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NEIL YOUNG - Tonight’s the Night: duelo y rock inmortal

Antes de entrar en el disco "Tonight’s the Night", conviene dejar una idea sobre la mesa: Neil Young no llegó a este disco buscando hacer una obra oscura, ni un manifiesto contra el éxito, ni una pieza de culto para futuros coleccionistas. Llegó exhausto, golpeado por la muerte de dos personas muy cercanas y bastante lejos del lugar cómodo al que el álbum "Harvest" lo había llevado apenas unos años antes. Por eso este álbum no se escucha como una colección de canciones perfectamente ordenadas, sino como una noche larga en la que una banda intenta mantenerse en pie tocando para sus amigos ausentes. Ahí empieza su rareza, quizás también su grandeza.

ALBUM: Tonight’s the Night


Cuando escuché "Tonight’s the Night", no tuve la sensación de entrar en un disco, sino en una habitación mal iluminada a la que nadie me había invitado. Se oye una banda que parece tocar demasiado tarde, con demasiadas copas encima y demasiado dolor en el cuerpo. Neil Young no canta como quien quiere convencer a nadie. Canta como quien acaba de recibir una noticia terrible y todavía no sabe qué hacer con ella.

ALBUM: Tonight’s the Night - Neil Young

Publicado en junio de 1975, aunque grabado casi dos años antes, entre agosto y septiembre de 1973, "Tonight’s the Night" es el sexto álbum de estudio de Neil Young y una de las obras más extrañas, incómodas y diría, necesarias de la música rock de los años setenta (siglo XX). No es un disco perfecto en el sentido pulido de la palabra. De hecho, su grandeza está precisamente en lo contrario, en su voz rota, sus tempos torcidos, sus pianos tambaleantes, sus guitarras que entran como si empujaran una puerta medio cerrada.

Después de Harvest:


Para entender mejor este álbum hay que recordar dónde estaba Neil Young en 1972. Venía de publicar Harvest, un disco enorme, popular, ubicuo, de esos que durante años aparecían en cualquier tienda de segunda mano junto a Carole King o Cat Stevens. "Heart of Gold" lo había colocado en el centro de la carretera, en ese lugar donde el éxito se vuelve cómodo para todos menos para quien lo ha escrito.

Young, sin embargo, no parecía hecho para quedarse ahí. La celebridad le pesaba. La limpieza de aquel country folk emocional empezaba a sonarle demasiado segura. En las notas de Decade escribiría después que viajar por el medio de la carretera se volvió aburrido, así que se fue hacia la cuneta. "Tonight’s the Night" es, probablemente, el punto más oscuro de ese desvío.

Neil Young 1975

También es el cierre de la llamada "Ditch Trilogy", junto a Time Fades Away y On the Beach. Tres discos que parecen escritos contra la comodidad, contra la imagen del cantautor sensible y domesticado, contra la idea de que el éxito cura algo. Aquí no cura nada. Aquí solo deja más espacio para escuchar el ruido.

Danny Whitten, Bruce Berry y una banda tocando para los fantasmas:


El corazón del álbum late alrededor de dos muertes. Danny Whitten, guitarrista y voz de Crazy Horse, murió en noviembre de 1972 tras ser apartado de los ensayos de la gira de Harvest porque ya no podía tocar. Bruce Berry, roadie cercano al círculo de Young, murió de sobredosis de heroína en junio de 1973. Dos pérdidas demasiado cercanas, demasiado concretas, demasiado culpables.

Por eso el disco empieza nombrando a Bruce Berry. No como símbolo, sino como persona. "Bruce Berry was a working man", canta Young en la canción titular, y esa frase tiene algo casi documental. No está intentando construir una gran metáfora sobre la muerte. Está diciendo, este hombre existió, cargaba una furgoneta, recogía guitarras, cantaba cuando la noche se vaciaba, y ahora ya no está.

La grabación se hizo en buena parte en Studio Instrument Rentals, el negocio fundado por Bruce Berry y su hermano Ken. No era un estudio lujoso, sino un espacio de ensayo con un escenario pequeño. Young, el productor David Briggs y la banda se reunían allí por la noche. Bebían, hablaban, jugaban, esperaban a que algo pasara. Cuando pasaba, grababan.

La banda, conocida como Santa Monica Flyers, estaba formada por Neil Young, Ben Keith a la pedal steel guitar, Nils Lofgren al piano y la guitarra, y la sección rítmica de Crazy Horse, Billy Talbot al bajo y Ralph Molina a la batería. No suenan como músicos contratados para hacer un trabajo impecable. Suenan como supervivientes intentando seguir juntos.

Un sonido sucio, vulnerable y extrañamente hermoso:

Lo fascinante de "Tonight’s the Night" es que muchas veces parece a punto de derrumbarse, pero nunca se cae del todo. La voz de Neil Young se quiebra en las notas altas, especialmente en "Mellow My Mind", donde el esfuerzo físico de cantar ya cuenta parte de la historia. El piano de "Speakin’ Out" entra con una torpeza casi doméstica, como si alguien hubiera encendido la grabadora antes de que todos estuvieran preparados. Y, sin embargo, esa falta de preparación es el alma del álbum.

Algunos discos que usan la crudeza como pose. Este no. Aquí la crudeza parece una consecuencia natural de no tener fuerzas para fingir. En 1973, mientras otros artistas exploraban las posibilidades más sofisticadas del estudio, Young grababa un disco que parecía venir del fondo de una trastienda. Frente a la precisión elegante de Steely Dan o el brillo controlado del rock californiano, Neil Young eligió la madera húmeda, el amplificador saturado, el micrófono demasiado cerca, el silencio incómodo después de una frase.

Y en medio de todo aparece Ben Keith, que es uno de los grandes secretos emocionales del álbum. Su pedal steel guitar no suaviza el dolor, lo estira. En "Albuquerque", sus notas parecen nubes lentas sobre una carretera vacía. Young canta sobre querer encontrar un lugar donde a nadie le importe quién es, y Keith convierte esa huida en una imagen sonora preciosa, amplia, casi cinematográfica.

"Borrowed Tune" es otro de esos momentos que se quedan pegados. Young admite que ha tomado prestada la melodía de "Lady Jane" de los Rolling Stones porque está demasiado gastado para escribir la suya. Podría sonar como una broma, pero no lo es. Es una confesión de agotamiento creativo, emocional y físico. Lo que en otro artista sería descuido, aquí se vuelve verdad.

El final de los años sesenta:


Aunque "Tonight’s the Night" nace del duelo personal, también habla de una época que se estaba descomponiendo. En "Roll Another Number", Young se distancia de Woodstock con una frase que suena a despedida generacional. Ya no hay helicópteros, comunas luminosas ni promesas de paz universal. Hay cansancio, habitaciones vacías, drogas que han dejado de parecer una aventura y amigos que no vuelven.

En ese sentido, el disco conversa con obras como Berlin de Lou Reed o There’s a Riot Goin’ On de Sly and the Family Stone. No porque suenen igual, sino porque comparten una misma intuición, la fiesta de los sesenta había terminado, y alguien tenía que recoger los vasos rotos. Sly lo hizo desde el funk envenenado. Lou Reed desde el teatro de la devastación urbana. Neil Young lo hizo desde un rock de carretera, borracho, rural, casi fantasmal.

