En 1978, cuando el punk sacudía los cimientos del rock británico y la música disco conquistaba las pistas de baile, la banda Camel decidió seguir explorando su propio universo musical. Ni grandes gestos de rebeldía ni canciones construidas para impresionar. El grupo prefería dejar que las melodías hablaran, que los instrumentos conversaran entre sí y que cada composición encontrara su camino. De aquella manera tan particular de entender la música nació "Breathless", un álbum que merece un lugar en cualquier colección de buenos discos de los años setenta.
ALBUM: Breathless
Siempre me ha llamado la atención que Camel no
aparezca con más frecuencia cuando se habla de las grandes bandas británicas de
aquella década. Compartieron época con Pink Floyd, Genesis, Yes o King Crimson,
pero desarrollaron una personalidad bastante diferente. Su música tenía una
cualidad especial, una mezcla de delicadeza, imaginación y sensibilidad
melódica que permitía reconocerlos incluso cuando se aventuraban por
territorios nuevos.
Buena parte de esa personalidad se encontraba en
la guitarra de Andrew Latimer. Su forma de tocar nunca necesitó llenar cada
segundo de notas. Le bastaba una melodía bien construida, una pausa o un
pequeño cambio de intensidad para transformar completamente el ambiente de una
canción. Y cuando la guitarra se encontraba con los teclados de Peter Bardens,
surgía esa combinación de sonidos cálidos y paisajes instrumentales que terminó
convirtiéndose en una de las señas de identidad del grupo.
Breathless, publicado el 22 de septiembre de
1978, es una excelente oportunidad para descubrir ese mundo musical. Un disco
variado, luminoso por momentos, sorprendente en otros y especialmente atractivo
para quienes todavía no se han acercado al rock progresivo.
El rock
británico de 1978 y ganas de cambiar de escenario:
A finales de los setenta (siglo XX), el panorama musical
estaba experimentando una transformación considerable. El punk había
cuestionado la solemnidad de las grandes bandas de rock, la nueva ola proponía
una estética diferente y la música popular empezaba a mirar hacia sonidos más
directos y ritmos bailables.
El rock progresivo, que durante los primeros años
de la década había disfrutado de una enorme libertad creativa, comenzaba a
perder protagonismo. Aquellas composiciones extensas, los álbumes conceptuales
y las largas exploraciones instrumentales parecían pertenecer a otra época.
Camel había construido una trayectoria muy
interesante dentro de aquel movimiento. The Snow Goose, publicado en 1975,
había demostrado su extraordinaria capacidad para contar historias
exclusivamente a través de la música. Moonmadness, de 1976, profundizó en una
estética imaginativa y atmosférica, con momentos de una belleza poco común.
Sin embargo, el grupo tampoco permanecía ajeno a
los cambios. Con Rain Dances, de 1977, había comenzado a introducir canciones
más concisas y una presencia cada vez mayor del jazz y de las influencias
procedentes de la escena de Canterbury.
La incorporación de Richard Sinclair, antiguo
integrante de Caravan, resultó especialmente importante. Su bajo y su
particular manera de cantar aportaron nuevos matices a Camel, mientras Mel
Collins ampliaba el paisaje sonoro con sus instrumentos de viento.
"Breathless" continuó esa evolución. Las
composiciones se hicieron más accesibles, las melodías vocales ganaron
importancia y aparecieron ritmos que pocos años antes habrían resultado
inesperados en un álbum del grupo.
Lo interesante es que Camel no parecía dispuesto
a elegir entre su pasado y las nuevas tendencias. Prefería reunir diferentes
influencias y comprobar hasta dónde podía llevarlas.
Un
álbum entre la amistad, las diferencias y la despedida:
La historia de "Breathless" también está marcada
por un cambio importante en la trayectoria del grupo.
Su grabación se desarrolló en varios estudios
británicos, entre ellos The Manor, Chipping Norton y Threshold, con Mick
Glossop y la propia banda al frente de la producción. A diferencia de trabajos
anteriores, el proceso estuvo acompañado por diferencias creativas entre Andrew
Latimer y Peter Bardens.
Ambos habían sido piezas fundamentales en la
construcción del sonido de Camel. Latimer aportaba sus composiciones, su
guitarra y una sensibilidad melódica muy reconocible, mientras Bardens
enriquecía las canciones con el órgano, el piano y los sintetizadores.
Sin embargo, sus ideas sobre la dirección que
debía tomar el grupo comenzaron a distanciarse. Breathless terminaría
convirtiéndose en el último álbum de Camel con Bardens, que abandonó la
formación antes de comenzar la gira de presentación.
Resulta curioso escuchar el disco conociendo esta
circunstancia. Su música transmite con frecuencia una sensación de ligereza y
optimismo, aunque detrás existiera una situación bastante más complicada.
Quizá esa sea una de sus cualidades más
interesantes. No necesitamos conocer todos los detalles de aquellas diferencias
para disfrutar de las canciones, pero saber que representan el final de una
etapa añade una dimensión especial a determinados momentos.
