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TALK TALK - Un viaje personal

Talk Talk: del pop al post rock, cinco discos esenciales


Imagina escuchar e tema "It's My Life" y, acto seguido, poner "New Grass". La primera tiene todos los ingredientes de un gran éxito pop de los años ochenta. La segunda parece proceder de otra dimensión, con sus guitarras delicadas, una batería que apenas se impone y una voz que encuentra su sitio entre largos pasajes instrumentales. Lo curioso es que ambas pertenecen a la misma banda, TALK TALK, y que entre una y otra transcurrieron solamente siete años.

Esa distancia musical explica buena parte de mi fascinación por este grupo británico. Quienes seguís habitualmente este blog de música sabéis que TALK TALK ocupa un lugar especial entre mis bandas favoritas, y que siento una admiración particular por su cantante y principal compositor, Mark Hollis. He dedicado varias entradas a sus discos, incluido mi ranking personal de sus cinco álbumes de estudio, porque siempre encuentro motivos para regresar a su música.

Esta vez quiero hacer algo distinto. Me apetece compartir una historia musical que considero extraordinaria, especialmente con quienes conocen el nombre de TALK TALK por alguna canción que suena en las emisoras de clásicos de los 80 (siglo xx), pero nunca han investigado qué ocurrió después.

Porque detrás de aquellos éxitos existe una discografía fascinante. Cinco álbumes publicados entre 1982 y 1991 que permiten seguir la transformación de un grupo de pop en una formación capaz de explorar caminos que años más tarde serían fundamentales para el desarrollo del post rock.

Y ya adelanto mi preferencia, por si alguien todavía no la conoce. Aunque sus dos últimos trabajos me parecen inmensamente excepcionales, mi álbum favorito continúa siendo "The Colour of Spring", de 1986. Para mí representa algo difícil de encontrar en la historia del rock: el momento en el que una banda consigue reunir dos maneras aparentemente opuestas de hacer música sin renunciar a ninguna.

Pero antes conviene conocer a los protagonistas.

Una banda que no se conforma con su propio éxito:


TALK TALK se formó en Londres en 1981. Su primera alineación estaba integrada por Mark Hollis, voz y principal compositor, Paul Webb al bajo, Lee Harris a la batería y Simon Brenner a los teclados.

TALK TALK

La historia de Mark Hollis había comenzado antes, en el ambiente musical británico de finales de los 70. Su hermano mayor, Ed Hollis, vinculado a la escena del punk y al grupo "Eddie and the Hot Rods", contribuyó a acercarlo a una música muy diferente de la que terminaría grabando años después.

Mark Hollis pasó por una formación llamada The Reaction, donde ya había aparecido una composición titulada "Talk Talk Talk Talk". Aquella primera etapa tenía poco que ver con las exploraciones posteriores, pero resulta reveladora. Hollis procedía de una generación de músicos para quienes el punk había demostrado que la expresión personal podía ser más importante que la destreza académica.

Cuando TALK TALK firmó con EMI, el mercado británico estaba dominado por el new wave, los sintetizadores y una estética cuidadosamente construida alrededor de los nuevos ídolos del pop. Las comparaciones con Duran Duran llegaron enseguida.

No eran completamente absurdas desde el punto de vista comercial. Había teclados, canciones pegadizas, una imagen reconocible y una discográfica interesada en llegar al mismo público. Sin embargo, al escuchar los primeros discos con atención, encuentro diferencias importantes.

Lo más evidente es la voz de Hollis:

No cantaba como quien intenta seducir al oyente con una interpretación brillante. Había cierta aspereza en su timbre, una manera de alargar las palabras y una tensión emocional que contrastaban con los arreglos electrónicos. Incluso en las canciones más bailables parecía existir una preocupación que la música no terminaba de resolver.

Esa peculiaridad acabaría convirtiéndose en una de las grandes señas de identidad de TALK TALK.

