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THE UNDERTONES - The Undertones - Album (Revisited)

Recuerdo escuchando The Undertones, y sentí que era algo más que un disco de punk: era una fotografía en movimiento de lo que significa tener diecisiete años y querer devorarlo todo. Ningún artificio, ninguna pose, solo un grupo de chicos de Derry (Irlanda del Norte) tocando como si la felicidad dependiera de cada acorde. Su debut de 1979 del mismo nombre no solo capturó el espíritu de una generación, sino que devolvió al punk algo que empezaba a perderse: la inocencia. Quiero recomendarlo en este blog de música a los lectores.

ALBUM: The Undertones 


Pocas cosas transmiten tanta vida como los primeros segundos de "Family Entertainment". Un rasgueo de guitarra, una batería que entra como un latido nervioso y la voz temblorosa de Feargal Sharkey abriendo paso a media hora de pura electricidad juvenil. Desde ahí, el debut de The Undertones no te da tregua. Cada canción parece escrita con la urgencia de quien no sabe si mañana seguirá aquí, pero mientras tanto quiere gritar, bailar y enamorarse.

THE UNDERTONES - The Undertones - Album

Lo escucho de nuevo y no puedo evitar sonreír. No por nostalgia, sino por gratitud. Porque pocas veces un grupo nacido en un entorno tan áspero logró sonar tan libre, tan luminoso, tan despreocupado. En plena Irlanda del Norte, donde las bombas y los cortes de carretera eran rutina, The Undertones decidieron escribir canciones sobre otra cosa: el deseo, el rechazo, la confusión y el gozo adolescente. Mientras otros gritaban contra el sistema, ellos simplemente querían cantar sobre cómo sobrevivir un sábado por la noche.


De un garaje a un contrato discográfico:


Todo empezó en los barrios de Creggan y Bogside, donde John y Damian O’Neill, Mickey Bradley, Billy Doherty y Feargal Sharkey se reunían para tocar versiones de los Beatles o los Small Faces en el cobertizo de un vecino. Eran adolescentes con pocas salidas de ocio, y el punk de 1976 les ofreció una vía de escape: tres acordes bastaban para construir un mundo propio. Así nació The Undertones, y con ellos, una pequeña escena local que encontraba su refugio en el Casbah, un club levantado sobre las ruinas de un edificio bombardeado.

En 1978 grabaron un EP con cuatro canciones, entre ellas "Teenage Kicks", por apenas 200 libras. Aquella pequeña joya de dos minutos y medio cruzó el mar gracias a John Peel, el legendario DJ de la BBC, que no solo la convirtió en su canción favorita, sino en un símbolo. Fue también la chispa que atrajo a Seymour Stein, presidente de Sire Records, que viajó a Derry y los fichó de inmediato. Lo que vino después fue vertiginoso: Top of the Pops, giras por Reino Unido y Estados Unidos, y un álbum grabado en menos de cuatro semanas en Eden Studios, Londres.

El punk y el pop - rápido, brillante y contagioso:


The Undertones es un álbum que no pretende reinventar nada. Pero ejecuta a la perfección una idea: devolver la sencillez, la melodía y el humor al rock. Dieciséis canciones (del LP relanzamiento de 1979) que suenan como si el mundo fuera a acabarse al día siguiente y la única forma de resistir fuera tocar más rápido.

Desde los primeros acordes de "Family Entertainment" se siente esa mezcla irresistible de urgencia y alegría. Las guitarras suenan crujientes, casi ingenuas, pero llenas de intención. Billy Doherty marca el pulso con una batería seca y precisa, mientras el bajo de Mickey Bradley sostiene el ritmo con esa vitalidad que recuerda al primer Kinks o a The Who de "My Generation". Y sobre todo, está la voz inconfundible de Feargal Sharkey: nasal, nerviosa, con ese temblor que convierte lo cotidiano en épico.

En "Girls Don’t Like It" aparece algo esencial en el ADN del grupo: la ironía. Las letras, siempre desde la perspectiva de chicos que intentan entender a las chicas (y fracasan con encanto), oscilan entre la torpeza y la ternura. "Jimmy Jimmy" va más allá, abordando la soledad y el suicidio juvenil, pero sin caer en el dramatismo. Hay una tristeza encubierta bajo el tono luminoso, como si la música sirviera para mantener a raya lo oscuro.

Las influencias se sienten, pero nunca pesan. Está el pulso de los Ramones, el desenfado de los Buzzcocks, la melancolía melódica de los Beatles y algo del glam de T. Rex. Roger Bechirian, productor del disco, logra que todo suene directo, sin adornos, pero con una claridad que resalta la frescura de cada instrumento. No hay espacio para solos extensos ni para el virtuosismo: cada canción es un fogonazo que dice lo justo y desaparece.

