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FAITH NO MORE - Angel Dust: rompió el molde

La portada muestra una garza blanca sobre un azul casi artificial. Al darle la vuelta, la elegancia desaparece y encontramos carne colgada en un matadero. Esa oposición no es un adorno ni una provocación superficial. Es la puerta de entrada a "Angel Dust", el cuarto álbum de la banda Faith No More, un disco construido a partir de contrastes que, en teoría, no deberían convivir. Belleza y suciedad, humor y angustia, melodías luminosas y sonidos capaces de provocar un leve mareo.

ALBUM: Angel Dust


Publicado el 8 de junio de 1992, el álbum apareció en uno de los momentos más agitados de la música popular reciente. Nirvana había transformado el panorama con "Nevermind", la industria buscaba desesperadamente nuevas bandas de rock alternativo y la televisión musical intentaba empaquetar cualquier sonido extraño bajo una etiqueta fácil de vender. Faith No More llegaba, además, con la presión de suceder a "The Real Thing", el álbum que los había llevado a millones de espectadores gracias a "Epic".

FAITH NO MORE - Angel Dust

Lo razonable habría sido repetir aquella fórmula. Un poco de metal, una base de funk, un estribillo contundente y un vídeo capaz de rotar durante meses en MTV. Faith No More hizo exactamente lo contrario.

La respuesta menos cómoda al éxito:


Cuando Mike Patton entró en Faith No More para grabar "The Real Thing", buena parte de la música ya estaba compuesta. Su aportación se concentró principalmente en las letras y en una interpretación vocal que parecía cambiar de personalidad dentro de una misma canción. En Angel Dust, Patton participó por primera vez en la composición musical, y la identidad del grupo se volvió todavía más imprevisible.

Faith No More - Banda

Su experiencia con Mr. Bungle había demostrado que no sentía demasiado respeto por las fronteras entre géneros. Podía pasar de una melodía amable a un grito animal, de la música de dibujos animados al metal extremo, sin pedir permiso y sin preocuparse por mantener una imagen coherente. Al colaborar plenamente con Bill Gould, Roddy Bottum, Mike Bordin y Jim Martin, aquella inquietud encontró una banda capaz de darle forma.

La discográfica Warner Bros. contempló el resultado con cierto nerviosismo. Esperaba una continuación comercial de "The Real Thing" y recibió canciones tituladas "Crack Hitler" o "Jizzlobber", fragmentos de voces deformadas, referencias a anuncios televisivos, ritmos difíciles de seguir con el cuerpo y una versión instrumental de la banda sonora de "Cowboy de medianoche". Sin embargo, el supuesto acto de sabotaje funcionó. Angel Dust alcanzó el número diez en la lista estadounidense Billboard 200, llegó al número dos en Reino Unido y terminó convirtiéndose en el álbum más vendido de Faith No More, con más de dos millones y medio de copias.

El primer single, "Midlife Crisis", también consiguió el único número uno del grupo en la lista Billboard Modern Rock Tracks. El público no rechazó la rareza, quizá porque detrás de todos aquellos giros había canciones extraordinariamente bien construidas.


Un sonido que todavía cuesta clasificar:


Llamar metal alternativo al álbum Angel Dust me resulta útil para ordenar una colección, pero explica muy poco sobre lo que sucede en sus canciones. El LP conserva la fuerza física de Faith No More, aunque evita convertirla en una sucesión de riffs previsibles. Los ritmos se ralentizan, se deforman o se detienen en lugares inesperados. Las guitarras de Jim Martin aportan peso y aspereza, pero muchas veces ceden el centro a los teclados de Roddy Bottum, capaces de sugerir una orquesta, una iglesia vacía o la música inquietante de una feria abandonada.

Bill Gould toca el bajo como si estuviera manteniendo unidas varias canciones diferentes al mismo tiempo. Sus líneas tienen elasticidad funk, pero también una firmeza casi mecánica. Mike Bordin, con su manera poderosa y poco ornamental de tocar la batería, evita que la experimentación pierda contacto con el suelo. Sobre esa base, Mike Patton interpreta, murmura, grita, ridiculiza, seduce y adopta personajes que rara vez parecen pertenecer a la misma persona.

La producción de Matt Wallace permite que cada elemento conserve su identidad. El álbum suena más orgánico que "The Real Thing", pero está lleno de manipulaciones, grabaciones ambientales, voces cortadas y pequeños detalles que aparecen en los márgenes. Los samples no están colocados como una exhibición tecnológica. Funcionan como manchas de color, interrupciones o presencias fantasmales.

Ese tratamiento convierte el disco en una experiencia casi cinematográfica. No parece una banda tocando en una habitación, sino un recorrido por distintos escenarios mentales, una consulta médica, un salón familiar en decadencia, un anuncio televisivo, un matadero, un colegio, una ceremonia religiosa.

La canción Land of Sunshine:


"Land of Sunshine" abre el álbum con una energía que, durante unos segundos, puede recordar a "The Real Thing". El bajo avanza con seguridad, la batería empuja y la guitarra conserva cierta familiaridad metálica. Entonces aparece Mike Patton, interpretando una especie de vendedor motivacional que promete bienestar mientras transmite exactamente lo contrario.

Las risas circenses, los teclados y las frases tomadas de mensajes de autoayuda forman una sátira de la felicidad obligatoria. La canción no critica solamente a una persona arrogante. Retrata una cultura en la que todo problema puede resolverse comprando algo, siguiendo un programa o repitiendo una frase positiva frente al espejo.

"Caffeine" rompe inmediatamente cualquier sensación de comodidad. Nació bajo una atmósfera de privación del sueño y suena como una crisis nerviosa expresada mediante batería, guitarra y teclados. Patton canta con una tensión que parece crecer desde el estómago. Entre los sonidos incorporados a la grabación aparecen ruidos relacionados con el matadero fotografiado en el diseño interior, una conexión física entre la imagen y la música.

La canción no busca ser desagradable de manera gratuita. Su violencia transmite agotamiento, obsesión y pérdida de control. Es uno de los momentos en los que Angel Dust deja de ser simplemente extraño y empieza a resultar emocionalmente incómodo.

Midlife Crisis, el éxito:


"Midlife Crisis" es probablemente la mejor puerta de entrada al disco. Su ritmo inicial es reconocible al instante, y la voz de Patton mantiene una calma casi indiferente mientras todo a su alrededor se mueve. El estribillo es accesible, pero la canción nunca se entrega por completo al oyente.

En la parte central aparecen voces que recuerdan a los cantos ambientales que comenzaron a popularizarse en ciertos discos electrónicos de principios de los años noventa. Faith No More toma ese recurso y lo coloca dentro de una canción de rock, sin presentarlo como una broma ni como una cita irónica.

La letra observa la vanidad, la necesidad de control y el miedo a perder relevancia. No ofrece un relato cerrado. Patton siempre ha evitado explicar sus textos con demasiada precisión, algo que beneficia al álbum, porque las palabras operan como imágenes mentales antes que como confesiones autobiográficas.

"Midlife Crisis" fue un éxito porque tiene una estructura clara y un impulso inmediato, pero también porque representa la habilidad central de Faith No More, hacer que una idea desconcertante parezca completamente natural mientras está sonando.

