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LOS PLANETAS - Super 8 - Disco clave indie

Hay obras musicales que, sin hacer ruido mediático en su momento, terminaron marcando un antes y un después en la manera de escribir, producir y sentir las canciones. En ese punto exacto, entre la intuición y el impacto real, se sitúa "Super 8" de Los Planetas, un álbum que no solo capturó su tiempo, sino que sigue dialogando con el presente desde una honestidad difícil de imitar.

ALBUM: Super 8


En junio de 1994 apareció un disco que sonaba como si alguien hubiera abierto una ventana en una habitación demasiado cargada. Afuera no esperaba ningún paraíso, pero sí aire nuevo. "Super 8", el debut de los españoles Los Planetas, se publicó el 13 de junio de aquel año a través de BMG Ariola, con una primera edición en casete, CD y vinilo, y fue grabado entre febrero y marzo en los estudios Sonoland de Madrid con Fino Oyonarte en la producción y Jesús Alcañiz como ingeniero de sonido. Aquello, que hoy puede parecer un dato de archivo, fue en realidad el punto de partida de una alteración profunda en la música española de los noventa (siglo XX).

LOS PLANETAS - Super 8

Escuchar "Super 8" hoy sigue siendo una experiencia. No tanto por el volumen, aunque conviene subirlo, sino por la manera en que el disco te envuelve. Tiene el temblor de las primeras veces, la ansiedad de quien no sabe muy bien qué hacer con lo que siente y decide convertirlo en canciones. Y ahí está una de sus grandes victorias, que nunca suena como un ejercicio de estilo. Suena a necesidad.

Cómo nació el disco Super 8:


Antes del álbum hubo una maqueta, una circulación subterránea y un pequeño sistema de señales que hoy cuesta explicar a quien ha crecido con algoritmos. A principios de los noventa, descubrir música en España dependía de revistas, cintas copiadas, amigos con curiosidad y, sobre todo, programas como Disco Grande de Radio 3. En ese contexto, Los Planetas empezaron a hacerse notar con canciones que ya anunciaban una identidad muy concreta y muy rara para su tiempo, guitarras abrasivas, melodías luminosas y letras en castellano en una escena donde muchos grupos alternativos preferían expresarse en inglés. Esa decisión fue esencial, no como gesto programático, sino como forma de clavar las canciones en la memoria colectiva.

De aquella maqueta de 1993 salieron cuatro canciones que acabarían regrabadas en el LP, "Estos últimos días", "La caja del diablo", "Brigitte" y "Rey Sombra". Otras piezas de ese periodo quedaron repartidas entre Medusa y futuros sencillos. La banda, que entonces formaban Jota, Florent Muñoz, May Oliver y Paco Rodríguez, terminó entrando en los estudios Sonoland ya fichada por una multinacional, aunque el impulso original venía del circuito independiente y de una recepción extraordinaria en medios como Radio 3 y la revista Rockdelux. Nueve de las diez canciones del álbum fueron compuestas por Jota y Florent, con la excepción de "De viaje", firmada por todo el grupo, y las letras fueron obra de Jota salvo "Brigitte", en la que también colaboró May.

Hay algo revelador en ese cruce entre precariedad y ambición. "Super 8" no es el disco de una banda acomodada por un gran presupuesto, sino el de un grupo que llega a una estructura mayor sin renunciar a su desorden, a su personalidad y a una cierta fe en que el ruido también puede contener verdad. La propia grabación fue tensa, por lo que se ha contado después, y eso se nota en el resultado. Nada aquí parece domesticado.


El sonido - ruido, melodía y belleza:


Lo primero que me impresiona de "Super 8" es cómo consigue ser sucio y seductor al mismo tiempo. Hay mucha distorsión, sí, mucho feedback, mucho delay, mucha guitarra que no busca adornar sino generar atmósfera, pero debajo de esa superficie erosionada hay un corazón profundamente pop. Ahí reside el milagro del disco. No se limita a importar el shoegaze o el noise pop británico y norteamericano, sino que lo absorbe y lo vuelve íntimo, castizo, sentimental, granadino incluso. Las referencias están claras, My Bloody Valentine, The Jesus and Mary Chain, Spacemen 3, Sonic Youth, Dinosaur Jr., pero lo que sale no es una copia, sino una apropiación emocional.

Los Planetas Banda 1994

La apertura con "De viaje" sigue siendo uno de los comienzos más impresionantes que ha dado el pop español de los noventa. Esa línea de bajo de May, surgiendo entre una maraña de guitarras, tiene algo de anuncio fundacional. La canción habla de escaparse con alguien hacia otra dimensión, pero en realidad el viaje es sonoro, una forma de salir del realismo gris de la época y construir una épica sentimental propia. "Qué puedo hacer" remata el arranque con una claridad melódica que explica por qué el grupo conectó tan rápido con tanta gente. Sigue siendo una gran canción de amor obsesivo, de espera humillante, de derrota cotidiana. No necesita grandes metáforas para quedarse dentro.