"Teenage Kicks": el instante perfecto:


Y luego está el single "Teenage Kicks". No hay mucho que añadir a lo que ya se ha dicho, pero cada vez que suena sigo sintiendo lo mismo: ese golpe de adrenalina que no se disipa. Dos guitarras, bajo, batería, una voz que parece al borde de romperse, y una melodía tan simple que parece que siempre estuvo ahí, esperando a ser descubierta.

"I need excitement and I need it bad / And it’s the best I ever had". Esa línea no solo define una generación; resume el pulso interno del rock desde los años cincuenta. La canción no protesta contra nada, no aspira a cambiar el mundo: celebra el hecho de estar vivo y de sentir algo tan intensamente que duele. Quizá por eso John Peel la amó tanto. Porque, como todo clásico, "Teenage Kicks" no pertenece a una época sino a un estado del alma.

Cuando escucho ese solo breve, rasposo y dulce, entiendo por qué este disco es un recordatorio de lo que el punk significó realmente: un retorno a la inocencia, al impulso de tocar sin permiso, al deseo de escapar aunque sea por tres acordes.

Video del tema "Teenage Kicks":


 Lo que el disco nos dice hoy:


Escuchar The Undertones hoy tiene algo casi terapéutico. En una era donde la música popular tiende a la hiperproducción y a la ansiedad de la perfección, este álbum suena como un soplo de aire fresco. No hay nada calculado, ni grandes declaraciones políticas ni pretensiones artísticas. Solo un grupo de chicos intentando capturar su juventud antes de que desaparezca.

Pero eso, precisamente, es su mensaje más profundo. En un contexto como el de Irlanda del Norte en los setenta, una tierra marcada por la división, la violencia y la desconfianza, escribir canciones sobre amores de instituto y tardes de verano era, en sí mismo, un acto de resistencia. Rechazar el odio y cantar sobre la vida cotidiana era otra forma de decir: “también merecemos alegría.”

Esa es la paradoja más hermosa del disco: nació en un lugar roto, pero suena como si todo estuviera por arreglarse. The Undertones nos recuerda que el rock, desde sus raíces, siempre ha sido un idioma de libertad adolescente. Como en los cincuenta con Elvis o Buddy Holly, o como en el 76 con los Ramones, la esencia sigue siendo la misma: ritmo, deseo y un poco de caos para sobrevivir a la rutina.

Un legado que sigue:


Con el tiempo, The Undertones evolucionaron hacia terrenos más pop y soul, pero su debut quedó como un manual perfecto de lo que significa escribir canciones sinceras. En treinta y cinco minutos, redefinieron el punk desde la alegría y demostraron que la honestidad también puede ser revolucionaria. Bandas posteriores como Green Day, The Vaccines o The Pains of Being Pure at Heart heredaron ese mismo impulso: hacer del ruido algo melódico y del desamor una fiesta.

Por qué volver a escucharlo:


Hay discos que uno escucha para entender una época, y otros que escucha para sentirse vivo. The Undertones pertenece a la segunda categoría. No necesitas haber crecido en Derry ni haber vivido el punk para disfrutarlo: basta con recordar cómo se siente tener diecisiete años y pensar que el mundo empieza y termina en una canción.

Su sencillez es su fuerza. Cada riff, cada "doo-doo-doo" de los coros, cada golpe de batería, parecen decirnos que la felicidad también puede ser un acto breve, imperfecto, pero sincero. En tiempos de cinismo, ese mensaje vale oro.

Disco recomendado


Si nunca lo has escuchado, pon The Undertones de principio a fin, sin pausas. Deja que "Family Entertainment" te despierte, que "Jimmy Jimmy" te acelere el pulso, que "Here Comes the Summer" te robe una sonrisa, y cuando suene "Teenage Kicks", sube el volumen sin culpa. Es un viaje corto, pero inolvidable: un recordatorio de que el rock nació para hacernos sentir vivos, aunque solo sea por tres acordes y una canción perfecta.

Video del tema "Family Entertainment":

Tracklist - LP Oct. 1979 relanzamiento:

Cara A:

1. "Family Entertainment" 2:37
2. "Girls Don't Like It" 2:19
3. "Male Model" 1:54
4. "I Gotta Getta" 1:53
5. "Teenage Kicks" 2:28
6. "Wrong Way" 1:23
7. "Jump Boys" 2:40
8. "Here Comes The Summer" 1:45

Cara B:

1. "Get Over You" 2:46
2. "Billy's Third" 1:57
3. "Jimmy Jimmy" 2:41
4. "True Confessions" 1:52
5. "(She's A) Runaround" 1:49
6. "I Know a Girl" 2:35
7. "Listening In" 2:24
8. "Casbah Rock" 0:47

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