Humor negro, familias rotas y una América sedada:


El lado más narrativo del álbum aparece en "RV". Mike Patton interpreta a un hombre derrotado, instalado en una existencia de televisión, comida, resentimiento y pasividad. La música avanza con un balanceo casi agradable, cercano a una canción de bar o a una banda sonora antigua. Ese acompañamiento relajado hace que el retrato resulte todavía más ácido.

Faith No More no convierte al personaje en un simple monstruo. Lo muestra como el producto de una sociedad paralizada por el consumo y la frustración. Bajo la caricatura aparece una vida desperdiciada, y esa tristeza impide que la canción se reduzca a una burla contra la clase trabajadora estadounidense.

"Everything’s Ruined" amplía esa mirada hacia la familia. Comienza con un bajo flexible, suma teclados luminosos, guitarras amplias y un estribillo que podría pertenecer a una canción de pop melancólico. La letra describe el crecimiento de una persona como si fuera una inversión económica, una criatura educada para producir resultados hasta que todo termina desmoronándose.

Para mí, este es el corazón emocional de Angel Dust. La canción cambia constantemente, pero cada transformación ayuda a contar la historia. Cuando el título aparece en el estribillo, la música se abre y la derrota adquiere una belleza inesperada. Jim Martin firma aquí algunos de sus momentos más memorables, con solos que aportan amplitud sin romper el equilibrio del conjunto.

Be Aggressive y jugar con el público:


"Be Aggressive" comienza con un teclado de película de terror y desemboca en un coro de animadoras que deletrea el título. La letra, escrita por Roddy Bottum, convierte una estructura asociada al deporte escolar estadounidense en una celebración provocadora del deseo homosexual.

La idea tenía una segunda intención. Faith No More sabía que buena parte de su público estaba formada por hombres jóvenes, heterosexuales y aficionados al metal. En los conciertos, muchos coreaban la canción sin reparar en lo que estaban cantando. El grupo transformó así la participación del público en una broma inteligente sobre la masculinidad y sus límites.

Musicalmente, la pieza es contagiosa y extraña en la misma medida. El ritmo de Bordin mantiene la fuerza, el bajo evita que el coro se convierta en una simple ocurrencia y el solo de Martin suena deliberadamente áspero. Años después, el uso de voces femeninas en "mOBSCENE" de Marilyn Manson recordaría inevitablemente a esta combinación.

"Kindergarten" aplica un enfoque parecido a la ansiedad infantil. En lugar de evocar la niñez como un refugio, la presenta como el primer espacio de competencia, humillación y miedo. La guitarra crea un entorno rígido, mientras la voz distorsionada de Mike Patton introduce una sensación de caos controlado.

La belleza extraña de A Small Victory:


"A Small Victory" demuestra que Faith No More podía escribir una canción cercana al pop sin renunciar a su identidad. La melodía inicial tiene una delicadeza casi oriental, construida con teclados que recuerdan a flautas y arreglos de música internacional. Después aparece un órgano rítmico cercano al sonido de Manchester de finales de los años ochenta.

Sobre el papel, la combinación parece absurda. En el álbum fluye con una elegancia sorprendente. La canción habla de esas pequeñas victorias que utilizamos para convencernos de que seguimos avanzando, aunque el resultado final sea insignificante. Su tono es menos agresivo, pero no más optimista.

El detalle final en código Morse resume bien la forma de trabajar de la banda. Incluso cuando ofrece una melodía abierta y accesible, Faith No More introduce una señal que obliga a escuchar otra vez.

Malpractice, Jizzlobber y el descenso hacia la oscuridad:


"Malpractice" es una de las composiciones más extremas del disco. Patton construye una secuencia de metal, música contemporánea, sonidos mecánicos y fragmentos del Kronos Quartet. La canción parece desmontarse delante del oyente, aunque cada ruptura está colocada con precisión.

"Smaller and Smaller" trabaja con escalas de aire árabe, voces manipuladas y una progresión lenta que va acumulando presión. "Crack Hitler" mezcla funk, sirenas, frases en alemán y una dureza cercana a la música industrial de Ministry. En estas canciones, la banda no utiliza las influencias como disfraces. Las funde hasta que dejan de ser reconocibles por separado.

El punto más oscuro llega con "Jizzlobber". Los sonidos iniciales, parecidos a ranas en un pantano nocturno, conducen a una pieza pesada y sofocante. Mike Patton lleva su voz a terrenos casi inhumanos, mientras la guitarra de Martin recupera protagonismo. Después de varios minutos de tensión, un órgano de inspiración clásica cierra la canción con una solemnidad cercana a Bach.

Esa conclusión no limpia lo ocurrido. Lo vuelve todavía más perturbador.

Midnight Cowboy, el final perfecto:


La edición original de Angel Dust termina con "Midnight Cowboy", una versión instrumental de la composición de John Barry para la película "Cowboy de medianoche". Después de tantas voces, personajes y conflictos, Faith No More decide despedirse sin palabras.

Los teclados sostienen la melodía principal y la banda la interpreta con una seriedad absoluta. No intenta transformarla en metal ni convertirla en una parodia. Esa contención resulta reveladora. Tras pasar todo el álbum demostrando cuánto podían deformar una canción, cierran mostrando cuánto respetaban una melodía sencilla.

"Easy", la versión del clásico de The Commodores compuesto por Lionel Richie, apareció en reediciones posteriores y terminó convirtiéndose en uno de los grandes éxitos del grupo. Mike Patton canta con suavidad y Faith No More evita cargar la pieza de distorsión. Su fidelidad a la original es, en cierto modo, otra forma de provocación. La banda más imprevisible del momento podía interpretar una balada popular sin esconderse detrás del ruido.

Un disco que no pertenece al pasado:


Angel Dust fue el último álbum de Faith No More con Jim Martin. Las diferencias entre el guitarrista y el resto del grupo se habían vuelto cada vez más evidentes, tanto por la nueva dirección musical como por el proceso creativo. Su salida cerró una etapa irrepetible, aunque la banda continuaría explorando territorios sorprendentes en "King for a Day, Fool for a Lifetime".

Faith No More

La influencia del álbum puede escucharse en grupos posteriores como Incubus o Limp Bizkit, especialmente en la mezcla de metal, funk y voces flexibles. Sin embargo, muchas de aquellas bandas adoptaron solo una parte de la fórmula. Lo excepcional de Faith No More era que no trataba la mezcla de estilos como una identidad comercial. Cada canción podía destruir las reglas establecidas por la anterior.

También explica por qué Angel Dust sigue sonando de actualidad. No está ligado a una moda concreta de 1992. Habla de saturación mediática, masculinidad, fracaso familiar, consumo compulsivo, vacío espiritual y personas que representan un papel para sobrevivir. La televisión ha sido sustituida en parte por pantallas más pequeñas, pero la sensación de estar rodeados de mensajes que prometen felicidad no ha desaparecido.

Por qué Angel Dust mola:


Me mola Angel Dust porque nunca confunde dificultad con profundidad. El álbum puede ser incómodo, pero también contiene melodías hermosas, humor, energía y momentos capaces de quedarse en la memoria desde la primera escucha. Su experimentación no es una decoración intelectual. Nace de cinco músicos con personalidades distintas, tratando de descubrir hasta dónde podía llegar una canción de rock.

