Antes de entrar en el detalle, tengo que confesar algo que siempre me cuesta explicar sin que suene exagerado. "Songs of Faith and Devotion" no es solo un gran disco en la discografía de Depeche Mode, para mí es el mejor, el que más me ha acompañado y el que más me ha cambiado la forma de escuchar la música de la banda. Lo he puesto en momentos de euforia y en días en los que no podía con mi propia cabeza, y en ambos casos ha funcionado como si supiera exactamente qué decir, sin decirlo del todo. Hay una conexión casi espiritual, un tipo de vínculo emocional que no responde a la lógica del "este tema es mejor que aquel", sino a algo más íntimo, como si el álbum te reconociera antes de que tú te reconozcas. Por eso esta recomendación no va solo de análisis, también va de esa sensación rara, difícil de traducir, de volver a un lugar que no existe y, aun así, sentir que estás.
ALBUM: Songs of Faith and Devotion
El 22 de marzo de 1993. Esa es la fecha que conviene fijar primero, porque explica muchas cosas. No solo marca el lanzamiento de "Songs of Faith and Devotion", también señala el momento exacto en el que Depeche Mode decidió ponerse en riesgo cuando menos lo necesitaba. Venían de conquistar el mundo con el disco "Violator", de llenar estadios, de convertirse en una referencia transversal para públicos que iban del pop al rock alternativo. Lo lógico habría sido repetir la fórmula. Lo cómodo, incluso. Pero este disco hace justo lo contrario: se mueve incómodo, se expone, se contradice y, por eso mismo, sigue vivo más de treinta años después.
Escribo esto desde una doble posición que nunca he sabido separar del todo. Durante muchisimos años trabajé dentro de la industria discográfica, aprendí cómo se fabrican los relatos de éxito, cómo se pulen las narrativas y se disimulan las grietas. Pero también soy fan, y "Songs of Faith and Devotion" es uno de esos discos que me acompañan desde hace décadas, no como fetiche, sino como casi un espejo. Cada vez que vuelvo a él escucho algo distinto, porque no es un álbum cerrado, es un estado emocional grabado en cinta.
Después de la cima:
Para entender este álbum hay que volver brevemente a lo que ocurrió antes. Violator no solo fue un éxito, fue una declaración de poder. Sintetizadores elegantes, canciones perfectas, una producción que parecía flotar sin esfuerzo. La gira mundial que lo acompañó fue enorme, agotadora, y dejó a la banda física y mentalmente exprimida. Cuando terminó, cada uno se fue a su esquina del mundo. Alan Wilder siguió creando música de forma obsesiva. Martin Gore cargaba con la presión de volver a escribir algo a la altura. Andy Fletcher buscaba estabilidad lejos del foco. Dave Gahan, en cambio, se desplazó a Los Ángeles y empezó a absorber otra energía, otro lenguaje, otra forma de entender lo que significaba ser una banda en los años noventa.
Entre 1990 y 1993 el paisaje musical cambió radicalmente. El grunge y el rock alternativo ocuparon el centro de la conversación. La distorsión volvió a ser símbolo de honestidad. La pulcritud empezó a sonar sospechosa. Y Depeche Mode, sin renunciar a su identidad, decidió dejar entrar todo eso por las rendijas.
Madrid, una casa y tensiones:
La gestación de "Songs of Faith and Devotion" fue cualquier cosa menos cómoda. En lugar de un estudio tradicional, optaron por instalarse en una casa alquilada en Madrid, vivir juntos y grabar juntos. La idea era romper rutinas, evitar automatismos, forzar nuevas dinámicas. Sobre el papel sonaba estimulante. En la práctica, fue claustrofóbico.
Durante meses convivieron sin apenas descanso, sin una estructura clara de trabajo y con muy poca preproducción. Se intentó algo casi inédito para ellos, improvisar, tocar juntos, buscar canciones desde el cuerpo antes que desde la programación. El resultado inicial fue frustrante. Las ideas no fluían, los egos chocaban, la paciencia se agotaba. Flood, el productor, ha descrito aquellas sesiones como una experiencia emocionalmente extenuante, más cercana a arrancar piezas a la fuerza que a construirlas con placer. Y, sin embargo, de ese caos salió el disco. Quizá precisamente por eso.
Un sonido más humano, menos perfecto:
Lo primero que me sigue llamando la atención al escuchar "Songs of Faith and Devotion" es su textura. Este no es un álbum que suene "limpio". Hay fricción, aire, errores conservados a propósito. Alan Wilder insistió en que las baterías se tocaran en directo, para luego ser reordenadas, sampleadas, transformadas, pero sin perder la dinámica humana. Se oyen respiraciones, golpes imperfectos, pequeñas irregularidades que hacen que las canciones se muevan.
"I Feel You" abre el álbum con un chirrido que no pide permiso. Batería física, guitarra casi blues, bajo sintético empujando desde abajo. Es una declaración de intenciones. Depeche Mode puede sonar rock sin dejar de ser Depeche Mode. La voz de Gahan entra segura, desafiante, más cerca que nunca. No interpreta un personaje, se expone.
