Antes de entrar de lleno en el disco Grievous Angel, conviene apartar por un momento la leyenda que suele envolver a Gram Parsons. Su muerte temprana, su vínculo con The Byrds, The Flying Burrito Brothers o The Rolling Stones, y esa idea casi mística de la "Cosmic American Music" han terminado construyendo un personaje enorme, a veces más citado que escuchado. Pero este álbum pide otra cosa: acercarse a sus canciones sin solemnidad, con el oído atento a una voz frágil, a unas armonías que parecen suspendidas en el aire y a una forma de mezclar country, rock y melancolía que todavía hoy suena sorprendentemente cercana.
ALBUM: Grievous Angel
Al álbum Grievous Angel se entra casi en silencio. No porque sea un disco tímido, sino porque parece pedir otra manera de escuchar. Nada de fuegos artificiales, nada de gran gesto de estrella del rock de los años 70. Lo que aparece es una voz con polvo en la garganta, una pedal steel que se desliza como luz de tarde, una segunda voz, la de Emmylou Harris, que no acompaña tanto como revela, y un puñado de canciones que suenan antiguas incluso cuando todavía estaban recién grabadas.
Publicado en enero de 1974, cuatro meses después de la muerte de Gram Parsons por una sobredosis de morfina y alcohol en el desierto de Joshua Tree, Grievous Angel fue su segundo y último álbum en solitario. En realidad, llamarlo "en solitario" siempre me ha parecido una media verdad. Parsons está en el centro, sí, con su visión, sus heridas y su terquedad estética, pero el disco respira a dúo. La presencia de Emmylou Harris es tan decisiva que muchas canciones parecen construidas alrededor de ese choque perfecto entre la fragilidad masculina de Gram y el filo luminoso de su soprano.
Cómo nace Grievous Angel:
El álbum se grabó en el verano de 1973 en Wally Heider Studio 4, en Hollywood, con el propio Parsons produciendo. Venía de una gira irregular, caótica por momentos, pero también útil para trabajar los arreglos antes de entrar en el estudio. Eso se nota. Frente a GP, su debut en solitario, Grievous Angel tiene algo más vivido, menos de presentación formal y más de carretera recorrida. Las canciones parecen llegar con barro en las botas.
La banda era extraordinaria. Allí estaban músicos asociados a Elvis Presley, como James Burton a la guitarra, Glen Hardin al piano, Emory Gordy al bajo y Ron Tutt a la batería. También aparecen nombres como Al Perkins en la pedal steel, Byron Berline al violín, Bernie Leadon y Linda Ronstadt. No es un elenco decorativo. Cada músico entiende el espacio, entra cuando debe entrar y se retira antes de estropear la emoción. Ese tipo de contención no se aprende solo con técnica, se aprende escuchando canciones.
Gram Parsons no atravesaba un momento fácil. La adicción al alcohol y a las drogas estaba cada vez más presente, su vida personal se desordenaba y su casa había ardido poco antes. Aun así, quienes participaron en las sesiones recordaron una energía especial, una mezcla de fragilidad y entusiasmo. Es una paradoja que atraviesa todo el disco, la sensación de que algo se está rompiendo y, al mismo tiempo, algo está encontrando su forma definitiva.
La música cósmica americana:
Gram Parsons hablaba de Cosmic American Music, una etiqueta mucho más sugerente que "country rock", término que él detestaba. Lo suyo no consistía simplemente en poner guitarras eléctricas sobre canciones country. Era más profundo. Parsons escuchaba a The Louvin Brothers, Merle Haggard, George Jones, Hank Williams, gospel, soul, rhythm and blues y rock and roll, y de todo eso sacaba una música que parecía pertenecer a un país emocional antes que a un género concreto.
En Grievous Angel esa ambición se vuelve más sencilla, casi doméstica. El disco no intenta sonar grande. Su grandeza está en lo contrario, en la cercanía. "Return of the Grievous Angel" abre con violín, pedal steel y una sensación de viaje que no necesita mapa. Es una canción de carretera, pero también de regreso. Habla de Elvis, de cowboys, de una América medio real y medio soñada. Si vienes del pop o del rock alternativo actual, quizá te sorprenda lo poco que fuerza el dramatismo. La canción no subraya, deja que la melodía avance y que las armonías hagan el trabajo emocional.