"Tired Eyes" quizá sea el punto más sombrío. La canción cuenta una historia de violencia, cocaína y hombres muertos en un campo abierto, pero Young la canta como si apenas pudiera articularla. No hay morbo. Hay desgaste. Esa manera de decir “tell me more” suena menos a curiosidad que a alguien atrapado en una conversación que preferiría no haber empezado nunca.

Y luego está "Come On Baby Let’s Go Downtown", grabada en directo en 1970 con Danny Whitten cantando al frente. Es una canción viva, eléctrica, casi alegre, pero dentro de este álbum se vuelve escalofriante. Escuchamos a Whitten antes del desastre, cantando sobre salir, buscar, arder. Su presencia no funciona como homenaje solemne. Funciona como un fantasma que de pronto se sienta a la mesa.

Por qué se debe recuperar:


Con los años, "Tonight’s the Night" ha sido reconocido como uno de los grandes discos de Neil Young y del rock estadounidense. Llegó al número 25 del Billboard 200, pero su importancia no se mide por ventas. Su legado está en haber demostrado que un álbum podía ser grande sin sonar acabado, que la emoción no siempre llega ordenada, que el duelo también puede parecer una banda tocando demasiado fuerte a las tres de la mañana.

Neil Young

No es un disco fácil para entrar en Neil Young. Quizá por eso me parece una puerta magnífica para una generación acostumbrada a canciones limpias, mezclas perfectas y emociones empaquetadas en tres minutos. Aquí todo respira de otra manera. Las canciones no intentan gustarte de inmediato. Te miran desde un rincón y esperan a que te acerques.

Escribo sobre "Tonight’s the Night" porque todavía me sorprende. Porque cada vez que lo escucho encuentro algo nuevo en su aparente desorden, una línea de bajo que empuja con dignidad, un golpe de batería que llega medio segundo tarde y por eso parece más humano, una frase de Young que no pretende ser poética y acaba siéndolo.

Disco recomendado


Mi recomendación es sencilla, escuchadlo entero, de noche si puede ser, sin convertirlo en una pieza de museo. No busquéis un clásico respetable. Buscad un álbum herido, vivo, incómodo, lleno de humo y de cariño por los que ya no están. Tonight’s the Night no consuela, pero acompaña. Y a veces, en la música, eso vale mucho más.

Video del tema "Tonight´s the Night":

Tracklist (formato LP):

Cara A:

1. "Tonight's the Night" (4:39)

Neil Young – piano, voz; Nils Lofgren – guitarra; Ben Keith – guitarra pedal steel, voz; Billy Talbot – bajo; Ralph Molina – batería, voz. Grabado en S.I.R., Hollywood, 26/08/1973. Producido por David Briggs y Neil Young.

2. "Speakin' Out" (4:56)
Neil Young – piano, voz; Nils Lofgren – guitarra; Ben Keith – guitarra pedal steel, voz; Billy Talbot – bajo; Ralph Molina – batería. Grabado en S.I.R., Hollywood, 26/08/1973. Producido por David Briggs y Neil Young.

3. "World on a String" (2:27)
Neil Young – guitarra, armónica, voz; Nils Lofgren – piano; Ben Keith – guitarra pedal steel; Billy Talbot – bajo; Ralph Molina – batería, voz. Grabado en S.I.R., Hollywood, 26/8/1973. Producido por David Briggs y Neil Young.

4. "Borrowed Tune" (3:26)
Neil Young – piano, armónica, voz. La letra, de Young, está basada en la melodía de "Lady Jane" de Mick Jagger/Keith Richards. Tanto el título como la letra ("Estoy cantando esta melodía prestada / que tomé de los Rolling Stones") indican el origen de la canción.
Grabado en Studio, Broken Arrow Ranch, 5/12/1973. Producido por Neil Young.

5."Come On Baby Let's Go Downtown" (3:35)
Neil Young – guitarra, voz; Danny Whitten – guitarra, voz; Jack Nitzsche – piano; Billy Talbot – bajo; Ralph Molina – batería, voz
Grabado en Fillmore East, Nueva York, 7 de marzo de 1970. Producido por David Briggs y Neil Young.

6. "Mellow My Mind" (3:07)
Neil Young – guitarra, armónica, voz; Nils Lofgren – piano; Ben Keith – guitarra pedal steel; Billy Talbot – bajo; Ralph Molina – batería. Grabado en S.I.R., Hollywood, 26 de agosto de 1973. Producido por David Briggs y Neil Young.

Cara B:

1. "Roll Another Number (For the Road)" (3:02)
Neil Young – guitarra, voz; Nils Lofgren – piano, voz; Ben Keith – guitarra pedal steel, voz; Billy Talbot – bajo; Ralph Molina – batería, voz
Grabado en S.I.R., Hollywood, 9 de septiembre de 1973. Producido por David Briggs y Neil Young.

2. "Albuquerque" (4:02)
Neil Young – guitarra, voz; Nils Lofgren – piano, voz; Ben Keith – guitarra pedal steel, voz; Billy Talbot – bajo; Ralph Molina – batería, voz. Grabado en S.I.R., Hollywood, 13/09/1973. Producido por David Briggs y Neil Young.

3. "New Mama" (2:11)
Neil Young – guitarra, voz, vibráfono; Nils Lofgren - piano; Ben Keith – voz; Ralph Molina – voz; George Whitsell – voz. Grabado en S.I.R., Hollywood, 10/09/1973. Producido por David Briggs y Neil Young.

4. "Lookout Joe" (3:57)
Neil Young – guitarra, voz; Ben Keith – guitarra slide, voz; Tim Drummond – bajo; Jack Nitzsche – piano; Kenny Buttrey – batería
Grabado en Studio, Broken Arrow Ranch, 15/12/1972. Producido por Elliot Mazer y Neil Young.

5. "Tired Eyes" (4:38)
Neil Young – guitarra, armónica, voz; Nils Lofgren – piano, voz; Ben Keith – guitarra pedal steel, voz; Billy Talbot – bajo, voz; Ralph Molina – batería, voz.Grabado en S.I.R., Hollywood, 26/08/1973. Producido por David Briggs y Neil Young.

6. "Tonight's the Night – Part II" (4:52)
Neil Young – piano, voz; Nils Lofgren – guitarra; Ben Keith – guitarra pedal steel, voz; Billy Talbot – bajo; Ralph Molina – batería, voz. Grabado en S.I.R., Hollywood, 13/09/1973. Producido por David Briggs y Neil Young.

