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BUDDY GUY - Damn Right, I've Got the Blues

Hay que escuchar cómo empieza el disco "Damn Right, I've Got the Blues". Buddy Guy cuenta la entrada, la banda se pone en marcha y, casi sin darnos tiempo a acomodarnos, su guitarra comienza a lanzar unas notas que parecen salir directamente de un amplificador a punto de echar humo. No hay demasiadas ceremonias. El hombre tiene algo que contar y lo va a hacer a su manera, con una Fender, una voz curtida por décadas de escenarios y esa maravillosa capacidad de convertir una canción de blues en algo que te obliga a dejar lo que estés haciendo.

Así es como me gusta descubrir música. Sin demasiadas explicaciones previas, sin necesidad de consultar veinte listas de los mejores discos de la historia y, sobre todo, sin que un algoritmo me diga qué debería escuchar después. Me gusta el rock, disfruto de la música pop cuando está bien hecho y encuentro cosas interesantes en prácticamente cualquier género, pero reconozco que tengo una debilidad por esos músicos capaces de transmitir más con una nota que otros con tres minutos de fuegos artificiales. Buddy Guy pertenece a esa especie.

Y quizá por eso me sorprende que su nombre no aparezca con más frecuencia en las conversaciones sobre los grandes guitarristas de la historia, especialmente entre los aficionados más jóvenes. Conocemos a Jimi Hendrix, Eric Clapton, Jimmy Page o Stevie Ray Vaughan. Hemos escuchado sus solos, nos sabemos sus canciones y seguimos encontrando bandas que intentan recuperar aquella electricidad. Sin embargo, no siempre nos detenemos a conocer a los músicos que contribuyeron a crear ese lenguaje. Buddy Guy fue uno de ellos. Y no precisamente uno secundario.


ALBUM: Damn Right, I've Got the Blues


Si nunca has escuchado un álbum completo de blues, o crees que este género tiene poco que ofrecerte porque tus gustos se mueven entre el rock alternativo, el indie o el pop, te propongo empezar por aquí. "Damn Right, I've Got the Blues", publicado en 1991, tiene suficiente energía para entusiasmar a un aficionado al rock y toda la personalidad que uno espera encontrar en una grabación de uno de los grandes nombres del blues de Chicago.

BUDDY GUY - Damn Right, I've Got the Blues

Además, es un disco que se disfruta de principio a fin. Algo que, con nuestros hábitos de escucha actuales, casi se está convirtiendo en un pequeño lujo.

De Luisiana a las raíces del rock eléctrico:


Para entender por qué su guitarra suena así hay que viajar hasta Luisiana, donde George Buddy Guy nació el 30 de julio de 1936, en una familia de aparceros de Lettsworth (EE.UU.). Su relación con la música comenzó de una manera bastante alejada de la imagen romántica que solemos asociar a los grandes artistas. No había estudios sofisticados, profesores particulares ni guitarras de colección. Fabricó uno de sus primeros instrumentos con materiales rudimentarios y aprendió escuchando discos, observando a otros músicos y repitiendo una y otra vez los sonidos que le fascinaban. Entre sus primeras influencias estuvieron Lightnin' Slim y John Lee Hooker, cuyo Boogie Chillen fue una de las canciones con las que empezó a familiarizarse con la guitarra.

En septiembre de 1957, con 21 años, decidió marcharse a Chicago. Allí encontró una ciudad donde el blues se había transformado en algo muy diferente de la música rural que había conocido durante su infancia. Las guitarras eléctricas, los amplificadores, las armónicas y las bandas que tocaban en pequeños clubes habían creado un sonido urbano, poderoso, directamente relacionado con la experiencia de miles de afroamericanos que habían emigrado desde los estados del sur.

Buddy Guy terminó entrando en contacto con Muddy Waters y comenzó a grabar para sellos como Cobra y Chess Records. También estableció una estrecha colaboración con Junior Wells, cuya armónica se convertiría en una magnífica compañera para sus aventuras musicales. El problema era que el sonido de Buddy Guy resultaba demasiado salvaje para algunos productores de aquellos años. Leonard Chess llegó a considerar que su manera de tocar era poco más que ruido. Lo que hoy nos parece una demostración de personalidad podía resultar incómodo en una época en la que los estudios preferían interpretaciones más contenidas.

