Un contrabajo entra y parece no querer marcar el camino. Más bien lo tantea. La guitarra acústica apenas sostiene el suelo, una flauta aparece como si alguien hubiera abierto una ventana y, por encima de todo, Van Morrison empieza a cantar sin preocuparse demasiado por dónde termina una frase y comienza la siguiente. Así arranca "Astral Weeks", y en menos de un minuto queda claro que esto no tiene mucho que ver con el hombre que un año antes había llegado al Top 10 de las lista estadounidense con “Brown Eyed Girl”.
Quizá esa sea la primera advertencia que conviene hacer a quien se acerque al disco por primera vez. "Astral Weeks" no es exactamente un álbum de rock, tampoco es folk, aunque tenga guitarra acústica, ni jazz, aunque algunos de los músicos que lo sostienen procedan directamente de ese mundo. Es una de esas raras ocasiones en las que las etiquetas sirven para describir los ingredientes, pero no el plato.
ALBUM: Astral Weeks
Es el segundo álbum de estudio de Van Morrison, grabado en Nueva York durante septiembre y octubre de 1968 y publicado por en noviembre de aquel año. Folk celta, blues, soul, jazz y arreglos de cámara acabaron conviviendo en unas canciones que se alejaban radicalmente del pop más inmediato de su etapa anterior.
Más de medio siglo después, sigue resultando extraño. Y esa extrañeza es precisamente una de las razones por las que merece la pena escucharlo y lo recomiendo a los lectores de este blog de música.
Van Morrison antes de Astral Weeks:
El disco nació en un momento particularmente enrevesado de la vida de Van Morrison. Tras la muerte de Bert Berns, fundador de Bang Records, a finales de 1967, el cantante quedó atrapado en una complicada disputa contractual. Durante un tiempo tuvo dificultades tanto para grabar como para conseguir actuaciones en Nueva York. Acabó trasladándose a Cambridge, Massachusetts, donde empezó a presentarse en pequeños locales con una formación cada vez más acústica. Ese detalle es importante porque buena parte del lenguaje de "Astral Weeks" empezó a aparecer ahí, lejos de los arreglos diseñados para la radio.
Morrison comenzó a tocar con el contrabajista Tom Kielbania y posteriormente con el flautista John Payne. Las canciones ganaron espacio, perdieron rigidez y dejaron sitio para que la voz improvisara. El cantante, que había trabajado fundamentalmente con músicos eléctricos, descubrió en aquella pequeña formación acústica una libertad distinta.
Cuando el productor Lewis Merenstein fue a escucharlo, esperaba encontrarse de alguna manera con el autor de “Brown Eyed Girl”. Encontró otra cosa. Según recordaría después, escuchar a Morrison interpretar “Astral Weeks” le produjo una reacción emocional inmediata. La discográfica Warner Bros. terminó facilitando la salida de su complicada situación contractual y abrió la puerta a un álbum que difícilmente podía imaginarse como una colección de potenciales singles.
Y ahí empieza la verdadera aventura.
Músicos de jazz entrando en canciones que apenas conocían:
Una de las maravillas del disco es que su sonido parece tremendamente pensado cuando, en realidad, buena parte de su fuerza procede de la intuición.
Merenstein reunió a músicos con una enorme formación jazzística. Richard Davis al contrabajo, Connie Kay, del Modern Jazz Quartet, a la batería, Jay Berliner a la guitarra, Warren Smith en vibráfono y percusión y John Payne al saxo soprano y la flauta. Morrison tocaba la guitarra acústica y cantaba. No estamos hablando de una banda que hubiera pasado meses ensayando las canciones.
Los músicos tuvieron que encontrar su lugar alrededor de Van Morrison. El LP se grabó esencialmente en tres jornadas y cuatro de sus canciones quedaron terminadas durante la primera sesión. Aquellos instrumentistas, muchos de ellos prácticamente desconocidos entre sí, fueron construyendo un idioma común mientras tocaban.
Se escucha especialmente en Richard Davis:
Su contrabajo no se limita a acompañar. Se mueve alrededor de la voz, la empuja, desaparece, vuelve a entrar, abre espacios. En ocasiones parece estar manteniendo una conversación privada con Morrison mientras el resto de los instrumentos observa.
Connie Kay hace algo parecido desde la batería. Nunca necesita convertir las canciones en piezas de jazz. Su trabajo consiste más bien en impedir que se caigan mientras todos los demás parecen flotar.
Y luego están las cuerdas, el vibráfono, la flauta. No aparecen para embellecer las composiciones de una forma convencional. Crean profundidad, como diferentes capas de niebla.
Por eso "Astral Weeks" puede sonar íntimo y enorme al mismo tiempo.