No necesito entender cada letra ni identificar cada referencia para sentir lo que transmite. Hay ansiedad en "Caffeine", tristeza en "Everything’s Ruined", ironía en "RV", deseo y desafío en "Be Aggressive", terror en "Jizzlobber" y una serenidad inesperada en "Midnight Cowboy". El disco recorre esos estados sin perder su coherencia.

Disco recomendado


A los lectores de este blog de música, los más jóvenes, y especialmente a quienes conocen los años noventa solo a través de Nirvana, Pearl Jam o las grandes listas de reproducción de rock alternativo, les recomiendo escuchar Angel Dust. No como una pieza de museo ni como una obligación histórica, sino como una experiencia todavía viva. Empezad con "Midlife Crisis" si necesitáis una entrada clara, continuad con "Everything’s Ruined" y después dejad que el álbum os lleve hacia sus rincones más extraños. Puede que la primera escucha provoque desconcierto. La segunda suele revelar el diseño. A partir de la tercera, resulta difícil imaginar la música rock sin Faith No More.

Video del tema "Midlife Crisis":

Tracklist:

1. "Land of Sunshine" 3:45
2. "Caffeine" 4:29
3. "Midlife Crisis" 4:19
4. "RV" 3:41
5. "Smaller and Smaller" 5:11
6. "Everything's Ruined" 4:35
7. "Malpractice" 4:02
8. "Kindergarten" 4:31
9. "Be Aggressive" 3:43
10. "A Small Victory" 4:58
11. "Crack Hitler" 4:40
12. "Jizzlobber" 6:40
13. "Midnight Cowboy" (instrumental) 4:13

THE SOMELOVERS - Something or Other: ábum que se niega a desaparecer

Pulso play y suena una guitarra que no necesita pedir permiso. Suena brillante, tensa, casi impaciente, como si alguien hubiese abierto de golpe las cortinas de una habitación que llevaba demasiado tiempo a oscuras. Así comienza mi reencuentro con el disco "Something or Other", el único álbum de "The Someloves", publicado en Australia en abril de 1990.

ALBUM: Something or Other



Volver a este disco tantos años después me produce una sensación extraña. Conozco las canciones, los cambios de acorde y muchas de las historias que rodearon el nacimiento.Escuchar de nuevo ahora "Something or Other" no se parece a revisar un antiguo disco. Es reencontrarme con una música que sigue transmitiendo el mismo entusiasmo juvenil, aunque yo ya no sea el mismo oyente.

THE SOMELOVERS - Something or Other

The Someloves procedían de Perth, una ciudad geográficamente apartada de los principales centros de la industria musical australiana, pero extraordinariamente fértil en bandas de guitarras. El grupo estaba dirigido por Dom Mariani, cantante, compositor y guitarrista de The Stems, y por Darryl Mather, antiguo miembro de The Lime Spiders. Los dos compartían una devoción casi artesanal por la canción pop, por las guitarras que tintinean y por esos estribillos capaces de transformar tres minutos de música en un pequeño acontecimiento emocional.

"Something or Other" fue su primer álbum y también el último. Esa contradicción, una obra que parece anunciar una carrera y termina funcionando como despedida, forma parte de su magnetismo.

Cómo nació Something or Other:


La historia comenzó varios años antes de la publicación del álbum. Mariani y Mather se conocieron en Perth en 1984, cuando este último asistió a una actuación de The Stems. Poco después compartieron tiempo, canciones y amistades en Sydney, dentro de aquella red de músicos que incluía a miembros de The Eastern Dark y otras formaciones fundamentales del rock australiano independiente.

THE SOMELOVERS

Las primeras grabaciones de The Someloves reunieron a Gary Chambers en la batería y al músico francés Christian Houllemare en el bajo. De aquellas sesiones surgió "It’s My Time", publicado en 1986 por Citadel Records. El nombre del grupo, ideado por Mather, procedía de "Some Love Like Yours", una canción de The Real Kids, detalle que explica bastante bien su universo. The Someloves miraban hacia un linaje en el que el garage rock, la melodía romántica y la urgencia juvenil podían convivir sin conflicto.

En 1988 llegó "Know You Now", una de las piezas centrales de su repertorio. Mather envió la grabación a Mitch Easter, admirado por su trabajo con Let’s Active y The dB’s, para que se encargara de la mezcla. Un año después, Mushroom Records destinó 60.000 dólares australianos a la grabación del álbum. La mayor parte del trabajo se realizó durante 1989 en Planet Studios, en Perth, con músicos como Robbie Scorer en la batería y Tony Italiano en el bajo. Mitch Easter participó en la producción, las guitarras y los teclados, además de completar parte de las mezclas y los arreglos en sus estudios de Carolina del Norte.

El álbum entró posteriormente en el Top 100 australiano, pero los problemas personales y la resistencia de Mather a salir de gira hicieron imposible sostener el proyecto. Mushroom no aprobó un segundo disco y The Someloves se disolvieron antes de terminar 1990. Su carrera fue breve, pero no por falta de canciones.


Guitarras luminosas y emociones:


La etiqueta power pop puede resultar engañosa para quienes se acercan por primera vez a esta música. No describe únicamente canciones rápidas con guitarras agradables. En sus mejores momentos, representa el encuentro entre la fuerza del rock y la precisión melódica del pop. Es música construida alrededor de una paradoja, los instrumentos avanzan con seguridad mientras las letras revelan dudas, ilusiones y derrotas sentimentales.

Lo que ocurre en Something or Other:


"Melt", la canción que abre el álbum, dura más de cinco minutos, una extensión poco habitual en un género asociado con la concisión. The Someloves aprovechan ese espacio para construir capas. Las guitarras eléctricas se cruzan sin entorpecerse, la batería empuja con firmeza y la voz de Mariani avanza entre deseo y vulnerabilidad. El sonido es amplio, pero nunca pesado. Cada elemento parece colocado para intensificar la melodía.

"Back on Side with You" contiene una electricidad más directa, mientras que "Something You Can’t Miss" despliega un estribillo que parece inevitable desde la primera escucha. No hay trucos espectaculares. Su eficacia nace del equilibrio entre acordes abiertos, armonías vocales, bajo melódico y una batería que entiende cuándo golpear y cuándo dejar respirar la canción.

Mitch Easter aporta profundidad sin borrar la identidad australiana del grupo. En la grabación aparecen guitarra eléctrica de doce cuerdas, teclados, Chamberlin, pandereta y ocasionales colores de guitarra con efecto wah wah. Son detalles que enriquecen el paisaje, pero el centro continúa siendo la relación entre las voces y las seis cuerdas. La producción posee más capas que muchos discos independientes de su tiempo, aunque conserva el movimiento de una banda tocando en una habitación.

El tema Know You Now y el arte del estribillo:


"Know You Now" sigue siendo una de las mejores puertas de entrada a The Someloves. Comienza con guitarras resonantes y una interpretación vocal ligeramente contenida. La canción no se precipita hacia su estribillo, lo prepara. Cuando finalmente llega, todo parece elevarse unos centímetros, la melodía, las armonías y la intensidad de los acordes.

Hay algo de Big Star en esa combinación de claridad y melancolía, especialmente del Big Star que descubrió que una canción luminosa también podía contener una herida. Se percibe igualmente la influencia de Dwight Twilley, de The dB’s y, en ciertos giros vocales, de un Tom Petty imaginado dentro de una banda independiente australiana. No son imitaciones, sino coordenadas emocionales. The Someloves conocían bien el idioma de sus discos favoritos y lo hablaban con un acento propio.

