Confieso que el músico C. Tangana nunca había ocupado demasiado espacio en mis escuchas. Quienes llegamos a la música principalmente a través del rock, el pop británico, la música alternativa o los grandes discos anglosajones tendemos a observar ciertos fenómenos de la música española desde cierta distancia. No por desprecio, sencillamente porque nuestras referencias están en otro sitio. El disco "El Madrileño" consiguió que esa distancia dejara de importar.
ALBUM: El Madrileño
Publicado el 26 de febrero de 2021, el álbum supone uno de esos cambios de dirección que obligan a reconsiderar a un artista. Hasta entonces, Antón Álvarez había construido buena parte de su popularidad alrededor del rap y la música urbana, con canciones capaces de funcionar en discotecas y listas de éxitos. Aquí decidió cambiar el decorado casi por completo.
No abandonó su personalidad, porque la ambición, la ironía, el ego, el deseo, la frustración sentimental y esa permanente conciencia de estar construyendo un personaje siguen ahí. Lo que cambió fue el idioma musical utilizado para expresarlo.
Y ese cambio es precisamente lo que hace que "El Madrileño" siga resultando tan interesante.
C. Tangana necesitaba salir de C. Tangana:
Antes de este disco, C. Tangana había aprendido perfectamente las reglas de la música urbana comercial. Mala Mujer, Bien Duro, Booty o No te debí besar habían demostrado que podía competir dentro de ese terreno. El problema de aprender demasiado bien unas reglas es que llega un momento en el que empiezan a limitarte.
Durante 2019 publicó numerosos sencillos y comenzó a aparecer una sensación de repetición. Era posible continuar persiguiendo el siguiente éxito, buscando la colaboración adecuada y afinando la fórmula, pero "El Madrileño" nace precisamente de la decisión contraria.
El contexto también importa. El disco tomó forma alrededor de una época en la que las discotecas estaban cerradas, los festivales se habían detenido y la relación habitual entre música popular, noche y consumo inmediato estaba temporalmente rota. Para un artista que había prosperado dentro de ese ecosistema, aquello podía convertirse en un problema. Tangana lo utilizó como oportunidad.
En lugar de fabricar otro repertorio pensado para la pista, empezó a mirar hacia atrás.
No hacia su pasado, sino hacia el de todos:
Rumba, copla, flamenco pop, bolero, bossa nova, canción latinoamericana, sonidos cubanos, guitarras españolas, ecos de bachata, música mexicana y pop rock empiezan a mezclarse dentro de un álbum que parece construido como un viaje con Madrid como punto de salida.
El cambio recuerda a esas transformaciones que resultan especialmente atractivas para quien viene del rock o de la música alternativa. No porque "El Madrileño" sea un disco de rock, evidentemente no lo es, sino porque comparte una idea muy arraigada en esa tradición, cuando una fórmula empieza a funcionar demasiado bien, el movimiento artístico más interesante suele consistir en escapar de ella.
Madrid como punto de partida:
El título puede llevar a engaño. "El Madrileño" no es un álbum encerrado en Madrid. Madrid funciona más bien como una estación central desde la que parten todas las líneas.
Ese concepto explica una lista de invitados extraordinariamente amplia. De las catorce canciones, doce incorporan colaboraciones. Aparecen Niño de Elche, La Húngara, Toquinho, Ed Maverick, Gipsy Kings, Jorge Drexler, José Feliciano, Omar Apollo, Eliades Ochoa, Carín León, Adriel Favela, Pepe Blanco, Kiko Veneno y Andrés Calamaro.
Sobre el papel, semejante reunión podría haber terminado convertida en un escaparate de nombres. No ocurre así porque C. Tangana comprende algo fundamental, colaborar no significa colocar dos voces en una misma grabación, sino permitir que el invitado cambie el carácter de la canción.
Eso obliga además al propio C. Tangana a retroceder unos pasos.
Paradójicamente, el álbum en el que crea uno de sus personajes más reconocibles es también aquel en el que menos necesita ocupar permanentemente el centro. "El Madrileño" se construye mediante otras voces, acentos, generaciones y geografías.
Hay algo casi gastronómico en esa idea, algo muy madrileño también. Una identidad formada absorbiendo elementos llegados desde muchos lugares hasta convertirlos en una cultura reconocible por sí misma.
Demasiadas Mujeres:
La primera canción explica buena parte del proyecto antes de que dé tiempo a formular ninguna teoría.
El tema Demasiadas Mujeres parte de materiales asociados a la tradición popular y religiosa española y los enfrenta a una producción electrónica. Una marcha procesional puede convivir con una pulsación cercana al techno sin que ninguno de los dos elementos aparezca como una broma.
Ese detalle es importante.
"El Madrileño" podría haber caído fácilmente en el pastiche. Podría haber tratado la música antigua como material pintoresco al que añadir una base contemporánea para hacerlo atractivo a una nueva generación. En sus mejores momentos ocurre exactamente lo contrario. Tangana parece preguntarse qué emociones siguen compartiendo esas músicas pese a pertenecer a épocas distintas.
