Algunas obras no se reencuentran, se reactivan. Volver a al álbum "Laughing Stock" no ha sido un gesto automático ni una revisión por compromiso, sino una escucha lenta, casi deliberada, de un disco que nunca se deja domesticar del todo. Con el paso del tiempo, este ultimo álbum de Talk Talk sigue funcionando como una especie de prueba de honestidad, tanto para quien lo hizo como para quien se sienta a escucharlo. Revisitarlo hoy, con otros oídos y otro contexto, confirma por qué esta banda es mi refugio musical y por qué este sigue siendo uno de esos discos que no solo se recomiendan, se comparten con cuidado, como quien señala un lugar importante en un mapa personal y cultural.
ALBUM: Laughing Stock
"Laughing Stock" no es un disco que se deje entender a la primera. Es un álbum que exige tiempo, silencio y una forma de escucha que hoy parece casi contracultural. Publicado en septiembre de 1991, cuando el ruido empezaba a confundirse con relevancia y la música alternativa se encaminaba hacia nuevas ortodoxias, este fue el último gesto creativo de Talk Talk como banda y uno de los cierres más coherentes, radicales y honestos que ha dado el rock en sentido amplio. Revisitarlo hoy no es un ejercicio de nostalgia, sino una invitación directa a escuchar de otra manera.
Para quienes llegan por primera vez, especialmente lectores jóvenes acostumbrados a la inmediatez del algoritmo, "Laughing Stock" puede parecer un objeto extraño. No hay estribillos evidentes, ni progresiones previsibles, ni una narrativa clara que se ofrezca en bandeja. Pero precisamente ahí reside su fuerza. Este disco no busca gustar, busca decir algo verdadero, aunque eso implique incomodar, desconcertar o incluso alejar.
Contexto, ruptura y libertad creativa
Talk Talk no empezó como un grupo destinado a acabar así. A comienzos de los años ochenta (siglo XX) fueron etiquetados como una banda de synth pop elegante y algo sombría, una especie de reverso introspectivo del pop británico del momento. Todo cambió con "The Colour of Spring", en 1986, un disco que combinó éxito comercial con una apertura sonora evidente. A partir de ahí, Mark Hollis, Lee Harris y Paul Webb decidieron avanzar en la dirección contraria a la que dictaba la lógica del mercado.
Spirit of Eden, publicado en 1988, fue el primer gran punto de no retorno. Un álbum grabado a partir de largas sesiones de improvisación, editado con bisturí, lleno de silencios, crescendos orgánicos y una espiritualidad nada complaciente. Su sello discográfico EMI no supo qué hacer con él. El conflicto fue inevitable. Tras litigios, recopilatorios publicados sin consentimiento y una ruptura traumática con la industria, Talk Talk quedó reducido a un núcleo esencial. Paul Webb abandonó el proyecto y Hollis y Harris, junto al productor Tim Friese-Greene y el ingeniero Phill Brown, encontraron refugio en Verve, un sello asociado al jazz que garantizaba algo fundamental: no interferir.
"Laughing Stock" nace de esa libertad total, pero también del agotamiento. Es un disco hecho desde la convicción absoluta, sabiendo que quizá no habría otro después.
Oscuridad, disciplina y el valor del silencio
La grabación se desarrolló en Wessex Sound Studios entre 1990 y 1991. Las condiciones eran extremas. Se trabajaba en penumbra, sin relojes, con proyecciones de aceite, luces estroboscópicas y una atmósfera diseñada para desconectar del mundo exterior. No era un capricho estético, sino una forma de inducir una escucha distinta, más atenta, más física.
Participaron decenas de músicos, aunque solo dieciocho aparecen en el disco final. Cada uno improvisaba a partir de estructuras mínimas, sin escuchar el conjunto completo. Después, Mark Hollis decidía qué sobrevivía. Se dice que más del ochenta por ciento de lo grabado fue descartado. Esa capacidad de eliminar, de renunciar, es clave para entender el sonido del álbum.
Hollis lo resumió mejor que nadie cuando habló de la importancia del silencio. Prefería una nota a dos, y el silencio a una nota. "Laughing Stock" está construido desde esa ética. Cada sonido tiene peso porque está rodeado de espacio.
El sonido de Laughing Stock
Desde los primeros segundos de "Myrrhman", con ese siseo de amplificador que parece preparar el terreno más que iniciar una canción, queda claro que este no es un disco convencional. El tema avanza como un blues abstracto, con guitarras que no buscan lucirse y una voz que entra y sale, casi como un pensamiento a medio formular.