Músicos:

  • Neil Young – voz; guitarra en "World on a String", "Come On Baby Let's Go Downtown", "Mellow My Mind", "Roll Another Number", "Albuquerque", "New Mama", "Lookout Joe" y "Tired Eyes"; piano en "Tonight's the Night", "Speakin' Out" y "Borrowed Tune"; armónica en "World on a String", "Borrowed Tune" y "Mellow My Mind"; vibráfono en "New Mama"

  • Ben Keith – guitarra de pedal steel, voz en "Tonight's the Night", "Speakin' Out", "Roll Another Number", "Albuquerque" y "Tired Eyes"; guitarra de pedal steel en "World on a String" y "Mellow My Mind"; voz en "New Mama" Guitarra slide y voz en "Lookout Joe"

  • Nils Lofgren: piano en "World on a String", "Mellow My Mind", "Roll Another Number", "Albuquerque", "New Mama" y "Tired Eyes"; voz en "Roll Another Number", "Albuquerque" y "Tired Eyes"; guitarra en "Tonight's the Night" y "Speakin' Out"

  • Danny Whitten: voz y guitarra eléctrica en "Come On Baby Let's Go Downtown"

  • Jack Nitzsche: piano eléctrico en "Come On Baby Let's Go Downtown" Piano en "Lookout Joe"

  • Billy Talbot – Bajo en todos los temas excepto "Borrowed Tune", "New Mama" y "Lookout Joe"

  • Tim Drummond – Bajo en "Lookout Joe"

  • Ralph Molina – Batería y voz en todos los temas excepto "Borrowed Tune", "New Mama" y "Lookout Joe"

  • Kenny Buttrey – Batería en "Lookout Joe"

  • George Whitsell – Voz en "New Mama"

WEEZER - Blue Album, el debut que marcó una época

Pocos discos han conseguido capturar tan bien esa mezcla entre inseguridad, humor, frustración y entusiasmo que acompaña a ciertos momentos de la juventud como "Weezer". Publicado en 1994, el debut de la banda WEEZER convirtió las obsesiones nerd, las guitarras distorsionadas y las melodías irresistibles en algo profundamente generacional, abriendo un camino distinto dentro del rock alternativo de los noventa. Décadas después, sigue siendo un álbum capaz de conectar tanto con quien lo escucha por primera vez como con quienes vuelven a él buscando reencontrarse con una parte concreta de su vida.

ALBUM: Weezer (The Blue Album)


En algún momento entre los riffs gigantes de Kiss, las melodías nerviosas de The Cars y la sensibilidad torpe de un adolescente que no sabe muy bien cómo encajar en el mundo, nació uno de los discos más importantes del rock alternativo de los noventa (siglo XX). El debut de Weezer, publicado el 10 de mayo de 1994 y conocido universalmente como "The Blue Album", sigue sonando como una contradicción deliciosa: un álbum enorme y vulnerable al mismo tiempo, lleno de humor absurdo, ansiedad social, guitarras pesadas y estribillos capaces de quedarse contigo durante semanas.

Weezer (The Blue Album)

Lo curioso es que, cuando apareció, el contexto no parecía especialmente favorable para una banda como Weezer. El grunge dominaba absolutamente todo. Nirvana había cambiado las reglas del juego, Pearl Jam llenaba estadios y Soundgarden representaba esa mezcla de oscuridad y distorsión que parecía marcar el tono emocional de la época. En medio de todo aquello apareció Rivers Cuomo con unas gafas enormes, melodías casi power pop, referencias a cómics y letras que sonaban más a diario personal que a manifiesto generacional. Y, contra todo pronóstico, funcionó.

Cómo nació "The Blue Album":


La historia detrás del disco explica bastante bien por qué sigue teniendo tanta personalidad hoy en día. Weezer se formó en Los Ángeles en 1992 con Rivers Cuomo, Patrick Wilson, Matt Sharp y Jason Cropper. Al principio no conseguían conectar con el público local. Las salas querían grupos oscuros, agresivos y atormentados. Weezer, en cambio, parecía demasiado raro para encajar del todo en aquella escena.

Weezer - banda

Rivers Cuomo tampoco era precisamente el típico líder carismático del rock alternativo. Su infancia en Yogaville, una comunidad espiritual bastante aislada de Connecticut, había sido extraña incluso para los estándares más alternativos posibles. Descubrió a la banda Kiss siendo niño y aquello le explotó la cabeza. Desde entonces entendió que la música podía funcionar como refugio, armadura e identidad. Más adelante, ya instalado en Los Ángeles, comenzó a absorber influencias mucho más amplias mientras trabajaba en Tower Records y descubría a Pixies, Sonic Youth o The Velvet Underground.

La banda grabó una maqueta llamada The Kitchen Tape intentando llamar la atención de las discográficas, y terminó funcionando. Geffen Records los fichó en 1993 y el grupo eligió a Ric Ocasek, líder de The Cars, como productor. Y sinceramente, cuesta imaginar una decisión mejor. Ocasek entendió perfectamente lo que hacía especiales a Weezer: esa mezcla entre guitarras musculosas y melodías pop gigantescas que parecían diseñadas para sonar tanto en un garaje como en una radio universitaria.

Gran parte del disco se grabó en Electric Lady Studios, en Nueva York, entre agosto y septiembre de 1993. Durante aquellas sesiones ocurrió además un cambio importante. Jason Cropper abandonó el grupo y fue sustituido por Brian Bell, una decisión que la banda justificó diciendo que la química interna se estaba deteriorando. Aun así, el resultado final transmite una cohesión impresionante. Todo parece estar exactamente donde debe.

Un sonido que convirtió la timidez en algo épico:


Escuchar "The Blue Album" hoy sigue siendo una experiencia bastante peculiar porque continúa sonando fresco sin intentar aparentarlo. El disco combina la pegada del rock alternativo noventero con una sensibilidad pop casi obsesiva. Las guitarras son gruesas, compactas y extremadamente precisas. De hecho, la banda llegó a trabajar los arreglos de guitarra y bajo como si fueran un único instrumento de diez cuerdas tocando al unísono. Esa decisión explica buena parte de la fuerza tan particular que tiene el álbum.

Pero lo realmente especial está en cómo toda esa contundencia convive con canciones profundamente vulnerables. Rivers Cuomo canta muchas veces como alguien que está intentando parecer seguro mientras se derrumba por dentro. Y precisamente ahí aparece la magia del disco.

"My Name Is Jonas" abre el álbum con una guitarra acústica que poco a poco se transforma en un estallido eléctrico enorme. Tiene algo cinematográfico, como si la banda estuviera presentando su propio universo en menos de cuatro minutos. Las armonías vocales, el crescendo final y esa sensación de movimiento constante convierten la canción en una de las mejores aperturas de un debut noventero.

Después llega "No One Else", probablemente una de las canciones más incómodas del disco vistas desde hoy. Cuomo escribe desde una mentalidad inmadura, posesiva y claramente adolescente. Y aunque el tema funciona melódicamente de forma impecable, también refleja ciertas inseguridades masculinas bastante evidentes. Lo interesante es que The Blue Album nunca intenta parecer moralmente perfecto. Más bien funciona como una colección de pensamientos contradictorios, exagerados y emocionalmente impulsivos.