"Sunshine’s Glove" resulta todavía más delicada. Las guitarras no se limitan a acompañar la melodía, parecen prolongarla, repitiendo pequeñas figuras que permanecen flotando después de cada frase. La interpretación tiene una dulzura ligeramente distante, como una fotografía tomada durante un verano que ya ha terminado.

"Girl Soul", "How She Loves" y "Forever a Dream" desarrollan esa misma tensión entre romanticismo y frustración. Las letras hablan de relaciones, expectativas, errores y promesas, pero rara vez caen en el dramatismo excesivo. Mariani canta como alguien que todavía cree en el amor, aunque la experiencia le haya enseñado a desconfiar de los finales felices.

Por eso "Another Happy Ending", la canción de cierre, posee un título tan apropiado. Puede entenderse como esperanza, ironía o una mezcla de ambas. Tras doce canciones, el álbum no ofrece una resolución definitiva. Deja una puerta abierta que la propia historia del grupo terminaría cerrando.

Un disco que no suena a su época:


En 1990 la música popular estaba cambiando con rapidez. Las guitarras no habían desaparecido, pero la conversación cultural comenzaba a desplazarse hacia otras escenas, otras actitudes y nuevas formas de presentar el rock alternativo. Something or Other parecía pertenecer simultáneamente al pasado y al futuro.

Miraba hacia los años sesenta (siglo XX), hacia The Byrds y las armonías vocales, y hacia la gran tradición de canciones de tres o cuatro minutos que definió buena parte del pop de los setenta. Al mismo tiempo, su producción limpia y espaciosa anticipaba el interés por la guitarra melódica que recorrería buena parte del pop independiente de las décadas siguientes.

Quizá esa falta de alineación con una moda concreta explique parte de su escaso recorrido comercial. El álbum era demasiado pulido para algunos sectores del rock independiente y demasiado poco visible para competir dentro del gran mercado. Además, sin una banda dispuesta a defender las canciones sobre los escenarios, su futuro quedó limitado desde el principio.

The Someloves fabricaron un disco pensado para crecer, pero el grupo dejó de existir antes de que pudiera hacerlo.


El culto, la reedición y una segunda vida:


Con el paso del tiempo, Something or Other comenzó a circular como un secreto entre aficionados al power pop. La revista estadounidense "Goldmine" llegó a incluirlo entre los diez grandes álbumes del género, siendo la única referencia australiana de aquella selección. El reconocimiento no lo convirtió en un éxito tardío, pero sí ayudó a situarlo dentro de una tradición internacional.

THE SOMELOVERS

En 2006, Half A Cow Records recuperó el álbum dentro de la recopilación doble "Don’t Talk About Us, The Real Pop Recordings of The Someloves 1985–89". La reedición reunió el disco completo, sencillos, caras secundarias, mezclas alternativas y grabaciones inéditas. También restauró las canciones a la velocidad original de las cintas, ya que el álbum había sido acelerado ligeramente para su publicación en 1990. Ese detalle modifica la escucha más de lo que podría parecer. Las guitarras adquieren otro cuerpo y las voces recuperan una calidez menos ansiosa.

No considero Something or Other una obra revolucionaria, y creo que esa precisión importa. El disco no inventó un nuevo vocabulario ni transformó el rumbo del rock australiano. Su valor procede de algo más difícil de medir, la extraordinaria calidad con la que sus autores trabajaron una tradición que amaban.

Cada canción está escrita con cuidado, pero ninguna transmite frialdad. Los arreglos son minuciosos, aunque conservan espontaneidad. Las influencias están presentes, pero nunca anulan la personalidad de Mariani y Mather. Es un álbum que demuestra que la originalidad no siempre consiste en romper con todo lo anterior. A veces consiste en comprender una forma musical y encontrar dentro de ella una emoción propia.

Hoy la música permanece:


Permanece la entrada de "Melt", el movimiento de las guitarras en "Know You Now", la melancolía soleada de "Sunshine’s Glove" y la elegancia con la que "Another Happy Ending" pone fin a una historia que en realidad quedó incompleta. Permanece, sobre todo, la sensación de estar escuchando a músicos que confiaban profundamente en el poder de una buena melodía.

Disco recomendado


A los lectores jóvenes que no conozcan The Someloves, les recomendaría acercarse a Something or Other. Escuchadlo como escucharíais un descubrimiento reciente, con auriculares, sin saltar canciones y dejando que las guitarras ocupen su espacio. Encontraréis un álbum de rock y pop australiano lleno de emoción, inteligencia y luz, una obra sin grandes gestos que continúa ganándose a cada nuevo oyente, más de tres décadas después de haber sido grabada.

Video del tema "Know You Now":

Tracklist:

1. Melt (5:04)
2. Back On Side With You (4:14)
3. Something You Can't Miss (3:16)
4. Know You Now (3:43)
5. Girl Soul (4:06)
6. How She Loves (3:20)
7. I Didn't Mean That (3:39)
8. Little Town Crier (2:48)
9. Sunshine's Glove (4:42)
10.Forever A Dream (3:34)
11.I'm Falling Down (3:48)
12.Another Happy Ending (4:32)

Banda:

  • Darryl Mather (voz, guitarra),
  • Dom Mariani (voz, guitarra),
  • Christian Houllemare (bajo),
  • Gary Chambers (batería),
  • Tony Italiano (bajo),
  • Robbie Scorer (batería),
  • Mitch Easter (guitarra, teclados),
  • Angie Easter (teclados)

FEAR - The Record: punk que redefinió el género

Hay algo muy liberador en escuchar "The Record" de la banda FEAR en pleno siglo XXI de nuevo hoy. No porque sea fácil, ni porque encaje con la sensibilidad actual, sino precisamente porque no lo hace. Este álbum, publicado el 16 de mayo de 1982, sigue sonando como un artefacto fuera de control, una cápsula de ruido, rabia y humor retorcido que se niega a suavizarse con el paso del tiempo. Dejadme recomendarlo y porque.

ALBUM: The Record  


Cuando me acerqué a él por primera vez hace ya un tiempo, no lo hice como quien busca un clásico del punk para completar una lista, sino como quien quiere entender de dónde viene esa energía cruda que luego reciclaron bandas mucho más accesibles. Y lo que encontré fue algo más complejo de lo que esperaba. The Record no es solo velocidad y provocación, es también precisión, ironía y una forma muy particular de entender la música dentro de un género que muchas veces se simplifica en exceso.


Cómo nace The Record:


Para entender este álbum hay que situarse en el Los Ángeles de finales de los setenta y principios de los ochenta. No era una escena homogénea. Mientras algunos grupos empujaban el hardcore hacia la radicalidad política o la urgencia casi nihilista, la banda FEAR decidió tomar otro camino. No buscaban construir discurso, buscaban reacción.

FEAR - The Record - 1982

Durante varios años, la banda liderada por Lee Ving se curtió en escenarios donde el caos era parte del espectáculo. Sus conciertos eran intensos, imprevisibles y, en ocasiones, directamente conflictivos. Esa reputación fue clave para su identidad. Cuando finalmente lograron mayor visibilidad, incluyendo su aparición en el circuito mediático underground y actuaciones que hoy forman parte del imaginario punk, ya tenían claro quiénes eran.

