Antes de sumergirte en el blog post, conviene ajustar el oído y el ánimo. El disco que voy a recomendar no entra por la vía rápida ni busca deslumbrar a la primera escucha. Exige una atención distinta, más cercana a la curiosidad que al consumo inmediato. Este texto nace precisamente de ese tiempo compartido con la música, de escuchar sin prisa y de dejar que el universo de Yusef Lateef vaya revelándose poco a poco, desde la emoción y la experiencia personal, más que desde la teoría.
ALBUM: Eastern Sounds
Entro en "Eastern Sounds" como quien entra en una habitación en penumbra después de un día ruidoso. No hay golpes de efecto ni virtuosismo gratuito esperando en la puerta. Lo que hay es una sensación inmediata de recogimiento, de pausa, casi de suspensión del tiempo. Y eso, escuchado hoy desde una sensibilidad formada entre el rock, el pop y la música alternativa, resulta profundamente subversivo. Porque este disco no quiere convencerte de nada. Quiere que escuches. Que te quedes. Que aceptes que la música también puede ser un espacio para pensar, para respirar y para dejar que otras culturas, otros sonidos y otros silencios entren en tu vida sin pedir permiso.
Publicado en abril de 1962 en el sello Moodsville de Prestige Records, Eastern Sounds es una de esas obras que parecen vivir fuera de su tiempo. Grabado en septiembre de 1961, el álbum captura a Yusef Lateef en un momento de transición personal, espiritual y musical, justo cuando su banda con el pianista Barry Harris estaba a punto de disolverse tras el traslado de Detroit a Nueva York. La escena del jazz en Detroit se apagaba lentamente, y Yusef Lateef, lejos de aferrarse a una tradición que se cerraba sobre sí misma, miraba hacia fuera. Hacia Oriente. Hacia otras escalas, otros modos, otras formas de entender la improvisación.
Cómo nació el disco:
Para entender "Eastern Sounds" hay que situarse en ese cruce de caminos. Yusef Lateef llevaba años interesado en la música del Próximo Oriente y de Asia mucho antes de que ese interés se convirtiera en una moda dentro del jazz. Ya en Prayer to the East, de 1957, había incorporado instrumentos como la shahnai y explorado modos no occidentales. Pero aquí el gesto es más contenido, más integrado, más consciente de la escucha del otro. No se trata de exotismo de postal ni de color local añadido por encima, sino de una búsqueda sincera, casi íntima.
El contexto del sello Moodsville es importante. Aquellas sesiones estaban pensadas para discos relajados, de tempo medio o lento, con un aire nocturno, accesible. Lateef supo jugar con esa expectativa y, sin traicionarla, introducir en ella algo profundamente distinto. El resultado es un álbum que suena hermoso y extraño al mismo tiempo, como si una balada conocida empezara de pronto a hablar otro idioma sin dejar de ser comprensible.
La formación es clave para que eso funcione. Junto a Barry Harris, el disco cuenta con el bajista y multiinstrumentista Ernie Farrow, que alterna el contrabajo con el rabat indio, y con el batería Lex Humphries, cuyo trabajo con escobillas es de una delicadeza extrema. Nada sobresale de forma innecesaria. Todo respira.
Sonido, texturas y la belleza:
Desde el primer corte, "The Plum Blossom", Lateef deja claro que este no va a ser un disco convencional. Comienza tocando el xun, una flauta globular china de arcilla, capaz de producir solo cinco notas. En lugar de limitarlo, ese margen estrecho parece liberarlo. El sonido es áspero, casi borroso, pero profundamente expresivo. Me recuerda a la sensación que produce escuchar por primera vez un tema minimalista de Brian Eno o una melodía repetitiva de Terry Riley: no pasa gran cosa, pero todo está pasando.
La pieza se mueve en un modo menor constante, con un pulso casi ritual. Farrow abandona la línea de bajo tradicional y aporta una textura rítmica que descoloca al oído acostumbrado al jazz estándar. Y sin embargo, todo suena natural. Bluesy. Cercano.
Ese equilibrio entre lo conocido y lo ajeno atraviesa todo el disco. "Blues for the Orient" utiliza una estructura de blues clásica, pero Yusef Lateef decide tocar el oboe, uno de los instrumentos menos asociados al jazz. El resultado es fascinante y, por momentos, incómodo. Hay quien ha señalado cierto aire forzado en este tema, y lo entiendo. Pero también hay una honestidad brutal en esa incomodidad. Es el sonido de alguien buscando, no posando.