Entre la ironía y la fragilidad:


Parte del encanto del álbum está precisamente en esa capacidad para sonar divertido y triste al mismo tiempo. "Buddy Holly" quizá sea el mejor ejemplo. A simple vista parece una canción desenfadada, casi cómica, pero en el fondo es un pequeño himno sobre sentirse fuera de lugar. El estribillo es gigantesco, la guitarra tiene un tono brillante absolutamente inolvidable y el solo central acabó convirtiéndose casi en una firma sonora de Weezer.

Además, el videoclip dirigido por Spike Jonze ayudó enormemente a transformar la canción en un fenómeno cultural. Insertar a la banda dentro del universo de Happy Days (serie de TV) era exactamente el tipo de humor nerd y autorreferencial que definiría gran parte de la identidad de Weezer durante años.

"Undone – The Sweater Song" sigue siendo fascinante porque parece construida alrededor del caos emocional. Las conversaciones absurdas entre estrofas contrastan con un estribillo lleno de ansiedad y sensación de derrumbe interno. Cuomo utiliza la imagen del jersey deshaciéndose como metáfora de alguien que pierde poco a poco el control de sí mismo. Y aun así, el tema nunca deja de ser pegadizo.

Luego aparece "Say It Ain’t So", probablemente la canción más emocionalmente devastadora del disco. Inspirada en el alcoholismo del padrastro de Cuomo y el miedo a repetir ciertos patrones familiares, la canción combina confesión personal y explosión guitarrera de forma magistral. El riff principal sigue siendo uno de los más reconocibles del rock alternativo de los noventa.

El refugio de los nerds:


Hay una razón por la que tantas personas sienten una conexión emocional tan fuerte con este disco. "The Blue Album" entendió algo fundamental antes que muchísimas bandas posteriores: sentirse raro también podía ser una identidad compartida.

"In The Garage" resume perfectamente esa idea. Cuomo canta sobre jugar a Dungeons & Dragons, escuchar discos, leer cómics y refugiarse lejos del juicio ajeno. En manos de otra banda podría haber sonado irónico o paródico. Weezer, en cambio, lo convierte en algo genuinamente emotivo.

Esa sensibilidad acabaría influyendo enormemente en el rock alternativo y el emo de décadas posteriores. Sin "The Blue Album" resulta difícil imaginar parte de la música que llegaría después, desde Jimmy Eat World hasta bandas mucho más recientes que entendieron que la vulnerabilidad también podía convivir con riffs enormes y melodías pop.

El arte de construir un final perfecto:


Y luego está "Only In Dreams". Ocho minutos que justifican por sí solos la leyenda del disco.

La canción comienza de forma mínima, casi tímida, apoyándose en una línea de bajo hipnótica mientras los instrumentos se van acumulando lentamente. Cuomo canta sobre idealización, deseo y distancia emocional con una mezcla de inocencia y obsesión que resulta completamente universal cuando tienes cierta edad.

Weezer - banda

Lo extraordinario es cómo la canción crece poco a poco hasta desembocar en uno de los mejores clímax instrumentales del rock alternativo de los noventa. Las guitarras se entrelazan, la batería empuja cada vez con más intensidad y el tema termina alcanzando una sensación casi liberadora. No necesita artificios. Solamente paciencia, melodía y emoción real.


Por qué "The Blue Album" mola:


Muchos discos importantes terminan convirtiéndose en piezas de museo. "The Blue Album" no. Sigue vivo porque continúa hablando el mismo idioma emocional que cuando apareció en 1994.

Quizá tenga que ver con su honestidad imperfecta. Con esa mezcla de arrogancia juvenil, inseguridad, humor absurdo y tristeza silenciosa. O quizá simplemente sea porque las canciones son extraordinarias. Ric Ocasek consiguió una producción limpia pero poderosa, capaz de resaltar tanto las guitarras masivas como las melodías irresistibles que atraviesan todo el álbum.


Disco recomendado


Décadas después, el debut de Weezer sigue siendo uno de esos raros discos capaces de acompañarte en distintas etapas de la vida. Cuando eres adolescente parece entender exactamente cómo te sientes. Y cuando vuelves a él siendo adulto, funciona como una cápsula emocional que todavía conserva intacta toda su energía.

Si alguien nunca ha escuchado "The Blue Album", este sigue siendo el momento perfecto para hacerlo. No solamente porque contiene algunas de las mejores canciones del rock alternativo de los noventa, sino porque recuerda algo que la música a veces olvida: ser vulnerable, raro y emocionalmente torpe también puede sonar enorme.

Video del tema "Only in Dreams":


Tracklist:

1. "My Name Is Jonas" 3:23
2. "No One Else" 3:14
3. "The World Has Turned and Left Me Here" 4:26
4. "Buddy Holly" 2:40
5. "Undone – The Sweater Song" 5:05
6. "Surf Wax America" 3:04
7. "Say It Ain't So" 4:18
8. "In the Garage" 3:56
9. "Holiday" 3:26
10. "Only in Dreams" 8:03

Weezer:

  • Rivers Cuomo – voz, guitarra, sintetizador Korg y palmas en «Buddy Holly»
  • Brian Bell – guitarra (solo en los créditos), voz
  • Matt Sharp – bajo, voz
  • Patrick Wilson – batería, voz en "Holiday"


  • Mykel Allan – diálogo en "Undone – The Sweater Song"
  • Karl Koch – palmas en "Buddy Holly", diálogo y piano en "Undone – The Sweater Song".

Producción:

Ric Ocasek – productor

SONIC YOUTH - Smart Bar: Chicago 1985 - Live Album

Antes de que Sonic Youth se convirtiera en una referencia inevitable del rock alternativo, hubo noches pequeñas, escenarios pegajosos y conciertos donde todo parecía a punto de descarrilar. El disco "Smart Bar: Chicago 1985" nos devuelve a uno de esos momentos en los que una banda todavía no era leyenda, pero ya sonaba como si quisiera incendiar el mapa. Este directo no solo documenta un concierto en Chicago, también captura la tensión creativa de cuatro músicos empujando la guitarra eléctrica hacia territorios nuevos, incómodos y excitantes. Entrar en este álbum es escuchar el ruido justo antes de que la historia cambiara.

ALBUM: Smart Bar: Chicago 1985


Hay álbumes en directo que sirven para cerrar una etapa. Y luego están los que hacen justo lo contrario: abrir una puerta al pasado para enseñarnos el instante exacto en que una banda todavía no sabía que iba a cambiar la historia. "Smart Bar: Chicago 1985", publicado el 13 de noviembre de 2012 por Goofin’ Records, pertenece a esa segunda categoría. No es un grandes éxitos en directo ni una celebración nostálgica. Es una grabación cruda, irregular y eléctrica que captura a Sonic Youth cuando aún eran una promesa peligrosa del subsuelo americano.

SONIC YOUTH - Smart Bar: Chicago 1985 - Live Album

Escuchar este álbum de nuevo hoy es como entrar en una sala pequeña de Chicago una noche de agosto de 1985 y descubrir, entre humo, cables y amplificadores al límite, que algo importante estaba ocurriendo delante de tus ojos.