De "The Party´s Over" a "It´s My Life" - parecía encajar:


El primer álbum, "The Party's Over", apareció en julio de 1982. Producido por Colin Thurston, que había trabajado con David Bowie y Duran Duran, incluía canciones como "Talk Talk", "Today" y "Mirror Man".

The Party´s Over

Me sigue pareciendo un disco interesante para comprender los comienzos del grupo. Es claramente hijo de su tiempo, con teclados dominantes, ritmos directos y una producción característica de aquellos años. No encuentro motivo para menospreciarlo por su orientación comercial. Las buenas canciones pop requieren oficio, sensibilidad y capacidad para comunicar en pocos minutos.

La evolución empezó a resultar mucho más evidente con "It's My Life", publicado en 1984.

It´s My Life album

Simon Brenner ya había abandonado la formación y apareció una figura decisiva, Tim Friese-Greene, productor, músico y colaborador en la composición de Mark Hollis. Aunque nunca fue miembro oficial del grupo, su aportación resultaría fundamental para todo lo que vino después.

"It's My Life" contiene dos canciones que siguen funcionando magníficamente, "Such a Shame" y la que da título al álbum. Recomiendo también escuchar "Renée", una composición menos conocida que deja entrever el interés creciente por los arreglos espaciosos y las emociones menos evidentes.

Aquí TALK TALK seguía utilizando sintetizadores, pero las canciones comenzaban a respirar de otra manera. El bajo de Paul Webb adquiría una personalidad más marcada y la batería de Lee Harris aportaba una solidez que acabaría siendo esencial en los siguientes discos.

También las letras parecían alejarse de las fórmulas habituales del pop. La incertidumbre, las relaciones humanas y la dificultad de comprender el propio comportamiento ganaban protagonismo.

Lo interesante es que el grupo estaba obteniendo reconocimiento internacional mientras empezaba a cuestionar el lenguaje musical que había contribuido a su éxito. Aquella contradicción no se resolvió buscando una fórmula más rentable. Se resolvió con un álbum que cambió su trayectoria.


THE COLOUR OF SPRING (1986): Mi disco favorito:


Publicado el 17 de febrero de 1986, "The Colour of Spring" es el tercer álbum de estudio de TALK TALK y, en mi opinión, la puerta de entrada ideal para descubrir el verdadero alcance de su música.

He escrito sobre él anteriormente en este blog, e incluso volví a dedicarle una entrada en 2025. Sigo pensando que merece toda esa atención. 

THE COLOUR OF SPRING

¿Por qué lo considero su mejor disco cuando "Spirit of Eden" y "Laughing Stock" llevaron la experimentación mucho más lejos?

Precisamente porque "The Colour of Spring" es el puente perfecto entre el pop y el post rock. Conserva melodías capaces de conquistar a un público amplio, pero introduce una libertad instrumental y una riqueza de arreglos que anuncian el rumbo de sus siguientes trabajos. No se trata de una transición incompleta. Tiene personalidad propia y funciona extraordinariamente bien de principio a fin.

Mark Hollis y Friese-Greene comenzaron a preparar el material durante 1985, con la intención de reducir el protagonismo de los sintetizadores y trabajar con instrumentos que ofrecieran una respuesta más natural.

El piano acústico, el órgano Hammond, las guitarras, el contrabajo y una amplia variedad de instrumentos de percusión pasaron a ocupar el primer plano. También aparecen recursos menos habituales, como el Mellotron, la melódica y el Variophon, un instrumento electrónico de viento.

La participación de músicos invitados amplió las posibilidades expresivas. Steve Winwood aportó su órgano Hammond, Robbie McIntosh intervino con sus guitarras, Danny Thompson tocó el contrabajo y Mark Feltham contribuyó con su armónica. Todo ello bajo la dirección musical de Hollis y Friese-Greene.

Los nombres son importantes, pero el verdadero mérito está en cómo consiguieron integrar esas aportaciones.

Al escuchar "The Colour of Spring" no tengo la sensación de encontrarme ante una exhibición de grandes instrumentistas. Cada intervención parece estar al servicio de una intención concreta. Una guitarra puede aparecer durante unos segundos, dejar una impresión duradera y desaparecer sin reclamar protagonismo.

