Si hoy escuchas a Interpol, Editors, The Chameleons o incluso determinados momentos de los tempranos Bloc Party, hay un álbum de 1980 al que merece la pena retroceder. No porque exista una línea genealógica sencilla que conecte todos esos nombres, sino porque "Waiting for a Miracle", debut de The Comsat Angels, contiene muchas de las sensaciones que décadas después volverían a resultar familiares en el rock alternativo, guitarras contenidas, bajos que gobiernan las canciones, baterías nerviosas, espacios vacíos y una voz que parece cantar desde algún lugar ligeramente apartado del mundo.
El álbum apareció el 5 de septiembre de 1980. Escucharlo hoy tiene algo de descubrimiento arqueológico, aunque la comparación pueda resultar injusta. No suena a objeto de museo. Suena extraño, inquieto y vivo.
Y precisamente por eso quiero recomendarlo.
ALBUM: Waiting for a Miracle
The Comsat Angels surgieron Sheffield, a finales de los setenta (siglo xx) la ciudad británica estaba atravesando las consecuencias de la crisis industrial, el desempleo y un cambio social profundo. Ese paisaje importa cuando uno escucha el disco. No porque las canciones funcionen como crónicas políticas explícitas, sino porque cierta sensación de incertidumbre parece haberse filtrado dentro de ellas.
La banda tampoco nació exactamente con el sonido que terminaría definiéndola. Stephen Fellows, Mik Glaisher, Kevin Bacon y Andy Peake habían tocado anteriormente bajo el nombre de Radio Earth, en una etapa con inclinaciones hacia el jazz rock. El contacto con el nuevo clima musical británico y, según recuerdan algunas de las fuentes de la época, una actuación junto a Pere Ubu, ayudaron a empujarles hacia otro territorio.
Influencia de Pere Ubu:
Pere Ubu dejó una huella clara, especialmente en la manera de entender el ritmo y la guitarra, pero The Comsat Angels pasaron esas ideas por el filtro del post punk británico. El resultado tenía algo del rock experimental estadounidense, algo de la austeridad que estaba apareciendo en grupos como Wire o The Cure, y una personalidad propia que todavía estaba tomando forma.
Antes de llegar a Polydor en 1979 habían publicado "Red Planet" en su propio sello, Junta. Un año después apareció Waiting for a Miracle.
El milagro del título nunca llegó en forma de éxito masivo. El disco, en cambio, sí llegó.
Un álbum donde el vacío también toca:
Una de las primeras cosas que me atrapó al volver a "Waiting for a Miracle" fue comprobar lo poco que necesita la banda para crear tensión.
Aquí no existe una muralla de guitarras. Stephen Fellows toca muchas veces como si estuviera deliberadamente evitando ocupar todo el espacio disponible. La guitarra entra, desaparece, deja una figura suspendida y permite que sean el bajo, la batería y los teclados quienes construyan buena parte de la arquitectura.
Eso cambia por completo la escucha.
Kevin Bacon utiliza el bajo como una especie de columna vertebral. No se limita a acompañar las canciones, las empuja y, en algunos momentos, parece incluso discutir con ellas. Mik Glaisher toca la batería con una mezcla extraordinaria de disciplina y violencia controlada. Hay golpes que parecen aislados, patrones que no buscan decorar nada y silencios que tienen casi la misma importancia que la percusión.
Andy Peake completa ese espacio con teclados utilizados con enorme moderación. No están ahí para embellecer las canciones. Muchas veces hacen exactamente lo contrario, introducen una nota incómoda, una textura fría o una sensación difícil de identificar.
La producción, compartida por la banda y Pete Wilson, conserva esa sequedad. Escuchada hoy puede sorprender precisamente porque no intenta engrandecer nada. Cada instrumento parece encontrarse a cierta distancia de los demás.
Es uno de los secretos del disco.
El tema "Independence Day" es la puerta de entrada:
Si quieres probar una sola canción antes de entrar en el álbum completo, empezaría por "Independence Day".
Es probablemente el tema más conocido de The Comsat Angels y también el lugar donde todas sus ideas encuentran una forma particularmente inmediata. Hay melodía, tensión, cambios de intensidad y un equilibrio precioso entre lo accesible y lo extraño.
Siempre me ha llamado la atención que una canción así no convirtiera al grupo en algo mucho mayor. Tenía suficientes elementos pop para resultar reconocible y, al mismo tiempo, suficientes rarezas para no parecerse demasiado a nadie.
Pero quedarse ahí sería perderse lo mejor de "Waiting for a Miracle".
El tema "Missing in Action" abre el disco con una guitarra que casi parece una señal de alarma. Desde los primeros segundos aparece una de las emociones que atravesarán todo el álbum, el cansancio de alguien que siente que la vida cotidiana ya exige demasiado antes incluso de empezar el día.
"Baby" muestra otra cara. Bajo y batería generan una sensación física, irregular, casi incómoda. La canción avanza sin desperdiciar movimientos, y esa economía convierte cada pequeño cambio en algo importante.
Después está "Total War".
Aquí The Comsat Angels convierten una relación sentimental deteriorada en algo parecido a un conflicto territorial. La idea podría haber terminado en melodrama, pero la música evita cualquier exceso. Durante buena parte del tema la guitarra prácticamente renuncia al protagonismo. Bajo, batería y teclados mantienen una estructura circular que parece incapaz de encontrar una salida.