The Record nace de ese contexto. No es un álbum pulido para gustar, es un reflejo directo de esa actitud. Lo interesante es que, a pesar de esa imagen de descontrol, el disco está cuidadosamente construido. Aquí es donde FEAR se separa de muchos de sus contemporáneos.

Rompe el estereotipo del hardcore punk:


Si alguien se acerca a este disco pensando que va a escuchar simplemente guitarras rápidas y gritos desordenados, se llevara una sorpresa. Sí, hay velocidad. Sí, hay agresividad. Pero también hay una base musical mucho más sofisticada de lo que suele asociarse al hardcore.

FEAR - Banda Punk 1982

El batería Spit Stix es clave. Su forma de tocar no se limita al típico ritmo lineal. Introduce cambios, acentos y estructuras que aportan una sensación casi nerviosa al conjunto. Es como si la música estuviera constantemente a punto de desmoronarse, pero nunca llega a hacerlo.

Las guitarras, por su parte, no siguen siempre el patrón clásico de acordes rápidos. Hay riffs que parecen descolocados, solos que entran de forma inesperada y momentos en los que la textura sonora se vuelve casi disonante. Ese punto extraño es lo que da personalidad al disco.

Y luego está la voz de Lee Ving. No grita sin más. Canta con una mezcla de sarcasmo, intensidad y teatralidad que convierte cada canción en una especie de pequeño monólogo incómodo. Su forma de interpretar es fundamental para entender el tono del álbum.

Canciones que definen una actitud:


Desde el arranque con "Let’s Have a War", el mensaje es claro. No hay introducciones suaves ni intentos de seducción. Es una declaración directa, casi provocadora, sobre la superficialidad con la que se abordan temas serios.

Uno de los momentos más interesantes llega con "Beef Baloney", que empieza con un tono casi blues para luego explotar en puro punk. Ese contraste resume bien la propuesta del grupo, romper expectativas en cuestión de segundos.

"Camarillo" es breve pero deja huella con su ritmo poco convencional, mientras que "I Don’t Care About You" funciona casi como una declaración de principios. Es una canción sencilla en apariencia, pero su actitud encapsula gran parte del espíritu del disco.

Luego aparece "New York’s Alright (If You Like Saxophones)", probablemente uno de los temas más desconcertantes. El uso del saxofón dentro de un contexto punk no solo rompe esquemas, también añade una capa de ironía que resulta difícil de ignorar.

En la parte central del álbum, temas como "Gimme Some Action" o "Foreign Policy" mantienen la intensidad, pero es en piezas como "We Destroy the Family" donde se aprecia esa tendencia a jugar con estructuras menos previsibles.

"I Love Livin’ in the City" merece una mención especial. Es una radiografía exagerada y grotesca de la vida urbana, contada con un humor que oscila entre lo absurdo y lo incómodo. No es una canción que busque empatía, sino reacción.

Hacia el final, "Disconnected" y "Getting the Brush" exploran terrenos más disonantes, casi caóticos, mientras que "No More Nothing" recupera la energía directa antes de cerrar con "F*ck Christmas", un final breve que resume perfectamente el tono irreverente del disco.

Letras, provocación y contexto:


Hablar de The Record sin mencionar sus letras sería quedarse a medias. Son ofensivas, deliberadamente incómodas y, en muchos casos, difíciles de defender desde una perspectiva actual. Pero ignorarlas tampoco ayuda a entender el disco.

Lo que hace FEAR no es tanto construir un discurso coherente como lanzar provocaciones en todas direcciones. No hay un objetivo claro más allá de incomodar. Eso puede resultar problemático, pero también explica por qué el álbum sigue generando debate.

En su momento, ese enfoque encajaba con una escena que buscaba romper con todo. Hoy, obliga a escuchar con más contexto. No es un disco que se pueda consumir de forma inocente, pero tampoco es uno que deba descartarse sin más.

Legado:


La influencia de The Record se extiende mucho más allá de su momento. Músicos de distintas generaciones han señalado este álbum como referencia. No tanto por su mensaje, sino por su actitud y su manera de expandir los límites del punk.

Fear - Banda Punk

Se nota en bandas que introducen elementos inesperados dentro de estructuras rápidas, en grupos que no tienen miedo de sonar incómodos, en artistas que entienden el humor como una herramienta dentro del rock.

Incluso el hecho de que la banda regrabara el disco décadas después sirve para subrayar algo importante. El original sigue siendo insustituible. Tiene una energía que no se puede replicar. Es el resultado de un momento concreto, de una escena concreta y de una banda en su punto exacto de tensión creativa.

The Record sigue siendo importante:


Escuchar este álbum ahora no es lo mismo que hacerlo en 1982. El contexto ha cambiado, la sensibilidad también. Pero eso no le resta valor. Al contrario, lo convierte en un documento aún más interesante.

The Record demuestra que el punk podía ser más que tres acordes y velocidad. Podía ser incómodo, contradictorio, incluso desagradable, pero también sorprendentemente elaborado desde el punto de vista musical.

No es un disco para todo el mundo, y tampoco lo pretende. Pero precisamente por eso sigue siendo relevante. Porque no busca gustar, busca provocar una reacción, y eso es algo que muchos discos actuales han olvidado.

Disco recomendado


Si eres joven y no has escuchado nunca a FEAR, este disco puede ser un choque
. No suena como el punk que probablemente conoces. No es limpio, no es amable, no es fácil de digerir.

Pero si le das una oportunidad, descubrirás algo más profundo. Un álbum que, bajo su capa de ruido y provocación, esconde una forma muy particular de entender la música y la cultura.

The Record no es solo un clásico del punk, es una experiencia. Y aunque no te guste todo lo que escuches, es muy probable que te deje pensando. Y eso, en el fondo, es lo que siempre ha hecho grande al rock.

Video del tema "Foreign Policy":


Tracklist:

Cara A:

1. "Let's Have a War" 2:19
2. "Beef Bologna" 1:47
3. "Camarillo" 1:11
4. "I Don't Care About You" 1:59
5. "New York's Alright If You Like Saxophones" 2:08
6. "Gimme Some Action" 0:59
7. "Foreign Policy" 2:14

Cara B:

8. "We Destroy the Family" 1:54
9. "I Love Livin' in the City" 2:05
10. "Disconnected" 2:07
11. "We Gotta Get Out of This Place"  
12. "Fresh Flesh" 1:44
13. "Getting the Brush" 2:32
14. "No More Nothing" 1:31

Banda:

  • Lee Ving – voz principal, guitarra rítmica, bajo en "New York's Alright If You Like Saxophones"
  • Philo Cramer – guitarra principal, coros
  • Derf Scratch – bajo, coros, saxofón, guitarra rítmica en "New York's Alright If You Like Saxophones", voz principal en "Getting the Brush"
  • Spit Stix – batería

Producción:

Gary Lubow – productor

FUNKADELIC - Maggot Brain (Revisited)

En 2019 escribí sobre el disco "Maggot Brain" en este mismo blog de música. Entonces centré buena parte de mi atención en Eddie Hazel, en aquella guitarra capaz de llorar, gritar y descomponerse durante más de diez minutos. Años después, sigo pensando que su interpretación es uno de los grandes acontecimientos de la música eléctrica, pero ahora escucho el álbum desde otro lugar. Ya no me interesa únicamente señalar su virtuosismo, ni presentarlo como una rareza dentro del funk. Quiero recomendarlo de nuevo, especialmente a quienes han llegado a la música a través del rock alternativo, el hip hop, el pop experimental o la psicodelia contemporánea y todavía no conocen a la banda FUNKADELIC.


