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TWISTED TEENS - Florida Water Blues: entre punk y country

El agua vaporosa de Florida puede ser un perfume, un remedio espiritual, una superstición sureña o algo que conviene no beber. En manos del dúo Twisted Teens se convierte en una sustancia todavía más extraña, una mezcla de resistencia, humor negro, cansancio y orgullo regional. "Florida Water Blues", publicado el 10 de julio de 2026, contiene trece canciones y dura algo más de cuarenta y dos minutos. Es el tercer álbum del grupo de Nueva Orleans, pero también parece la cara nocturna de una obra que comenzó a tomar forma apenas unos meses antes.

ALBUM: Florida Water Blues


Quien llegue a la formación Twisted Teens debe imaginar un punto de encuentro improbable. En una esquina están el garage rock, el punk primitivo y el impulso físico de The Stooges. En otra aparecen el country, el rockabilly, la guitarra de acero y la tradición de contar historias de carretera. En medio, Caspian Hollywell canta con una voz rasgada, casi mineral, mientras Razor Ramon Santos deja que su steel guitar se retuerza alrededor de las canciones como aire caliente sobre el asfalto.

TWISTED TEENS - Florida Water Blues - Album 2026

El resultado no es una recreación nostálgica del sur de Estados Unidos. Twisted Teens utilizan esos sonidos como materiales contemporáneos, los deforman y los hacen convivir con cajas de ritmos, sintetizadores baratos, ruido, humor absurdo y personajes que sobreviven como pueden.

Nace junto a "Blame the Clown":


"Florida Water Blues" llegó solo unos meses después del disco "Blame the Clown", el segundo trabajo de Twisted Teens y uno de las obras que consolidaron su nombre durante la primera mitad de 2026. La cercanía entre ambos lanzamientos podría sugerir precipitación, pero los dos álbumes fueron grabados en el mismo periodo y funcionan mejor cuando se entienden como obras complementarias.

"Blame the Clown" capturaba la electricidad de una noche descontrolada. Sus canciones avanzaban con descaro, melodías inmediatas y una sonrisa torcida. "Florida Water Blues" comienza cuando esa noche ya ha terminado. La confianza sigue presente, pero ahora la luz revela el cansancio, la tristeza y las pequeñas derrotas que antes quedaban ocultas bajo el volumen.

TWISTED TEENS - banda - 2026

El grupo no abandona su identidad. Hollywell continúa ocupándose de gran parte de la instrumentación, entre batería, guitarra, bajo, voz y sintetizadores. Santos mantiene la steel guitar como uno de los elementos más reconocibles del álbum. Sin embargo, las canciones respiran más y el proyecto se abre a colaboradores como Mel Billiard, Howe Pearson, Cameron Snyder y Darcey Blye. Sus intervenciones no decoran el disco, sino que amplían su mundo.

La masterización de Jaxon Vesely ayuda a que las partes más ruidosas conserven impacto sin aplastar los momentos íntimos. Se escuchan guitarras ásperas, acústicas secas, bajos profundos, ritmos mecánicos deliberadamente inestables y sintetizadores que, en determinados pasajes, parecen llegar desde una habitación contigua.

Garage punk, country y swamp:


"Why Did You Miss It?" abre el álbum con una síntesis casi perfecta del lenguaje de Twisted Teens. Tiene nervio punk, movimiento de garage rock y un marcado acento country, pero no se lanza directamente contra el oyente. La canción se instala en un pulso hipnótico y deja flotando su pregunta central.

"Hand Me a Cigarette" comienza con un delicado dibujo de guitarra y pronto se transforma en una descarga eléctrica. Ese cambio brusco resume buena parte del disco. Bajo la energía hay resignación. Pedir un cigarrillo no suena aquí como un gesto rebelde, sino como la aceptación de una costumbre que desgasta lentamente.

En "Swamp", el paisaje deja de ser un fondo y se convierte en protagonista. El pantano aparece como un lugar grotesco, magnético y peligroso, lleno de bacterias, comida grasienta, sustancias químicas y animales que observan desde el agua. La steel guitar de Santos no aporta un romanticismo campestre, sino una sensación de inestabilidad, como si el suelo pudiera hundirse en cualquier momento.

La canción titular, "Florida Water Blues", ocupa el centro emocional del álbum. Sus melodías avanzan sin prisa mientras la letra mezcla referencias literarias, alcohol, superstición y dureza aprendida. La memoria no ofrece consuelo, es turbia y poco fiable. Hollywell canta que necesita el agua de Florida para hacerse fuerte, y la frase tiene algo de broma, algo de oración y algo de amenaza.

Musicalmente, el álbum puede recordar en algunos momentos a Parquet Courts, especialmente por la combinación de sequedad rítmica e ironía. También hay ecos de The Gun Club, Country Teasers, Reigning Sound y los Meat Puppets de "Meat Puppets II". En "Top of the World Hwy No. 2" imagino una banda de bar descubriendo a Iggy Pop, mientras que "Sun Go Down" deja entrever una versión deteriorada y sureña del encuentro entre The Replacements y Bruce Springsteen.

Las comparaciones sirven como orientación, pero Twisted Teens no parecen interesados en imitar a nadie. Su personalidad surge precisamente del choque entre elementos familiares.

Historias de gente:


Las letras de "Florida Water Blues" están pobladas por trabajadores agotados, figuras políticas crueles, adolescentes marginados y personas atrapadas en empleos o relaciones que no ofrecen salida. No son personajes ejemplares, tampoco héroes románticos. Son personas que intentan aguantar un día más.

"Dancer" retrata a una mujer descontenta con su trabajo, sus clientes y la imposibilidad de escapar. "Concealed Weepin'" parte de la historia de un joven rechazado, pero acaba reflexionando sobre el dolor que se oculta detrás de gestos aprendidos. La batería de Howe Pearson aporta una flexibilidad poco habitual en el grupo, mientras las texturas de Casio de Cameron Snyder añaden un brillo extraño y doméstico.

"Business" expone las relaciones basadas en el poder y el intercambio con una ironía particularmente afilada. La voz adicional de Darcey Blye convierte la canción en una conversación y abre una segunda perspectiva emocional. Junto a "Javelina" y "Weather the Season", forma una especie de tríptico sobre la corrupción, la persecución y la contaminación de la verdad pública.

El álbum habla de 2026 sin mencionar continuamente el presente. Lo hace mostrando la desconfianza, la precariedad y el agotamiento de una época en la que la información parece manipulable y la supervivencia cotidiana exige una coraza. Sin embargo, Twisted Teens nunca permiten que la gravedad elimine el placer. Sus letras contienen detalles ridículos, imágenes incómodas y frases que se quedan en la memoria porque hacen reír justo antes de mostrar algo doloroso.

Un final entre la puesta de sol y noise:


"Sun Go Down" podría haber sido simplemente una hermosa balada country. Hollywell abandona gran parte de su agresividad vocal, las guitarras suenan cálidas y las armonías de Darcey Blye amplían la sensación de despedida. Durante unos minutos, Twisted Teens parecen transformarse en narradores tradicionales de canciones solitarias.

El falso final:


Tras un breve silencio, la canción se abre hacia un pasaje de cuerdas crujientes, sintetizadores graves y sonidos que parecen reproducidos al revés. Poco a poco aparecen pequeñas notas agudas, semejantes a estrellas surgiendo en el cielo. El disco no concluye con una resolución, sino con el aire suspendido antes de que vuelva la mañana.

Ahí reside buena parte de la grandeza de "Florida Water Blues". El álbum acepta sus contradicciones. Puede ser ingenuo y consciente, ruidoso y vulnerable, divertido y profundamente triste. Su punk no depende únicamente de tocar rápido, sino de negarse a elegir entre tradiciones que supuestamente deberían permanecer separadas.

Por qué merece explorarlo:


No sé si "Florida Water Blues" convertirá a Twisted Teens en una banda masiva, y sospecho que eso importa poco. Su valor está en la manera en que transforma referencias conocidas en una música propia, sucia y emocionalmente precisa. El grupo entiende que una melodía puede ser pegadiza sin resultar complaciente, y que una canción de country puede contener la misma incomodidad que una pieza de punk.

Disco recomendado


Recomiendo este álbum especialmente a quienes son jóvenes y todavía ven el rock clásico, el country o el garage como estilos pertenecientes a generaciones anteriores. Twisted Teens demuestran que esas músicas siguen vivas cuando alguien se atreve a tratarlas con irreverencia. "Florida Water Blues" es una puerta excelente hacia ese territorio, un disco entretenido en la primera escucha, desconcertante en la segunda y mucho más profundo cuando sus personajes, sonidos y paisajes comienzan a quedarse con nosotros.

Video del tema "Florida Water Blues":

Tracklist:

Why Did You Miss It?
Hand Me A Cigarette
Swamp
Guided Thunder
Florida Water Blues
Top Of The World Hwy No. 2
Concealed Weepin’
Riding
Business
Javelina
Weather The Season
Dancer
Sun Go Down

THE FROGS - It’s Only Right and Natural: el secreto pop

Buscar música "nueva" no siempre significa escuchar discos publicados esta misma semana. A veces consiste en abrir una puerta que llevaba décadas delante de nosotros y descubrir que, al otro lado, sigue sonando algo extraño, divertido y sorprendentemente vivo. Eso es lo que me ha ocurrido con "It’s Only Right and Natural", el segundo álbum de The Frogs, publicado en 1989

ALBUM: It's Only Right and Natural


Los hermanos Jimmy y Dennis Flemion grababan canciones en casa, improvisaban personajes, deformaban el folk, el pop y el rock, y convertían sus bromas privadas en pequeñas piezas musicales. El resultado desconcierta al principio, pero también tiene algo magnético. Cuanto más escucho el disco, más evidente me parece que debajo de la provocación existe una colección de melodías extraordinariamente pegadizas.