Esa forma de construir las canciones sería decisiva en el futuro de TALK TALK.

Ocho canciones para comprender una transformación:


El álbum comienza con "Happiness Is Easy", una composición que ya deja claro que las cosas han cambiado. La batería establece un ritmo contenido, mientras el piano, el bajo y los diferentes instrumentos van dibujando una atmósfera de aparente serenidad.

La entrada de un coro infantil introduce un contraste sorprendente con el contenido de la canción, que permite una lectura crítica de la religión y de ciertas justificaciones morales de la conducta humana. No es una elección decorativa. La inocencia de aquellas voces modifica nuestra percepción del conjunto.

Siempre me ha interesado especialmente esa capacidad de TALK TALK para expresar una emoción mediante el contraste entre lo que escuchamos y lo que se está diciendo.

Después aparece "I Don't Believe in You", con una interpretación vocal que transmite desconfianza y vulnerabilidad. La guitarra de Robbie McIntosh gana intensidad sin romper el carácter introspectivo de la composición.

Y llegamos a "Life's What You Make It".

Su introducción de piano es inmediatamente reconocible. Lee Harris sostiene un ritmo poderoso, la guitarra de David Rhodes aporta tensión y Hollis canta sobre la posibilidad de intervenir en el propio destino.

Es una canción extraordinaria porque admite diferentes formas de escucha. Puedes disfrutarla como uno de los grandes temas pop de los ochenta, pero también detenerte en sus capas instrumentales y descubrir una arquitectura mucho más elaborada de lo que parece.

Además, su mensaje tiene una ambigüedad interesante. El título propone que la vida depende de lo que hacemos con ella, mientras la interpretación de Hollis introduce una gravedad que impide escucharla como una simple declaración optimista.

"April 5th" cambia radicalmente el ambiente. Aquí las pausas cobran importancia y el piano parece avanzar con cautela. La voz se vuelve íntima, casi confidencial, y los instrumentos aparecen de manera gradual.

Es una de las composiciones que más claramente anticipan la sensibilidad de "Spirit of Eden".

Otra de mis favoritas es "Living in Another World", con el órgano de Steve Winwood, un magnífico trabajo de bajo de Paul Webb y la armónica de Mark Feltham. La canción posee un movimiento continuo, pero sus cambios instrumentales hacen que el recorrido resulte imprevisible.

Me gusta especialmente cómo los instrumentos dialogan sin estorbarse. El bajo no se limita a sostener el ritmo y el órgano no funciona como un simple acompañamiento. Cada uno tiene algo que contar.

"Give It Up" incorpora otra dimensión del grupo, con una energía cercana al soul y al blues, pero filtrada por su particular sensibilidad.

En cambio, "Chameleon Day" lleva la música hacia un terreno casi desnudo. Su brevedad contrasta con la riqueza de lo que propone. El tratamiento de la voz y los sonidos de viento crea una sensación de fragilidad que resulta difícil asociar con el TALK TALK de 1982.

Finalmente, "Time It's Time" cierra el álbum con más de ocho minutos de música que parecen despedirse de una etapa y anunciar otra. Las melodías conservan su fuerza, pero el desarrollo instrumental adquiere una libertad poco habitual en el pop comercial.

Cada vez que escucho este final entiendo mejor por qué "The Colour of Spring" sigue siendo mi favorito.

Aquí todavía encuentro canciones que puedo recordar y tararear con facilidad, pero también descubro una manera de organizar la música que obliga a prestar atención a detalles diferentes.

El éxito que permitió dar un paso todavía más arriesgado:


"The Colour of Spring" fue el mayor éxito comercial de TALK TALK como álbum de estudio. Alcanzó el #8 en las listas británicas y obtuvo una excelente recepción en diferentes países europeos. Eso tiene su importancia histórica.

Talk Talk 1986

La banda estaba demostrando que podía ampliar su lenguaje musical sin perder completamente el contacto con el gran público. La discográfica tenía motivos para confiar en ellos y el grupo había conseguido una posición desde la que podía afrontar proyectos más ambiciosos.