ALBUM: Maggot Brain 


Publicado el 12 de julio de 1971, el tercer álbum de FUNKADELIC sigue funcionando como una grieta en la historia de la música popular. A través de ella se filtran el blues, el soul, el gospel, el rock psicodélico, el funk, la improvisación, los primeros temblores del heavy metal y una visión política cargada de miedo, deseo, humor negro y desconfianza hacia el futuro. George Clinton convirtió todas esas fuerzas en una experiencia compacta de apenas treinta y siete minutos.

FUNKADELIC - Maggot Brain

Funkadelic, una banda que no encajaba:


Para entender cómo nació Maggot Brain hay que regresar al Detroit de finales de los años sesenta (siglo XX). George Clinton había comenzado dirigiendo a "Parlament", un grupo vocal que aspiraba a entrar en el ordenado universo de Motown. Pero Clinton era demasiado inquieto para permanecer dentro de una fórmula basada en trajes idénticos, movimientos sincronizados y canciones cuidadosamente pulidas.

Mientras Motown construía una imagen elegante y reconocible de la música negra estadounidense, George Clinton imaginaba algo más desobediente. Quería conservar las armonías del soul, pero rodearlas de guitarras distorsionadas, bajos profundos, discursos absurdos, espiritualidad callejera y largas improvisaciones. FUNKADELIC nació en ese espacio, como una banda negra de rock que no quería pedir permiso para tocar blues eléctrico, psicodelia o música pesada.

Funkadelic Banda 1971

Westbound Records ofreció a Clinton una libertad que difícilmente habría encontrado en una compañía más convencional. Tras Funkadelic y Free Your Mind... and Your Ass Will Follow, ambos publicados en 1970, el grupo entró en United Sound Systems de Detroit para grabar su tercer trabajo entre finales de ese año y comienzos de 1971.

La formación era extraordinaria. Eddie Hazel y Tawl Ross tocaban las guitarras, Billy Nelson se ocupaba del bajo, Tiki Fulwood de la batería y Bernie Worrell de los teclados. George Clinton actuaba como productor, director conceptual y agitador general. Aquella sería la última grabación de la formación original antes de que varios de sus miembros abandonaran el grupo por conflictos económicos, desgaste personal y problemas relacionados con las drogas. Maggot Brain quedó así como la culminación de una primera etapa irrepetible.


El tema “Maggot Brain”, una guitarra abandonada frente al vacío:


El álbum comienza con una voz alterada, casi llegada desde una transmisión espacial defectuosa. Clinton habla de una Madre Tierra embarazada, de los gusanos que habitan la mente del universo y de la necesidad de elevarse por encima de la propia destrucción. No ofrece explicaciones. Simplemente abre una puerta y deja al oyente frente a algo inmenso.


La guitarra de Eddie Hazel:


La historia más repetida cuenta que Clinton le pidió que tocara como si acabara de recibir la noticia de la muerte de su madre. La indicación podía haber producido una interpretación teatral, excesivamente consciente de su dramatismo. Hazel hizo lo contrario. No representa el dolor, parece atravesarlo.

Durante algo más de diez minutos, su guitarra se mueve sobre una progresión lenta y casi inmóvil. El resto de los instrumentos fue reducido durante la mezcla para concederle todo el espacio. Apenas quedan una guitarra secundaria, algunas sombras rítmicas y un fondo que parece respirar bajo tierra. Clinton añadió eco, repeticiones y efectos que prolongan las notas hasta convertirlas en filamentos suspendidos.

Hazel utiliza distorsión, pedal wah wah y un control expresivo heredado de Jimi Hendrix, pero no intenta competir con él. Donde Hendrix podía transformar la guitarra en fuego, electricidad o protesta, Hazel la convierte en una voz humana separada del cuerpo. Algunas frases se elevan con claridad, otras se rompen, se doblan o se precipitan hacia el silencio.

Desde una perspectiva de rock music, se puede relacionar esta construcción emocional con "Shine On You Crazy Diamond" de Pink Floyd, aunque Maggot Brain apareció cuatro años antes. Ambas piezas utilizan el blues como lenguaje para hablar de una ausencia, pero Hazel suena menos contenido que David Gilmour. Su interpretación conserva algo imprevisible, como si cada nota estuviera descubriendo el siguiente paso en el mismo instante en que lo toca.


Duelo al gospel sin pedir permiso:


Después de semejante comienzo, cualquier álbum razonable necesitaría un tiempo para recuperarse. FUNKADELIC responde con "Can You Get to That", una canción luminosa, acústica y comunal que parece abrir las ventanas de una habitación cerrada.

Las guitarras rasguean con sencillez, las voces masculinas y femeninas se contestan y un bajo profundo introduce pequeñas interrupciones cómicas. Las coristas Pat Lewis, Dianne Lewis y Rose Williams, vinculadas al entorno musical de Isaac Hayes, aportan el carácter de una celebración gospel. Sin embargo, la letra habla de relaciones construidas sobre una economía emocional inestable. El amor aparece descrito como un crédito que puede quedarse sin fondos.

Esa combinación entre alegría sonora y advertencia moral define buena parte del álbum. FUNKADELIC no separa la fiesta de la preocupación. Bailar no significa ignorar lo que está ocurriendo, sino encontrar una forma física de resistirlo.

"Hit It and Quit It" cambia de nuevo el paisaje. Bernie Worrell toma la voz principal y los teclados, mientras la banda construye un ritmo compacto, sensual y deliberadamente excesivo. El órgano se mueve entre el soul de iglesia y el rock progresivo, las guitarras entran con brusquedad y el estribillo posee una fuerza inmediata. Es música corporal, pero llena de detalles extraños que impiden que se convierta en una simple canción festiva.

En "You and Your Folks, Me and My Folks", Billy Nelson canta sobre la necesidad de confianza, igualdad y convivencia. La letra pide que las personas aprendan a compartir antes de que el odio continúe multiplicándose. Debajo de ese mensaje, el bajo y la batería generan un movimiento oscuro, casi amenazante. FUNKADELIC entendía que una canción sobre la unión no tenía por qué sonar ingenua.

Funk se encuentra con el heavy metal:


"Super Stupid" debería resultar familiar a cualquier joven oyente educado con Black Sabbath, Soundgarden, Rage Against the Machine, Queens of the Stone Age o los momentos más abrasivos de Red Hot Chili Peppers.

La canción está impulsada por un riff de Eddie Hazel que no necesita ninguna etiqueta para sonar pesado. La batería golpea con violencia, el bajo refuerza cada giro y la guitarra avanza como una maquinaria defectuosa que produce chispas. Hazel también canta la historia de un hombre que confunde cocaína con heroína y termina destruido por su propia estupidez.

No se trata de una glorificación del consumo. La música puede sonar excitante, pero la letra observa el deterioro con crudeza. Esa contradicción forma parte de la inteligencia del grupo. FUNKADELIC sabía que las canciones no siempre necesitan ofrecer una respuesta moral limpia. A veces basta con mostrar el placer y el peligro ocupando el mismo espacio.