Cuando el rock alternativo todavía no tenía nombre:


En 1985 el rock independiente no era una industria ni una etiqueta de escaparate. Era una red artesanal de fanzines, cartas por correo, conciertos en clubes pequeños y giras sin dinero. Lee Ranaldo lo explicó años después: "aquello era un mundo previo a internet, donde las conexiones se hacían cara a cara, con vinilos como tarjeta de presentación y con la sensación de que todo estaba por inventar".

Mientras la radio estadounidense se rendía al glam metal y al exceso, en otra parte del mapa surgían bandas que empujaban el lenguaje del rock hacia zonas menos cómodas. Hüsker Dü aceleraba el punk hacia la melodía, Butthole Surfers convertía el caos en espectáculo y Sonic Youth retorcía la guitarra eléctrica hasta hacerla hablar en otro idioma.

El concierto del Smart Bar se produjo pocos meses después de la salida de Bad Moon Rising, segundo álbum oficial del grupo. Ese disco había supuesto una ruptura deliberada con su material anterior: nuevas afinaciones, nuevas estructuras y una atmósfera obsesiva, casi cinematográfica. Pero además había un cambio decisivo en la formación. Bob Bert había salido de la banda y entraba Steve Shelley, baterista joven, preciso y feroz, que terminaría siendo una pieza esencial en la identidad de Sonic Youth.

Cómo nació este álbum en directo:


Durante años, la leyenda de Sonic Youth en vivo circuló sobre todo entre cintas piratas y grabaciones de fans. Por eso "Smart Bar: Chicago 1985" tiene tanto valor documental. Se trata de la grabación multi-pista más antigua conocida de un concierto de la banda. Parte del inicio del show tuvo que completarse con una cinta doméstica tomada entre el público, detalle que lejos de perjudicar el resultado lo vuelve más humano.

Sonic Youth

Llegó en 2012, poco después del parón indefinido provocado por la separación de Thurston Moore y Kim Gordon. Algunos lo vieron como una excavación oportunista del archivo. Yo lo veo de otro modo: una oportunidad de escuchar a Sonic Youth antes de convertirse en referencia obligatoria. Antes de Daydream Nation, antes de influir en Nirvana, antes de que la palabra "alternativo" acabara domesticada por el mercado.

El sonido: ruido con arquitectura interna:


Lo primero que impresiona del álbum es su energía física. No suena limpio, tampoco pretende hacerlo. Suena vivo. Las guitarras de Moore y Ranaldo chirrían, zumban, se cruzan como cables pelados. Hay feedback, drones, golpes metálicos, silencios tensos y ráfagas de distorsión que parecen improvisadas aunque en realidad responden a una lógica interna muy precisa.

Steve Shelley cambia por completo la dinámica. Donde Bob Bert era más tosco y tribal, Shelley introduce impulso, movimiento y una extraña elegancia rítmica. Basta escuchar "Brave Men Run (In My Family)" para notar cómo la batería empuja la canción hacia delante sin perder oscuridad.

La producción mantiene una cercanía casi táctil. Se oye la sala, se percibe el volumen, incluso ciertos defectos técnicos suman atmósfera. Este no es un disco para audiófilos, es un disco para quienes quieren sentir el aire vibrando frente al amplificador.

Canciones que mutan:


Gran parte del repertorio procede del disco Bad Moon Rising, pero muchas canciones aquí superan en intensidad a sus versiones de estudio.

"Death Valley ’69" aparece como una amenaza real. La introducción de guitarra tiene algo de remolino industrial, como si Swans se encontrara con Television en un túnel oscuro. Kim Gordon sustituye el dramatismo de Lydia Lunch con una interpretación más seca, más callejera, más hostil.

"I Love Her All The Time" conserva su hipnosis, pero en directo adquiere un pulso casi romántico bajo capas de ruido. Es una canción hermosa escondida dentro de un accidente controlado.

"Ghost Bitch" se vuelve más agresiva, menos literaria y más punk. Gordon no canta, lanza frases como quien rompe cristales.

Y luego están los adelantos del futuro. "Secret Girl" aparece todavía frágil y nebulosa, anticipando el universo de EVOL. "Expressway to Yr Skull", una de las grandes piezas del grupo, ya muestra esa mezcla de deriva espacial y melancolía urbana que después sería central en su catálogo. Escuchar su primera encarnación produce una emoción especial: el momento en que una canción descubre quién quiere ser.

También aparece "Kat ’n’ Hat", instrumental nunca editado oficialmente en estudio, curiosidad valiosa donde se intuye la arquitectura expansiva que años más tarde cristalizaría en Daydream Nation.

Kim Gordon, centro magnético:


Mucho se ha hablado de Thurston Moore como figura visible, pero este álbum recuerda algo esencial: Kim Gordon era una fuerza insustituible. Su presencia aquí domina el escenario. Su voz no busca virtuosismo ni complacencia, busca carácter. Tiene distancia, ironía, amenaza y belleza. En un entorno donde muchas mujeres eran reducidas a papeles secundarios dentro del rock, Gordon ocupaba el centro sin pedir permiso.

Sonic youth

Escuchándola en "Smart Bar: Chicago 1985" se entiende por qué tantas artistas posteriores, de PJ Harvey a St. Vincent pasando por innumerables bandas de noise pop y post punk, encontraron en ella una referencia.

Lo que dice sobre su tiempo:


1985 no parece tan lejano hasta que uno escucha este disco. Aquí no hay corrección digital, no hay redes sociales, no hay estrategia de marca. Hay una banda viajando con poco dinero, durmiendo donde puede, tocando para públicos pequeños y buscando nuevas formas de expresión porque sí.

Ese contexto importa. Sonic Youth no estaba reaccionando a una tendencia, estaba creando un espacio donde después entrarían otros. El auge del rock alternativo de los noventa no se entiende sin estos años de ensayo y riesgo. Sin estos conciertos donde quizá parte del público hablaba entre canciones porque todavía no comprendía del todo lo que estaba viendo.

Disco recomendado


No es el mejor punto de entrada a Sonic Youth, ni pretende serlo. Para eso quizá siguen ahí Daydream Nation, Goo o EVOL. Pero "Smart Bar: Chicago 1985" ofrece algo que ningún clásico de estudio puede dar: el temblor del presente.

Aquí la banda todavía está llegando a sí misma. Y precisamente por eso resulta tan fascinante. No hay comodidad, no hay fórmula, no hay legado que defender. Solo hambre, intuición y volumen.

Yo recomiendo este disco a cualquiera que quiera entender cómo nace una gran banda de verdad. No cuando ya sale en portadas, sino cuando aún toca en salas pequeñas y convierte el ruido en revelación. Si alguna vez has querido escuchar el instante previo al mito, este álbum te está esperando.