También merece la pena prestar atención al sonido
general del álbum. Los instrumentos conservan su propia identidad y ninguno
parece empeñado en ocupar todo el espacio. El bajo de Sinclair se escucha con
claridad, la batería de Andy Ward mantiene una enorme variedad de matices y los
teclados de Bardens encuentran constantemente lugares donde enriquecer las
composiciones.
Mel Collins aporta, además, una gama de colores
que permite a Camel moverse con naturalidad entre diferentes ambientes
musicales. Sus intervenciones resultan fundamentales para comprender el
carácter de Breathless.
Canciones para descubrir las diferentes caras de Camel:
El disco comienza con "Breathless", una
canción que parece avanzar sin esfuerzo. La voz de Richard Sinclair encaja
perfectamente con los delicados arpegios de guitarra, mientras los instrumentos
de viento introducen pequeños detalles que enriquecen la melodía.
Es una bienvenida especialmente agradable. Camel
presenta aquí su faceta más cercana al pop, con una composición sencilla en
apariencia y una interpretación llena de pequeños matices.
Me gusta cómo consigue transmitir una sensación
de bienestar sin caer en la grandilocuencia. Todo está colocado con
naturalidad, desde el bajo hasta los teclados, y la canción invita a continuar
escuchando.
Pero enseguida llega el tema "Echoes" y el
paisaje cambia por completo.
Durante algo más de siete minutos, Camel recupera
su espíritu más aventurero. La guitarra y los teclados intercambian melodías,
la batería introduce variaciones inesperadas y el conjunto avanza por
diferentes ambientes sin perder su coherencia.
Es una composición magnífica para descubrir el
lado más instrumental del grupo. Aquí se aprecia especialmente la capacidad de
sus músicos para escucharse entre ellos y construir algo que va mucho más allá
de las intervenciones individuales.
La guitarra de Latimer alcanza momentos de enorme
expresividad, con esa combinación de elegancia y emoción que también podemos
encontrar, desde otra perspectiva, en algunos de los mejores pasajes de David
Gilmour.
Después de semejante recorrido, "Wing and a
Prayer" devuelve la música a un terreno más ligero. Sus melodías alegres,
las guitarras acústicas y los teclados crean una atmósfera despreocupada que
funciona como un pequeño descanso.
Y entonces aparece "Down on the Farm",
probablemente la canción más inesperada del álbum.
Richard Sinclair introduce aquí una buena dosis
del humor británico asociado a Caravan. La historia transcurre en un entorno
rural y está acompañada por efectos sonoros, referencias campestres y una
interpretación deliberadamente juguetona.
Es una de esas canciones que recuerdan que los
músicos del rock progresivo también tenían sentido del humor. No todo consistía
en grandes conceptos, desarrollos instrumentales o referencias literarias. A
veces simplemente apetecía divertirse.
"Starlight Ride" nos conduce después
hacia un ambiente completamente diferente. La guitarra acústica, la flauta y
los delicados arreglos instrumentales construyen una pieza íntima, casi
pastoral, que parece mirar hacia la tradición musical inglesa.
Hay algo muy evocador en su sonido, una sensación
de calma que recuerda a los paisajes rurales y a cierta música folk de los años
setenta. Es uno de esos momentos discretos que terminan dejando una impresión
duradera.
Del jazz al
pop, pasando por una inesperada pista de baile:
Si hay una canción que demuestra hasta qué punto
Camel estaba dispuesto a experimentar con nuevos ritmos, esa es "Summer
Lightning".
Su base rítmica incorpora elementos cercanos a la
música disco, algo que podría resultar sorprendente para quienes relacionan al
grupo exclusivamente con el rock progresivo.
Sin embargo, la canción encuentra rápidamente su
propia personalidad. Los teclados aportan una textura muy característica de
finales de los setenta y la guitarra de Latimer termina convirtiéndose en la
gran protagonista.
Su intervención en la parte final es uno de los
momentos que más disfruto de Breathless. La música mantiene un ritmo constante
mientras la guitarra desarrolla una melodía llena de expresividad. Es un buen
ejemplo de cómo una composición aparentemente ligera puede convertirse en algo
mucho más interesante gracias a la interpretación.
"You Make Me Smile" continúa explorando
el territorio del pop, esta vez con un ritmo más marcado, efectos de teclado y
una melodía de carácter desenfadado.
Es una canción que anticipa algunos de los
sonidos que adquirirían protagonismo durante la década siguiente. También
refleja la voluntad del grupo de probar nuevas posibilidades sin quedar
encerrado en una única fórmula.
Pero Camel todavía guarda una sorpresa
importante.
"The Sleeper" devuelve el protagonismo
a los instrumentos en una composición que conecta directamente con el jazz y
con la faceta más experimental de la banda.
El comienzo es atmosférico, casi misterioso,
hasta que los instrumentos empiezan a desarrollar un diálogo lleno de energía.
Los saxofones de Mel Collins aportan una fuerza extraordinaria y los teclados
de Bardens encuentran espacio para desplegar toda su imaginación.