Después el disco entra en un terreno más turbio. "Si está bien" formula una pregunta que resume media educación sentimental de los noventa, esa intuición de que algo puede parecer sencillo por fuera y doler como una herida por dentro. "10.000" abre una zona más ambigua, más incómoda, donde el deseo, la provocación y la alteración de la conciencia se mezclan en una niebla espesa. "Jesús", con Fino Oyonarte en los coros, devuelve un nervio casi explosivo y deja ver hasta qué punto Los Planetas sabían escribir canciones memorables sin rebajar su aspereza. En los créditos aparecen además colaboradores como Rufino Hernández a los teclados, Javier Losada al Hammond en "Desorden" y Chema Pérez en la percusión de varios cortes, pequeños detalles que amplían el paisaje sin estorbar la idea central del disco.


Las Letras:


Jota entendió muy pronto algo que muchos letristas tardan años en aprender, que una canción no tiene por qué explicar del todo lo que siente para decirlo mejor. Las letras de "Super 8" están llenas de imágenes que parecen venir de una resaca emocional, de una mente que mezcla recuerdos, culpa, deseo y sustancias sin establecer fronteras limpias. Eso hace que el disco siga vivo. No se agota en una lectura.

"Estos últimos días" me parece una de las grandes piezas del álbum porque capta con precisión el instante en que una relación se termina antes de haberse roto del todo. "Brigitte" es puro veneno melódico, una canción bellísima donde la dulzura no suaviza la amenaza latente. "Rey Sombra" lleva esa mezcla entre pasión, dependencia y alucinación a un punto casi perfecto. Y "Desorden", inspirada en Ian Curtis, demuestra que las influencias del grupo no eran solo sonoras, también había una afinidad moral con cierta forma de convertir la tristeza en arte sin embellecerla demasiado.

El cierre con "La caja del diablo", más de nueve minutos de descenso, es una declaración de principios. Pocas bandas debutan con una canción así y menos aún en el contexto español de 1994. Es larga, incómoda, hipnótica, casi anticomercial, y sin embargo necesaria. Cierra el álbum como si Los Planetas quisieran dejar claro desde el principio que, incluso fichando por una multinacional, iban a seguir haciendo lo que les diera la gana.

La portada:


No se puede escribir de "Super 8" sin detenerse en la portada de Javier Aramburu. Aquellos muñecos, aquellos colores, aquella mezcla de candidez pop y psicodelia fueron decisivos para fijar la iconografía del grupo y, por extensión, de una época. El disco tuvo una reedición ampliada en CD en junio de 1995 con el añadido del single Nuevas sensaciones, que incluía “Nuevas sensaciones”, “La casa” y una nueva mezcla de “Desorden”. Más tarde llegarían reediciones en 2011, 2014 y 2024, esta última coincidiendo con el trigésimo aniversario y con una nueva gira donde la banda recuperó el álbum íntegro en directo.

Ese detalle importa porque confirma algo que ya sabíamos, "Super 8" dejó de ser solo un debut para convertirse en un objeto cultural. Vendió unas 5.000 copias en su primer año, una cifra modesta fuera del contexto y enorme dentro de la España alternativa de entonces. A partir de ahí, el disco ayudó a consolidar un espacio nuevo para grupos, medios, festivales y oyentes que necesitaban otra clase de música popular.

Sigue siendo bueno hoy:


Lo fácil sería decir que "Super 8" importa por su influencia, y es verdad. Sin él cuesta entender una parte decisiva del indie español posterior. Pero a mí me interesa más otra cosa, que sigue sonando emocionante sin necesidad de contexto, que todavía transmite ese temblor de juventud herida y deseo de fuga con una intensidad poco común. No es un disco perfecto, y ahí radica también su fuerza. Tiene aristas, tiene momentos de exceso, tiene una voz que a veces parece esconderse dentro de las guitarras. Precisamente por eso conserva el pulso de lo verdadero.

En un presente donde tantas canciones llegan ya corregidas, alineadas y explicadas, volver a Los Planetas aquí es recordar que la confusión también puede tener forma hermosa. Que una melodía puede salir de una pared de ruido. Que el desamor, la ansiedad y las ganas de desaparecer durante un rato pueden escribirse en castellano sin perder misterio. Y que una primera obra, cuando nace de una necesidad real, puede seguir hablándonos treinta años después.

Disco recomendado


Si nunca has escuchado "Super 8", te lo recomiendo. Escúchalo entero, en orden, con tiempo y con volumen. Déjate llevar por sus guitarras, por la tristeza eléctrica de "Qué puedo hacer", por el vértigo de "De viaje", por la sombra larguísima de "Rey Sombra" y por ese final abrasivo de "La caja del diablo". No es solo una pieza clave de la música rock y la cultura pop española, es también un disco que todavía sabe acompañar a quien se siente un poco perdido. Y eso, al final, es mucho más difícil de conseguir que un clásico.

Video del tema "De Viaje":

Tracklist:

1. De viaje 4:14
2. Qué puedo hacer 3:05
3. Si está bien 3:24
4. 10.000 6:22
5. Jesús 3:07
6. Estos últimos días 4:33
7. Brigitte 2:45
8. Rey Sombra 4:22
9. Desorden 4:01
10. La caja del diablo 9:12


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