Video del tema "The Burning Spear (Live):

Tracklist:

1. "Hallowe'en" 5:42
2. "Death Valley '69" 7:20
3. "Intro"/"Brave Men Run (In My Family)" 4:51
4. "I Love Her All the Time" 5:20
5. "Ghost Bitch" 5:55
6. "I'm Insane" 5:20
7. "Kat 'n' Hat" (Instrumental) - unreleased previamente 3:36
8. "Brother James" 2:50
9. "Kill Yr Idols" Moore 2:32
10. "Secret Girl" Gordon 3:13
11. "Flower" Gordon 2:36
12. "The Burning Spear" 5:01
13. "Expressway to Yr Skull" 9:04
14. "Making the Nature Scene" 3:42

Sonic Youth (Banda):

  • Thurston Moore – voz, guitarra
  • Kim Gordon – voz, bajo
  • Lee Ranaldo – guitarra
  • Steve Shelley – batería, mezcla

THE MESSAGE (Revisited): el álbum que cambió el Hip Hop

Hace unos días volví al LP "The Message" con la sensación de estar reencontrándome con algo que ya conocía bien, pero que quizá no había escuchado de verdad en mucho tiempo. Y me sorprendió. No por lo que recordaba, sino por todo lo que se me había escapado: los contrastes, las grietas, esa mezcla de celebración y crudeza que lo atraviesa entero. Por eso me apetecía traerlo aquí de nuevo, no como una lección de historia del hip hop, sino como una recomendación honesta a quien tenga curiosidad por entender de dónde viene todo esto… y por qué sigue importando.


ALBUM: The Message


Volví a escuchar el disco "The Message" sin demasiada ceremonia, como quien pone un disco que cree conocer de memoria. Error. Hay álbumes que cambian contigo, y este de 1982, publicado por Sugar Hill Records el 3 de octubre, es uno de ellos. Lo había escuchado muchas veces, hice un blog post en su día y lo había citado incluso en conversaciones sobre los orígenes del hip hop, pero esta vez lo sentí distinto. Más áspero, más humano, más vivo.

The Message: Grandmaster Flash and the Furious Five (ALBUM)

Quizá porque ahora resulta más fácil entender lo que estaba pasando alrededor cuando se grabó. O quizá porque, décadas después, sigue sonando incómodamente actual.


Del Bronx al mundo:


Para entender este álbum hay que detenerse un momento en la figura de Grandmaster Flash, Joseph Saddler, nacido en Barbados y criado en el Bronx. No era solo un DJ, era un ingeniero del ritmo. Mientras otros ponían discos uno detrás de otro, él empezó a manipularlos, a estirar los breaks, a cortar y pegar fragmentos con una precisión casi quirúrgica. De ahí salieron técnicas que hoy damos por hechas, como el scratching o el quick mix, pero que en su momento eran pura ciencia ficción.

En los primeros años setenta, junto a Melle Mel, Kidd Creole y compañía, formó uno de los grupos más influyentes de la historia del hip hop. No exagero. Antes de que existiera el rap como industria, ellos ya estaban definiendo su lenguaje.

Grandmaster Flash and the Furious Five

Cuando The Message llega en 1982, lo hace como una especie de resumen de todo eso. Un álbum que, más que una obra cohesionada en el sentido clásico, funciona como una enciclopedia de lo que el hip hop podía ser en ese momento: fiesta, técnica, experimentación y, de repente, conciencia.

Una portada que ya te lo cuenta todo:


Siempre me ha gustado fijarme en las portadas, y la de este disco es casi un manifiesto. El grupo posa impecable, con actitud, como si estuvieran de camino a una fiesta de barrio. Pero detrás hay decadencia, un entorno urbano deteriorado, carteles rotos, señales de abandono.

Esa dualidad atraviesa todo el álbum. Por un lado, la energía del block party, el baile, la seducción. Por otro, la realidad de la calle. No es casualidad que el disco empiece celebrando y termine con una detención policial.

Entre la pista de baile y el comentario social:


El arranque con "She’s Fresh" es puro hedonismo. Bajo funky, metales, un ritmo que invita a levantar las manos sin pensar demasiado. Es el hip hop que muchos imaginaban entonces, un espacio para bailar y presumir. Las voces se alternan, se pisan, se responden. Hay algo casi teatral en esa dinámica de grupo.

"It’s Nasty" sigue esa línea, apoyándose en el groove irresistible de "Genius of Love" de Tom Tom Club. Aquí todo es ingenio, juego de palabras, seducción ligera. No pretende ser profundo, y no pasa nada. De hecho, funciona precisamente porque no lo intenta.

Pero en ese mismo bloque aparece "Scorpio", que siempre me ha parecido una anomalía fascinante. Sintetizadores, vocoder, un aire casi futurista. No ha envejecido igual de bien que otros temas, es cierto, pero en su momento debió sonar como un mensaje llegado del espacio. Es electro antes de que muchos supieran que eso existía.

Soul, gospel y vulnerabilidad:


Lo que más me sorprendió en esta escucha fue el tramo medio del disco. "It’s a Shame" introduce un tono más reflexivo, con referencias claras a la tradición soul, ecos de Stevie Wonder, y un mensaje que ya apunta a desigualdades, guerra, injusticia.

Luego llega "Dreamin’", que directamente se rinde al R&B. Es casi una balada, con sintetizadores suaves y una interpretación vocal que no esperas en un grupo de rap de principios de los ochenta. Hay algo ingenuo en su homenaje a Stevie Wonder, sí, pero también una honestidad que desarma.

"You Are" lleva eso aún más lejos, entrando en terreno gospel. Piano, coros, espiritualidad. Puede descolocar dentro del conjunto, pero también demuestra algo importante: este grupo no quería limitarse. Estaban probando, explorando, ampliando los márgenes de lo que podía ser el hip hop.


"The Message": seis minutos que cambiaron la historia


Y entonces llega la canción que lo cambia todo. "The Message".

Todavía hoy impresiona cómo arranca, con ese ritmo contenido, casi minimalista. No hay distracciones. Todo está al servicio de la letra. Aquí ya no hay fiesta, ni metáforas juguetonas. Hay vida real.

Melle Mel, junto a Duke Bootee, construye un retrato del Bronx que no busca embellecer nada. Drogadicción, pobreza, desesperanza, violencia estructural. Y, sobre todo, una sensación constante de estar al borde del colapso.

"Es como una jungla a veces, me hace preguntarme cómo consigo no hundirme". Esa línea sigue resonando porque no pertenece solo a un barrio o a una época. Es universal.

Lo que hace especial a este tema no es solo lo que cuenta, sino cómo lo cuenta. Hay narrativa, hay personajes, hay una progresión que termina en tragedia. Es casi cine. Y en 1982, eso no era lo habitual en el rap.

Esta canción abrió una puerta enorme. Sin ella, es difícil imaginar a artistas como Kendrick Lamar o Tupac Shakur desarrollando ese tipo de discurso social dentro del género.


Un álbum imperfecto y precisamente por eso interesante:


No voy a fingir que The Message es un álbum perfecto en términos clásicos. No lo es. Tiene cierta sensación de collage, de recopilación de singles con material añadido. Algunas canciones no encajan del todo entre sí. Incluso hay momentos que han envejecido de forma irregular. Pero ahí está parte de su encanto.

Este disco captura un momento de transición. El hip hop estaba dejando de ser solo música de fiesta para convertirse en algo más complejo, más ambicioso. Y esa tensión se nota en cada pista.