THE FROGS - It’s Only Right and Natural


Un álbum no pensado para publicarse:


La historia de "It’s Only Right and Natural" forma parte de su encanto. Fue grabado en un magnetófono de cuatro pistas, en el salón de Dennis Flemion. No nació como una obra planificada para una discográfica, sino como una serie de canciones creadas por los hermanos para entretenerse y divertir a sus amigos.

Gerard Cosloy, responsable de Homestead Records, escuchó aquellas cintas caseras después de que circularan por la escena independiente. Los Flemion esperaban que el sello publicara su primer álbum, pero Cosloy vio algo especial en las canciones centradas en personajes y estereotipos homosexuales y les propuso convertirlas en un disco.

Así apareció en 1989 una obra que parecía llegada desde un universo paralelo. The Frogs exageraban hasta el absurdo las fantasías y prejuicios de la moral conservadora estadounidense.

Esta mezcla de grabación privada, teatro improvisado y música pop explica su peculiaridad. Suena como si hubiéramos entrado en una habitación donde dos hermanos inventan canciones para hacerse reír.

THE FROGS - Banda

Pop, folk casero y melodías memorables:


Lo primero que me atrapó no fueron las letras, sino la música. The Frogs poseían una facilidad melódica difícil de esconder, incluso bajo la grabación rudimentaria, las voces exageradas y el humor incómodo.

"I’ve Got Drugs, Out of the Mist" abre el álbum como una aparición borrosa. La guitarra acústica, la voz arrastrada y la atmósfera casi psicodélica crean una entrada extraña, como si una canción folk hubiese pasado demasiadas horas despierta. A partir de ahí, el disco avanza entre rasgueos acústicos, baterías mínimas, teclados baratos, cuerdas frotadas y arreglos que aparecen cuando menos se esperan.

"I Don’t Care If U Disrespect Me, Just So You Love Me" tiene una energía cercana a una banda de garaje. El comentario "That was a good drum break", utilizado más tarde por Beck en "Where It’s At", resume bien el espíritu del álbum. El supuesto redoble no es espectacular, pero la frase convierte un instante torpe en algo inolvidable.

"Hot Cock Annie" se mueve por un folk psicodélico, mientras "Rosy Jack World" ofrece una guitarra animada y unas cuerdas de belleza inesperada. La canción terminó dando nombre a un EP de Blake Babies.

En "Baby Greaser George" escucho ecos del primer Marc Bolan y de Tyrannosaurus Rex. También existe algo de David Bowie y The Beatles en la capacidad de los Flemion para encontrar estribillos claros dentro de estructuras que parecen improvisadas.

El álbum nunca suena pulido, pero sí íntimo. Las voces se acercan demasiado al micrófono y algunos instrumentos parecen colocados en cualquier rincón disponible. Esa precariedad hace que todo resulte más cercano. Yo no siento que esté escuchando una sesión de estudio, siento que estoy presente en el salón.

Humor y personajes:


Recomendar este disco exige advertir que sus letras no son discretas. The Frogs trabajan con estereotipos, sexualidad explícita, religión, drogas y personajes grotescos. Algunas expresiones pueden resultar incómodas hoy. No conviene acercarse al álbum esperando una sátira que explique sus intenciones.

Lo que encuentro es una sucesión de personajes tan exagerados que terminan revelando el absurdo de los prejuicios que representan. Los hermanos no ofrecen una moraleja, prefieren empujar cada situación hasta que pierde cualquier apariencia de normalidad. Esa falta de explicación es parte de la experiencia y también la razón por la que el álbum ha provocado interpretaciones distintas.

Hay, sin embargo, momentos de verdadera ternura. "Been a Month Since I Had a Man" posee una melancolía suave que se abre paso entre el humor. "Homos", la canción final, es una pieza sorprendentemente bonita, con una melodía limpia y una calidez que cambia el color de todo lo escuchado antes. Cuando llega ese cierre, queda claro que el disco no se sostiene únicamente por la provocación. Hay afecto, soledad, deseo y una extraña vulnerabilidad escondida dentro de sus caricaturas.

Disco secreto de una generación alternativa:


Aunque "It’s Only Right and Natural" nunca alcanzó una popularidad masiva, encontró defensores muy influyentes. Kurt Cobain lo incluyó entre sus cincuenta álbumes favoritos y Nirvana lo utilizaba como música antes de algunos conciertos. Pearl Jam también lo escuchaba en ese contexto. Billy Corgan y James Iha, de The Smashing Pumpkins, fueron admiradores del grupo, y Corgan llegó a tocar con ellos.

También dejó rastros curiosos. Mondo Generator tomó el título de "A Drug Problem That Never Existed" de una frase del disco. En 2011, Animal Collective eligió a The Frogs para tocar el álbum completo en All Tomorrow’s Parties.

Estas conexiones ayudan a entender su huella. The Frogs demostraron que el espíritu punk también podía consistir en grabar en casa, inventar un mundo propio y publicar algo incompatible con cualquier expectativa comercial.

Merece la pena descubrir The Frogs:


Escuchar "It’s Only Right and Natural" en 2026 significa encontrarse con un disco nacido fuera de casi todas las reglas actuales. No busca una producción perfecta, no adapta su lenguaje para resultar cómodo y no intenta explicar su sentido. Esa libertad puede ser desconcertante, pero también refrescante.

Yo lo recomendaría a quienes disfruten con el pop alternativo de Beck, el folk excéntrico de Marc Bolan, la imaginación doméstica de Daniel Johnston o la irreverencia de Ween. No porque The Frogs suenen exactamente como ellos, sino porque comparten la sensación de que una buena idea puede ser más importante que una ejecución impecable.

Este álbum vibra, tropieza, se ríe de sí mismo y, de repente, encuentra una melodía preciosa. Su mundo no es elegante ni fácil de clasificar, pero posee una personalidad que muchos discos técnicamente perfectos nunca alcanzan.

Disco recomendado


A los lectores jóvenes que estén buscando "nueva música", les propongo una pequeña paradoja, viajen hasta 1989. Escuchen el álbum completo, dejen que sus canciones les sorprendan y no intenten decidir demasiado rápido qué clase de grupo eran The Frogs. Quizá la mejor manera de entenderlos sea aceptar que podían ser una banda de pop, una broma privada, una provocación y una obra de arte casera al mismo tiempo. "It’s Only Right and Natural" merece ser descubierto porque todavía suena libre, raro y profundamente humano.

Video del tema Men (Come On Men):

Tracklist:

1. "I've Got Drugs (Out of the Mist)" 2:20
2. "I Don't Care If U Disrespect Me (Just So You Love Me)" 2:04
3. "Hot Cock Annie" 2:19
4. "These Are the Finest Queen Boys (I've Ever Seen)" 2:12
5. "Rosy Jack World" 2:23
6. "Someone's Pinning Me to the Ground" 1:44
7. "Baby Greaser George" 1:54
8. "(Thank God I Died in) The Car Crash" 2:12
9. "Gather 'Round for Savior #2" 2:35
10. "Richard Dick Richards" 1:40
11. "Men (Come on Men)" 2:39
12. "Dykes Are We" 3:02
13. "Been a Month Since I Had a Man" 2:27
14. "Homos" 1:55

Banda:

  • Jimmy Flemion - Guitarras, violonchelo, voz principal en las pistas 01, 07, 09, 12–14, coros en la pista 05
  • Dennis Flemion - Batería, teclados, voz principal en las pistas 01–06, 08, 10–11, coros en la pista 12

FEAR - The Record: punk que redefinió el género

Hay algo muy liberador en escuchar "The Record" de la banda FEAR en pleno siglo XXI de nuevo hoy. No porque sea fácil, ni porque encaje con la sensibilidad actual, sino precisamente porque no lo hace. Este álbum, publicado el 16 de mayo de 1982, sigue sonando como un artefacto fuera de control, una cápsula de ruido, rabia y humor retorcido que se niega a suavizarse con el paso del tiempo. Dejadme recomendarlo y porque.

ALBUM: The Record  


Cuando me acerqué a él por primera vez hace ya un tiempo, no lo hice como quien busca un clásico del punk para completar una lista, sino como quien quiere entender de dónde viene esa energía cruda que luego reciclaron bandas mucho más accesibles. Y lo que encontré fue algo más complejo de lo que esperaba. The Record no es solo velocidad y provocación, es también precisión, ironía y una forma muy particular de entender la música dentro de un género que muchas veces se simplifica en exceso.


Cómo nace The Record:


Para entender este álbum hay que situarse en el Los Ángeles de finales de los setenta y principios de los ochenta. No era una escena homogénea. Mientras algunos grupos empujaban el hardcore hacia la radicalidad política o la urgencia casi nihilista, la banda FEAR decidió tomar otro camino. No buscaban construir discurso, buscaban reacción.

FEAR - The Record - 1982

Durante varios años, la banda liderada por Lee Ving se curtió en escenarios donde el caos era parte del espectáculo. Sus conciertos eran intensos, imprevisibles y, en ocasiones, directamente conflictivos. Esa reputación fue clave para su identidad. Cuando finalmente lograron mayor visibilidad, incluyendo su aparición en el circuito mediático underground y actuaciones que hoy forman parte del imaginario punk, ya tenían claro quiénes eran.