Luego llega "Hearts on Fire", con esa tristeza elegante de los amores que no se apagan del todo, solo queman peor. "I Can’t Dance", versión de Tom T. Hall, cambia el pulso y lleva el disco al bar, con una alegría un poco torcida, de esas que no eliminan la pena pero permiten convivir con ella. Es importante que esté ahí. Grievous Angel no es un funeral de principio a fin. También hay humor, movimiento, cerveza derramada y músicos pasándoselo bien.
Emmylou Harris:
La relación vocal entre Parsons y Harris es uno de los grandes milagros del álbum. Él canta como alguien que ha visto demasiado pronto el reverso de las cosas. Ella responde con una claridad que no suaviza la herida, la enfoca. En "Love Hurts", popularizada antes por artistas como Roy Orbison y después asociada a muchas otras versiones, ambos encuentran una lectura casi desnuda. No hay exceso, no hay teatralidad. Solo dos voces sosteniendo una verdad elemental, amar puede doler de una forma ridícula y devastadora.
Lo extraordinario es que Harris no funciona como adorno. Su voz no embellece desde fuera, sino que entra en la arquitectura emocional de las canciones. En "$1000 Wedding", una de las piezas más desoladoras del álbum, el relato de una boda que se desmorona adquiere un peso casi cinematográfico. Parsons canta con una mezcla de resignación y estupor, como si todavía no entendiera del todo qué ha pasado. La canción evita el melodrama fácil y por eso golpea más.
"Brass Buttons" es otra joya. Venía de una etapa anterior de Parsons, de sus años más cercanos al folk, y suele leerse como una canción marcada por la muerte de su madre. Suena íntima, casi como una habitación cerrada. La instrumentación es delicada, pero no blanda. Hay piano, guitarras y una atmósfera de recuerdo familiar que no necesita explicar demasiado. Es una de esas canciones en las que el objeto pequeño, unos botones, un peine, una frase suspendida, contiene una vida entera.
The Byrds, The Rolling Stones y Americana:
Antes de Grievous Angel, Parsons ya había dejado huella en The Byrds, especialmente en Sweetheart of the Rodeo, y en The Flying Burrito Brothers, donde ayudó a fijar un lenguaje que décadas después llamaríamos Americana o alt country. También tuvo una relación cercana con The Rolling Stones durante la época de Exile on Main St., y su amor por la música country dejó marcas visibles en canciones como "Wild Horses" o "Honky Tonk Women".
Pero lo curioso de Parsons es que su influencia fue más clara con el paso del tiempo que en su propio presente. Grievous Angel apenas tuvo éxito comercial, llegó a posiciones muy discretas en las listas, y aun así terminó funcionando como un mapa secreto para muchos artistas posteriores. Sin este disco resulta más difícil imaginar a Lucinda Williams, a ciertas etapas de Elvis Costello, al country alternativo de los noventa, o incluso esa sensibilidad de bandas que mezclan guitarras, raíces y melancolía sin sentirse obligadas a escoger bando.
La falsa toma en directo de "Medley Live from Northern Quebec", con "Cash on the Barrelhead" y "Hickory Wind", resume bien el juego de Gram Parsons con la tradición. No era realmente un directo en Canadá, sino una recreación de ambiente honky tonk con ruido de público añadido. Podría ser una broma, pero también es una declaración de amor a la música popular como teatro compartido. "Hickory Wind", que ya había grabado con The Byrds, aparece aquí como una canción sobre la nostalgia, pero no una nostalgia bonita, sino la de quien sospecha que el hogar quizá ya no existe como lo recuerda.