“Astral Weeks”, entrar en el sueño:
La canción que da título al álbum ya contiene prácticamente todo su universo. No funciona según la lógica habitual de estrofa, estribillo y resolución. Morrison repite palabras, estira sílabas, vuelve sobre una idea y parece descubrir la dirección de la canción mientras la canta.
La sensación es la de estar escuchando un pensamiento antes de que haya terminado de convertirse en pensamiento. Aquí aparece uno de los asuntos centrales del álbum, el deseo de regresar, de atravesar la memoria y encontrar algo al otro lado. Belfast, la infancia, calles, personas, amantes, habitaciones y lugares parecen surgir continuamente, pero nunca como recuerdos perfectamente enfocados.
Son fragmentos:
Van Morrison no cuenta su pasado como quien abre un álbum de fotografías. Lo reconstruye como hacemos casi todos realmente, mezclando lo que ocurrió con aquello que creemos recordar.
Por eso las letras pueden resultar desconcertantes si intentamos interpretarlas de manera estrictamente narrativa. Su lenguaje ha sido descrito como impresionista, hipnótico y modernista, y el álbum entero llegó a entenderse como una especie de ciclo de canciones.
Yo prefiero escucharlo sin intentar resolverlo demasiado.
“Sweet Thing”, por un momento entra la luz:
Después de la intensidad de la canción inicial, “Beside You” profundiza todavía más en esa atmósfera suspendida. Pero cuando llega “Sweet Thing”, algo cambia. Es probablemente uno de los momentos más luminosos del disco.
Aquí el deseo no está enterrado bajo tantas sombras. Van Morrison parece caminar hacia algo. La música avanza con una ligereza que casi permite imaginar hierba húmeda, árboles, caminos después de la lluvia.
La naturaleza aparece constantemente en "Astral Weeks", pero no como decoración. Forma parte de la emoción.
Eso también explica por qué el disco tiene una relación tan particular con las estaciones. Siempre me ha parecido música de otoño o invierno, aunque no necesariamente música triste. Tiene ese tipo de melancolía que puede resultar extrañamente reconfortante.
Un día gris, una habitación silenciosa, una taza de té y este disco siguen formando una combinación bastante difícil de mejorar.
No porque necesitemos construir un ritual alrededor de la música, sino porque "Astral Weeks" exige cierta disponibilidad. Ponerlo mientras contestamos correos, miramos el teléfono y hacemos otras cuatro cosas al mismo tiempo significa perder una parte considerable de lo que ofrece.
“Cyprus Avenue” y la geografía de la memoria:
“Cyprus Avenue” es uno de los lugares fundamentales del álbum. La avenida existe en Belfast, pero dentro del disco deja de ser simplemente una calle. Se convierte en territorio mental.
Aquí Morrison consigue algo que también hicieron algunos de los grandes escritores y compositores del siglo XX, convertir una dirección concreta en un lugar en el que puede reconocerse gente que nunca ha estado allí.
Bob Dylan hizo algo parecido con determinados paisajes de sus canciones. El escritor Jack Kerouac convirtió carreteras, estaciones y ciudades en estados emocionales. Van Morrison utiliza Belfast de una manera similar.
No resulta extraño que “Madame George”, probablemente la pieza central del álbum, haya sido relacionada precisamente con la escritura de Kerouac. La canción avanza como un largo flujo de conciencia, lleno de personajes, movimientos y escenas que aparecen sin necesidad de explicarse completamente. Y ahí esta parte de su grandeza.
“Madame George” no necesita que resolvamos quién es exactamente Madame George para funcionar. Lo esencial es la despedida. La sensación de estar abandonando algo que posiblemente no volveremos a encontrar. Todos conocemos de una forma u otra esa experiencia.
La canción que rompe el hechizo:
En medio de toda esta música nebulosa aparece “The Way Young Lovers Do”. Más rápida, más claramente jazzística, con metales y un pulso mucho más evidente, casi parece haberse colado desde otro disco.
Curiosamente, esa diferencia ha provocado opiniones completamente opuestas. Para algunos críticos es la pieza que menos encaja dentro de "Astral Weeks". Para otros es precisamente la canción que permanece más fácilmente en la memoria. Las fuentes que rodean al disco recogen ambas lecturas.
A mí me gusta que esté ahí.
Después de tanta suspensión, necesitamos que alguien abra la puerta y deje entrar algo de ruido. El álbum respira mejor gracias a esa ruptura.
Escuchar a Van Morrison sin tener que gustarte a Van Morrison:
Hay además algo que inevitablemente condiciona mi relación con este disco. Durante años tuve contacto profesional con Van Morrison en mi etapa trabajando en EMI. Digamos que no es necesario convertir este artículo en un catálogo de anécdotas. Basta señalar que podía ser un hombre difícil, maleducado y, en algunos momentos, francamente desagradable.
Nunca he sentido la necesidad de embellecer ese recuerdo. Pero tampoco creo que escuchar música consista en presentarnos a unas elecciones morales donde solamente podamos aceptar discos creados por personas que nos caerían bien durante una cena.