The Record nace de ese contexto. No es un álbum pulido para gustar, es un reflejo directo de esa actitud. Lo interesante es que, a pesar de esa imagen de descontrol, el disco está cuidadosamente construido. Aquí es donde FEAR se separa de muchos de sus contemporáneos.

Rompe el estereotipo del hardcore punk:


Si alguien se acerca a este disco pensando que va a escuchar simplemente guitarras rápidas y gritos desordenados, se llevara una sorpresa. Sí, hay velocidad. Sí, hay agresividad. Pero también hay una base musical mucho más sofisticada de lo que suele asociarse al hardcore.

FEAR - Banda Punk 1982

El batería Spit Stix es clave. Su forma de tocar no se limita al típico ritmo lineal. Introduce cambios, acentos y estructuras que aportan una sensación casi nerviosa al conjunto. Es como si la música estuviera constantemente a punto de desmoronarse, pero nunca llega a hacerlo.

Las guitarras, por su parte, no siguen siempre el patrón clásico de acordes rápidos. Hay riffs que parecen descolocados, solos que entran de forma inesperada y momentos en los que la textura sonora se vuelve casi disonante. Ese punto extraño es lo que da personalidad al disco.

Y luego está la voz de Lee Ving. No grita sin más. Canta con una mezcla de sarcasmo, intensidad y teatralidad que convierte cada canción en una especie de pequeño monólogo incómodo. Su forma de interpretar es fundamental para entender el tono del álbum.

Canciones que definen una actitud:


Desde el arranque con "Let’s Have a War", el mensaje es claro. No hay introducciones suaves ni intentos de seducción. Es una declaración directa, casi provocadora, sobre la superficialidad con la que se abordan temas serios.

Uno de los momentos más interesantes llega con "Beef Baloney", que empieza con un tono casi blues para luego explotar en puro punk. Ese contraste resume bien la propuesta del grupo, romper expectativas en cuestión de segundos.

"Camarillo" es breve pero deja huella con su ritmo poco convencional, mientras que "I Don’t Care About You" funciona casi como una declaración de principios. Es una canción sencilla en apariencia, pero su actitud encapsula gran parte del espíritu del disco.

Luego aparece "New York’s Alright (If You Like Saxophones)", probablemente uno de los temas más desconcertantes. El uso del saxofón dentro de un contexto punk no solo rompe esquemas, también añade una capa de ironía que resulta difícil de ignorar.

En la parte central del álbum, temas como "Gimme Some Action" o "Foreign Policy" mantienen la intensidad, pero es en piezas como "We Destroy the Family" donde se aprecia esa tendencia a jugar con estructuras menos previsibles.

"I Love Livin’ in the City" merece una mención especial. Es una radiografía exagerada y grotesca de la vida urbana, contada con un humor que oscila entre lo absurdo y lo incómodo. No es una canción que busque empatía, sino reacción.

Hacia el final, "Disconnected" y "Getting the Brush" exploran terrenos más disonantes, casi caóticos, mientras que "No More Nothing" recupera la energía directa antes de cerrar con "F*ck Christmas", un final breve que resume perfectamente el tono irreverente del disco.

Letras, provocación y contexto:


Hablar de The Record sin mencionar sus letras sería quedarse a medias. Son ofensivas, deliberadamente incómodas y, en muchos casos, difíciles de defender desde una perspectiva actual. Pero ignorarlas tampoco ayuda a entender el disco.

Lo que hace FEAR no es tanto construir un discurso coherente como lanzar provocaciones en todas direcciones. No hay un objetivo claro más allá de incomodar. Eso puede resultar problemático, pero también explica por qué el álbum sigue generando debate.

En su momento, ese enfoque encajaba con una escena que buscaba romper con todo. Hoy, obliga a escuchar con más contexto. No es un disco que se pueda consumir de forma inocente, pero tampoco es uno que deba descartarse sin más.

Legado:


La influencia de The Record se extiende mucho más allá de su momento. Músicos de distintas generaciones han señalado este álbum como referencia. No tanto por su mensaje, sino por su actitud y su manera de expandir los límites del punk.

Fear - Banda Punk

Se nota en bandas que introducen elementos inesperados dentro de estructuras rápidas, en grupos que no tienen miedo de sonar incómodos, en artistas que entienden el humor como una herramienta dentro del rock.

Incluso el hecho de que la banda regrabara el disco décadas después sirve para subrayar algo importante. El original sigue siendo insustituible. Tiene una energía que no se puede replicar. Es el resultado de un momento concreto, de una escena concreta y de una banda en su punto exacto de tensión creativa.

The Record sigue siendo importante:


Escuchar este álbum ahora no es lo mismo que hacerlo en 1982. El contexto ha cambiado, la sensibilidad también. Pero eso no le resta valor. Al contrario, lo convierte en un documento aún más interesante.

The Record demuestra que el punk podía ser más que tres acordes y velocidad. Podía ser incómodo, contradictorio, incluso desagradable, pero también sorprendentemente elaborado desde el punto de vista musical.

No es un disco para todo el mundo, y tampoco lo pretende. Pero precisamente por eso sigue siendo relevante. Porque no busca gustar, busca provocar una reacción, y eso es algo que muchos discos actuales han olvidado.

Disco recomendado


Si eres joven y no has escuchado nunca a FEAR, este disco puede ser un choque
. No suena como el punk que probablemente conoces. No es limpio, no es amable, no es fácil de digerir.

Pero si le das una oportunidad, descubrirás algo más profundo. Un álbum que, bajo su capa de ruido y provocación, esconde una forma muy particular de entender la música y la cultura.

The Record no es solo un clásico del punk, es una experiencia. Y aunque no te guste todo lo que escuches, es muy probable que te deje pensando. Y eso, en el fondo, es lo que siempre ha hecho grande al rock.

Video del tema "Foreign Policy":


Tracklist:

Cara A:

1. "Let's Have a War" 2:19
2. "Beef Bologna" 1:47
3. "Camarillo" 1:11
4. "I Don't Care About You" 1:59
5. "New York's Alright If You Like Saxophones" 2:08
6. "Gimme Some Action" 0:59
7. "Foreign Policy" 2:14

Cara B:

8. "We Destroy the Family" 1:54
9. "I Love Livin' in the City" 2:05
10. "Disconnected" 2:07
11. "We Gotta Get Out of This Place"  
12. "Fresh Flesh" 1:44
13. "Getting the Brush" 2:32
14. "No More Nothing" 1:31

Banda:

  • Lee Ving – voz principal, guitarra rítmica, bajo en "New York's Alright If You Like Saxophones"
  • Philo Cramer – guitarra principal, coros
  • Derf Scratch – bajo, coros, saxofón, guitarra rítmica en "New York's Alright If You Like Saxophones", voz principal en "Getting the Brush"
  • Spit Stix – batería

Producción:

Gary Lubow – productor

CONVERGE - Jane Doe - Album: metalcore y belleza

Nos vamos a salir un poco del camino habitual del blog. "Jane Doe", de Converge, no es un disco amable ni fácil de fondo: es música fuerte, pesada, abrasiva, de esa que exige entrar sin prejuicios y aceptar cierta incomodidad. Pero también es un álbum fundamental para entender una parte muy intensa de la cultura rock y heavy de las últimas décadas. Aunque este tipo de sonido no sea el que más aparece por aquí, hay muchísimos lectores que encuentran en el metalcore, el hardcore y la música extrema una forma directa, honesta y visceral de conectar con emociones que otros estilos apenas rozan. Por eso merece la pena detenerse en él, escucharlo con atención y descubrir qué hay detrás de tanto ruido, tanta rabia y tanta belleza escondida.

ALBUM: Jane Doe 


Con "Jane Doe", publicado el 4 de septiembre de 2001, la banda Converge no solo firmó uno de los discos más importantes del metalcore, también dejó una especie de cicatriz en la historia de la música rock extrema. Es su cuarto álbum de estudio, producido por Matthew Ellard junto al guitarrista Kurt Ballou, con una portada diseñada por el propio Jacob Bannon que terminó convirtiéndose en un icono visual de la banda. Fue, además, el primer disco con Nate Newton al bajo y Ben Koller a la batería, una combinación que cambió para siempre la musculatura del grupo.

No se escucha cómodo:


Entrar en "Jane Doe" por primera vez puede ser una experiencia bastante poco amable. Y eso, curiosamente, es una de sus virtudes. El primer tema "Concubine" no te invita, te empuja. Dura poco más de un minuto, pero en ese tiempo parece que alguien haya abierto una puerta hacia una habitación llena de electricidad, óxido y rabia. La batería de Ben Koller entra como si estuviera desmontando el suelo, el bajo aprieta desde abajo y la voz de Jacob Bannon no canta en el sentido tradicional, sino que arde.

Lo interesante es que, aunque al principio parezca ruido puro, el disco empieza a revelar su arquitectura con las escuchas. "Fault and Fracture" continúa el golpe inicial, pero ya deja ver que Converge no está improvisando una tormenta. Hay cambios de ritmo, guitarras que se retuercen, baterías que parecen perseguirse a sí mismas y un sentido dramático muy calculado. La música parece desordenada, pero no está perdida. Tiene una dirección, aunque esa dirección sea atravesar una pared.