Hay además una curiosidad cercana para los lectores españoles. En septiembre de 1986, TALK TALK actuó en la Plaza Mayor de Salamanca, dentro del Festival de Radiocadena. Fue una de sus últimas actuaciones antes de abandonar definitivamente las giras.

A partir de entonces, el estudio de grabación se convertiría en el principal espacio de trabajo de Hollis y sus compañeros. Y el concepto tradicional de canción empezaría a quedarse pequeño.

SPIRIT OF EDEN (1988): Encontrando otros caminos:


El 12 de septiembre de 1988 apareció "Spirit of Eden", cuarto álbum de TALK TALK
. Conviene imaginar el desconcierto que debió provocar en quienes esperaban nuevas canciones del estilo de "Life's What You Make It".

Spirit of Eden

El disco contiene seis composiciones que se alejan de las estructuras tradicionales del pop. Algunas se desarrollan lentamente, otras introducen cambios bruscos de intensidad y prácticamente todas permiten que los instrumentos ocupen espacios que antes habrían pertenecido a una voz o un estribillo.

Aquí las influencias del jazz, la música clásica contemporánea, el folk, el blues y las corrientes más experimentales del rock resultan mucho más evidentes.

Mark Hollis admiraba a músicos como Miles Davis, John Coltrane y compositores como Erik Satie, Claude Debussy y Béla Bartók. Lo interesante de "Spirit of Eden" es que esas referencias no aparecen como citas reconocibles, sino como parte de una concepción musical muy personal.

La grabación comenzó en mayo de 1987 en los estudios Wessex de Londres y se prolongó durante aproximadamente diez meses.

Las sesiones se desarrollaron frecuentemente en un ambiente de oscuridad, acompañado por proyecciones de luz. El ingeniero Phill Brown describió posteriormente aquellas jornadas como un proceso intenso, con numerosas horas dedicadas a probar interpretaciones y posibilidades instrumentales.

Hollis y Friese-Greene trabajaron con músicos invitados que grababan improvisaciones extensas. Después seleccionaban fragmentos, modificaban las estructuras y construían las composiciones a partir de aquel material.

Este detalle me parece fundamental para comprender el resultado. "Spirit of Eden" puede transmitir la impresión de estar escuchando a un conjunto que interpreta libremente una música espontánea, pero detrás existe un trabajo enorme de selección, montaje y organización. La aparente naturalidad es fruto de decisiones muy precisas.


Escuchar "The Rainbow", "Desire" e "I Believe in You":


"The Rainbow" abre el álbum con una introducción que se desarrolla lentamente. Una armónica parece surgir a lo lejos, mientras el acompañamiento va adquiriendo forma.

El oyente necesita adaptarse a otra escala temporal. Los acontecimientos musicales no obedecen a la necesidad de alcanzar rápidamente un estribillo.

"Eden" continúa ese recorrido y "Desire" introduce momentos de una intensidad extraordinaria. La tranquilidad puede desaparecer de repente ante una batería poderosa, un cambio de volumen o una intervención vocal cargada de emoción.

Por eso no estoy completamente de acuerdo cuando se describe "Spirit of Eden" como un álbum exclusivamente tranquilo o relajante.

Tiene momentos de una violencia sonora considerable. Precisamente ese contraste entre la contención y los estallidos instrumentales constituye una de sus grandes virtudes.

"I Believe in You" merece una atención especial. Su letra aborda el daño provocado por la heroína y la desesperación que rodea la dependencia. Hollis evita convertir el asunto en una narración convencional y utiliza una interpretación profundamente emotiva.

El álbum concluye con "Wealth", una pieza de carácter espiritual que deja una sensación distinta de las tensiones anteriores.

No necesito encontrar una explicación literal para cada pasaje. Me interesa cómo la música construye un estado emocional que cambia mientras escucho.