A mí me fascina esa parte de su historia, porque explica muchas cosas que sucederían después. Buddy Guy llevaba al límite la distorsión, estiraba las notas hasta hacerlas casi irreconocibles y jugaba con cambios bruscos de intensidad. En directo era todavía más imprevisible. Podía bajar del escenario y caminar entre el público mientras seguía tocando, pasar de una melodía delicada a un estallido eléctrico o convertir una canción aparentemente sencilla en un espectáculo completamente distinto.

Aquello dejó una huella enorme en los jóvenes músicos británicos que estaban descubriendo el blues americano. Eric Clapton, Jeff Beck y otros guitarristas encontraron en él una libertad expresiva que después llevarían al rock. Jimi Hendrix también admiraba profundamente su manera de tocar. Es curioso pensar que muchas de las cosas que asociamos con la guitarra más atrevida de finales de los sesenta ya estaban presentes en las actuaciones de Buddy Guy durante la década anterior.

Su historia también invita a recordar algo que a veces olvidamos cuando hablamos del nacimiento del rock: buena parte de su lenguaje musical procede del trabajo y la creatividad de artistas afroamericanos que no siempre recibieron el mismo reconocimiento comercial que quienes llegaron después.

Y Buddy Guy todavía tenía mucho que decir.


1991, el regreso de una leyenda:


Me gusta situar "Damn Right, I've Got the Blues" en el año de su publicación porque ayuda a comprender lo peculiar que fue su aparición. Estamos en 1991. Nirvana está a punto de sacudir el panorama musical con Nevermind, U2 publica Achtung Baby y el rock vive un momento de transformación. Las guitarras siguen siendo protagonistas, pero las nuevas generaciones buscan otra forma de utilizarlas. El grunge, el rock alternativo y el indie están cambiando las reglas.

Mientras tanto, Buddy Guy, que llevaba buena parte de la década anterior sin una actividad discográfica comparable a la de sus primeros años, encuentra una nueva oportunidad gracias, en parte, a Eric Clapton. Sus actuaciones en el Royal Albert Hall de Londres durante 1990 y 1991 despiertan el interés del sello Silvertone, que decide apostar por él.

El álbum llega el 1 de julio de 1991 y termina convirtiéndose en el mayor éxito comercial de su carrera hasta entonces. En 1992 obtiene el Grammy al mejor álbum de blues contemporáneo, el primero de una larga colección de reconocimientos.

BUDDY GUY

Lo que me parece más interesante de aquel regreso es que Buddy no necesitó adaptar su sonido a ninguna moda. Su propuesta seguía estando profundamente arraigada en el blues de Chicago, aunque las grabaciones contaban ahora con una producción mucho más amplia y una banda extraordinaria. El productor John Porter, que había trabajado con artistas tan diferentes como Roxy Music y The Smiths, supo encontrar un equilibrio entre la personalidad del guitarrista y un sonido capaz de llegar a un público más amplio.

La grabación se realizó en Londres y reunió a músicos de enorme experiencia. Richie Hayward, batería de Little Feat, aporta una base rítmica fantástica, Greg Rzab sostiene el bajo, Neil Hubbard acompaña a la guitarra y Mick Weaver aporta el sonido de sus teclados. A ellos se suman el piano de Pete Wingfield, los metales de The Memphis Horns y unas voces femeninas que acercan varios temas al soul más clásico.

Y, por si fuera poco, aparecen Eric Clapton, Jeff Beck y Mark Knopfler.

Tres nombres que podrían haber convertido la grabación en una exhibición de estrellas, pero que aquí funcionan como invitados de un músico al que todos admiraban. Lo importante es escuchar cómo encajan sus aportaciones dentro de las canciones, no intentar averiguar quién se lleva el solo más espectacular.

El dueño de la fiesta sigue siendo Buddy Guy.