"Back in Our Minds" es la pieza más pequeña y desordenada del álbum. Percusiones agudas, voces inclinadas hacia la caricatura, teclados y un breve trombón aparecen como objetos encontrados dentro de un estudio. No posee la intensidad de los demás temas, pero cumple una función importante. Rebaja la solemnidad antes del final y recuerda que George Clinton nunca quiso convertirse en un predicador respetable.

"Wars of Armageddon", el mundo convertido en ruido:


Si la canción inicial presenta a una persona sola frente a una pérdida, "Wars of Armageddon" muestra a toda una sociedad caminando hacia el colapso.

La batería de Tiki Fulwood, los bongos, el cencerro, el órgano y las guitarras levantan una improvisación febril de más de nueve minutos. Alrededor de la banda aparecen gritos, protestas, llantos, explosiones, animales, anuncios de aeropuerto y sonidos corporales. En lugar de ordenar el caos, FUNKADELIC lo deja entrar en el estudio.

La pieza comparte algo con "Revolution 9" de The Beatles, aunque aquí el montaje sonoro no sustituye a la música. Existe un grupo tocando con una energía feroz, mientras el mundo exterior invade la grabación. También anticipa la densidad rítmica y la sensación urbana de trabajos posteriores de Miles Davis, especialmente On the Corner, Dark Magus y Agharta.

El resultado es incómodo, político y, en algunos momentos, deliberadamente ridículo. Clinton enfrenta la guerra, la contaminación y el miedo con la actitud de un bromista que se niega a conceder al desastre toda la autoridad. El humor no elimina la gravedad, la hace soportable.

Un álbum nacido del miedo de 1971:


La edición original de Maggot Brain incluía en su carpeta interior un texto sobre el miedo procedente de una publicación de la Process Church of the Final Judgment. La idea central sostenía que el miedo se encontraba en el origen de la destrucción humana y de la guerra entre individuos y sociedades.

Esa preocupación atraviesa el álbum. Estados Unidos seguía atrapado en Vietnam, las promesas de transformación asociadas a los años sesenta comenzaban a desgastarse y los conflictos raciales y económicos continuaban abiertos. FUNKADELIC observaba cómo la esperanza podía convertirse en paranoia, dependencia y violencia.

La portada, con una mujer negra gritando mientras parece emerger o hundirse en la tierra, refuerza esa sensación. No sabemos si está naciendo, siendo enterrada o regresando de algún lugar. La imagen no resuelve su significado, del mismo modo que el álbum nunca explica por completo qué es ese “cerebro de gusano” de su título.


Este disco sigue hablando a los oyentes jóvenes:


Escuchar este álbum hoy permite descubrir que muchas fronteras musicales aceptadas durante décadas eran más culturales que sonoras. FUNKADELIC fue considerado demasiado rock para una parte del público del soul y demasiado negro para buena parte de la audiencia blanca del rock. Precisamente esa posición incómoda hizo posible su música.

Su huella puede rastrearse en Prince, Red Hot Chili Peppers, OutKast, Dr. Dre, Kendrick Lamar, Childish Gambino, Brittany Howard, Primal Scream, Sleigh Bells y numerosos artistas que han mezclado guitarras, electrónica, funk, psicodelia y conciencia social. No todos suenan como FUNKADELIC, pero muchos trabajan en el territorio que Clinton ayudó a abrir.

Lo mejor de Maggot Brain no es únicamente su influencia. Es la libertad que transmite. La banda no parece estar preguntándose qué clase de música tiene permitido hacer. Puede comenzar con una elegía instrumental, continuar con un coro gospel, entrar en el hard rock, hablar de igualdad, burlarse de sí misma y terminar representando el Apocalipsis como una fiesta que se ha quedado sin supervisión.

Disco recomendado


Por eso regreso a este álbum. No para colocarlo en un museo, ni para convertirlo en una obligación cultural, sino porque todavía suena vivo, peligroso y profundamente humano. Mi recomendación para los jóvenes amantes de la música es escucharlo completo, a buen volumen y sin saltar directamente a la canción principal. Dejad que sus contradicciones trabajen. Puede que al terminar no sepáis si habéis escuchado funk, rock, soul, psicodelia o una transmisión llegada desde otro planeta. Esa confusión no es un problema. Es exactamente donde empieza FUNKADELIC.

Video del tema "Can You Get to That":

Tracklist (LP vinilo original):

Cara A:

1. "Maggot Brain" 10:21
2. "Can You Get to That" 2:50
3. "Hit It and Quit It" 3:50
4. "You and Your Folks, Me and My Folks" 3:36

Cara B:

1. "Super Stupid" 4:01
2. "Back in Our Minds" 2:38
3. "Wars of Armageddon" 9:42

Funkadelic (Banda):

  • Bernie Worrell – teclados, voz (voz principal en la pista 3)
  • Eddie Hazel – guitarra solista, voz (voz principal en la pista 5)
    Tawl Ross – guitarra, voz (co-voz principal en las pistas 6 y 7)
  • Billy Nelson – bajo, voz (voz principal en la pista 4)
    Tiki Fulwood – batería
  • George Clinton – voz (hablado en la pista 1, voz principal en las pistas 6 y 7)
  • Raymond Davis – voz (voz principal en la pista 2)
  • Fuzzy Haskins, Calvin Simon, Grady Thomas, Garry Shider – coros
  • Hot Buttered Soul (Pat Lewis, Diane Lewis, Rose Williams) – coros (pista 2)

Producción:

  • Producido por George Clinton

COLDPLAY - Parachutes (Revisited)

Décadas después de su publicación, regreso a Parachutes, el álbum con el que Coldplay convirtió la fragilidad, la melancolía y las guitarras atmosféricas en canciones universales. En este blog de música hago una revisión personal de su nacimiento, su sonido y la distancia que separa a aquella banda íntima del fenómeno de estadios actual.

ALBUM: Parachutes


Volver a Parachutes, publicado por Coldplay el 10 de julio de 2000 en Reino Unido y el 7 de noviembre en Estados Unidos, ha sido menos un ejercicio de nostalgia que una comprobación. Quería saber si aquel disco seguía siendo tan bueno como lo recordaba o si el tiempo lo había protegido con una pátina sentimental. Ya escribí sobre él en 2019, pero esta escucha llega desde otro lugar. Conocí de cerca la vida profesional del álbum y de algunos de los que vinieron después, desde una posición dentro de la discográfica EMI. También he vivido la evolución del grupo como admirador y, más tarde, como espectador distante.

COLDPLAY - Parachutes - Album

Mis dos discos favoritos de Coldplay siguen siendo Parachutes y A Rush of Blood to the Head. Después de Viva la Vida or Death and All His Friends dejé de seguirles con la misma atención. Entiendo los estadios llenos, pero buena parte de su producción posterior me parece un pop azucarado, diseñado para gustar a todo el mundo y, precisamente por eso, incapaz de decirme algo íntimo. No discuto el éxito, discuto la música. Al regresar a Parachutes, la distancia entre aquel Coldplay y el actual resulta conmovedora.

Cómo nació Parachutes:


Coldplay comenzó a trabajar en su primer álbum a finales de 1999, después de publicar The Blue Room EP. Chris Martin, Jonny Buckland, Guy Berryman y Will Champion todavía estaban aprendiendo a tocar juntos con verdadera calma. El productor Chris Allison participó en las primeras sesiones y dejó su huella en "High Speed", grabada en los estudios Orinoco de Londres. La canción conserva un color distinto, más nebuloso, como si el grupo aún buscara la entrada a su propio sonido.