También hay que tener en cuenta lo que pasaba detrás. Problemas contractuales con el sello, disputas internas, egos. El propio tema “The Message” ni siquiera incluía a todo el grupo. Poco después, todo se fracturó. Es tentador pensar en lo que podrían haber hecho si hubieran seguido juntos.


El sonido: crudeza, ingenio y espíritu de bricolaje:


A nivel sonoro, el álbum mezcla funk, disco, electro y soul con una naturalidad que hoy puede parecer sencilla, pero que en su momento era revolucionaria. Bajo marcado, cajas de ritmo, sintetizadores que a veces suenan primitivos, pero siempre efectivos.

La producción es clara, directa, sin adornos innecesarios. Se nota que venían de la cultura del DJ, de trabajar con lo que había a mano. Hay algo artesanal en todo esto, una sensación de estar construyendo algo nuevo sobre la marcha.


Por qué sigue importando:


Escuchar The Message hoy no es solo un ejercicio de arqueología musical. Es enfrentarse al momento en que el hip hop descubrió que podía ser algo más que entretenimiento. Que podía incomodar, denunciar, emocionar.

No todo aquí es brillante, pero lo que lo es, lo es de verdad. Y cuando el disco acierta, marca un camino que otros seguirían durante décadas.


Disco recomendado


Si te interesa el hip hop, incluso si solo conoces sus formas más recientes, este álbum merece una escucha atenta. No tanto por nostalgia, sino por contexto. Aquí está el germen de muchas cosas que hoy damos por sentadas.

Yo volví a él pensando que sabía lo que iba a encontrar, y salí con la sensación de haber descubierto algo nuevo. Eso no pasa todos los días.

Dale una oportunidad a The Message, especialmente los más jóvenes. Escúchalo sin prisa. Y deja que te cuente, a su manera, de dónde viene todo esto.

Video del tema "The Message":

Tracklist:

1. "She's Fresh" 4:57
2. "It's Nasty" 4:19
3. "Scorpio" 4:55
4. "It's a Shame (Mt. Airy Groove)" 4:57
5. "Dreamin'" 5:47
6. "You Are" Gary Henry 4:51
7. "The Message" 7:12

Grandmaster Flash and the Furious Five:

  • Grandmaster Flash (Joseph Saddler) – tocadiscos, programación de caja de ritmos, dispositivo de DJ Flashformer transform, coros
  • Kidd Creole (Nathaniel Glover Jr.) – voz principal y coros, compositor y arreglista
  • Keef Cowboy (Keith Wiggins) – voz principal y coros, compositor y arreglista
  • Grandmaster Melle Mel (Melvin Glover) – voz principal y coros, compositor y arreglista
  • Scorpio (Eddie Morris) – voz principal y coros, compositor y arreglista
  • Rahiem (Guy Todd Williams) – voz principal y coros, compositor y arreglista

Músicos adicionales:

  • Doug Wimbish – bajo
  • Skip McDonald – guitarra
  • Reggie Griffin – Prophet-5
  • Jiggs – Prophet-5
  • Sylvia Robinson – Prophet-5
  • Gary Henry – teclados
  • Dwain Mitchell – teclados
  • Keith LeBlanc – batería
  • Ed Fletcher (Duke Bootee) – percusión, colíder Voz en "The Message"
  • La sección de metales "Chops".

FRIKO - Something Worth Waiting For: indie rock en expansión

Vuelve Friko, la banda de Chicago que en apenas unos años ha pasado de promesa inquieta del indie rock estadounidense a nombre casi imprescindible para entender hacia dónde puede moverse el rock alternativo actual. Su nuevo álbum, "Something Worth Waiting For", acaba de lanzarse y, después de escucharlo, volumen alto y cierta curiosidad de fan que todavía quiere que una banda le sorprenda, tengo la sensación de que estamos ante algo más que una continuación de su debut. Es un disco más grande, más nervioso, más luminoso y también más vulnerable, de esos que no se limitan a sonar bien, sino que parecen empujarte hacia algún sitio.

ALBUM: Something Worth Waiting For


A Friko hay que escucharlos como se mira a alguien correr hacia un tren que está a punto de marcharse. No con distancia crítica, no al principio, sino con esa mezcla de ansiedad, ternura y admiración que produce ver a una banda joven tocar como si cada canción fuese una oportunidad irrepetible. "Something Worth Waiting For", publicado el 24 de abril de 2026, confirma algo que su debut ya insinuaba con fuerza, Friko no son solo otra promesa del indie rock estadounidense, sino una de esas bandas capaces de convertir la urgencia emocional en arquitectura sonora.

FRIKO - Something Worth Waiting For - album

El grupo nació en Chicago en 2019, primero como proyecto de Niko Kapetan, Luke Stamos y Bailey Minzenberger, antiguos alumnos de Evanston Township High School. Tras un primer EP en 2020 y Whenever Forever en 2022, la historia se reorganizó. En agosto de 2023 ficharon por ATO Records y Friko quedó reducido a un dúo, Kapetan y Minzenberger, justo antes de publicar en febrero de 2024 Where We’ve Been, Where We Go from Here, un debut que miraba a los grandes altares del indie de los años noventa y dos mil con una mezcla de respeto y hambre propia. Ahí estaban Modest Mouse, Arcade Fire, Conor Oberst, algo de Mitski, incluso el eco armónico de The Beach Boys, pero también una sensibilidad nerviosa, casi quebradiza, que no sonaba impostada.

Con "Something Worth Waiting For", Friko se expanden de nuevo. La banda crece hasta convertirse en cuarteto con Korgan Robb a la guitarra y David Fuller al bajo, y viaja a Los Ángeles para grabar con John Congleton, productor asociado a discos de St. Vincent, Sleater-Kinney o Mogwai. La tentación habría sido pulirlos demasiado, dejarles relucientes, domesticados, listos para una vitrina. Por suerte, ocurre lo contrario. Congleton entiende que la gracia de Friko está en parecer siempre a punto de perder el control, y no les quita filo. Les da espacio, profundidad, aire para gritar y también para temblar.

Cómo nace este álbum:


Hay algo muy físico en este disco. No solo por sus imágenes de trenes, bicicletas, globos aerostáticos y desplazamientos, sino porque se nota que nace después de la carretera. Tras la publicación de su debut, Friko salieron de gira, tocaron junto a The Flaming Lips y Modest Mouse, y esa experiencia parece haberles cambiado el cuerpo. "Something Worth Waiting For" suena menos como una colección de canciones escritas en una habitación y más como una banda que ha aprendido a respirar junta sobre un escenario.

FRIKO - Banda - 2026

También hay un contexto emocional muy claro. El título habla de espera, pero no de una espera pasiva. Es la espera de quien ha pasado un invierno largo, literal o simbólico, y empieza a notar que algo se mueve bajo la nieve. Varias canciones parecen atravesadas por esa sensación de salida, de tránsito hacia un lugar más cálido, más habitable, aunque nunca del todo seguro. En tiempos de ansiedad permanente, de juventud cansada antes de tiempo, Friko han escrito un disco sobre querer seguir creyendo sin parecer ingenuos.