Para mí, "Spirit of Eden" es uno de los discos más importantes del rock experimental de los años 80 (siglo xx), no porque pretenda ser difícil, sino porque demuestra hasta dónde puede llegar una banda cuando decide abandonar las expectativas asociadas a su propio éxito.


LAUGHING STOCK (1991) - El último capítulo: 


Después de "Spirit of Eden", las relaciones con EMI se deterioraron y acabaron derivando en conflictos legales. Paul Webb dejó la formación y TALK TALK pasó a trabajar con Polydor, que publicó su último álbum a través del sello Verve.

LAUGHING STOCK

"Laughing Stock" apareció el 16 de septiembre de 1991.

Mark Hollis, Lee Harris y Tim Friese-Greene continuaron explorando el camino anterior, nuevamente con Phill Brown como ingeniero de sonido y con la colaboración de numerosos instrumentistas. Pero conviene no considerar este quinto álbum como una simple continuación de "Spirit of Eden".

Encuentro en "Laughing Stock" una atmósfera más austera, a veces inquietante. Las guitarras, el órgano, los instrumentos de viento y las intervenciones de percusión parecen surgir de espacios muy diferentes.

El álbum comienza con "Myrrhman", una composición que exige acostumbrarse a una manera distinta de escuchar. Los sonidos aparecen lentamente y dejan entre ellos un espacio considerable. La voz de Hollis interviene con una discreción que no disminuye su intensidad.

En "Ascension Day" encontramos otra cara del grupo, con una batería más agresiva y un desarrollo instrumental que acumula tensión hasta su brusca conclusión.

"After the Flood" es uno de los momentos que más me impresionan. El órgano adquiere un protagonismo particular y la composición avanza sobre una base repetitiva, atravesada por sonidos que alteran su aparente estabilidad.

En mi entrada anterior dedicada a este disco ya destaqué su capacidad para ampliar la definición de lo que entendemos por música rock. Sigo pensando lo mismo, aunque con el tiempo me interesa todavía más su dimensión humana.

Porque "Laughing Stock" no es únicamente una colección de experimentos con instrumentos y técnicas de grabación. Hay dolor, esperanza, incertidumbre y una extraña sensación de búsqueda en muchas de sus composiciones.

"New Grass" ofrece uno de sus momentos más luminosos. La guitarra mantiene un movimiento delicado y la batería contribuye a una sensación de calma que contrasta con la intensidad de otros pasajes.

El álbum termina con "Runeii", una despedida de enorme contención.

Siempre me ha parecido significativo que el último disco de TALK TALK finalice de esta manera. No hay una conclusión espectacular ni un intento de resumir todo lo anterior. La música sencillamente llega a su término.

Poco después, la banda dejó de existir como proyecto activo.

Quedaron cinco álbumes de estudio y una influencia que crecería con el paso de los años.

¿Inventaron el Post Rock?


Esta pregunta aparece inevitablemente cuando se habla de los últimos trabajos de Mark Hollis.

El término post rock empezó a adquirir su significado moderno durante los años 90, especialmente a partir de los textos del periodista Simon Reynolds sobre grupos como Bark Psychosis y su álbum "Hex", de 1994. 

Sin embargo, varios de los principios asociados al género ya estaban presentes en "Spirit of Eden" y "Laughing Stock". La idea de utilizar los instrumentos habituales del rock sin sentirse obligado a reproducir sus estructuras tradicionales abrió posibilidades enormes.

Una guitarra podía crear una atmósfera en lugar de sostener un riff. La batería podía introducir un cambio emocional sin marcar continuamente el ritmo. Una composición podía avanzar durante varios minutos sin necesidad de alternar estrofa y estribillo.

Posteriormente, bandas como Slint, Bark Psychosis, Tortoise, Mogwai o Godspeed You! Black Emperor explorarían, cada una a su manera, algunos de esos territorios.

No creo que resulte especialmente útil adjudicar la invención de todo un género a un solo grupo. La música se transforma mediante influencias, intercambios y descubrimientos que suelen producirse de forma simultánea.

Pero sí considero que TALK TALK ocupa una posición decisiva en esa historia.