Cómo nació el disco Jane Doe:


La creación de Jane Doe tuvo algo de punto de inflexión. Venían de una trayectoria ya respetada dentro del hardcore metálico, pero aquí encontraron una identidad más amplia, más peligrosa y más expresiva. Parte del material nació relacionado con Supermachiner, el proyecto paralelo de Jacob Bannon, y eso explica la dimensión más experimental de canciones como "Phoenix in Flight" o la propia "Jane Doe". No todo aquí quiere correr, no todo quiere golpear. A veces el disco se queda quieto, respira mal, se hunde.

CONVERGE - Jane Doe - Album

La llegada de Ben Koller fue decisiva. Kurt Ballou ha explicado que su forma de tocar revitalizó a la banda, y se nota. Su batería no funciona como simple acompañamiento, sino como un segundo lenguaje emocional. Koller empuja, rompe, acelera, contiene y vuelve a estallar. Nate Newton también aportó un peso nuevo al grupo, haciendo que el proceso de composición fuera más colaborativo. El resultado es un álbum que suena a banda en combustión, pero también a banda descubriendo que podía ser mucho más que una máquina de velocidad.

La grabación tuvo un presupuesto mayor que trabajos anteriores, unos 11.000 dólares, y se realizó en varios estudios, entre ellos Q Division, GodCity y Fort Apache. Hay una anécdota casi perfecta, mientras Converge grababa, James Taylor trabajaba al lado y su equipo pedía que bajaran el volumen. Me gusta esa imagen porque resume el choque cultural del disco, una tradición musical americana más pulida intentando convivir pared con pared con un grupo que estaba grabando algo casi volcánico.

El sonido de una ruptura:


Jacob Bannon escribió estas letras a partir de una relación que se deshacía, y aunque muchas frases sean prácticamente imposibles de entender en la grabación, el sentimiento llega antes que las palabras. Jane Doe habla de pérdida, de distancia, de resentimiento, de amor convertido en daño. No es un disco de despecho convencional, porque no busca narrar una historia de manera limpia. Más bien intenta reproducir el estado mental posterior a una ruptura devastadora, cuando las frases se mezclan, la memoria se deforma y uno no sabe si quiere olvidar o quedarse viviendo dentro de la herida.

Ese contraste entre letra escrita y voz ininteligible es fundamental. En Concubine, por ejemplo, el libreto contiene una imagen poética mucho más extensa, pero en la canción apenas queda una frase repetida como un resto entre los escombros. Ese gesto me parece brillante. Muchas veces imaginamos discursos perfectos para explicar el dolor, pero cuando llega el momento solo sale una frase corta, torpe, quemada por dentro.

Converge banda 2001

Musicalmente, el álbum se mueve entre el hardcore, el metal, el punk más abrasivo, ciertos ecos de thrash y una sensibilidad casi post rock en los pasajes más lentos. Las guitarras de Kurt Ballou son cortantes, densas, a veces parecen una herramienta industrial y otras una sirena lejana. La producción no limpia demasiado el sonido, lo deja respirar con suciedad, pero cada instrumento tiene presencia. No es una bola informe, aunque pueda parecerlo al principio. Es un edificio en llamas donde todavía se distinguen las habitaciones.

Canciones que no piden permiso:


"Homewrecker" es uno de los momentos más directos y memorables. Tiene una violencia más compacta, más fácil de agarrar, con ese grito de "No love, no hope" convertido en una declaración brutal. "The Broken Vow" funciona casi como el centro emocional del álbum, con ese vaivén entre velocidad, peso y sensación de despedida definitiva. Aquí Converge suena menos como una banda queriendo demostrar potencia y más como alguien quemando puentes porque ya no sabe volver.

"Hell To Pay" baja el ritmo y gana densidad. El bajo abre una zona más pantanosa, casi cercana a cierta oscuridad de Alice In Chains, pero llevada a un terreno mucho más áspero. "Heaven in Her Arms" combina furia y sombra, con un tramo final que mira hacia el thrash clásico sin convertirse nunca en homenaje. Converge no cita influencias para quedar bien, las mastica hasta que dejan de ser reconocibles.

Luego están "Phoenix in Flight" y "Phoenix in Flames", dos piezas que amplían el lenguaje del disco. La primera es lenta, fúnebre, extraña, como una elegía deformada. La segunda parece una caída por una montaña de ruido. Y al final llega Jane Doe, casi doce minutos de cierre sombrío, repetitivo, pesado, incómodo. Entiendo que pueda desesperar a algunos oyentes. A mí me parece esencial precisamente porque no ofrece una salida heroica. No hay victoria, no hay redención clara, solo una forma lenta de desaparecer.

Por qué merece la pena:


Escuchado hoy, Jane Doe conserva una intensidad que no depende de la nostalgia. Muchos discos extremos envejecen mal porque estaban demasiado ligados a una escena o a una pose. Este no. Su fuerza viene de algo más profundo, de haber encontrado una forma musical para emociones difíciles de ordenar. En 2001, cuando buena parte del rock alternativo buscaba grandes estribillos o nuevas formas de encajar en la cultura popular, Converge grabó un álbum que parecía negarse a ser domesticado.

No es un disco fácil para lectores jóvenes que vengan del rock alternativo más melódico, del pop oscuro o incluso del punk moderno. Pero puede abrir una puerta fascinante. Si te gustan los discos que no se entregan a la primera, si te interesa la música que convierte la incomodidad en lenguaje, Jane Doe merece tiempo. No hace falta entender cada palabra ni clasificar cada riff. Basta con dejar que el álbum te atraviese.

Disco recomendado


Recomiendo escucharlo entero, con volumen, sin mirar demasiado el móvil y sin exigirle placer inmediato. Jane Doe de Converge es bueno porque no suaviza su verdad, porque suena a ruptura, a rabia, a duelo y a belleza encontrada en un lugar poco amable. Es uno de esos álbumes que no buscan gustar a todo el mundo, pero quien conecta con él difícilmente lo olvida.

Video del tema "Homewrecker":

Tracklist:

1. "Concubine" 1:19
2. "Fault and Fracture" 3:05
3. "Distance and Meaning" 4:18
4. "Hell to Pay" 4:32
5. "Homewrecker" 3:51
6. "The Broken Vow" 2:13
7. "Bitter and Then Some" 1:28
8. "Heaven in Her Arms" 4:01
9. "Phoenix in Flight" 3:49
10. "Phoenix in Flames" 0:42
11. "Thaw" 4:30

Converge:

  • Jacob Bannon – voz
  • Kurt Ballou – guitarra, voz, theremin
  • Aaron Dalbec – guitarra
  • Nate Newton – bajo, voz, theremin
  • Ben Koller – batería

Músicos invitados:

  • Kevin Baker (The Hope Conspiracy) – coros en "The Broken Vow"
  • Tre McCarthy (Deathwish Inc.) – coros en "The Broken Vow"
  • Caleb Scofield, acreditado como "Secret C", – coros en "The Broken Vow"

RAMONES: el debut punk que cambió el rock

Antes de entrar de lleno en el disco, conviene dejar a un lado por un momento la camiseta, el logo, el “Hey, ho, let’s go” convertido en consigna universal y toda la mitología que ha terminado rodeando a los Ramones. Porque "Ramones", el debut de 1976, no fue concebido como una pieza de museo ni como el acta fundacional de nada. Fue, más bien, el sonido de cuatro tíos raros del barrio de Queens (Nueva York) intentando comprimir en menos de media hora todo lo que les obsesionaba: el rock and roll primitivo, el pop adolescente, las películas de terror baratas, la frustración juvenil y esa energía nerviosa de quien no encuentra sitio en ninguna parte. Escucharlo hoy exige volver a ese punto de partida, antes de la leyenda, cuando el punk todavía no tenía nombre definitivo y una canción de dos minutos podía parecer una revolución.

ALBUM: Ramones


Antes de que el punk tuviera uniforme, manual de instrucciones o caricatura turística para vender camisetas, cuatro "freaks" de Forest Hills, Queens, aparecieron como si se hubieran escapado de una esquina mal iluminada de Nueva York con una idea tan sencilla que parecía una broma: tocar canciones de rock and roll como si alguien hubiera acelerado los discos de los años cincuenta y sesenta, quitado todo lo decorativo y dejado solo el golpe, el estribillo y la electricidad. El resultado fue "Ramones", el primer álbum de la banda Ramones, publicado en 1976, una pieza de rock music tan breve, frontal y adictiva que todavía hoy parece estar hecha de cuero, chicle, cemento y ansiedad adolescente.

RAMONES - Ramones 1976

Lo curioso es que, escuchado con calma, este disco no suena tanto a ruptura absoluta como a sabotaje amoroso. Sí, aquí nace una parte esencial del punk rock moderno. Sí, la guitarra de Johnny Ramone parece una sierra eléctrica, Dee Dee golpea el bajo como si quisiera abrirse paso por una pared, Tommy reduce la batería a un motor seco y Joey canta con esa mezcla imposible de desgana, ternura torcida y amenaza de cómic barato. Pero debajo de esa superficie acelerada late una devoción clarísima por el pop anterior a la gran solemnidad del rock. The Ronettes, The Shirelles, el surf, el rock and roll de antes de que todo se volviera grandilocuente, incluso cierta sombra de The Velvet Underground, The Stooges y New York Dolls, están ahí, convertidos en una máquina de menos de treinta minutos.