Las primeras pruebas no funcionaron. Allison consideró que la banda no estaba preparada para grabar el álbum completo. Detenerse, ensayar y escribir más canciones fue decisivo. "Yellow" ni siquiera existía. Meses después apareció Ken Nelson, productor de "Bring It On" de Gomez, impresionado por la voz de Chris Martin. Nelson entendió que aquellas canciones no necesitaban más músculo, sino espacio y un tempo que les permitiera respirar.

Coldplay banda año 2000

La grabación se extendió entre noviembre de 1999 y mayo de 2000, pasando por Rockfield Studios, en Gales, y Parr Street Studios, en Liverpool. El plan inicial era terminar en dos semanas, pero los conciertos alargaron el proceso. "Trouble" fue reconstruida para eliminar el exceso y dejar su esqueleto emocional.

Michael Brauer mezcló casi todo el álbum en Nueva York. La portada, un globo amarillo fotografiado con una cámara Kodak desechable, resume bien su espíritu, algo cotidiano convertido en símbolo. El disco fue dedicado a Sara Champion, madre de Will Champion, fallecida dos meses antes de su publicación. Saberlo añade una gravedad silenciosa a un trabajo atravesado por la pérdida y la esperanza.

El sonido de Coldplay antes de los estadios:


En 2000 el Britpop había agotado su relato. Radiohead estaba a punto de romper con la guitarra tradicional mediante "Kid A", mientras el nu metal y el pop reluciente dominaban el paisaje. Coldplay apareció con canciones que parecían dichas al oído.

Parachutes pertenece al rock alternativo y al pop británico posterior al Britpop, pero su identidad está en las texturas. Las guitarras acústicas de Martin forman una superficie cálida, Buckland añade líneas eléctricas con eco, el bajo de Berryman avanza con discreción y Champion toca con una ligereza extraordinaria.

"Don’t Panic" abre el disco con una guitarra suave y una frase que podría resultar ingenua, vivimos en un mundo hermoso. Aquí funciona porque la música no es triunfal. Hay tristeza en la armonía y serenidad en la interpretación, una contradicción cercana a "Perfect Day" de Lou Reed.

"Shiver" acelera el pulso con un compás de seis por ocho, batería viva y una interpretación vocal emparentada con Jeff Buckley. Chris Martin canta desde la obsesión y la inseguridad, sin esconderse detrás del cinismo. "Spies" es más oscura, el trémolo de guitarra y las sirenas lejanas construyen una sensación de vigilancia.

"Sparks" reduce todo a un murmullo. Su resurgir en plataformas de vídeo y su llegada al Billboard Hot 100 años después demostraron que la intimidad también puede sobrevivir al algoritmo. Su bajo circular, la guitarra apenas rozada y la forma en que Martin admite que puede fallar la convierten en una confesión sin maquillaje.

Yellow y Trouble:


"Yellow" cambió la historia de Coldplay. La letra es imprecisa, casi absurda si se analiza palabra por palabra, pero su grandeza está en lo que deja libre. El arreglo es sencillo, progresión acústica, batería contenida y las curvas de guitarra de Buckland abriendo el cielo.

El vídeo de Chris Martin caminando bajo la lluvia por una playa inglesa fijó una imagen distinta de la masculinidad en el rock. No había pose ni rabia, solo un joven incómodo cantando con una vulnerabilidad que muchos confundieron con debilidad. Coldplay fue llamado "Radiohead light" y Alan McGee despreció su música con una frase cruel. Aquella sensibilidad, sin embargo, abrió un camino que después recorrerían Keane, Snow Patrol y The Fray.

"Trouble" es todavía mejor. El piano avanza y retrocede como una respiración inquieta. La guitarra eléctrica llora sin convertirse en solo, el bajo sostiene la tensión y Chris Martin canta como alguien que pide perdón sabiendo que quizá ya sea demasiado tarde. No hace falta comprender literalmente la telaraña de la letra. La culpa se siente físicamente.

En "High Speed" el grupo se acerca al sueño electrónico de Air y a ciertos paisajes de Moon Safari, aunque sin abandonar el formato de banda. Es una de mis canciones favoritas porque nunca persigue un clímax evidente, se limita a flotar. "We Never Change" prolonga esa sensación pastoral, mientras la breve "Parachutes" funciona como una miniatura acústica.

El cierre con "Everything’s Not Lost" contiene ya la ambición que definiría al siguiente Coldplay. Piano, guitarra y voz crecen hasta un canto colectivo cercano al espíritu de "Hey Jude", pero todavía no hay grandilocuencia. La esperanza nace después de contar los demonios, no de fingir que no existen.


Parachutes y la banda que quedó atrás:


El álbum llegó al número uno en Reino Unido, ganó un premio Brit y el Grammy al mejor álbum de música alternativa. Vendió millones de copias, pero su legado no se explica solo mediante cifras. Parachutes enseñó que una canción podía ser popular sin gritar, que la melancolía masculina no necesitaba disfrazarse de violencia y que la producción podía ampliar una emoción sin aplastarla.

A Rush of Blood to the Head perfeccionó la fórmula. Viva la Vida representó la última transformación que seguí con entusiasmo. Después, para mí, la búsqueda de comunión masiva terminó sustituyendo a la belleza concreta de las canciones. Coldplay aprendió a iluminar estadios, pero perdió aquella capacidad de hacer que una habitación pequeña pareciera contener el mundo.

Por eso Parachutes sigue siendo un gran álbum. No porque sea perfecto ni porque cada verso resista un análisis literario, sino porque su emoción no está industrializada. Suena a cuatro músicos descubriendo lo que pueden hacer juntos, todavía cerca del pub, del local de ensayo y de la lluvia inglesa. Hay ambición, pero aún no hay armadura.

Disco recomendado


A los lectores jóvenes que solo conocen al Coldplay de las pulseras luminosas, las colaboraciones globales y los estribillos pensados para multitudes, les recomiendo escuchar Parachutes de principio a fin, con auriculares y sin saltar canciones. Encontrarán otra banda, más tímida, más extraña y mucho más humana. Tal vez descubran también que el mejor pop no siempre necesita conquistar el cielo. A veces basta con una guitarra con eco, un piano triste y una voz que todavía no sabe hasta dónde va a llegar.

Video del tema "Sparks":

Tracklist: edition estandar:

1. "Don't Panic" 2:17
2. "Shiver" 4:59
3. "Spies" 5:18
4. "Sparks" 3:47
5. "Yellow" 4:29
6. "Trouble" 4:30
7. "Parachutes" 0:46
8. "High Speed" 4:14
9. "We Never Change" 4:09
10. "Everything's Not Lost" 7:15

Coldplay (Banda):

  • Chris Martin - voz, guitarra acústica, piano, órgano de fuelle
  • Jonny Buckland - guitarra eléctrica, voz en «Don't Panic»
  • Guy Berryman - bajo
  • Will Champion - batería, percusión

Aspectos técnicos:

  • Ken Nelson - producción (excepto "High Speed"); ingeniería de sonido
  • Coldplay - producción (excepto "High Speed")
  • Chris Allison - producción, ingeniería de sonido y mezcla ("High Speed")