Indie rock y la canción desnuda:


El álbum se abre con "Guess", y no tarda en dejar claro que Friko no han venido a suavizar. Al principio apenas hay guitarra y voz, Kapetan cantando como si no supiera si está recordando una herida o anticipándola. "No me hagas adivinar si eso es una risa o un llanto", viene a decir la canción, y ahí aparece una de las grandes tensiones del disco, la imposibilidad de distinguir del todo entre alegría y tristeza cuando el mundo parece empeñado en mezclarlas. Después, la canción se abre en una pared de ruido, guitarras ásperas, batería desesperada, distorsión que no decora sino que arrastra.

Esa dinámica, el susurro que se convierte en estallido, atraviesa buena parte del álbum. Pero Friko no caen en la fórmula. "Still Around" llega después como un fogonazo de pop nervioso, con un estribillo inmediato, guitarras brillantes, golpes secos de caja y una energía que podría recordar a The Killers si estos hubieran crecido escuchando a Modest Mouse en un sótano de Chicago. Kapetan canta con yelps, con pequeños quiebros casi animales, como si la voz se le escapara antes de que la cabeza pudiera ordenarla.

"Choo Choo" es, para mí, una de las piezas centrales del disco. La imagen del tren podría haber caído en lo infantil, pero Friko la convierten en un conjuro. Ese "choo choo" funciona como una palabra mágica, una manera casi absurda de decir, vámonos, salgamos de aquí, aunque no sepamos adónde. La banda toca con una elasticidad impresionante, acelerando, conteniéndose, dejando que las guitarras se ensucien hasta que el final parece realmente un tren desbocado. Hay algo de rock alternativo de los noventa, algo de Arcade Fire antes de la grandilocuencia calculada, y algo de una pandilla tocando en una sala pequeña con la convicción de estar abriendo una puerta gigantesca.

Baladas, fantasía y arreglos:


Lo más bonito de "Something Worth Waiting For" es que sus momentos delicados no parecen descansos obligatorios. "Alice" baja la presión, sí, pero no la intensidad. Con teclados de timbre cristalino, coros suaves y una imaginería cercana a Lewis Carroll, la canción crea una especie de refugio extraño, entre la nana y la pérdida. No es una balada para iluminar móviles en un concierto por costumbre, sino una pausa de verdad, un lugar donde la banda permite que la emoción respire.

Después llega "Certainty", quizá el giro más barroco del álbum. Hay piano, cuerdas, un aire de fábula melancólica, castillos, hielo, magia y caída. La comparación con ciertos Beatles de cámara no resulta descabellada, aunque Friko nunca suenan a ejercicio de estilo. Lo que importa aquí es el contraste entre el arreglo elegante y la fragilidad de lo que se cuenta. La producción de Congleton deja que los instrumentos brillen sin borrar la sensación de precariedad. Todo parece bonito, pero nada parece seguro.

En "Hot Air Balloon", el disco vuelve a mirar hacia arriba. El globo aerostático aparece como una fantasía de escape, una manera de abandonar el ruido de abajo, las canciones bonitas, las frases hechas, las promesas pequeñas. Musicalmente, es una pieza de pop guitarrero urgente, luminosa sin ser complaciente, con ese punto de nervio que impide que Friko suenen cómodos incluso cuando escriben melodías enormes. En la voz de Kapetan asoma por momentos una teatralidad cercana a Dan Bejar, pero menos irónica, más expuesta.

Sobre huida, espera y una juventud que quiere creer:


Las letras de Friko funcionan porque no intentan resolver sus contradicciones. En "Seven Degrees", juegan con la idea de los seis grados de separación y añaden uno más, el de la persona imposible de encontrar, la conexión que falta, el alma que se ha quedado en otro sitio. La melodía puede parecer casi celebratoria, pero debajo hay devastación. Esa es una de las grandes virtudes del disco, esconder heridas en canciones que invitan a cantar.

La canción titular, "Something Worth Waiting For", condensa el espíritu del álbum. Empieza de nuevo con guitarra acústica y voz, pero no tarda en crecer en dos oleadas. Primero explota en una sección eléctrica, ruidosa, casi caótica. Luego se repliega y vuelve a levantarse con más violencia, hasta rozar un ruido abrasivo que recuerda que la esperanza también puede sonar furiosa. No es una canción sobre esperar sentado a que la vida mejore. Es una canción sobre querer llegar a un lugar donde despertar no duela tanto.

El cierre, "Dear Bicycle", me parece una de las mejores decisiones del disco. Tras la catarsis, Friko no buscan otro golpe de efecto. Prefieren una balada nocturna, lenta, con texturas de sintetizador, escobillas, bajo cálido y una atmósfera borrosa, casi de recuerdo escolar. La bicicleta oxidada, guardada al fondo de un cobertizo, se convierte en una imagen de abandono y renacimiento. Después de un álbum obsesionado con dónde estamos, de dónde venimos y hacia dónde huimos, esa última mirada al camino que todavía falta por recorrer resulta profundamente conmovedora.

Por qué "Something Worth Waiting For" me gusta:


Friko no inventan el rock alternativo, ni pretenden hacerlo. Se les notan las influencias, Modest Mouse, Arcade Fire, Bright Eyes, Radiohead, Elliott Smith, algo de chamber pop, algo de noise rock, algo de canción de autor de los setenta. Pero lo que hace especial a "Something Worth Waiting For" no es la novedad pura, sino la intensidad con la que reorganizan esa herencia. No suenan como una banda repasando sus discos favoritos, sino como un grupo que ha encontrado en ellos un idioma para hablar de su propio desconcierto.

FRIKO Banda indie rock

Este álbum mola porque tiene corazón, imaginación y nervio. Porque sus grandes gestos no parecen calculados, porque sus arreglos no maquillan la emoción, porque Niko Kapetan canta como si todavía dudara de cada palabra y, precisamente por eso, uno se la cree más. También porque Bailey Minzenberger, Korgan Robb y David Fuller convierten esa fragilidad en músculo colectivo. Hay canciones aquí que parecen a punto de romperse y, aun así, siguen pedaleando.

Disco recomendado


Recomiendo "Something Worth Waiting For" a quien eche de menos un disco de rock que no tenga miedo a sonar exaltado, vulnerable, torpe en el mejor sentido, lleno de vida. Escúchalo caminando hacia el curro, en tren, al final de una tarde rara o cuando necesites recordar que la esperanza no siempre llega tranquila. A veces entra haciendo ruido, con la garganta rota, con una bicicleta vieja y una banda joven gritando que todavía queda camino.

Video del tema "Choo Choo":

Tracklist:

1 Guess 3:46
2 Still Around3:24
3 Choo Choo 3:20
4 Alice 4:15
5 Certainty 5:27
6 Hot Air Balloon 5:07
7 Seven Degrees 4:15
8 Something Worth Waiting For 5:54
9 Dear Bicycle 6:10

Band:

  • Niko Kapetan - voz principal, guitarra 
  • David Fuller - bajo 
  • Korgan Robb - guitarra 
  • Bailey Minzenberger - batería