Ramones: nacimiento de una criatura neoyorquina


El lanzamiento de "Ramones" fue el 23 de abril de 1976. No fue un éxito inmediato, ni mucho menos. Su primera vida comercial fue modesta, casi ridícula si se compara con la enormidad de su influencia posterior. Pero esa es una de las leyendas más hermosas del disco: puede que no lo comprara mucha gente al principio, pero da la sensación de que casi todos los que lo escucharon hicieron algo con él. Montaron una banda, escribieron sobre música, cambiaron su manera de entender el rock o, simplemente, se dieron cuenta de que no hacía falta tocar como un virtuoso para decir algo urgente.

El camino hasta el álbum tiene algo de fábula punk. A principios de 1975, Lisa Robinson, editora de revistas como Hit Parader y Rock Scene, vio a la banda en el mitico CBGB, aquel club neoyorquino que más tarde quedaría pegado para siempre al imaginario del punk. Robinson empezó a escribir sobre ellos, y esa pequeña corriente de atención atrajo a otros nombres, entre ellos Lenny Kaye y Danny Fields, el mánager que había trabajado con The Stooges. Fields vio algo en aquellos cuatro músicos que parecían demasiado raros, demasiado rápidos y demasiado poco interesados en gustar de la forma correcta.

Ramones - 1976

En septiembre de 1975 grabaron una demo en los estudios 914 Sound, con temas como Judy Is a Punk e I Wanna Be Your Boyfriend. Craig Leon, que ya los había visto en directo, llevó aquella maqueta a Seymour Stein, de Sire Records. La historia tiene dudas, rechazos y audiciones, como casi todas las historias de discos importantes. Otras compañías no se lanzaron. Sire, un sello pequeño de Nueva York más asociado en ese momento a otros terrenos del rock, terminó aceptando grabar un álbum completo. A veces la historia cambia no porque alguien vea claro el futuro, sino porque varias personas intuyen que ahí hay algo que no conviene dejar escapar.

Siete días, poco dinero y una idea muy clara:


El álbum se grabó en febrero de 1976 en Plaza Sound, en Nueva York, con Craig Leon en la producción y Tommy Ramone como productor asociado. Costó alrededor de 6.400 dólares y se terminó en siete días. Tres días para los instrumentos, cuatro para las voces. En una época en la que el rock empezaba a mirar con naturalidad hacia presupuestos enormes, sesiones interminables y ambiciones sinfónicas, "Ramones" nació casi como una respuesta física: una habitación, una banda, canciones cortas, nada de grasa.

Sin embargo, sería un error pensar que el disco se hizo "mal" o de cualquier manera. Esa es una de las trampas más repetidas al hablar de los Ramones. Su primitivismo estaba calculado. Craig Leon intentó capturar la violencia directa del directo, pero también mejorarla con recursos de estudio, voces dobladas, grabaciones adicionales y una separación estéreo muy característica: guitarra y bajo ocupando canales distintos, batería y voz en el centro, como si el oyente quedara atrapado entre dos paredes de sonido. La producción puede parecer limpia comparada con discos punk posteriores o con la velocidad casi absurda de algunos directos de la banda, pero ahí reside parte de su encanto. No suena como una maqueta sucia, suena como una maqueta convertida en manifiesto.

La portada también cuenta la historia antes de que suene la primera canción. Johnny, Tommy, Joey y Dee Dee aparecen contra una pared de ladrillo, en blanco y negro, con cuero, vaqueros rotos y rostros inexpresivos. La foto de Roberta Bayley es tan importante como muchas de las canciones. No adorna el álbum, lo define. No hay fantasía, no hay glamour, no hay distancia. Solo cuatro cuerpos flacos, incómodos, callejeros, mirando a cámara como si no fueran a pedir permiso para entrar en la historia.

Blitzkrieg Bop y la explosión inicial:


"Blitzkrieg Bop" no entra, irrumpe. Ese "Hey, ho, let’s go" es una de las llamadas más reconocibles de la pop culture del siglo XX, pero conviene intentar escucharlo sin toda la capa de camisetas, anuncios, estadios y nostalgia acumulada. La canción empieza como un pequeño accidente eléctrico. La batería marca un paso simple, la guitarra aparece y desaparece, la voz entra como un grito de pandilla y, de pronto, todo se cierra en una forma perfecta. No es una canción complicada, ni pretende serlo. Es un eslogan, una descarga, una invitación a perder la compostura durante dos minutos.

Lo más fascinante de "Ramones" es que el disco no baja casi nunca de ahí. Catorce canciones, ninguna por encima de los dos minutos y medio, muchas bastante más cortas, y una sensación de carrera continua. Beat on the Brat, con su violencia absurda y casi de dibujo animado, Judy Is a Punk, que parece una novela juvenil escrita en un baño público, Now I Wanna Sniff Some Glue, tan tonta en apariencia como reveladora del aburrimiento suburbano, o Chain Saw, con su referencia al cine de terror de serie B, van construyendo un universo muy concreto. No son canciones realistas en sentido estricto, pero sí dicen mucho sobre una juventud que se siente fuera de lugar, demasiado despierta para obedecer y demasiado rota para formular un discurso elegante.

Sonido, letras y textura:


En términos de critica música, lo fácil sería describir "Ramones" como velocidad, tres acordes y actitud. No sería falso, pero se quedaría corto. Lo que hace especial al disco es la tensión entre brutalidad y dulzura. Johnny toca la guitarra con una disciplina casi militar, a base de golpes hacia abajo que convierten cada canción en una superficie rugosa. Dee Dee no se dedica a adornar, empuja. Su bajo no dialoga con la guitarra, la acompaña como una sombra nerviosa. Tommy toca con una economía admirable. No hay alardes, no hay redobles pensados para impresionar, solo pulso, urgencia y una especie de latido metronómico que sostiene todo el edificio.

Y luego está Joey. Su voz es una rareza preciosa. Podría parecer distante, incluso inexpresiva, pero cuanto más se escucha el disco, más aparece una vulnerabilidad extraña. En I Wanna Be Your Boyfriend, quizá la gran balada Ramone antes de que la palabra balada parezca una exageración, la banda deja ver su amor por el pop adolescente de los sesenta. La canción no rompe el lenguaje del disco, lo ilumina desde otro ángulo. Joey no canta como un galán, canta como alguien que no sabe muy bien qué hacer con el deseo. Esa inseguridad resulta más punk que muchas poses de dureza posterior.

El álbum también mira hacia atrás con descaro. La versión de Let’s Dance, de Chris Montez, no funciona como relleno ni como guiño simpático. Es una declaración de principios. Los Ramones no destruyen la canción, la aceleran y la ensucian, pero respetan su corazón. Ahí se entiende una de las claves del disco: esto no es odio al pasado, es amor al pasado pasado por una trituradora. Sin el pop de chicas, sin Phil Spector, sin los Beach Boys, sin el rock and roll previo a la hipertrofia del rock, los Ramones no habrían tenido material emocional que deformar.

El humor negro:


Las letras de Ramones siguen siendo incómodas en algunos puntos, y eso también forma parte de escucharlo hoy con honestidad. 53rd & 3rd está vinculada a las experiencias de Dee Dee Ramone en la calle, y su relato conserva una oscuridad áspera, una mezcla de marginalidad, violencia y necesidad de demostrar algo que no se puede despachar con una sonrisa. Today Your Love, Tomorrow the World juega con imágenes nazis desde una provocación deliberada, especialmente compleja si recordamos que la banda tenía miembros judíos. Beat on the Brat o Now I Wanna Sniff Some Glue parecen bromas brutas, pero en el fondo hablan de una cultura juvenil donde el aburrimiento se convierte en peligro, estupidez o espectáculo.

Ramones banda

A la vez, el disco tiene momentos casi infantiles. En I Don’t Wanna Go Down to the Basement, el miedo no es metafísico, es de película barata, de sótano oscuro, de criatura imaginada. I Don’t Wanna Walk Around With You suena menos como nihilismo que como una rabieta perfectamente afinada. Esa mezcla de amenaza y comedia es fundamental. Los Ramones entendieron que la adolescencia no siempre es profunda de manera solemne. A veces es absurda, cruel, ridícula, tierna y desagradable en la misma tarde.

Un debut imperfecto, por eso sigue vivo:


¿Es "Ramones" el mejor álbum de punk de todos los tiempos? No estoy seguro. Incluso dentro de su propia discografía, se puede defender que "Rocket to Russia" perfecciona la fórmula con canciones más redondas, y que "It’s Alive!" muestra mejor la electricidad desatada de la banda en directo. Pero eso no le quita grandeza al debut. Al contrario, lo vuelve más interesante. "Ramones" no suena como una fórmula perfeccionada, suena como el instante en que alguien acaba de descubrir una puerta secreta y la abre a patadas.

Hay canciones que pueden parecer menos memorables si se comparan con los clásicos evidentes. Loudmouth o I Don’t Wanna Walk Around With You forman parte de esa masa compacta de riffs afilados y batería rápida que, en una primera escucha, puede confundirse con repetición. Pero con el tiempo uno entiende que esa homogeneidad no es un defecto accidental, sino parte del concepto. Los Ramones no estaban proponiendo muchas ideas, estaban insistiendo en una sola hasta volverla inevitable: el mundo es absurdo, hostil y divertido, y la mejor respuesta quizá sea tocar más rápido.

La influencia del disco es difícil de exagerar sin caer en la postal, pero está ahí. Después de "Ramones", muchas canciones se hicieron más cortas, muchas guitarras más secas, muchas bandas entendieron que la energía podía pesar más que la destreza. Desde el punk británico hasta el hardcore, desde el power pop más nervioso hasta el rock alternativo que décadas después volvería a buscar inmediatez, este álbum funciona como un plano. No inventó todo de la nada, porque The Stooges, MC5, New York Dolls o The Modern Lovers ya habían abierto grietas. Pero los Ramones condensaron esas grietas en un lenguaje reconocible, exportable y peligrosamente divertido.