Una guitarra con mucho que contar:


Lo primero que me atrapa de este álbum es su sonido. Tiene la contundencia de un buen álbum de rock, pero conserva una forma de tocar y cantar profundamente ligada al blues tradicional. La guitarra ocupa un espacio enorme, aunque nunca termina de imponerse sobre el resto de los instrumentos. Los teclados aportan calidez, los metales empujan las canciones hacia territorios próximos al rhythm and blues y la batería mantiene un pulso que invita a moverse incluso cuando las letras cuentan historias bastante poco alegres.

El tema que da título al disco es una excelente carta de presentación. Buddy canta con esa voz áspera que parece haber acumulado varias vidas y va intercalando frases de guitarra que funcionan como pequeñas respuestas a sus propias palabras. Hay notas que corta de repente, otras que prolonga deliberadamente y momentos en los que parece estar disfrutando de lo imprevisible que puede llegar a ser su instrumento. Escuchándolo resulta fácil comprender por qué tantos guitarristas quisieron aprender sus trucos.

Pero reducir el atractivo de Buddy Guy a su habilidad con las seis cuerdas sería perderse una buena parte de la diversión. Es un cantante formidable, capaz de manejar el humor, el enfado, la ternura y la desesperación sin que ninguna de esas emociones parezca impostada.

En Too Broke to Spend the Night, por ejemplo, convierte una situación de dificultades económicas en un relato lleno de ironía. El protagonista ha empeñado sus pertenencias y atraviesa una racha francamente lamentable, pero la forma de contarlo tiene algo de comedia cotidiana. Es uno de esos aspectos del blues que me gustaría que descubriera más gente: su capacidad para hablar de las desgracias sin renunciar al humor.

El blues puede ser divertido.

También lo demuestra Mustang Sally, una canción que seguramente reconocerás incluso aunque nunca te hayas interesado demasiado por este tipo de música. Wilson Pickett la convirtió en un éxito en 1966 y desde entonces ha pasado por las manos de innumerables músicos. La versión de Buddy Guy conserva ese ritmo irresistible del soul clásico, apoyado por una sección de metales y unas voces femeninas que le dan una energía especial. Jeff Beck aparece con su guitarra, aportando pequeños destellos eléctricos que encajan perfectamente con el carácter festivo del tema.

En Where Is the Next One Coming From, escrita por John Hiatt, encontramos otra cara del álbum. Mark Knopfler participa en una interpretación de sabor más cercano al rock, mientras la batería de Hayward y los metales crean una base llena de movimiento. Me gusta especialmente cómo la canción combina diferentes influencias sin perder naturalidad. No parece que Buddy esté intentando demostrar su versatilidad, simplemente se mueve con comodidad por estilos que forman parte de una misma tradición musical.

Early in the Morning lleva esa conexión todavía más lejos. Procede del repertorio de Louis Jordan, una figura fundamental del rhythm and blues, y aquí adquiere un sonido cercano al soul de Ray Charles. Los teclados, los coros y las guitarras de Clapton y Beck se suman a una interpretación que invita a subir el volumen. Es de esas canciones que hacen difícil permanecer completamente quieto mientras las escuchas.

Lo interesante de este conjunto es que permite descubrir cuántos caminos diferentes ha recorrido el blues. Hay jazz, góspel, soul y rock mezclándose continuamente, mucho antes de que empezáramos a obsesionarnos con clasificar cada canción dentro de una etiqueta distinta.

Dejar que la música respire:


Si la primera mitad del álbum sirve para descubrir al Buddy Guy más eléctrico y extrovertido, Five Long Years muestra algo que personalmente me gusta todavía más: su capacidad para construir una interpretación larga sin perder un ápice de intensidad.

La canción fue escrita y grabada originalmente por Eddie Boyd en 1952. Cuenta la historia de un hombre que ha trabajado durante años para mantener una relación y termina sintiéndose traicionado. Un argumento bastante habitual dentro del blues, pero que adquiere una fuerza extraordinaria cuando Buddy empieza a cantar.

