Antes de que la new wave se convirtiera en un sonido reconocible y antes de que el atuendo musical DEVO se hiciera mundialmente famoso con la canción "Whip It", la banda ya había dejado grabado un debut extraño, incisivo y sorprendentemente divertido. "Q: Are We Not Men? A: We Are Devo!" apareció en 1978 como una especie de experimento pop lleno de guitarras nerviosas, humor ácido y una idea central tan absurda como provocadora: tal vez la humanidad no está evolucionando, sino retrocediendo. Para quienes solo conocen a DEVO por su etapa más popular, este disco es una puerta fascinante a una banda mucho más inquieta, irónica y creativa de lo que suele recordarse. A continuación quiero detenerme en dicho álbum y en lo que lo hace tan especial dentro de la historia del rock.
ALBUM: Q: Are We Not Men? A: We Are Devo!
Hay nombres que el tiempo reduce a una sola imagen. En el caso de DEVO, para mucha gente esa imagen sigue siendo "Whip It", del video, los sombreros rojos, raro, la sensación de estar ante una banda inteligente pero un poco freaky. Todo eso forma parte de su historia, claro, pero quedarse ahí es perderse lo mejor. Antes de convertirse en un símbolo reconocible de la new wave, DEVO había grabado un debut que todavía hoy conserva algo inquietante, algo juguetón y algo profético. "Q: Are We Not Men? A: We Are Devo!", publicado en 1978, no es solo el primer disco de la banda. Es también una manera de mirar el mundo, una forma de convertir la ansiedad social en canciones cortantes, memorables y extrañamente adictivas.
Para quien no conozca a DEVO, este álbum funciona muy bien como primera toma de contacto, aunque conviene entrar en él con la mente abierta. No es un disco amable en el sentido convencional (jajajaja). No busca gustar de inmediato con melodías cálidas o una energía heroica. Lo suyo es otra cosa. Aquí hay humor, sí, pero un humor envenenado. Hay ritmos que invitan a moverse, pero también te obligan a caminar de lado. Hay estribillos pegadizos, aunque a veces suenen como si los hubiera escrito una sociedad secreta de escolares mutantes, oficinistas neuróticos y científicos chiflados. Y, sin embargo, todo encaja.
Eso es lo primero que me interesa transmitir en este blog post pensada como introducción a los lectores que no los conozcan. DEVO no era una extravagancia vacía. No era una banda rara porque sí. Detrás de su apariencia absurda había una idea muy clara del ser humano, de la cultura de masas y de la estupidez organizada de la vida moderna.
La teoría de la de-evolución:
Para entender por qué "Q: Are We Not Men? A: We Are Devo!" suena como suena, conviene detenerse un momento en su origen. Las canciones fueron escritas entre 1974 y 1977, y varias ya habían sido tocadas en directo bastante antes de la grabación del álbum. "Jocko Homo", por ejemplo, existía desde 1974 y se interpretó en directo en 1975. En 1977, DEVO ya había presentado en concierto prácticamente todo el repertorio que acabaría formando el disco. No estamos, por tanto, ante un debut improvisado, sino ante la cristalización de una idea que llevaba tiempo tomando forma.
Pero la historia del grupo no se puede separar del contexto del que salió. Mark Mothersbaugh y Gerald Casale habían sido estudiantes en Kent State University, una universidad marcada para siempre por la matanza de 1970, cuando la Guardia Nacional mató a cuatro estudiantes durante una protesta contra la guerra. Ese episodio no explica por sí solo la filosofía de DEVO, pero ayuda a entender su mirada. Ellos veían un mundo que no avanzaba de manera racional o luminosa, sino uno que parecía degradarse entre violencia, propaganda, conformismo y consumo automático. De ahí nació su famosa teoría de la de-evolución, no como doctrina científica, sino como una sátira seria, una forma de decir que quizá la especie humana no iba exactamente hacia arriba.
En ese sentido, el título del disco ya es toda una declaración. "Q: Are We Not Men? A: We Are Devo!" juega con la idea de identidad, de especie, de tribu y de degradación. Hay algo teatral en esa pregunta y esa respuesta, algo entre el eslogan político, el mantra absurdo y el canto de secta pop. Y eso define muy bien el tono del álbum, que siempre está moviéndose entre lo ridículo y lo perturbador.
Brian Eno:
El disco se grabó entre octubre de 1977 y febrero de 1978, sobre todo en Colonia, Alemania Occidental, y fue producido por Brian Eno. A veces se cita su nombre como si bastara para explicar el sonido del álbum, pero aquí lo importante es cómo Eno entendió a la banda. No intentó convertirla en algo elegante ni suavizar sus aristas. Lo que hizo fue dar claridad a una propuesta que ya era filosa de por sí. El resultado suena limpio, pero no pulido en exceso. Preciso, pero nunca cómodo.
Quien llegue esperando el DEVO más sintetizado de años posteriores se va a encontrar con una banda todavía muy aferrada a la guitarra, al bajo y a la batería. Los sintetizadores están ahí, claro, pero más como textura, como baba electrónica, como interferencia, que como elemento dominante. Eso le da al álbum una posición muy interesante dentro de la pop culture de finales de los setenta. No es del todo punk, no es del todo art rock, no es del todo synth pop. Parece estar empujando varias puertas a la vez.
