trayectoria extraordinaria. No porque podamos conocer las intenciones definitivas de su autor, sino porque recoge y desarrolla algunas de las inquietudes que habían recorrido toda su carrera.
Después de su publicación, Hollis se apartó prácticamente de la actividad discográfica, aunque realizó algunas colaboraciones puntuales.
Su legado principal quedó reunido en los cinco álbumes de TALK TALK y en este último trabajo firmado con su nombre.
Siempre he pensado que esa discografía merece un lugar destacado en cualquier conversación seria sobre la evolución de la música popular durante las últimas décadas del siglo XX.
Pero tampoco quiero terminar convirtiendo una recomendación personal en una lección de historia. Prefiero invitarte a escuchar.
Si todavía no conoces a TALK TALK, empieza por cualquier canción que despierte tu curiosidad. Si ya te gustan sus discos, quizá esta entrada sea una buena excusa para regresar a ellos. Y si nunca has escuchado el álbum de Mark Hollis de 1998, te animo especialmente a descubrirlo.
En este blog de música seguiré hablando de su música, porque continúa formando parte de mis escuchas favoritas.
Pocas bandas me han ofrecido un recorrido tan estimulante desde una canción pop de tres o cuatro minutos hasta composiciones que parecen cuestionar todo lo que aprendimos sobre cómo debe sonar un disco de rock.
A veces vuelvo a "It's My Life" por el puro placer de escuchar una gran canción de los ochenta. Otras elijo "The Colour of Spring" y termino recorriendo sus ocho temas. Y cuando me apetece algo completamente diferente, regreso a "Spirit of Eden", "Laughing Stock" o al álbum en solitario de Hollis.
Todos forman parte de la misma historia. Una historia que comenzó con una banda de pop británica y terminó dejando una de las discografías más singulares que conozco. Y eso, para un aficionado a la música, ya es motivo suficiente para seguir hablando de TALK TALK.
En estos tiempos modernos estamos tan acostumbrados a recibir estímulos que a veces confundimos estar entretenidos con sentir algo. Una canción aparece, nos gusta durante treinta segundos, pasamos a la siguiente y continuamos buscando. Quizá por eso me resulta tan interesante que Fontaines D.C. hayan decidido llamar "Dopamine Chamber" a su quinto álbum. El título parece sacado de un laboratorio dedicado a estudiar nuestros deseos, aunque lo que encontramos dentro tiene bastante más que ver con las contradicciones humanas que con la ciencia.
ALBUM: Dopamine Chamber
El disco, publicado el 16 de octubre de 2026, es una invitación a entrar en un territorio donde la belleza y la incomodidad conviven. Once canciones que reúnen rock alternativo, electrónica, melodías de apariencia familiar y una oscuridad que no necesita imponerse a gritos. James Ford vuelve a encargarse de la producción, después de haber trabajado con el grupo en Romance, de 2024.
Lo que más me llama la atención de esta nueva etapa es que Fontaines D.C. ya no parecen interesados en demostrar lo intensos que pueden llegar a ser. Prefieren explorar qué sucede cuando reducen la velocidad y dejan que una canción crezca a su propio ritmo. Y lo hacen sin perder esa personalidad extraña, romántica y ligeramente amenazante que siempre los ha distinguido.
La urgencia del rock irlandés a un universo propio:
Para quienes descubran ahora a Fontaines D.C., merece la pena retroceder unos años. La banda nació en Dublín y está formada por Grian Chatten, Carlos O'Connell, Conor Curley, Conor Deegan y Tom Coll. En 2019 publicaron Dogrel, un debut lleno de guitarras nerviosas, poesía urbana y una manera de cantar que parecía surgir directamente de las calles.
Después llegaron A Hero's Death, en 2020, y Skinty Fia, en 2022. Ambos ampliaron su lenguaje musical mientras abordaban cuestiones como la identidad, el desarraigo y las relaciones personales. Pero el gran cambio llegó con Romance. Sus canciones incorporaron sonidos electrónicos, melodías más expansivas y una sensibilidad cercana al pop de los años ochenta y noventa.
A quienes conozcan a Arctic Monkeys les resultará familiar esa voluntad de no quedarse atrapados en el sonido que los hizo populares. Incluso comparten productor, James Ford, y ambos grupos coincidieron durante la gira norteamericana de Arctic Monkeys en 2023. Sin embargo, Fontaines D.C. han desarrollado una personalidad reconocible. Donde otros buscan elegancia o sofisticación, ellos parecen fascinados por las grietas que se esconden detrás.
"Dopamine Chamber" continúa el camino iniciado en Romance, pero introduce una diferencia importante. Ahora el espacio importa tanto como las notas. Hay silencios, instrumentos que aparecen inesperadamente y canciones que parecen respirar antes de revelar su verdadera naturaleza.