En "Ching Miau", construido sobre una escala china y un compás de 5/4, Lateef se pasa al saxo tenor y se instala sobre un vamp insistente. Aquí es imposible no pensar en John Coltrane y sus meditaciones modales de la misma época. Pero lo interesante es que Lateef no parece seguir a Coltrane, sino caminar en paralelo. Hay una sequedad en el fraseo, una economía de notas, que conecta más con ciertas sensibilidades del rock experimental posterior que con el jazz virtuoso.
Cine, baladas y el poder de la emoción:
Uno de los grandes aciertos de Eastern Sounds es la inclusión de temas procedentes del cine, concretamente de Spartacus y The Robe. Podría parecer un gesto oportunista, pero sucede justo lo contrario. Lateef utiliza esas melodías familiares como puntos de entrada, como puertas abiertas para oyentes menos acostumbrados a su universo sonoro. Escuchar el tema de Spartacus aquí es descubrir cómo una melodía conocida puede transformarse por completo a través del timbre y el contexto. El oboe de Lateef no dramatiza, no subraya. Canta.
Desde una perspectiva pop o rock, esto conecta directamente con la idea de reinterpretar material ajeno para hacerlo propio, algo que artistas como David Bowie o Radiohead han hecho constantemente, apropiándose de referencias externas para construir un lenguaje personal.
Las baladas son, para mí, el corazón emocional del disco. "Don’t Blame Me" es jazz sin adjetivos, directo al centro. Lateef al saxo tenor suena cálido, humano, vulnerable. Barry Harris firma aquí uno de sus solos más hermosos, contenido y profundamente expresivo. No hay ornamento. Solo conversación. "Purple Flower", por su parte, se mueve en una escala vagamente árabe y crea una atmósfera introspectiva, casi suspendida. Pienso en ella como una canción nocturna, de esas que no buscan consuelo inmediato, sino compañía.
"Snafu" rompe ese clima con un pulso más agresivo, casi físico. El bajo de Farrow empuja con insistencia, y Yusef Lateef se permite uno de sus solos más intensos del disco. Aquí hay algo que conecta con la energía del rock, con esa necesidad de avanzar incluso cuando el terreno es irregular.
Qué dice hoy Eastern Sounds sobre nosotros:
Escuchar Eastern Sounds en 2026 es una experiencia reveladora. No solo por su valor histórico, sino porque plantea preguntas que siguen abiertas. ¿Cómo nos relacionamos con otras culturas? ¿Desde la curiosidad o desde la apropiación superficial? Yusef Lateef no ofrece respuestas cerradas, pero su música propone un camino basado en el respeto, la escucha y la emoción compartida.
El texto original de las notas del disco hablaba de una relación inevitable entre la improvisación americana y la música del Próximo Oriente. Era una intuición profética. Décadas después, esa conexión es evidente, no solo en el jazz, sino en el pop, el rock, la electrónica y la música alternativa. Desde la fascinación de George Harrison por Ravi Shankar hasta las exploraciones contemporáneas de artistas que mezclan tradición y experimentación, el camino que Lateef ayudó a abrir sigue vivo.
Disco recomendado
Eastern Sounds no es un disco fácil, pero tampoco es hermético. Es un álbum que te pide tiempo, atención y cierta humildad como oyente. A cambio, ofrece una experiencia profunda, rica en matices y sorprendentemente actual. No importa si vienes del jazz, del rock o del pop alternativo. Si te interesa la música como espacio de encuentro, este disco tiene algo que decirte.
Lo recomiendo porque no envejece, porque no se agota y porque sigue sonando honesto. Porque demuestra que la verdadera innovación no siempre grita, a veces susurra. Y porque escuchar a Yusef Lateef aquí es recordar que la música, cuando es de verdad, no entiende de fronteras ni de etiquetas. Solo de personas buscando algo que todavía no saben nombrar, pero que reconocen cuando suena.
Video del tema "Blues for the Orient":
Tracklist:
1."The Plum Blossom" (Yusef Lateef) – 5:03
2."Blues for the Orient" (Lateef) – 5:40
3."Ching Miau" (Lateef) – 3:20
4."Don't Blame Me" (Jimmy McHugh) – 4:57
5."Love Theme from Spartacus" (Alex North) – 4:15
6."Snafu" (Lateef) – 5:42
7."Purple Flower" (Lateef) – 4:32
8."Love Theme from The Robe" (Alfred Newman) – 4:02
9."The Three Faces of Balal" (Lateef) – 2:23
Musicos:
- Yusef Lateef – flauta, oboe, saxofón tenor, xun (llamada "flauta globular china" en las notas del álbum)
- Barry Harris – piano
- Ernie Farrow – contrabajo, Rabaab (llamado "rabat" en las notas del álbum)
- Lex Humphries – batería