"Ascension Day" rompe cualquier atisbo de calma. Es probablemente el momento más violento del álbum, no por volumen constante, sino por acumulación de tensión. El ritmo de Lee Harris es hipnótico, casi tribal, mientras guitarras y teclados giran sobre sí mismos hasta que todo estalla y se corta en seco. No hay resolución, solo interrupción. Como si la música recordara que no controla el tiempo, ni el final.
"After the Flood" es un remolino emocional. Aquí el rock aparece despojado de épica, convertido en una fuerza bruta que surge y se retira. La guitarra puede sonar delicada y, segundos después, convertirse en un lamento sostenido, casi doloroso. Phill Brown llegó a decir que era el mejor trabajo de ingeniería de su carrera, y no cuesta entender por qué. Cada resonancia parece colocada en el espacio físico, no en una mezcla artificial.
"Taphead" es el gran ejemplo de control. Empieza de forma frágil, con una melodía casi infantil, y poco a poco se va llenando de capas. Cuando entran las trompetas, lo hacen sin grandilocuencia, pero con una intensidad emocional difícil de describir. Los clímax duran apenas instantes. No hay tiempo para acomodarse.
"New Grass" (adoro esta canción) funciona como una especie de revelación. Es el tema más accesible, si esa palabra tiene sentido aquí. Un ritmo constante, órganos cálidos, una sensación de aceptación. Las letras apuntan a la fe, pero no desde el dogma, sino desde la duda y la búsqueda. No es un canto religioso, es una reflexión espiritual.
El cierre, "Runeii", es casi un susurro. Un ejercicio de precisión extrema. Nada sobra. Nada falta. El disco no termina, simplemente se detiene.
Letras, fe y carácter
Mark Hollis nunca fue amigo de explicar sus canciones. Creía que hablar demasiado de la música la empobrecía. Aun así, dejó claro que sus letras hablaban de virtud, de carácter, de valores. "Laughing Stock" está atravesado por una espiritualidad profunda, pero nada proselitista. Dios, el amor y la muerte aparecen como ideas inevitables, no como mensajes.
Las palabras no se imponen sobre la música, conviven con ella. A veces cuesta entenderlas, incluso con la letra delante. Eso es deliberado. La voz no guía, acompaña.
Un disco fuera de su tiempo
En su momento, "Laughing Stock" fue recibido con desconcierto. Algunas críticas lo tacharon de pretencioso. Hoy, esas lecturas han envejecido mal. Con el paso del tiempo, el disco ha sido reivindicado como una obra clave para entender muchas formas de música experimental posteriores, aunque pocas hayan sabido aprender de él sin quedarse en la superficie.
Se le ha llamado post rock, pero esa etiqueta se queda corta. Aquí no hay acumulación por acumulación, ni crescendos previsibles. Hay jazz en la forma de interactuar, música clásica en el uso del ambient, rock en la tensión física del sonido. Pero, sobre todo, hay una ética.
Disco recomendado
Es una recomendación necesaria, mi estimado melómano.
En un contexto saturado de estímulos, "Laughing Stock" ofrece algo raro, atención plena. No es un disco para poner de fondo. Es un álbum que te obliga a detenerte, a escuchar cada matiz, a aceptar el silencio como parte de la experiencia. Para quienes buscan música nueva, pero también sentido, este es un punto de partida inesperado.
No importa si vienes del rock, del jazz, de la música electrónica o de ningún sitio en concreto. Este disco no pide referencias previas, pide honestidad como oyente. "Laughing Stock" no te promete nada. Te propone algo mejor, la posibilidad de escuchar sin distracciones y descubrir que, a veces, menos sonido dice mucho más.
Si nunca has escuchado a Talk Talk más allá de sus primeros éxitos, este álbum puede cambiar tu forma de entender lo que una banda puede llegar a ser. Y si ya lo conoces, volver a él es recordar que la música, cuando es verdadera, no envejece. Solo espera a que estemos preparados para escucharla. Es sinceramente una obra de arte.
Video del tema "New Grass":
Tracklist (formato vinilo):
Cara A:
1. "Myrrhman" 5:33
2. "Ascension Day" 6:00
3. "After the Flood" 9:39
Cara B:
1. "Taphead" 7:39
2. "New Grass" 9:40
3. "Runeii" 4:58
Talk Talk
- Mark Hollis – voz, guitarra, piano, órgano, melódica, Variophon
- Lee Harris – batería, percusión
Otros músicos
- Tim Friese-Greene – productor, piano, órgano, armonio
- Mark Feltham – armónica
- Martin Ditcham – percusión
- Levine Andrade, Stephen Tees, George Robertson, Gavyn Wright, Jack Glickman, Garfield Jackson, Wilf Gibson – viola
- Simon Edwards, Ernest Mothle – contrabajo
- Roger Smith, Paul Kegg – violonchelo
- Henry Lowther – trompeta, fliscorno
- Dave White – clarinete contrabajo




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