Lo que más me impresiona cada vez que lo escucho es su sentido del ritmo. Muchas canciones parecen funcionar como máquinas mal calibradas, a punto de desarmarse, pero nunca pierden la cohesión. Alan Myers, en la batería, tiene mucho que ver con eso. Su forma de tocar sostiene los cambios bruscos, las aceleraciones, los cortes y esos patrones que hacen que el cuerpo quiera seguir la canción pero la cabeza tarde un segundo más en entender por dónde va. Gerald Casale, por su parte, construye líneas de bajo fundamentales, tensas, elásticas, a menudo más importantes de lo que parece en una primera escucha. Encima de todo eso, las guitarras de Bob Mothersbaugh y Bob Casale entran con riffs oblicuos, punzantes, casi caricaturescos, pero muy eficaces.
Y luego está Mark Mothersbaugh, que no canta como un frontman tradicional ni falta que hace. Recita, espeta, declama, se burla, se acelera, aúlla. Hay algo de David Byrne en ciertos gestos, aunque Mark tiene una vena más de científico loco y menos de urbanita elegante. Su voz es clave porque convierte cada canción en una pequeña escena.
Reírse con incomodidad:
"Uncontrollable Urge" abre el álbum con una energía que me sigue pareciendo desarmante. No entra, irrumpe. Todo en ella transmite urgencia física y nerviosa. Las guitarras se abalanzan, la base rítmica cambia de intensidad, la voz de Mark parece empujar el tema hacia delante con una mezcla de deseo, ansiedad y comicidad. Como presentación de la banda resulta perfecta, porque ahí ya está casi todo, la tensión, el gancho, el sarcasmo, el componente corporal, la sensación de que el impulso humano más básico puede ser al mismo tiempo ridículo y peligroso.
Después llega la versión de "(I Can’t Get No) Satisfaction", que sigue siendo una de las decisiones más brillantes del álbum. En lugar de reverenciar el clásico de los Rolling Stones, DEVO lo desmonta y lo reconstruye como si fuera un objeto industrial defectuoso. La sensualidad desaparece, la soltura también. Queda una versión rígida, espasmódica, casi anti sexual. Y precisamente por eso funciona. Donde Mick Jagger convertía la frustración en carisma, DEVO la transforma en alienación real, en desconexión, en torpeza social. Es una gran lección sobre cómo una versión puede reinterpretar el sentido de una canción sin perder su núcleo.
"Praying Hands" es otro de los momentos centrales para entender la propuesta del grupo. En ella, DEVO mezcla instrucciones cotidianas, rituales religiosos y obediencia automática con una melodía casi infantil y una estructura que roza la opereta deformada. Aquí se ve muy bien uno de sus grandes talentos, decir cosas incómodas sin ponerse solemnes. La canción se ríe de los hábitos, de la moral aprendida, de la fe repetida sin reflexión, pero lo hace desde una forma lúdica, pegadiza, nada sermoneadora.
"Space Junk" introduce otra tonalidad. Siempre me ha gustado mucho porque, debajo de su apariencia casi juguetona, hay una tristeza rara. Parte de una idea absurda, la muerte causada por basura espacial, y la convierte en un retrato de la paranoia moderna. La canción avanza entre ironía y fatalismo, como si el desastre contemporáneo pudiera llegar en forma de noticia extravagante, estadística ridícula o miedo amplificado por la imaginación. Ahí DEVO toca algo muy contemporáneo, nuestra capacidad para vivir rodeados de amenazas improbables y aun así sentir que todas son inminentes.
"Mongoloid", quizá una de sus composiciones más polémicas en apariencia, ha sido a menudo malinterpretada si se toma de forma literal o superficial. Lo que hace la canción, en realidad, es ridiculizar la arrogancia de la supuesta normalidad, esa comodidad del ciudadano medio que trabaja, encaja y presume de superioridad moral o intelectual mientras se comporta como un autómata. Musicalmente es irresistible. El bajo sostiene todo con una firmeza magnífica y los pequeños gestos del sintetizador deforman el paisaje como un espejo torcido.
Y luego está "Jocko Homo", el gran manifiesto del álbum, una de esas canciones que explican por sí solas por qué DEVO fue una banda tan singular. El famoso estribillo en forma de pregunta y respuesta es brillante porque suena a juego de patio de colegio, a canto de hinchada, a consigna política y a ritual de iniciación al mismo tiempo. El riff en compás irregular contribuye a esa sensación de extrañeza. No es una canción pensada para acomodarte, sino para descentrarte. Y, sin embargo, tiene un poder de convocatoria enorme. Uno la escucha y entiende enseguida por qué debió de funcionar tan bien en directo.
En la segunda mitad del disco, "Too Much Paranoias" lleva la tensión a un terreno casi histérico, con guitarras que parecen sirenas de alarma y una atmósfera de saturación consumista. "Gut Feeling" me parece uno de los grandes logros ocultos del álbum, porque construye una progresión magnífica, lenta y absorbente, antes de desembocar en algo más brusco y febril. "Come Back Jonee" aporta un giro más de rock torcido, con un punto casi paródico en sus adornos de guitarra. "Sloppy" refuerza la veta humorística del grupo, y "Shrivel Up" cierra el disco de una manera menos explosiva, más insidiosa, como si la locura no terminara con una detonación sino con una mueca helada.