Durante más de ocho minutos, la guitarra, el órgano y el piano desarrollan una conversación musical que nunca parece tener prisa. Las notas aparecen, se quedan suspendidas, desaparecen y vuelven con una intensidad diferente. La voz suena cada vez más implicada en la historia, como si el paso de los minutos fuera haciendo aflorar emociones que al principio permanecían escondidas.

Es precisamente esa manera de dejar respirar las canciones lo que me gustaría reivindicar. Nos hemos acostumbrado a una música en la que todo sucede muy deprisa, donde los primeros segundos tienen que captar nuestra atención y cualquier pausa demasiado larga corre el riesgo de convertirse en una invitación a pasar al siguiente tema. Five Long Years pertenece a otra filosofía. Aquí la emoción se desarrolla con paciencia, y merece la pena acompañarla hasta el final.

Algo parecido sucede en Black Night, aunque su atmósfera es muy distinta. La canción, popularizada por Charles Brown en 1951, tiene una melancolía nocturna que Buddy interpreta con una sensibilidad sorprendente. El piano y el órgano crean un ambiente casi íntimo y la guitarra abandona buena parte de su agresividad habitual para moverse entre frases lentas y silencios perfectamente colocados.

Me encanta ese contraste. El mismo músico que parecía dispuesto a destrozar el amplificador al comienzo del disco es capaz de transmitir una tristeza enorme sin apenas levantar la voz. Hay algo profundamente humano en esa forma de interpretar, en la idea de que la intensidad no depende siempre del volumen.

Y después llega Rememberin' Stevie.

Es el último tema del álbum y está dedicado a Stevie Ray Vaughan, fallecido en agosto de 1990 en un accidente de helicóptero. Vaughan había sido uno de los grandes responsables de acercar el blues eléctrico a las generaciones que crecieron escuchando rock durante los años ochenta. Su estilo reunía influencias de Albert King, Jimi Hendrix, Lonnie Mack y el propio Buddy Guy, a quien admiraba profundamente.

La canción es instrumental, dura casi siete minutos y constituye uno de los momentos más conmovedores de todo el disco. Buddy deja que la guitarra cuente la historia, alternando pasajes delicados con otros de enorme intensidad. Hay tristeza, naturalmente, pero también una especie de celebración de la música que ambos compartían. No necesita palabras ni grandes gestos. Cuando termina, queda esa sensación tan particular que dejan algunas canciones capaces de expresar emociones difíciles de explicar.

A veces una guitarra dice todo lo que hace falta.

Por qué descubrir a Buddy Guy hoy:


Cada vez que pienso en la enorme cantidad de música que tenemos disponible, me pregunto cuántos discos extraordinarios estarán pasando completamente desapercibidos para quienes nunca salen de sus recomendaciones habituales. Es una de las contradicciones de nuestra época. Podemos escuchar prácticamente cualquier cosa y, al mismo tiempo, terminar encerrados en un catálogo cada vez más previsible.

Buddy Guy

Con el blues sucede algo especialmente curioso. Su influencia está por todas partes, pero muchas de sus grandes figuras han ido desapareciendo de la conversación musical cotidiana. Reconocemos determinados sonidos porque los hemos escuchado en canciones de rock, en solos de guitarra o incluso en anuncios, aunque no siempre sabemos de dónde proceden.

Y tampoco se trata de convertir el descubrimiento de sus raíces en una clase de historia obligatoria. La música tiene que seguir siendo algo que disfrutamos, no una asignatura pendiente que debemos aprobar para considerarnos buenos aficionados.

Por eso prefiero recomendar discos concretos en lugar de insistir constantemente en su importancia histórica. Si alguien descubre a Buddy Guy a través de "Damn Right, I've Got the Blues" y disfruta de lo que escucha, probablemente sentirá curiosidad por conocer a Muddy Waters, Howlin' Wolf, B.B. King, Albert King o Junior Wells. Quizá después termine en John Lee Hooker, Robert Johnson o Freddie King. Y puede que al volver a escuchar a Hendrix, Clapton, Led Zeppelin o The Rolling Stones encuentre sonidos y referencias que antes habían pasado inadvertidos.

