En 1971, mientras el soul mutaba hacia territorios más duros y el funk empezaba a reclamar su espacio con una energía casi política, Booker T. & The M.G.’s decidieron detenerse, respirar y redefinirse. Lo que salió de aquellas sesiones en Nueva York no fue simplemente otro capítulo en su discografía, sino una declaración silenciosa de identidad y libertad creativa. "Melting Pot" captura a una banda en plena transición, consciente de su legado pero decidida a no vivir de él. Ese pulso contenido, esa mezcla de tradición y riesgo, es lo que convierte este álbum en una escucha fascinante incluso hoy. Y es precisamente ahí donde empieza su historia.
ALBUM: Melting Pot
Hablar de "Melting Pot" de Booker T. & The M.G.’s es hablar de una despedida que suena a conquista. Publicado en 1971 por Stax Records, este disco fue el último en contar con la formación clásica de Booker T. Jones, Steve Cropper, Donald “Duck” Dunn y Al Jackson Jr. Y aunque nadie lo sabía del todo en ese momento, el álbum tiene ese aire de declaración final, de banda que mira atrás sin nostalgia y hacia delante sin miedo.
Lo he escuchado, en vinilo, en reediciones, en noches tranquilas y en mañanas luminosas. Y siempre me sorprende lo mismo: lo contemporáneo que suena. No como un ejercicio de arqueología soul, sino como un artefacto vivo, palpitante. Si uno quiere entender por qué Memphis fue un cruce de caminos musical y cultural, este disco es un mapa perfecto.
Ruptura, frustración y libertad creativa:
A finales de los años sesenta (siglo XX), la maquinaria de Stax estaba cambiando. Al Bell había asumido un liderazgo que transformó el funcionamiento del sello, y Booker T. Jones, el arquitecto silencioso de tantos clásicos, empezó a sentirse desplazado, poco escuchado, poco libre. En su autobiografía "Time Is Tight: My Life, Note by Note", Jones habla sin rodeos de su sensación de estar siendo “poco artístico” y “poco original”. Era un músico que había ayudado a definir el sonido de una época, pero sentía que estaba repitiéndose.
Mientras tanto, Steve Cropper abría su propio estudio en Memphis y dedicaba cada vez más tiempo a trabajos de sesión. El grupo ya no funcionaba como antes, al menos en lo emocional. Jones se trasladó a California, y cuando llegó el momento de grabar un nuevo disco, se negó a hacerlo en Memphis. Eligieron Nueva York, entre conciertos, buscando otro aire, otra energía. Y esa decisión lo cambia todo.
En lugar de recurrir a versiones, como habían hecho en el anterior McLemore Avenue, esta vez apostaron por material completamente original. Dos piezas superaban los ocho minutos, algo impensable para una banda que había vivido durante años bajo la lógica del single. Se soltaron. Y se nota.
Funk oscuro, groove cerebral:
La primera vez que suena la pieza que da título al álbum, uno entiende que algo ha cambiado. "Melting Pot" arranca con un ritmo sincopado, bajo firme, guitarra rascando con precisión quirúrgica, batería seca y profunda. Y entonces entra el órgano de Booker T., amplio, casi desafiante. No es la inmediatez de "Green Onions", aunque su pulso esté emparentado. Es algo más denso, más oscuro.
Aquí hay funk, sí, pero no es festivo. Es un funk que invita más a mover la cabeza que las caderas, más a pensar que a celebrar. Me recuerda, salvando las distancias, a cómo The Meters en Nueva Orleans construían grooves que parecían sencillos pero estaban llenos de tensión interna. También hay algo de la sofisticación urbana que en esos años empezaba a despuntar en Filadelfia. Pero los M.G.’s siguen siendo ellos mismos.
La sección rítmica de Dunn y Jackson es una muralla flexible. Dunn camina con ese bajo redondo, casi obstinado, mientras Jackson golpea con una elegancia que nunca necesita exagerar. Cropper, por su parte, mantiene su filosofía de no desperdiciar una nota. Sus solos son blues en estado puro, pero nunca se desbordan. Son punzantes, contenidos, inteligentes.
La producción, en buena parte moldeada por el propio Cropper, permite que el sonido respire. Hay rango dinámico, espacio. Se escuchan los matices del órgano cuando Booker juega con los registros, la manera en que la guitarra dialoga con el teclado. Es un disco que se siente tocado por músicos que se escuchan entre sí.
Entre la tradición y la reinvención:
"Back Home" comienza casi atropellado, con una energía que parece querer romper con todo, para luego deslizarse hacia un blues más lento, casi arrastrado. Booker pasa al piano, y la atmósfera se vuelve más terrenal. Es una pieza que me hace pensar en The Crusaders, pero con más aspereza, menos pulido. Hay algo borroso, casi ebrio, en su tramo central, que me resulta profundamente humano.