No hay liberación porque la historia tampoco la tiene.
Monkey Pilot y el futuro imaginado desde 1980:
Para alguien que llegue al grupo por primera vez, "Monkey Pilot" puede ser una de las canciones más reveladoras.
Stephen Fellows utiliza imágenes de ciencia ficción para hablar de algo profundamente cotidiano, la sensación de no controlar del todo tu propia vida. La figura de alguien frente a unos mandos que ya no comprende termina convirtiéndose en una imagen bastante precisa de la ansiedad.
Ese imaginario futurista aparece varias veces en el disco y encaja perfectamente con el nombre del grupo, tomado de un relato de J. G. Ballard.
Pero lo interesante es que "Waiting for a Miracle" nunca suena como una fantasía sobre el futuro. Su ciencia ficción habla del presente. Aeropuertos, mapas, máquinas, comunicaciones y territorios funcionan como metáforas para personas que no saben muy bien dónde están emocionalmente.
En "Real Story" esa sensación de aislamiento se vuelve especialmente intensa. "On the Beach" permite que la guitarra gane algo más de espacio y, escuchada retrospectivamente, anticipa algunos paisajes que pocos años después asociaríamos con The Chameleons.
"Map of the World" es más nerviosa y directa. Hay algo casi pop en su movimiento, aunque cualquier posibilidad de ligereza termina inmediatamente deformada por la manera de tocar del grupo.
Y entonces llega “Postcard”.
Es el final que necesita este álbum. Lento, oscuro y progresivamente opresivo. La batería hace crecer la tensión mientras guitarra y voz parecen moverse dentro de un espacio cada vez más pequeño. Además, funciona como una especie de puente hacia Sleep No More, el segundo disco de la banda, donde muchas de estas ideas adquirirían una identidad todavía más definida.
Si te gusta el post punk:
Cuando se habla de música británica de 1980, siempre aparecen ciertos discos. Closer de Joy Division, Seventeen Seconds de The Cure, Jeopardy de The Sound, The Correct Use of Soap de Magazine o 154 de Wire forman parte de ese relato.
"Waiting for a Miracle" debería aparecer más a menudo en la conversación.
No porque The Comsat Angels necesiten ser convertidos retrospectivamente en una banda gigantesca, ni porque haya que corregir la historia del rock a golpe de reivindicación. Me interesa precisamente lo contrario.
Me gusta que este disco siga teniendo algo de secreto.
Mientras U2 y Echo and the Bunnymen, bandas nacidas aproximadamente en el mismo periodo, terminaron construyendo carreras mucho más visibles, The Comsat Angels quedaron en una posición lateral. Su éxito comercial fue limitado y "Independence Day", incluso en una versión posterior remezclada, solamente alcanzó el número 71 en Reino Unido.
Ese dato dice muy poco sobre la música.
Porque cuando escucho este álbum no encuentro un borrador de algo que otros desarrollarían mejor. Encuentro a cuatro músicos aprendiendo a utilizar la contención como lenguaje.
Por qué escuchar "Waiting for a Miracle" hoy:
Hay una razón especialmente sencilla por la que recomiendo "Waiting for a Miracle" a lectores jóvenes, todavía no hemos agotado los grandes discos del pasado.
La historia de la música no está compuesta únicamente por los álbumes que terminaron apareciendo en todas las listas. También existen discos que circularon por caminos secundarios y que, cuarenta años después, pueden explicar perfectamente por qué ciertas ideas siguen reapareciendo.
Si has llegado al post punk a través de Interpol o Editors, aquí reconocerás algunas sombras. Si te interesa Joy Division, encontrarás una oscuridad diferente, menos monumental y quizá más nerviosa. Si disfrutas con el minimalismo de Wire, la primera etapa de The Cure o la tensión rítmica de Pere Ubu, probablemente descubrirás puntos de contacto.
Pero mi recomendación es intentar olvidarse de esas comparaciones después de la primera escucha.
Disco recomendado
Pon "Waiting for a Miracle" desde “Missing in Action” hasta “Postcard”, preferiblemente entero y sin saltar canciones. Deja que el bajo ocupe el espacio que normalmente esperas de una guitarra, escucha cómo Mik Glaisher utiliza la batería para aumentar la ansiedad y fíjate en todo lo que Andy Peake decide no tocar.
A veces descubrir un gran álbum antiguo no consiste en comprender inmediatamente por qué fue importante.
Consiste simplemente en encontrarte, décadas después, con una música que todavía consigue que prestes atención.
"Waiting for a Miracle" hace exactamente eso. Y si nunca habías escuchado a The Comsat Angels, este es el lugar donde yo empezaría.
Video del tema "Independence Day":
Tracklist (formato vinilo):
"Missing in Action"
"Baby"
"Independence Day"
"Waiting for a Miracle"
"Total War"
"On the Beach"
"Monkey Pilot"
"Real Story"
"Map of the World"
"Postcard"
The Comsat Angels:
- Stephen Fellows – voz, guitarra
- Andy Peake – sintetizador, voz
- Kevin Bacon – bajo
- Mik Glaisher – batería