Cuando escucho sus últimos álbumes encuentro una conexión evidente con algunas de las propuestas más interesantes del rock alternativo posterior. También puedo reconocer su sensibilidad en determinados trabajos de Radiohead, Elbow o artistas que han incorporado el silencio y los arreglos poco convencionales a su música.

Lo importante es que esa influencia no ha borrado la personalidad de los originales. "Spirit of Eden" sigue sonando a "Spirit of Eden". "Laughing Stock" sigue siendo un disco difícil de confundir con cualquier otro.

Y "The Colour of Spring" conserva su extraordinario equilibrio entre el instinto melódico y la curiosidad experimental.

MARK HOLLIS


Hasta ahora he hablado de los discos, pero sería imposible explicar mi admiración por TALK TALK sin detenerme en la figura de Mark Hollis.

Mark Hollis

Nacido en Londres en 1955, fue un músico que evolucionó considerablemente a lo largo de su carrera. Su voz mantuvo siempre ciertas características reconocibles, pero aprendió a utilizarla de maneras muy diferentes.

En los primeros álbumes proyectaba las melodías con una intensidad cercana al soul. En los últimos parecía buscar una relación más estrecha entre la palabra, la respiración y los instrumentos.

No necesitaba llenar todos los espacios disponibles.

También me interesa su aproximación a la composición. Mark Hollis demostraba una curiosidad evidente por el jazz y la música clásica, pero no parecía preocupado por exhibir esas influencias como credenciales culturales. Quería encontrar una música que respondiera a sus propias necesidades expresivas.

Naturalmente, TALK TALK no fue un proyecto individual. El papel de Friese-Greene en la composición y la producción resulta inseparable de su desarrollo. La batería de Lee Harris y el bajo de Paul Webb contribuyeron decisivamente al carácter de los primeros discos y a la transformación posterior. Recordarlo evita convertir una historia colectiva en el relato simplificado de un genio aislado.

Hollis fue una figura central, pero sus ideas adquirieron forma gracias al trabajo compartido con músicos extraordinarios.

Su decisión de retirarse progresivamente de la actividad pública también forma parte de su historia, aunque prefiero no romantizarla.

No conocemos todos los motivos personales que llevaron a un artista a alejarse de los escenarios y de la industria musical. Sabemos que dio prioridad a su vida familiar y que dejó de publicar discos de manera habitual.

Me parece suficiente.

Mark Hollis falleció en febrero de 2019, a los 64 años. Su obra, sin embargo, continúa encontrando nuevos oyentes.

Recomiendo TALK TALK a los nuevos oyentes:


Si has llegado hasta aquí y todavía no conoces a TALK TALK, voy a proponerte una forma de aproximarte a su música. No hace falta empezar por sus grabaciones más experimentales ni entender qué significa exactamente el post rock.

Puedes comenzar escuchando "It's My Life" y "Such a Shame". Son dos canciones magníficas que permiten reconocer el contexto musical de los 80, una época mucho más variada de lo que sugieren algunas recopilaciones nostálgicas.

Después pondría "The Colour of Spring" completo. No únicamente sus canciones más famosas. Me parece importante escuchar "Happiness Is Easy", pasar por "April 5th" y llegar al final de "Time It's Time" para comprender cómo funciona el álbum en su conjunto.

Cuando ese lenguaje te resulte familiar, "Spirit of Eden" y "Laughing Stock" tendrán mucho más sentido.

También puede suceder lo contrario. Tal vez conozcas a Sigur Rós, Radiohead, Mogwai o alguna propuesta contemporánea de música instrumental y descubras primero los últimos discos de TALK TALK. En ese caso, regresar a "It's My Life" puede resultar una sorpresa considerable.

No existe un recorrido obligatorio.

Lo que sí aconsejo es dedicarles una escucha completa, sin convertir cada canción en una prueba que debe superarse durante sus primeros treinta segundos.