De Viena a Palermo:
La historia de "Dopamine Chamber" también tiene algo de cuaderno de viaje. Mientras la banda recorría escenarios durante la gira de Romance, sus integrantes siguieron componiendo. Grian Chatten encontró parte de la inspiración lejos del ruido habitual, especialmente durante un breve recorrido por Viena y Venecia.
Esta última ciudad resulta particularmente apropiada para el imaginario del álbum. Su arquitectura, su historia y esa belleza amenazada por el paso del tiempo conectan con muchas de las inquietudes que aparecen en las canciones. En una entrevista, Chatten explicó que había escrito en iglesias venecianas, rodeado de una grandeza que también le recordaba la fragilidad de las cosas.
La grabación principal tuvo lugar en Decoy Studios, en Suffolk, Inglaterra. Las voces, en cambio, terminaron registrándose en una casa de Palermo, donde Grian Chatten y Ford improvisaron una pequeña cabina de grabación utilizando colchones y cojines.
Me gusta esa imagen. Un grupo capaz de llenar enormes recintos, preparando sus canciones entre estudios profesionales y soluciones domésticas. Hay algo especialmente humano en ese contraste, más aún tratándose de un álbum preocupado por la distancia creciente entre nuestra vida emocional y el mundo tecnológico.
Sintetizadores y guitarras:
El disco comienza con "Six Shot Morning", una pieza que establece inmediatamente las nuevas reglas. El bajo avanza con una insistencia casi mecánica, mientras los sintetizadores dibujan una atmósfera fría y la batería aparece contenida. La voz de Grian Chatten ocupa el centro sin necesidad de levantar el volumen. Después, la canción se abre y adquiere una dimensión inesperada.
Esa capacidad para modificar la temperatura emocional de una composición recorre todo el disco. "Marianne", uno de sus adelantos, utiliza una base rítmica hipnótica y una interpretación vocal seductora que resulta difícil de descifrar. No sabemos si quien canta está ofreciendo refugio o preparando una trampa. Precisamente ahí reside buena parte de su atractivo.
En "Mimesis" encuentro ecos de New Order y Pet Shop Boys, artistas que entendieron que una melodía luminosa podía convivir perfectamente con una letra desoladora. Es una de esas canciones que invitan a moverse antes de prestar atención a lo que están contando.
Las guitarras conservan su protagonismo, aunque ahora aparecen de forma más calculada. En "Happy For You" irrumpen con una fuerza cercana al grunge, rompiendo la delicadeza inicial. "Demolition" recupera parte del nervio de sus primeros discos, mientras "Tongue" se aproxima a los ritmos fragmentados del trip hop y juega con un bajo distorsionado.
Pero lo verdaderamente interesante sucede cuando el grupo decide contenerse. Los arreglos de cuerda de "One Man", la sensibilidad acústica de "Japan" y los cambios de intensidad de "You Miss Me" muestran distintas maneras de construir tensión sin recurrir constantemente al volumen.
También merece atención la evolución de Chatten como cantante. Su antigua interpretación áspera ha dado paso a una voz más flexible, capaz de sonar cálida, distante o inquietante según lo requiera cada historia. Sigue teniendo ese acento inconfundible, pero ahora aprovecha los matices con mucha más libertad.
Amor, pantallas y la necesidad de desaparecer:
Detrás de esta riqueza musical aparece una pregunta que atraviesa todo el álbum: ¿adónde vamos cuando necesitamos escapar?
Vivimos rodeados de pequeñas recompensas inmediatas. Consultamos una notificación, buscamos aprobación, cambiamos de contenido y repetimos el proceso. Mientras tanto, cuestiones enormes como la crisis climática, las guerras o el futuro de la inteligencia artificial compiten por nuestra atención con vídeos absurdos y fotografías de vacaciones.
Fontaines D.C. no convierten esa contradicción en un sermón sobre los peligros de los teléfonos. Prefieren observar cómo transforma nuestra forma de relacionarnos, de desear y de soportar la incertidumbre.
En "Japan", por ejemplo, la dulzura musical contrasta con una relación desequilibrada, donde el afecto parece confundirse con la necesidad de poseer. "Happy For You" se mueve por territorios similares, mostrando cómo una separación puede mezclar ternura, resentimiento y pequeñas crueldades.
La cuestión no es únicamente tecnológica. El disco habla de personas que buscan sentirse vivas, incluso cuando esa búsqueda acaba haciéndoles daño. Y quizá sea esa la idea que mejor conecta con una generación acostumbrada a tener miles de posibilidades al alcance de la mano y, al mismo tiempo, grandes dificultades para encontrar satisfacción.