La persona y la obra pueden entrar en conflicto. Aquí entran en conflicto. Y cada vez que escucho a "Astral Weeks", el disco gana.
Quizá porque esta música muestra una vulnerabilidad que no siempre resultaba fácil detectar en el hombre. Quizá porque una obra puede expresar cosas que su propio creador no sabe, no puede o no quiere expresar de otra manera.
Van Morrison, de hecho, nunca pareció compartir completamente la veneración que buena parte de la crítica desarrolló hacia el álbum. Su reputación fue creciendo con los años hasta instalarlo en innumerables selecciones de los mejores discos de la historia, mientras su propio autor mantuvo una relación mucho más distante con esa consideración de obra maestra.
Eso, de alguna manera, hace que el disco me resulte todavía más interesante.
De Nick Drake a Joni Mitchell, la estela de Astral Weeks:
Escuchado hoy, resulta fácil encontrar ecos posteriores.
Hay algo de su intimidad acústica que conduce hacia "Nick Drake", aunque Drake trabajaría desde una precisión mucho más delicada. La manera de convertir la confesión en paisaje emocional puede llevarnos años después hacia "Joni Mitchell y Blue". Incluso una artista como "Cat Power", en un álbum como "Moon Pix", comparte algo de esa capacidad de convertir el silencio alrededor de una canción en parte de la propia canción.
Pero ninguna comparación termina de funcionar completamente. Ese es quizá el mayor triunfo de "Astral Weeks". Sigue pareciendo una anomalía incluso dentro de la discografía de Van Morrison. "Moondance", publicado después, sería un álbum más inmediatamente reconocible, con canciones extraordinarias y estructuras mucho más próximas al soul, el rhythm and blues y el pop.
Mola mucho "Moondance". Pero "Astral Weeks" juega a otra cosa. No intenta conquistar al oyente. Espera que el oyente entre.
Por qué Astral Weeks es para recomendar:
No recomendaría este disco diciendo que es fácil.
Tampoco aseguraría que quien lo escuche por primera vez vaya a entender inmediatamente por qué tantas personas llevan décadas considerándolo una obra extraordinaria.
Puede incluso aburrir. Y no pasa nada.
Algunas músicas necesitan que lleguemos hasta ellas en determinado momento de nuestra vida. "Astral Weeks" pertenece a esa categoría. Su duración, sus repeticiones, la ausencia de estribillos evidentes y esa forma de dejar las canciones abiertas pueden chocar especialmente en una época acostumbrada a decidir en pocos segundos si merece la pena continuar escuchando algo.
Precisamente por eso se lo recomendaría a un oyente joven.
Ponlo entero. No hagas una lista de reproducción con dos canciones. No busques primero cuál es la más famosa. No lo escuches pensando que estás cumpliendo una obligación porque alguien lo colocó entre los grandes discos de la historia. Busca cuarenta y tantos minutos en los que no tengas que hacer demasiado.
Empieza por “Astral Weeks” y deja que Richard Davis te enseñe por dónde entrar. Si al terminar “Slim Slow Slider” tienes la sensación de no haber entendido completamente qué acaba de ocurrir, perfecto. Yo llevo escuchándolo muchos años y todavía hay momentos en los que me ocurre lo mismo.
Disco recomendado
Quizá esa sea finalmente su mejor cualidad. "Astral Weeks" no se termina de aprender. Cambia con la edad, con el clima, con lo que hemos perdido y con aquello que todavía esperamos encontrar. En 1968 Van Morrison convirtió memoria, deseo, jazz, folk y una extraordinaria libertad musical en algo que apenas se parecía a un disco de rock.
Hoy sigue sin parecerse demasiado a nada. Y pocas recomendaciones musicales mejores puedo hacer que esa.
Video del tema " Madame George":
Tracklist (formato LP original):
Part One: In The Beginning
"Astral Weeks" – 7:06
"Beside You" – 5:16
"Sweet Thing" – 4:25
"Cyprus Avenue" – 7:00
Part Two: Afterwards
"The Way Young Lovers Do" – 3:18
"Madame George" – 9:45
"Ballerina" – 7:03
"Slim Slow Slider" – 3:17
Músicos:
- Van Morrison – voz, guitarra acústica
- Jay Berliner – guitarras clásica y acústica de cuerdas de acero
- Richard Davis – contrabajo
- John Payne – flauta; saxofón soprano en "Slim Slow Slider"
- Warren Smith Jr. – percusión, vibráfono
- Connie Kay – batería
- Larry Fallon – arreglos de cuerda y director; clavecín en "Cyprus Avenue"
- Barry Kornfeld – guitarra acústica en "The Way Young Lovers Do"
Producción:
- Lewis Merenstein – productor
- Brooks Arthur – ingeniero de sonido


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