Ramones aún mola:


Escuchar "Ramones" hoy exige atravesar su propia leyenda. Es difícil llegar limpio a un disco tan citado, tan fotografiado, tan convertido en símbolo. Pero cuando se le quita el museo de encima, queda algo muy físico. La guitarra todavía raspa, la batería todavía empuja, la voz de Joey todavía parece venir de un muchacho alto y raro que ha visto demasiadas películas, ha escuchado demasiadas canciones de amor y no encuentra un sitio cómodo en el mundo. Esa humanidad torcida es lo que me sigue atrapando.

También me gusta que no sea perfecto. Me gusta que parezca demasiado simple y luego revele su inteligencia. Me gusta que sea pop y ruido, broma y amenaza, homenaje y vandalismo. Me gusta que suene a Nueva York sin necesidad de describir Nueva York, a callejón, club pequeño, pared de ladrillo y juventud sin épica. Es un disco que no pide respeto con solemnidad. Te agarra por la chaqueta, te mete en su ritmo y, cuando quieres darte cuenta, ya ha terminado.

Mi opinión de "Ramones" podría resumirse en una sensación muy concreta: pocas veces la sencillez ha parecido tan liberadora. No porque cualquiera pudiera hacerlo exactamente igual, esa es otra mentira cómoda, sino porque cualquiera podía entender el impulso. Montar una banda. Escribir una canción corta. No esperar permiso. Convertir la torpeza, la rabia y el deseo en algo compartible.

Disco recomendado


Si nunca has escuchado "Ramones", no lo pongas como documento histórico ni como deber cultural. Ponlo alto, seguido, sin interrupciones. Entra por Blitzkrieg Bop, déjate arrastrar por Judy Is a Punk, sonríe con I Wanna Be Your Boyfriend, incomódate con 53rd & 3rd y llega a Today Your Love, Tomorrow the World con la sensación de haber pasado por una montaña rusa barata, peligrosa y perfecta a su manera. "Ramones" sigue siendo una recomendación esencial porque no envejece como una reliquia, sino como una idea que todavía funciona: el rock puede ser rápido, simple, emocional, divertido y profundamente extraño. Y, a veces, con eso basta para cambiarlo todo.

Video del tema "53rd & 3rd":

Tracklist:

1. Blitzkrieg Bop (Tommy Ramone) – 2:14
2. Beat on the Brat (Joey Ramone) – 2:31
3. Judy is a Punk (Joey Ramone, Dee Dee Ramone) – 1:32
4. I Wanna Be Your Boyfriend (Tommy Ramone) – 2:24
5. Chain Saw (Joey Ramone) – 1:56
6. Now I Wanna Sniff Some Glue (Dee Dee Ramone) – 1:35
7. I Don't Wanna Go Down to the Basement (D Ramone, Johnny Ramone) – 2:38
8. Loudmouth (Dee Dee Ramone, Johnny Ramone) – 2:14
9. Havana Affair (Dee Dee Ramone, Johnny Ramone) – 1:56
10. Listen to My Heart (Ramones) – 1:58
11. 53rd & 3rd (Dee Dee Ramone) – 2:21
12. Let's Dance (Jim Lee) – 1:51
13. I Don't Wanna Walk Around With You (Dee Dee Ramone) – 1:42
14. Today Your Love, Tomorrow the World (Ramones) – 2:12

Banda:

  • Joey Ramone - Vocalista
  • Johnny Ramone - Guitarra
  • Dee Dee Ramone - Bajo, coros
  • Tommy Ramone - Batería
  • Marky Ramone - Batería
  • CJ Ramone - Bajo, coros

WOODY GUTHRIE – Dust Bowl Ballads - Revisited

Hay una imagen que me viene a la cabeza cuando vuelvo al disco "Dust Bowl Ballads": una carretera interminable, el cielo cubierto de un gris espeso y un coche cargado con todo lo que una familia puede salvar de su vida anterior. No es una escena cinematográfica, aunque podría serlo. Es, más bien, la sensación que transmite este trabajo desde el primer acorde, como si cada canción fuese una postal sonora enviada desde el corazón mismo de la Gran Depresión.

ALBUM: Dust Bowl Ballads


Publicado en 1940, este trabajo de Woody Guthrie no solo es considerado uno de los primeros ejemplos de álbum conceptual, también es una de las formas más directas y honestas que ha encontrado la música para contar una tragedia colectiva. Aquí no hay adornos, no hay intención de embellecer el dolor. Woody Guthrie canta lo que ha visto, lo que ha vivido, lo que ha compartido con miles de personas expulsadas de sus tierras por el polvo, la sequía y un sistema que les dio la espalda.

El origen de Dust Bowl Ballads:


Cuando Guthrie llega a Nueva York en el invierno de 1940, no es solo un músico más intentando hacerse un hueco. Es, en cierto modo, la encarnación de los personajes de The Grapes of Wrath de John Steinbeck, publicada apenas un año antes. Viene de Oklahoma, conoce de primera mano las tormentas de polvo que arrasaron el Medio Oeste en los años treinta y ha recorrido el país junto a aquellos que lo perdieron todo buscando una oportunidad en California.

WOODY GUTHRIE – Dust Bowl Ballads

Victor Records, que buscaba competir con otras figuras del folk de la época, lo firma sin saber muy bien qué esperar. Lo que obtiene no es entretenimiento ligero, sino un retrato completo de una catástrofe nacional. En apenas dos sesiones de grabación en Camden, Nueva Jersey, Guthrie registra una serie de canciones que acabarán publicándose en dos volúmenes de discos de 78 revoluciones por minuto. Un formato fragmentado para un relato que, sin embargo, se siente profundamente unitario.

El propio Woody lo explicó años después con una claridad desarmante: había vivido entre esas tormentas, había conocido a gente que luchaba por sobrevivir mientras el polvo se llevaba por delante cualquier esperanza. Estas canciones, decía, eran su manera de mostrar cómo era realmente aquella vida. Y se nota. No hay distancia entre el autor y la historia, porque él forma parte de ella.

Sonido y lenguaje: 


Escuchar "Dust Bowl Ballads" hoy implica aceptar una especie de desnudez sonora que resulta casi radical. La mayoría de las canciones están construidas sobre una guitarra acústica tocada de forma rítmica, funcional, casi como si fuese una herramienta más que un instrumento artístico. A veces aparece una armónica, breve, precisa, como un eco del paisaje.

La voz de Guthrie, nasal, áspera, con ese acento rural tan marcado, no busca seducir. No es una voz bonita en el sentido convencional, pero es profundamente expresiva. Tiene algo que me recuerda a las primeras grabaciones de blues del Delta o incluso a ciertos momentos de Lead Belly: una forma de cantar que no pretende impresionar, sino comunicar.

WOODY GUTHRIE

Hay una economía de medios que, lejos de limitar el disco, lo potencia. Cada elemento está ahí porque tiene que estar. Nada sobra. Y eso hace que el mensaje llegue sin filtros, sin intermediarios. En un momento en el que muchas producciones actuales se pierden en capas y efectos, este álbum sigue siendo un recordatorio de que a veces basta con una guitarra, una voz y algo importante que decir.

Canciones que cuentan una historia compartida:


El disco arranca con "Talkin’ Dust Bowl Blues", una pieza que utiliza el humor como puerta de entrada. Guthrie narra en primera persona el viaje de un granjero que decide abandonar Oklahoma rumbo a California. Hay ironía, hay cierto tono ligero, pero debajo se percibe la desesperación. Es una constante en el álbum: la capacidad de mezclar lo trágico y lo cotidiano sin que uno anule al otro.

En "Do Re Mi", adopta el papel de alguien que advierte a los migrantes sobre las falsas promesas del oeste. No basta con llegar, parece decir, necesitas dinero, necesitas oportunidades reales. Es una canción casi didáctica, pero nunca moralista. Más bien suena a consejo compartido entre iguales.

"Blowin’ Down This Road" tiene algo de declaración de principios. Su estribillo, con esa insistencia en no dejarse tratar de cualquier manera, transmite una dignidad que atraviesa todo el álbum. Incluso en medio de la precariedad, hay una resistencia que se niega a desaparecer.

Y luego está "Tom Joad", dividida en dos partes por cuestiones técnicas del formato original. Aquí Guthrie adapta directamente la novela de Steinbeck, convirtiendo literatura en canción sin perder la esencia. Es un ejercicio de narración impresionante, no solo por su ambición, sino por la naturalidad con la que fluye. Escucharla hoy es entender cómo una historia puede viajar de un medio a otro sin perder fuerza.

Más allá de la música:


Lo que hace que "Dust Bowl Ballads" siga siendo relevante no es solo su valor histórico o su influencia posterior. Es la forma en la que habla de temas que, aunque situados en los años treinta, siguen resonando hoy. El desplazamiento forzado, la precariedad laboral, la desconfianza hacia las instituciones, la lucha por mantener la dignidad en contextos adversos.

Guthrie no idealiza a sus protagonistas. Tampoco los victimiza. Los presenta como personas complejas, capaces de reír, de enfadarse, de seguir adelante incluso cuando todo parece en su contra. En ese sentido, el disco conecta con otras tradiciones narrativas, desde el folk hasta el country más crudo, pero también anticipa la conciencia social que más tarde desarrollarán artistas como Bob Dylan, Phil Ochs o incluso Bruce Springsteen en su etapa más introspectiva.