Y no lo digo como una crítica a los hábitos de los jóvenes. Hoy tenemos un acceso extraordinario a la música de cualquier época, algo que habría parecido ciencia ficción hace unas décadas. El problema no es la abundancia, sino la facilidad con la que podemos pasar de una propuesta a otra sin llegar a conocer ninguna.

Una discografía como la de TALK TALK recompensa esa pequeña inversión de atención.

También permite descubrir un aspecto de la historia del rock que a menudo queda oculto cuando todo se reduce a artistas famosos, canciones de éxito y cifras de ventas.

Hay grupos cuya importancia reside en haber modificado las posibilidades creativas de quienes llegaron después. Para mí, TALK TALK pertenece a esa categoría.

LOS CINCO ÁLBUMES

En mi ranking personal de los mejores álbumes de TALK TALK, "The Colour of Spring" sigue ocupando el primer puesto. No porque considere inferiores a "Spirit of Eden" o "Laughing Stock", sino porque encuentro en él una combinación especialmente emocionante de composición, interpretación y descubrimiento musical.

Los cinco discos tienen su propio valor.

"The Party's Over" permite conocer el punto de partida. "It's My Life" muestra a una banda que empieza a definir una personalidad diferente. "The Colour of Spring" consigue reunir sus aspiraciones artísticas con una extraordinaria capacidad para escribir canciones memorables. "Spirit of Eden" descubre nuevas posibilidades de expresión y "Laughing Stock" lleva esa búsqueda hasta un territorio todavía más personal.

Vistos en conjunto, ofrecen una historia de transformación poco habitual.

Lo que más admiro de la banda es que no pareció interesado en construir una carrera basada en repetir aquello que mejor había funcionado. Sus integrantes aceptaron que la música podía cambiar a medida que cambiaban sus intereses.

Por supuesto, esa decisión tuvo consecuencias comerciales. También permitió que hoy podamos hablar de una obra que conserva una identidad muy reconocible.

Al regresar a sus álbumes sigo encontrando detalles que antes me habían pasado inadvertidos. A veces es una línea de bajo, una intervención de guitarra o el modo en que la voz de Hollis entra después de un pasaje instrumental. Otras veces descubro una relación diferente entre dos canciones que conozco desde hace años.

Esa es una de las razones por las que continúo recomendándolos.

No necesito que todos los lectores compartan mi entusiasmo ni que coincidan con mi elección del mejor disco. Me conformo con despertar la curiosidad suficiente para que alguien decida escuchar algo que hasta ahora desconocía.

Quizá termines prefiriendo las melodías de "It's My Life". Puede que "Spirit of Eden" te resulte más emocionante que "The Colour of Spring", o que encuentres en "Laughing Stock" una experiencia musical completamente nueva. Cualquiera de esas posibilidades me parece una buena noticia.

Y todavía queda una última grabación por descubrir.

MARK HOLLIS (1998) - La despedida en solitario: 


Siete años después de "Laughing Stock", Mark Hollis regresó con un álbum que llevaba simplemente su nombre.

"Mark Hollis", publicado el 26 de enero de 1998, fue su primer y único disco de estudio en solitario.

MARK HOLLIS

Ya le dediqué una entrada específica en este blog porque considero que forma parte esencial de su legado. Si has seguido el recorrido de TALK TALK hasta aquí, sería una pena dejarlo fuera.

El álbum continúa algunas de las exploraciones de los dos últimos trabajos de la banda, pero con una diferencia importante. Su sonido resulta todavía más acústico, íntimo y contenido.

El jazz de cámara, la música clásica y determinadas formas del folk parecen ocupar el espacio que antes compartían con las estructuras del rock.

La participación de antiguos colaboradores, entre ellos Robbie McIntosh, Martin Ditcham y Mark Feltham, permitió mantener cierta continuidad musical. Phill Brown volvió a encargarse de la ingeniería de sonido, mientras Hollis asumió la producción. Tim Friese-Greene no participó en el proyecto.

El resultado posee una personalidad muy distinta de lo que habitualmente se espera de un álbum firmado por el antiguo cantante de un grupo de éxito. No hay intento alguno de recuperar las canciones comerciales del pasado.