La batería de Andy Ward merece aquí una mención
especial. Su interpretación está llena de pequeños cambios, acentos y detalles
que hacen avanzar la música con una sensación permanente de movimiento.
Escuchar "The Sleeper" es como
acompañar a varios músicos que disfrutan explorando una misma idea desde
perspectivas diferentes. Ninguno parece interesado en demostrar que es mejor
que los demás. Lo verdaderamente atractivo surge de la relación que establecen
entre ellos.
Y esa complicidad musical es una de las grandes
razones por las que sigo encontrando tan estimulante la música de Camel.
"Rainbow's
End", el final que adquiere otro significado:
Después de recorrer tantos paisajes musicales,
Breathless termina con "Rainbow's End", una canción breve que
recupera la sensibilidad más delicada del grupo.
El piano, la voz de Sinclair y los suaves
arreglos de viento crean una atmósfera tranquila, con una melancolía que
contrasta con algunos de los momentos más luminosos del álbum.
La composición adquiere un significado especial
por su relación con la despedida de Peter Bardens. Su marcha puso fin a una
colaboración fundamental para Camel y abrió una nueva etapa en la trayectoria
del grupo.
"Rainbow's End" parece un cierre
especialmente apropiado para aquel momento. No necesita grandes desarrollos
instrumentales ni un final espectacular. Su belleza reside precisamente en la
sencillez.
Me gusta pensar en ella como una despedida
musical donde todavía permanece el afecto por todo lo compartido. Una última
melodía antes de que cada uno continúe su camino.
Bardens fallecería en enero de 2002, dejando una
contribución extraordinaria a la historia del rock progresivo británico. Sus
teclados forman parte esencial de la personalidad de los primeros álbumes de
Camel, y Breathless conserva una última muestra de aquella asociación creativa
con Latimer.
Descubrir Breathless hoy:
Cuando se habla de los grandes discos de los años
setenta, solemos regresar a los mismos nombres y a las mismas portadas. Son
álbumes extraordinarios que merecen su reconocimiento, pero también existe una
enorme cantidad de música esperando a ser descubierta fuera de esos títulos más
conocidos.
"Breathless" pertenece a esa categoría de discos
que enriquecen cualquier exploración por la historia del rock. Aunque admito a envejecido algo mal.
No hace falta considerarlo el trabajo más
representativo de Camel para disfrutar de sus virtudes. Su atractivo está en la
variedad de estilos, la imaginación de sus arreglos y la facilidad con la que
sus músicos consiguen pasar de una melodía pop a una composición instrumental
de inspiración jazzística.
También resulta interesante observar cómo dialoga
con la música actual.
Quienes disfrutan de propuestas de rock
alternativo, pop experimental o grupos que conceden especial importancia a las
atmósferas pueden encontrar aquí muchas ideas familiares. La mezcla de
instrumentos acústicos y eléctricos, los ambientes cambiantes y las canciones
que se desarrollan sin seguir siempre una estructura convencional forman parte
de un lenguaje musical que continúa vivo.
Y para los lectores más jóvenes que nunca se
hayan acercado al rock progresivo, Camel ofrece una entrada especialmente
amable. Su música no requiere conocimientos previos ni una preparación
especial. Basta con tener curiosidad y disfrutar de las melodías.
Quizá esa sea la mejor manera de descubrir "Breathless". Sin pensar demasiado en las etiquetas, sin compararlo
constantemente con los álbumes anteriores del grupo y sin exigir que todas las
canciones persigan el mismo objetivo.
Disco recomendado
Personalmente, me quedo con esa sensación de
libertad que transmite el conjunto. Hay momentos para dejarse llevar, otros
para sonreír y algunos que invitan a prestar atención a los pequeños detalles.
Todo ello dentro de un álbum que refleja una época de cambios y una manera de
entender la música donde la imaginación todavía tenía mucho espacio.
Si no conoces a Camel, te recomiendo comenzar por
"Breathless", dejarte sorprender por "Echoes" y reservar un
momento tranquilo para disfrutar de "Rainbow's End". Después, escucha
el álbum completo y permite que sus nueve canciones te acompañen sin prisas.
Puede que descubras un grupo al que quieras regresar con frecuencia o que
encuentres nuevas razones para seguir explorando la música de los años setenta.
En cualquier caso, Breathless es una magnífica invitación a hacerlo.
Video del tema "Echoes":
Tracklist:
1. Breathless (4:16)
2. Echoes (7:22)
3. Wing and Prayer (4:41)
4. Down on the Farm (4:20)
5. Starlight Ride (3:20)
6. Summer Lightening (6:03)
7. You Make Me Smile (4:13)
8. The Sleeper (7:02)
9. Rainbow's End (3:00)
Banda:
- Andrew Latimer - Guitarra, CS80/50, Voces
- Peter Bardens - Teclados
- Andy Ward - Batería, Percusión
- Richard Sinclair - Bajo, Voces
- Mel Collins - Saxofón, Flauta
Personal adicional:
- David Sinclair - teclados en "Rainbow´s End y "You Make Me Smile"
- Jan Schelhaas - teclados en "You Make Me Smile"

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