No es casualidad que décadas después se sigan reinterpretando estas canciones. Proyectos como Home in This World demuestran que el material de Woody Guthrie puede adaptarse a distintos lenguajes sin perder su esencia. Algunos artistas optan por respetar la simplicidad original, otros introducen arreglos más modernos, incluso eléctricos. Y aunque no todas las versiones funcionan igual, lo importante es que las canciones siguen vivas, siguen diciendo algo.

Escuchar Dust Bowl Ballads hoy:


Volver a este álbum en pleno siglo XXI tiene algo de ejercicio de perspectiva. Vivimos en una época distinta, con otras crisis, otros discursos, pero hay una línea invisible que conecta aquel mundo con el nuestro. Quizá no sean tormentas de polvo, pero sí hay otras formas de incertidumbre que empujan a la gente a moverse, a reinventarse, a sobrevivir.

Lo que más me impresiona de "Dust Bowl Ballads" es su capacidad para evitar el cinismo. Guthrie conoce la dureza de la realidad, la ha vivido, pero no se instala en la desesperanza. Hay una especie de fe, no tanto en las instituciones, sino en las personas, en su capacidad para resistir, para adaptarse, para seguir adelante.

Por qué mola:


En el contexto de la crítica musical y la cultura popular, este álbum ocupa un lugar difícil de encasillar. No es solo folk, no es solo un documento histórico, no es solo un ejercicio narrativo. Es todo eso a la vez. Y quizá por eso sigue siendo tan influyente.

Su legado se puede rastrear en la música de protesta, en el folk revival de los años sesenta, en el rock de raíces que vendría después. Pero más allá de su influencia, lo que importa es su capacidad para emocionar, para hacer que quien escucha se detenga y piense, aunque sea por un momento, en las historias que hay detrás de cada canción.

Disco recomendado


Recomendar "Dust Bowl Ballads" hoy es invitar a una escucha sin prisas. No es un disco para poner de fondo, ni para consumir de manera rápida. Es un álbum que pide atención, que se despliega poco a poco, que gana sentido con cada escucha.

Si nunca has estado en ese paisaje de polvo y viento, Woody Guthrie te llevará allí. Y si ya lo conoces, de una forma u otra, este disco te recordará que la música, cuando es honesta, puede ser una de las formas más poderosas de entender el mundo.

Video del tema "Blowin Down This Road (I Ain't Gonna Be Treated This Way):


Tracklist:

Dust Bowl Ballads, Vol. 1

1. "Talkin' Dust Bowl Blues" 26619 – A 2:45
2. "Blowing Down This Road"(Woody Guthrie & Lee Hays)26619 – B 3:06
3. "Do Re Mi" 26620 – A 2:40
4. "Dust Cain't Kill Me" 26620 – B 2:58
5. "Tom Joad-Part 1" 26621 – A 3:24
6. "Tom Joad-Part 2" 26621 – B 3:30

Dust Bowl Ballads, Vol. 2

1. "The Great Dust Storm" 26622 – A 3:24
2. "Dusty Old Dust" (later becoming known as "So Long, It's Been Good to Know Yuh") 26622 – B 3:09
3. "Dust Bowl Refugee" 26623 – A 3:14
4. "Dust Pneumonia Blues" 26623 – B 2:46
5. "I Ain't Got No Home In This World Anymore" 26624 – A 2:50
6. "Vigilante Man" 26624 – B 2:50

DEVO: Q: Are We Not Men? A: We Are Devo! - Debut clave new wave

Antes de que la new wave se convirtiera en un sonido reconocible y antes de que el atuendo musical DEVO se hiciera mundialmente famoso con la canción "Whip It", la banda ya había dejado grabado un debut extraño, incisivo y sorprendentemente divertido. "Q: Are We Not Men? A: We Are Devo!" apareció en 1978 como una especie de experimento pop lleno de guitarras nerviosas, humor ácido y una idea central tan absurda como provocadora: tal vez la humanidad no está evolucionando, sino retrocediendo. Para quienes solo conocen a DEVO por su etapa más popular, este disco es una puerta fascinante a una banda mucho más inquieta, irónica y creativa de lo que suele recordarse. A continuación quiero detenerme en dicho álbum y en lo que lo hace tan especial dentro de la historia del rock.

ALBUM: Q: Are We Not Men? A: We Are Devo!


Hay nombres que el tiempo reduce a una sola imagen. En el caso de DEVO, para mucha gente esa imagen sigue siendo "Whip It", del video, los sombreros rojos, raro, la sensación de estar ante una banda inteligente pero un poco freaky. Todo eso forma parte de su historia, claro, pero quedarse ahí es perderse lo mejor. Antes de convertirse en un símbolo reconocible de la new wave, DEVO había grabado un debut que todavía hoy conserva algo inquietante, algo juguetón y algo profético. "Q: Are We Not Men? A: We Are Devo!", publicado en 1978, no es solo el primer disco de la banda. Es también una manera de mirar el mundo, una forma de convertir la ansiedad social en canciones cortantes, memorables y extrañamente adictivas.

DEVO: Q: Are We Not Men? A: We Are Devo!

Para quien no conozca a DEVO, este álbum funciona muy bien como primera toma de contacto, aunque conviene entrar en él con la mente abierta. No es un disco amable en el sentido convencional (jajajaja). No busca gustar de inmediato con melodías cálidas o una energía heroica. Lo suyo es otra cosa. Aquí hay humor, sí, pero un humor envenenado. Hay ritmos que invitan a moverse, pero también te obligan a caminar de lado. Hay estribillos pegadizos, aunque a veces suenen como si los hubiera escrito una sociedad secreta de escolares mutantes, oficinistas neuróticos y científicos chiflados. Y, sin embargo, todo encaja.

Eso es lo primero que me interesa transmitir en este blog post pensada como introducción a los lectores que no los conozcan. DEVO no era una extravagancia vacía. No era una banda rara porque sí. Detrás de su apariencia absurda había una idea muy clara del ser humano, de la cultura de masas y de la estupidez organizada de la vida moderna.

La teoría de la de-evolución:


Para entender por qué "Q: Are We Not Men? A: We Are Devo!" suena como suena, conviene detenerse un momento en su origen. Las canciones fueron escritas entre 1974 y 1977, y varias ya habían sido tocadas en directo bastante antes de la grabación del álbum. "Jocko Homo", por ejemplo, existía desde 1974 y se interpretó en directo en 1975. En 1977, DEVO ya había presentado en concierto prácticamente todo el repertorio que acabaría formando el disco. No estamos, por tanto, ante un debut improvisado, sino ante la cristalización de una idea que llevaba tiempo tomando forma.

Pero la historia del grupo no se puede separar del contexto del que salió. Mark Mothersbaugh y Gerald Casale habían sido estudiantes en Kent State University, una universidad marcada para siempre por la matanza de 1970, cuando la Guardia Nacional mató a cuatro estudiantes durante una protesta contra la guerra. Ese episodio no explica por sí solo la filosofía de DEVO, pero ayuda a entender su mirada. Ellos veían un mundo que no avanzaba de manera racional o luminosa, sino uno que parecía degradarse entre violencia, propaganda, conformismo y consumo automático. De ahí nació su famosa teoría de la de-evolución, no como doctrina científica, sino como una sátira seria, una forma de decir que quizá la especie humana no iba exactamente hacia arriba.

Devo - banda

En ese sentido, el título del disco ya es toda una declaración. "Q: Are We Not Men? A: We Are Devo!" juega con la idea de identidad, de especie, de tribu y de degradación. Hay algo teatral en esa pregunta y esa respuesta, algo entre el eslogan político, el mantra absurdo y el canto de secta pop. Y eso define muy bien el tono del álbum, que siempre está moviéndose entre lo ridículo y lo perturbador.

Brian Eno:


El disco se grabó entre octubre de 1977 y febrero de 1978, sobre todo en Colonia, Alemania Occidental, y fue producido por Brian Eno. A veces se cita su nombre como si bastara para explicar el sonido del álbum, pero aquí lo importante es cómo Eno entendió a la banda. No intentó convertirla en algo elegante ni suavizar sus aristas. Lo que hizo fue dar claridad a una propuesta que ya era filosa de por sí. El resultado suena limpio, pero no pulido en exceso. Preciso, pero nunca cómodo.

Quien llegue esperando el DEVO más sintetizado de años posteriores se va a encontrar con una banda todavía muy aferrada a la guitarra, al bajo y a la batería. Los sintetizadores están ahí, claro, pero más como textura, como baba electrónica, como interferencia, que como elemento dominante. Eso le da al álbum una posición muy interesante dentro de la pop culture de finales de los setenta. No es del todo punk, no es del todo art rock, no es del todo synth pop. Parece estar empujando varias puertas a la vez.

Lo que más me impresiona cada vez que lo escucho es su sentido del ritmo. Muchas canciones parecen funcionar como máquinas mal calibradas, a punto de desarmarse, pero nunca pierden la cohesión. Alan Myers, en la batería, tiene mucho que ver con eso. Su forma de tocar sostiene los cambios bruscos, las aceleraciones, los cortes y esos patrones que hacen que el cuerpo quiera seguir la canción pero la cabeza tarde un segundo más en entender por dónde va. Gerald Casale, por su parte, construye líneas de bajo fundamentales, tensas, elásticas, a menudo más importantes de lo que parece en una primera escucha. Encima de todo eso, las guitarras de Bob Mothersbaugh y Bob Casale entran con riffs oblicuos, punzantes, casi caricaturescos, pero muy eficaces.