"Walking in My Shoes" es, para mí, una de las grandes canciones de toda su carrera. No por su ambición sonora, sino por su mensaje. Habla de juicio, de fragilidad, de la imposibilidad de comprender al otro sin haber recorrido su camino. Musicalmente combina loops, guitarras procesadas, teclados distorsionados, pero todo está al servicio de una emoción contenida, madura. No hay rabia adolescente aquí, hay cansancio, lucidez, experiencia.
Fe, deseo y contradicción:
El título del álbum no es casual. "Songs of Faith and Devotion" gira alrededor de la idea de creer en algo cuando ya no es fácil hacerlo. Martin Gore recurre a un lenguaje religioso no como provocación, sino como metáfora. La fe aparece mezclada con el deseo, la devoción con la culpa, el amor con la dependencia. No hay respuestas claras, solo preguntas formuladas con una honestidad incómoda.
"Condemnation" es probablemente el mejor ejemplo. Una canción construida como un himno lento, casi un ritual. Palmas, órgano, un pulso grave que avanza sin prisa. La interpretación vocal de Dave Gahan es extraordinaria, una de las más intensas de su carrera. No canta desde la fuerza, sino desde la aceptación amarga. No pide perdón, se expone.
En "Judas", Gore toma el micrófono y se mueve en un territorio más introspectivo. Las gaitas irlandesas invertidas, el coro final construido con voces improvisadas, la sensación de espacio sagrado artificial. Todo contribuye a crear una atmósfera inquietante, hermosa y moralmente ambigua.
Luces y sombras:
No todo el álbum es igual de equilibrado, y eso también forma parte de su encanto. "Rush" es, probablemente, el tema que peor ha envejecido. Su agresividad industrial, muy marcada por la estética de la época, suena más derivativa. Aun así, funciona como contrapunto, como recordatorio de que este disco no busca agradar siempre.
En el extremo opuesto está "One Caress". Breve, delicada, grabada casi como un susurro orquestal. Gore canta acompañado por una sección de cuerda que eleva la canción sin grandilocuencia. Es uno de esos momentos en los que el álbum respira, se recoge, muestra su lado más vulnerable.
"In Your Room" merece una mención aparte, es el temazo. Oscura, obsesiva, profundamente sensual. Es una de esas canciones que crecen con los años. Cada escucha revela una capa nueva, una intención distinta. No es casual que fuera uno de los pilares del directo durante la gira posterior.
La intensidad:
Todo este proceso tuvo consecuencias. El desgaste fue enorme. Alan Wilder decidió que no volvería a trabajar en esas condiciones y abandonó la banda poco después. Dave Gahan tocó fondo personal y físicamente. La gira "Devotional", monumental y excesiva, se convirtió en leyenda por razones que iban más allá de la música. Pero el disco quedó. Y eso es lo que importa cuando lo escuchamos hoy.
Disco recomendado
Songs of Faith and Devotion no es un álbum perfecto, y precisamente por eso sigue siendo relevante. No intenta congelar un sonido, ni repetir un éxito. Documenta un momento de crisis creativa y personal, y lo convierte en arte. Para oyentes jóvenes, acostumbrados a producciones impecables y narrativas controladas, este disco ofrece otra cosa: vulnerabilidad, contradicción, riesgo real.
Sigue funcionando porque habla de temas universales, la necesidad de creer, el miedo a ser juzgado, la búsqueda de redención, sin cinismo ni grandilocuencia. Y porque musicalmente se atreve a mezclar electrónica, rock, gospel y pop sin pedir permiso.
Si nunca lo has escuchado entero, hazlo sin prisas. Con auriculares, con atención, dejando que las canciones respiren. No esperes un manual de Depeche Mode. Espera una conversación honesta, a veces incómoda, siempre intensa. "Songs of Faith and Devotion" no te promete consuelo, pero sí verdad. Para mi el mejor disco hasta ahora de la banda.
Video del tema "In Your Room":
Tracklist (original):
1. "I Feel You" 4:35
2. "Walking in My Shoes" 5:35
3. "Condemnation" 3:20
4. "Mercy in You" 4:17
5. "Judas" Gore 5:14
6. "In Your Room" 6:26
7. "Get Right with Me" (includes hidden track "Interlude #4" at 2:59) 3:52
8. "Rush" 4:37
9. "One Caress" Gore 3:32
10. "Higher Love" 5:56
Depeche Mode;
- David Gahan
- Martin Gore
- Andrew Fletcher
- Alan Wilder
Músicos adicionales:
- Bazil Meade – voz adicional (pista 7)
- Hildia Campbell – voz adicional (pista 7)
- Samantha Smith – voz adicional (pista 7)
- Steáfán Hannigan – gaita irlandesa (pista 5)
- Wil Malone – arreglos de cuerdas, dirección de cuerdas (pista 9)
Técnica:
Depeche Mode, producción y mezcla
Flood, producción y mezcla



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