Un disco entre el punk, la sátira y el laboratorio pop:
Una de las cosas más valiosas de este álbum es que no se deja reducir fácilmente. Se suele hablar de DEVO como una banda de new wave, y lo es, claro, pero aquí todavía se nota mucho el empuje del punk, aunque pasado por un filtro más cerebral y más raro. Si uno piensa en Blondie o en The Clash, ve de inmediato una conexión con la época. Si piensa en Talking Heads o XTC, encuentra también parentescos en el nervio y la ironía. Pero DEVO va por otro camino. Tiene algo de los Mothers of Invention en la sátira absurda, algo de Kraftwerk en la idea de lo mecánico, algo de la tradición experimental estadounidense y algo, incluso, de música infantil deformada para adultos desencantados.
Esa mezcla es lo que hace que el disco conserve tanta personalidad. No suena a imitación de nadie. Ni siquiera cuando uno detecta referencias, el resultado parece derivativo. Más bien parece el trabajo de una banda que había entendido que el final de los setenta exigía nuevos lenguajes para describir un mundo saturado de mensajes, productos, consignas y comportamientos automáticos.
Lo que el álbum sigue diciendo:
Lo fascinante de "Q: Are We Not Men? A: We Are Devo!" es que su crítica no ha perdido filo. Cuando DEVO hablaba de de-evolución no estaba haciendo una teoría científica, sino una sátira del conformismo, de la estupidez organizada, del ser humano manipulado por su entorno cultural. Eso, escuchado hoy, no suena antiguo. Al contrario. Suena incómodamente vigente.
El disco habla de obediencia, consumo, paranoia, identidad, deseo y alienación. Habla de gente que repite, compra, acata, se asusta, se integra y se deshumaniza. Pero no lo hace desde un tono lúgubre o grandilocuente, sino con humor negro, con teatralidad, con una energía casi caricaturesca. Esa es una de sus mayores virtudes. No pontifica. No da lecciones. Te invita a bailar mal mientras te deja una idea inquietante zumbando en la cabeza.
Y quizá por eso funciona tan bien hoy. Porque suena como una advertencia, sí, pero también como un placer genuino. No hace falta estudiar el contexto al detalle para disfrutarlo. Basta con dejarse arrastrar por sus ritmos nerviosos, sus coros extraños, sus letras aparentemente tontas y su manera tan singular de juntar diversión y desasosiego.
Por qué sigue gustando hoy:
Si alguien me preguntara por dónde entrar en DEVO, yo diría que este disco es la mejor puerta posible si lo que busca no es solo una colección de canciones pegadizas, sino una personalidad artística completa. Aquí ya están sus obsesiones, su humor, su rareza y su capacidad para retratar el absurdo del mundo moderno sin perder nunca el pulso musical.
No es un álbum perfecto en el sentido académico, ni falta que le hace. Tiene algo mejor, identidad, riesgo y una visión que atraviesa todo el repertorio. Además, muchas de sus mejores ideas han envejecido con una naturalidad sorprendente. Lo que en 1978 pudo parecer una excentricidad de culto, hoy se escucha como uno de esos discos que supieron encontrar un lenguaje propio para hablar de la vida contemporánea.
Disco recomendado
Así que mi recomendación para los lectores del blog es muy clara. Si solo conoces a DEVO por "Whip It", escucha "Q: Are We Not Men? A: We Are Devo!" con paciencia y curiosidad. Entra en él como quien se adentra en una feria de espejos deformantes, donde cada reflejo hace gracia al principio y da un poco de miedo después. Puede que al terminar no salgas tarareando una melodía bonita al uso, pero sí con la sensación de haber descubierto una banda que entendió muy pronto que el mundo moderno no iba a sonar redondo, iba a sonar torcido, eléctrico, neurótico y brillantemente humano.
Video de tema "(I Can't Get No) Satisfaction":
Tracklist (LP original):
Cara A:
1. "Uncontrollable Urge" 3:09
2. "(I Can't Get No) Satisfaction" Mick Jagger, Keith Richards 2:40
3. "Praying Hands" 2:47
4. "Space Junk" 2:14
5. "Mongoloid" 3:44
6. "Jocko Homo" 3:40
Cara B:
1. "Too Much Paranoias" 1:57
2. "Gut Feeling" / "(Slap Your Mammy)" 4:54
3. "Come Back Jonee" 3:47
4. "Sloppy (I Saw My Baby Gettin')" 2:40
5. "Shrivel-Up" 3:05
Devo:
- Mark Mothersbaugh – voz, teclados, guitarra
- Gerald Casale – voz, bajo, teclados
- Bob Mothersbaugh – guitarra principal, voz
- Bob Casale – guitarra rítmica, teclados, voz
- Alan Myers – batería
Técnica:
Brian Eno – productor, sintetizador, coros