Y luego está Mark Mothersbaugh, que no canta como un frontman tradicional ni falta que hace. Recita, espeta, declama, se burla, se acelera, aúlla. Hay algo de David Byrne en ciertos gestos, aunque Mark tiene una vena más de científico loco y menos de urbanita elegante. Su voz es clave porque convierte cada canción en una pequeña escena.

Reírse con incomodidad:


"Uncontrollable Urge" abre el álbum con una energía que me sigue pareciendo desarmante. No entra, irrumpe. Todo en ella transmite urgencia física y nerviosa. Las guitarras se abalanzan, la base rítmica cambia de intensidad, la voz de Mark parece empujar el tema hacia delante con una mezcla de deseo, ansiedad y comicidad. Como presentación de la banda resulta perfecta, porque ahí ya está casi todo, la tensión, el gancho, el sarcasmo, el componente corporal, la sensación de que el impulso humano más básico puede ser al mismo tiempo ridículo y peligroso.

Después llega la versión de "(I Can’t Get No) Satisfaction", que sigue siendo una de las decisiones más brillantes del álbum. En lugar de reverenciar el clásico de los Rolling Stones, DEVO lo desmonta y lo reconstruye como si fuera un objeto industrial defectuoso. La sensualidad desaparece, la soltura también. Queda una versión rígida, espasmódica, casi anti sexual. Y precisamente por eso funciona. Donde Mick Jagger convertía la frustración en carisma, DEVO la transforma en alienación real, en desconexión, en torpeza social. Es una gran lección sobre cómo una versión puede reinterpretar el sentido de una canción sin perder su núcleo.

"Praying Hands" es otro de los momentos centrales para entender la propuesta del grupo. En ella, DEVO mezcla instrucciones cotidianas, rituales religiosos y obediencia automática con una melodía casi infantil y una estructura que roza la opereta deformada. Aquí se ve muy bien uno de sus grandes talentos, decir cosas incómodas sin ponerse solemnes. La canción se ríe de los hábitos, de la moral aprendida, de la fe repetida sin reflexión, pero lo hace desde una forma lúdica, pegadiza, nada sermoneadora.

"Space Junk" introduce otra tonalidad. Siempre me ha gustado mucho porque, debajo de su apariencia casi juguetona, hay una tristeza rara. Parte de una idea absurda, la muerte causada por basura espacial, y la convierte en un retrato de la paranoia moderna. La canción avanza entre ironía y fatalismo, como si el desastre contemporáneo pudiera llegar en forma de noticia extravagante, estadística ridícula o miedo amplificado por la imaginación. Ahí DEVO toca algo muy contemporáneo, nuestra capacidad para vivir rodeados de amenazas improbables y aun así sentir que todas son inminentes.

"Mongoloid", quizá una de sus composiciones más polémicas en apariencia, ha sido a menudo malinterpretada si se toma de forma literal o superficial. Lo que hace la canción, en realidad, es ridiculizar la arrogancia de la supuesta normalidad, esa comodidad del ciudadano medio que trabaja, encaja y presume de superioridad moral o intelectual mientras se comporta como un autómata. Musicalmente es irresistible. El bajo sostiene todo con una firmeza magnífica y los pequeños gestos del sintetizador deforman el paisaje como un espejo torcido.

Y luego está "Jocko Homo", el gran manifiesto del álbum, una de esas canciones que explican por sí solas por qué DEVO fue una banda tan singular. El famoso estribillo en forma de pregunta y respuesta es brillante porque suena a juego de patio de colegio, a canto de hinchada, a consigna política y a ritual de iniciación al mismo tiempo. El riff en compás irregular contribuye a esa sensación de extrañeza. No es una canción pensada para acomodarte, sino para descentrarte. Y, sin embargo, tiene un poder de convocatoria enorme. Uno la escucha y entiende enseguida por qué debió de funcionar tan bien en directo.

En la segunda mitad del disco, "Too Much Paranoias" lleva la tensión a un terreno casi histérico, con guitarras que parecen sirenas de alarma y una atmósfera de saturación consumista. "Gut Feeling" me parece uno de los grandes logros ocultos del álbum, porque construye una progresión magnífica, lenta y absorbente, antes de desembocar en algo más brusco y febril. "Come Back Jonee" aporta un giro más de rock torcido, con un punto casi paródico en sus adornos de guitarra. "Sloppy" refuerza la veta humorística del grupo, y "Shrivel Up" cierra el disco de una manera menos explosiva, más insidiosa, como si la locura no terminara con una detonación sino con una mueca helada.

Un disco entre el punk, la sátira y el laboratorio pop:


Una de las cosas más valiosas de este álbum es que no se deja reducir fácilmente. Se suele hablar de DEVO como una banda de new wave, y lo es, claro, pero aquí todavía se nota mucho el empuje del punk, aunque pasado por un filtro más cerebral y más raro. Si uno piensa en Blondie o en The Clash, ve de inmediato una conexión con la época. Si piensa en Talking Heads o XTC, encuentra también parentescos en el nervio y la ironía. Pero DEVO va por otro camino. Tiene algo de los Mothers of Invention en la sátira absurda, algo de Kraftwerk en la idea de lo mecánico, algo de la tradición experimental estadounidense y algo, incluso, de música infantil deformada para adultos desencantados.

Esa mezcla es lo que hace que el disco conserve tanta personalidad. No suena a imitación de nadie. Ni siquiera cuando uno detecta referencias, el resultado parece derivativo. Más bien parece el trabajo de una banda que había entendido que el final de los setenta exigía nuevos lenguajes para describir un mundo saturado de mensajes, productos, consignas y comportamientos automáticos.

Lo que el álbum sigue diciendo:


Lo fascinante de "Q: Are We Not Men? A: We Are Devo!" es que su crítica no ha perdido filo. Cuando DEVO hablaba de de-evolución no estaba haciendo una teoría científica, sino una sátira del conformismo, de la estupidez organizada, del ser humano manipulado por su entorno cultural. Eso, escuchado hoy, no suena antiguo. Al contrario. Suena incómodamente vigente.

DEVO - banda

El disco habla de obediencia, consumo, paranoia, identidad, deseo y alienación. Habla de gente que repite, compra, acata, se asusta, se integra y se deshumaniza. Pero no lo hace desde un tono lúgubre o grandilocuente, sino con humor negro, con teatralidad, con una energía casi caricaturesca. Esa es una de sus mayores virtudes. No pontifica. No da lecciones. Te invita a bailar mal mientras te deja una idea inquietante zumbando en la cabeza.

Y quizá por eso funciona tan bien hoy. Porque suena como una advertencia, sí, pero también como un placer genuino. No hace falta estudiar el contexto al detalle para disfrutarlo. Basta con dejarse arrastrar por sus ritmos nerviosos, sus coros extraños, sus letras aparentemente tontas y su manera tan singular de juntar diversión y desasosiego.

Por qué sigue gustando hoy:


Si alguien me preguntara por dónde entrar en DEVO, yo diría que este disco es la mejor puerta posible si lo que busca no es solo una colección de canciones pegadizas, sino una personalidad artística completa. Aquí ya están sus obsesiones, su humor, su rareza y su capacidad para retratar el absurdo del mundo moderno sin perder nunca el pulso musical.

No es un álbum perfecto en el sentido académico, ni falta que le hace. Tiene algo mejor, identidad, riesgo y una visión que atraviesa todo el repertorio. Además, muchas de sus mejores ideas han envejecido con una naturalidad sorprendente. Lo que en 1978 pudo parecer una excentricidad de culto, hoy se escucha como uno de esos discos que supieron encontrar un lenguaje propio para hablar de la vida contemporánea.


Disco recomendado


Así que mi recomendación para los lectores del blog es muy clara. Si solo conoces a DEVO por "Whip It", escucha "Q: Are We Not Men? A: We Are Devo!" con paciencia y curiosidad. Entra en él como quien se adentra en una feria de espejos deformantes, donde cada reflejo hace gracia al principio y da un poco de miedo después. Puede que al terminar no salgas tarareando una melodía bonita al uso, pero sí con la sensación de haber descubierto una banda que entendió muy pronto que el mundo moderno no iba a sonar redondo, iba a sonar torcido, eléctrico, neurótico y brillantemente humano.

Video de tema "(I Can't Get No) Satisfaction":

Tracklist (LP original):

Cara A:

1. "Uncontrollable Urge" 3:09
2. "(I Can't Get No) Satisfaction" Mick Jagger, Keith Richards 2:40
3. "Praying Hands" 2:47
4. "Space Junk" 2:14
5. "Mongoloid" 3:44
6. "Jocko Homo" 3:40

Cara B:

1. "Too Much Paranoias" 1:57
2. "Gut Feeling" / "(Slap Your Mammy)" 4:54
3. "Come Back Jonee" 3:47
4. "Sloppy (I Saw My Baby Gettin')" 2:40
5. "Shrivel-Up" 3:05

Devo:

  • Mark Mothersbaugh – voz, teclados, guitarra
  • Gerald Casale – voz, bajo, teclados
  • Bob Mothersbaugh – guitarra principal, voz
  • Bob Casale – guitarra rítmica, teclados, voz
  • Alan Myers – batería

Técnica:

Brian Eno – productor, sintetizador, coros