Esa es una de las cosas que más me encanta de la música. Un disco puede llevarte a otro, una guitarra puede abrirte las puertas de una época completamente diferente y una canción que parecía no tener relación con tus gustos termina explicando por qué disfrutas tanto de tus artistas favoritos.

Buddy Guy también representa una actitud que merece la pena reivindicar. Durante décadas siguió tocando y defendiendo su música incluso cuando las oportunidades comerciales eran escasas. Nunca necesitó abandonar su personalidad para hacerse un hueco entre las grandes figuras de la guitarra. Cuando finalmente llegó el reconocimiento masivo, lo hizo interpretando canciones que formaban parte de su vida desde mucho antes.

"Damn Right, I've Got the Blues" tiene precisamente eso. Reúne clásicos conocidos, músicos extraordinarios y una producción que refleja su época, pero todo queda unido por la personalidad de alguien que sabe perfectamente lo que quiere hacer. No necesito que cada canción sea una revolución para disfrutarlo. Me basta con escuchar a un guitarrista que entiende el blues como una forma de expresarse, de divertirse y de compartir experiencias.

Si eres de los que disfruta con los grandes discos de rock, con una buena guitarra eléctrica o con esas voces que parecen contar historias de verdad, creo que aquí tienes mucho que descubrir. Pon Damn Right, I've Got the Blues desde el principio, escucha cómo se mueve la banda, presta atención a los teclados, a los metales y a esas pequeñas conversaciones que Buddy mantiene con su guitarra. Deja que las canciones largas se tomen su tiempo. Y, cuando llegues a Rememberin' Stevie, entenderás que el blues puede transmitir emociones muy distintas sin perder su personalidad.

Disco recomendado


Me gustaría que más aficionados jóvenes se acercaran a este disco sin prejuicios, sin pensar que están escuchando algo que pertenece exclusivamente a otra generación
. Porque el blues sigue presente en buena parte de la música que nos gusta, aunque a veces haya que retroceder unas cuantas décadas para encontrarlo en su forma más directa.

Y Buddy Guy es una de las mejores personas que conozco, musicalmente hablando, para enseñarnos ese camino.

Si todavía no le has dedicado una tarde, dale una oportunidad a "Damn Right, I've Got the Blues". Puede ser el comienzo de una estupenda aventura musical. Y si ya conoces el disco, quizá sea un buen momento para volver a escucharlo, sin prisas, como se merece.

Con un poco de suerte, después querrás seguir buscando más blues. A mí no se me ocurre una consecuencia mejor. Disfruta!

Video del tema "Damn Right, I've Got the Blues":

Tracklist (disco original):

1. "Damn Right, I've Got the Blues" Buddy Guy 4:29
2. "Where Is the Next One Coming From?" John Hiatt 4:35
3. "Five Long Years" Eddie Boyd 8:23
4. "Mustang Sally" Sir Mack Rice 4:43
5. "There Is Something on Your Mind" Big Jay McNeely 4:45
6. "Early in the Morning" Leo Hickman, Louis Jordan, Dallas Bartley 3:09
7. "Too Broke to Spend the Night" Buddy Guy 5:00
8. "Black Night" Jessie Mae Robinson 7:42
9. "Let Me Love You Baby" Willie Dixon 3:56
10. "Rememberin' Stevie (Instrumental)" Buddy Guy 6:55

Personal:

  • Buddy Guy - voz principal y guitarra eléctrica solista

Greg Rzab - bajo
Richie Hayward - batería
Mick Weaver - órgano Hammond B-3, piano, piano eléctrico
Pete Wingfield - piano
Neil Hubbard - guitarra rítmica
John Porter - bajo
Tessa Niles, Katie Kissoon, Carol Kenyon - coros

Invitados:

  • Jeff Beck - guitarra eléctrica en 4 y 6
  • Eric Clapton - guitarra eléctrica en 6
  • Mark Knopfler - guitarra eléctrica en 2
  • The Memphis Horns:
  • Wayne Jackson - trompeta
  • Andrew Love - saxofón
  • Jack Hale - trombón

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