Rosalía y Fontaines D.C.:
Una de las sorpresas del álbum es "Where Is Gone?", la colaboración con la española Rosalía. Sobre el papel puede parecer un encuentro improbable, pero basta pensar en la trayectoria de ambos artistas para encontrar afinidades. Comparten el interés por las tradiciones musicales y una curiosidad constante por llevarlas hacia lugares inesperados.
La canción se construye alrededor de una instrumentación delicada, con guitarras, violines y una batería que acompaña sin imponerse. Su aire cinematográfico me recuerda a las colaboraciones de Lee Hazlewood y Nancy Sinatra, aunque trasladadas a un paisaje mucho menos inocente.
Rosalía aporta una expresividad distinta a la de Chatten. Donde una voz parece abrirse emocionalmente, la otra introduce distancia. Ese intercambio convierte la canción en una conversación entre dos personas que quizá ya no consiguen comprenderse.
El resultado posee una belleza antigua, casi de banda sonora, y demuestra que la ambición musical de Fontaines D.C. no depende exclusivamente de las guitarras. También pueden emocionar dejando espacio entre los instrumentos.
Un disco sobre nuestro tiempo:
El cierre, "Intimate", recupera los sintetizadores y conduce el álbum hacia una conclusión de dimensiones casi apocalípticas. La música crece, la batería gana fuerza y la voz parece observar los restos de algo que alguna vez consideramos permanente.
No encuentro aquí un mensaje tranquilizador, pero tampoco creo que esa sea la intención. Dopamine Chamber habla de una época desconcertante utilizando recursos musicales que proceden de décadas muy diferentes. Hay huellas del rock de los noventa, del pop electrónico de los ochenta y de una tradición de canciones románticas que se remonta mucho más atrás.
Esa mezcla ayuda a explicar por qué Fontaines D.C. conectan con públicos distintos. Sus referencias pueden resultar familiares a quienes crecieron escuchando a The Cure o Depeche Mode, mientras que su tratamiento del sonido y sus inquietudes culturales dialogan directamente con oyentes más jóvenes.
Personalmente, lo que me interesa de su música es esa resistencia a simplificar las emociones. Una canción puede ser hermosa y perturbadora a la vez. Podemos sentir nostalgia por algo que nunca hemos conocido. Incluso la música más sombría puede proporcionarnos placer sin necesidad de prometer que todo terminará bien.
Y ahí aparece la gran paradoja de "Dopamine Chamber". Un álbum que reflexiona sobre nuestra dependencia de los estímulos consigue captar nuestra atención precisamente a través de ellos. La diferencia es que, en lugar de pedirnos que pasemos inmediatamente a otra cosa, nos invita a permanecer.
Disco recomendado
Si todavía no conoces a Fontaines D.C., este quinto disco puede ser una excelente puerta de entrada a su universo. No necesitas haber seguido su evolución ni conocer todas sus influencias para disfrutarlo. Mi recomendación es escucharlo con auriculares y sin mirar el teléfono cada pocos minutos. Después, si te apetece, vuelve a los álbums de Dogrel o Romance para descubrir de dónde procede todo esto. Para los amantes del rock alternativo, del pop menos previsible y, especialmente, para los más jóvenes que buscan música con personalidad, "Dopamine Chamber" ofrece algo que escasea entre tantas novedades fugaces: canciones que merecen quedarse contigo más tiempo del que dura una reproducción. Buscarlo.
Video del tema "Marianne":
Tracklist:
1."Six Shot Morning"4:56 2."Marianne"3:45 3."Mimesis"3:51 4."Happy for You"3:48 5."Demolition"3:19 6."Tongue"3:13 7."One Man"4:58 8."Where Is Gone?" (with Rosalía)5:16 9."You Miss Me"3:35 10."Japan"3:15 11."Intimate"3:57
Fontaines D.C.
Grian Chatten – voz, guitarra
Carlos O'Connell – guitarra, sintetizadores, efectos (pistas 6, 7)
Conor Curley – guitarra
Conor Deegan – bajo, coros
Tom Coll – batería, percusión, caja de ritmos (pista 1)
Ex-ejecutivo de discográficas multinacionales como BMG, EMI, PolyGram/Universal Music y Sony Music. Veterano de la industria musical y melómano, dedicado a compartir discos, bandas y sonidos que dejaron huella. En este blog encontrarás reseñas de álbumes y recomendaciones de artistas que marcaron época, moviéndose entre géneros esenciales como el rock, blues, punk, post-rock, electrónica, jazz y hip hop. Aquí conviven clásicos imprescindibles con lanzamientos de culto poco conocidos, siempre desde la escucha atenta y la experiencia acumulada a lo largo de los años dentro y fuera de la industria. Si te interesa descubrir música más allá de lo evidente, volver a discos que siguen diciendo cosas y ampliar tu colección, has llegado al sitio adecuado. Descubre más música: Un universo por escuchar.
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