La tentación del mito:
"In My Hour of Darkness" cierra el álbum con una belleza difícil de comentar sin caer en la lectura trágica. Escrita durante las sesiones y cantada con armonías de Linda Ronstadt, suena como un himno, casi una oración. Es inevitable escucharla sabiendo que Parsons moriría poco después en Joshua Tree. Esa información cambia la temperatura de la canción. La vuelve más grave, más inquietante.
Pero conviene no convertir a Gram Parsons únicamente en mito. Su vida tuvo todos los elementos para alimentar la leyenda, una familia rica marcada por tragedias, un padre suicida, una madre destruida por el alcohol, talento precoz, amistades célebres, excesos, muerte joven en el desierto. El riesgo es que la biografía se coma las canciones. Y Grievous Angel merece lo contrario. Merece ser escuchado no como reliquia de un destino maldito, sino como un álbum vivo, lleno de decisiones musicales inteligentes, de interpretaciones contenidas y de una humanidad que todavía respira.
Sigue siendo un álbum importante:
Lo que más me impresiona de Grievous Angel es su falta de cinismo. En una época en la que buena parte del rock buscaba ampliar su escala, Parsons decidió mirar hacia formas tradicionales sin tratarlas como museo ni como parodia. Cantó country desde el rock, pero también cantó rock desde una sensibilidad country. Esa frontera borrosa es el corazón del álbum.
No es un disco perfecto en el sentido pulido del término, ni falta que le hace. Tiene costuras, materiales recuperados, versiones, canciones antiguas y momentos que parecen más instintivos que calculados. Precisamente por eso funciona. Suena a obra hecha con lo que había a mano, antes de que la vida se cerrara de golpe. Y, sin embargo, pocas veces esa urgencia ha dejado una música tan duradera.
Disco recomendado
Recomiendo a quien quiera entender una parte fundamental de la música americana, pero también a quien solo busque canciones capaces de acompañar una tarde rara. Si nunca has escuchado a Gram Parsons, empieza por aquí. No necesitas saber de country, ni de rock sureño, ni de la genealogía completa del Americana. Basta con escuchar cómo entran Parsons y Emmylou Harris en "Return of the Grievous Angel", dejar que "Love Hurts" haga su trabajo y llegar hasta "In My Hour of Darkness" sin prisa. Al final, quizá entiendas por qué este álbum pequeño, triste y luminoso sigue pareciendo tan grande.
Video del tema "Ohh Las Vegas":
Tracklist:
Cara A:
1. "Return of the Grievous Angel" 4:19
2. "Hearts on Fire" 3:50
3. "I Can't Dance" 2:20
4. "Brass Buttons" 3:27
5. "$1000 Wedding" 5:00
Cara B:
1. "Medley Live from Northern Quebec"
- "Cash on the Barrelhead"
- "Hickory Wind" 6:27
2. "Love Hurts" 3:40
3. "Ooh Las Vegas" 3:29
4. "In My Hour of Darkness"3:42
Músicos:
- Gram Parsons – voz principal, guitarra acústica
- Emmylou Harris – voz (en todas las canciones excepto «Brass Buttons»)
- Glen D. Hardin – piano, piano eléctrico en «Brass Buttons»
- James Burton – guitarra eléctrica principal
- Emory Gordy Jr. – bajo
- Ron Tutt – batería
- Herb Pedersen – guitarra rítmica acústica, guitarra rítmica eléctrica en «I Can't Dance»
- Al Perkins – pedal steel
Músicos invitados:
- Bernie Leadon – guitarra acústica en «Return of the Grievous Angel», guitarra eléctrica principal en «Hearts on Fire», dobro en «In My Hour of Darkness»
- Byron Berline – violín en «Return of the Grievous Angel», «Medley Live from Northern Quebec» e «In My Hour of Darkness», mandolina en «Medley»
- N.D. Smart – batería en «Hearts on Fire» e «In My Hour of Darkness»
- Steve Snyder – vibráfono «Hearts on Fire»
- Linda Ronstadt – coros en «In My Hour of Darkness»
- Kim Fowley, Phil Kaufman, Ed Tickner, Jane y Jon Doe – «Bla bla» en «Medley Live from Northern Quebec»



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