En "Chicken Pox" el bajo de Dunn se convierte en protagonista. Es un riff poderoso, casi infeccioso, que sostiene un diálogo juguetón entre órgano y guitarra. Aquí sí se siente la influencia del funk emergente, ese espíritu más crudo que estaba tomando las calles de las ciudades estadounidenses. No es casual que el álbum aparezca en un momento en que la música afroamericana instrumental vivía su última gran ola antes de que la electrónica y el muestreo cambiaran el panorama.
"Fuqawi" es uno de esos temas que se te quedan grabados sin pedir permiso. El riff de órgano es simple pero eficaz, casi como una melodía infantil elevada a categoría de mantra. Sobre él, Cropper lanza frases cortantes, con ese tono ligeramente sucio que siempre le caracterizó. Es uno de los momentos más físicos del disco.
"Kinda Easy Like" retoma el pulso más reconocible del grupo, con ecos de "Hip Hug-Her". La inclusión de voces femeninas en forma de coros sin palabras puede sorprender. A mí no me molestan tanto como a otros oyentes; las siento como un intento de ampliar el lienzo sonoro, aunque sí rompen la austeridad clásica del grupo. De cualquier modo, la pieza demuestra que los M.G.’s podían expandirse sin perder identidad.
Y luego está "LA Jazz Song", que combina tensión rítmica con un aire cinematográfico, casi de banda sonora urbana. Hay algo en su energía que anticipa el tono de ciertas películas de la época, ese retrato de ciudades vibrantes pero duras. El órgano y la guitarra se doblan en riffs que entran y salen con precisión milimétrica.
El cierre, "Sunny Monday", es una pequeña maravilla. Arranca con guitarra acústica, algo inusual en el repertorio del grupo, y el clima se vuelve más luminoso. Me recuerda, en su delicadeza inicial, a la sensibilidad de Gordon Lightfoot o incluso a la elegancia instrumental de Mason Williams. Cuando la banda entra al completo, el tema adquiere un aire casi celebratorio, como si tras la densidad del viaje anterior quisieran decirnos que todavía hay luz.
Memphis, eclecticismo y legado:
Memphis siempre fue un crisol, un lugar donde confluyeron tradiciones blancas y negras, blues del Delta, baladas de Appalachia, góspel. Booker T. & The M.G.’s encarnaron esa mezcla mejor que nadie. En "Melting Pot" esa cualidad se intensifica. Absorben influencias, se dejan tocar por el funk naciente, pero siguen siendo la banda que definió el sonido Stax.
Hay quien dice que no es su mejor disco. Yo creo que es el más valiente. No compite con obras monumentales de su tiempo como "Bitches Brew", pero tampoco lo necesita. Es un álbum que demuestra que una banda instrumental puede evolucionar sin perder su esencia. Que puede ser contemporánea sin subirse a una moda.
Y hay algo profundamente emocionante en saber que fue el último trabajo de esta formación. Después vendrían reuniones, intentos, tragedias. Pero este disco queda como un testimonio de cuatro músicos que, en medio de tensiones personales y cambios industriales, decidieron tocar como si todavía todo fuera posible.
Disco recomendado
Hoy, en plena era de la fragmentación digital, escuchar "Melting Pot" es recordar el poder de un grupo tocando en la misma sala, respirando el mismo aire. Suena orgánico, directo, honesto. No hay artificio innecesario. Solo groove, melodía y carácter.
Para quienes aman el rock instrumental, el soul, el funk o simplemente la música bien tocada, este álbum es una recomendación imprescindible. No es solo una pieza de museo dentro de la historia de la música popular. Es un disco que todavía vibra, que todavía cocina a fuego lento ese guiso sonoro que da sentido a su título.
Si nunca te has acercado a Booker T. & The M.G.’s, este es un excelente punto de partida. Y si ya conoces sus clásicos, aquí encontrarás a la banda en su versión más expansiva y consciente de sí misma. Cincuenta años después, este crisol sigue ardiendo.
Video del tema "L.A. Jazz Song":
Tracklist (formato LP vinilo):
Cara A:
"Melting Pot" – 8:15
"Back Home" – 4:40
"Chicken Pox" – 3:26
"Fuquawi" – 3:40
Cara B:
"Kinda Easy Like" – 8:43
"Hi Ride" – 2:36
"L.A. Jazz Song" – 4:18
"Sunny Monday" – 4:35
Booker T. & the M.G.s:
- Booker T. Jones – teclados
- Steve Cropper – guitarra
- Donald Dunn – bajo
- Al Jackson Jr. – batería
Personal adicional:
- The Pepper Singers – coros











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