La primera composición se titula "The Colour of Spring", una referencia que inevitablemente despierta recuerdos del tercer álbum de TALK TALK, aunque se trata de una canción diferente.

El piano y la voz establecen desde el principio el carácter del disco. Los sonidos aparecen con una claridad extraordinaria y las pausas permiten percibir la respiración de la interpretación.

En "Watershed", la trompeta de Henry Lowther introduce un color cercano al jazz. No necesita imponerse sobre el resto de instrumentos para transformar la atmósfera.

"The Daily Planet" incorpora clarinetes, fagotes y otros instrumentos de viento que aportan un movimiento más animado, sin abandonar el carácter reservado del conjunto.

"A Life (1895-1915)" es otra composición fundamental. Sus diferentes secciones crean una sensación de desarrollo que recuerda, por momentos, a las aspiraciones más ambiciosas de TALK TALK, aunque el tratamiento instrumental resulta más ligero.

También recomiendo "Westward Bound", una pieza que permite apreciar la relación entre el fraseo vocal de Hollis y los pequeños movimientos de la instrumentación.

Una de las cosas que más me interesan de este álbum es su sonido de grabación.

Phill Brown utilizó una técnica basada en dos micrófonos principales, situando a los músicos en el espacio según la posición que debían ocupar en la imagen sonora final. El procedimiento ayudó a conservar una impresión natural de los instrumentos y del ambiente de la sala.

Esa cercanía transforma la experiencia de escucha. Se percibe el carácter físico de la interpretación, la forma en que cada sonido ocupa un lugar y desaparece.

No encuentro aquí la densidad de "Laughing Stock" ni los grandes contrastes de "Spirit of Eden". La música parece concentrarse en elementos cada vez más pequeños.

Mark Hollis había manifestado su admiración por grabaciones de Miles Davis con Gil Evans, como "Sketches of Spain" y "Porgy and Bess". Su interés por los arreglos que crean atmósferas sin imponerse al oyente ayuda a comprender la dirección de este trabajo.

Escuchado desde la perspectiva actual, "Mark Hollis" constituye una conclusión coherente para una trayectoria extraordinaria. No porque podamos conocer las intenciones definitivas de su autor, sino porque recoge y desarrolla algunas de las inquietudes que habían recorrido toda su carrera.

Después de su publicación, Hollis se apartó prácticamente de la actividad discográfica, aunque realizó algunas colaboraciones puntuales.

Su legado principal quedó reunido en los cinco álbumes de TALK TALK y en este último trabajo firmado con su nombre.

Siempre he pensado que esa discografía merece un lugar destacado en cualquier conversación seria sobre la evolución de la música popular durante las últimas décadas del siglo XX.

Pero tampoco quiero terminar convirtiendo una recomendación personal en una lección de historia. Prefiero invitarte a escuchar.

Si todavía no conoces a TALK TALK, empieza por cualquier canción que despierte tu curiosidad. Si ya te gustan sus discos, quizá esta entrada sea una buena excusa para regresar a ellos. Y si nunca has escuchado el álbum de Mark Hollis de 1998, te animo especialmente a descubrirlo.

En este blog de música seguiré hablando de su música, porque continúa formando parte de mis escuchas favoritas.

Pocas bandas me han ofrecido un recorrido tan estimulante desde una canción pop de tres o cuatro minutos hasta composiciones que parecen cuestionar todo lo que aprendimos sobre cómo debe sonar un disco de rock.

A veces vuelvo a "It's My Life" por el puro placer de escuchar una gran canción de los ochenta. Otras elijo "The Colour of Spring" y termino recorriendo sus ocho temas. Y cuando me apetece algo completamente diferente, regreso a "Spirit of Eden", "Laughing Stock" o al álbum en solitario de Hollis.

Todos forman parte de la misma historia. Una historia que comenzó con una banda de pop británica y terminó dejando una de las discografías más singulares que conozco. Y eso, para un aficionado a la música, ya es motivo suficiente para seguir hablando de TALK TALK.

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