La respuesta suele ser bastante sencilla, deseo, pérdida, orgullo, celos, nostalgia.
Por eso Tú Me Dejaste de Querer funciona tan bien. La Húngara y Niño de Elche aportan unas voces que conectan generaciones mientras una guitarra con aroma bachatero se introduce dentro de una rumba que parece familiar y extraña al mismo tiempo.
Es probablemente la canción que mejor resume todo el álbum. Puedes escucharla sin conocer absolutamente nada de flamenco, rumba o música urbana y entender inmediatamente su atractivo.
Eso es pop en el mejor sentido de la palabra.
Guitarras, madera y voces en primer plano:
Una de las cosas que más me sorprendió al escuchar "El Madrileño" fue descubrir la importancia física de los instrumentos.
Las guitarras tienen textura. No parecen accesorios colocados detrás de una voz, respiran dentro de las canciones.
En Comerte Entera aparece Toquinho y con él entra la delicadeza rítmica de la bossa nova. En la revisión de Un Veneno, José Feliciano transforma la canción desde la guitarra sin destruir la fragilidad del original. Párteme la cara, junto a Ed Maverick, demuestra cuánto puede conseguir Tangana cuando reduce los elementos y deja que una canción avance casi desnuda.
Ingobernable toma la rumba y utiliza a Gipsy Kings para darle un peso que ninguna simulación de estudio habría conseguido. Muriendo de envidia introduce a Eliades Ochoa, figura esencial de Buena Vista Social Club, dentro de una pieza que conecta rumba catalana, canción cubana y un cambio salsero en su tramo final.
Luego está el tema Cuándo olvidaré:
Para mí es uno de los momentos del álbum. Su carácter acústico, su vínculo con la canción latinoamericana y la aparición de la voz de Pepe Blanco generan una sensación extraña, como escuchar distintas décadas funcionando simultáneamente dentro de una habitación.
Aquí se entiende que la nostalgia de "El Madrileño" no consiste simplemente en recuperar sonidos antiguos. Lo importante es colocar el pasado dentro de una producción contemporánea y comprobar si todavía tiene algo que decir.
Casi siempre lo tiene.
Un disco sobre perder, desear y seguir aparentando:
Musicalmente el cambio es evidente, pero las letras recuerdan constantemente quién está detrás del personaje.
C. Tangana continúa escribiendo sobre éxito, dinero, mujeres, deseo y reconocimiento. Sin embargo, esas obsesiones aparecen ahora acompañadas por algo que antes ocupaba menos espacio, la conciencia de que conseguir lo que querías no necesariamente resuelve nada.
Ese desplazamiento resulta crucial.
El protagonista de estas canciones puede seguir comportándose con arrogancia, pero parece bastante más consciente de sus contradicciones. Hay relaciones que terminan, recuerdos que no desaparecen, noches que pesan más de lo esperado y una constante tensión entre la imagen pública y la intimidad.
Hasta el concepto de éxito empieza a sonar diferente.
La ambición continúa intacta, pero existe también cierta distancia respecto a ella. Tangana parece preguntarse qué queda cuando desaparecen la ropa, las cifras, la popularidad y la necesidad de demostrar constantemente quién eres. No siempre responde. Y probablemente sea mejor así.
La tradición no aparece aquí dentro de un museo:
Uno de los mayores méritos de "El Madrileño" consiste en acercar músicas que buena parte del público joven quizá nunca habría buscado por iniciativa propia.
¿Cuántos oyentes llegaron a José Feliciano, Eliades Ochoa, Toquinho, Kiko Veneno o Gipsy Kings después de escuchar este disco? Ese intercambio generacional me parece bastante más significativo que cualquier discusión sobre si Tangana inventó o no algo nuevo.
No lo inventó.
La rumba ya estaba ahí. La copla también. La bossa nova, el flamenco, el bolero, la salsa, la canción mexicana y el pop rock existían mucho antes de que Antón Álvarez pensara en llamarse "El Madrileño".
El logro está en otra parte. Consiguió que una generación acostumbrada a descubrir música mediante Spotify, TikTok o YouTube escuchara esos lenguajes sin percibirlos necesariamente como una lección de historia. No es arqueología musical. Es circulación cultural.
Para alguien joven que normalmente escucha a artistas internacionales, la puerta de entrada puede ser Tú Me Dejaste de Querer o Demasiadas Mujeres. Desde ahí el camino hacia Kiko Veneno, Buena Vista Social Club, José Feliciano, Toquinho o incluso viejas canciones de la música popular española queda sorprendentemente cerca.
También hay excesos, y eso beneficia al disco:
No considero "El Madrileño" una obra perfecta.
Su ambición provoca algunos desequilibrios. No todas las colaboraciones tienen la misma fuerza y determinadas referencias al pasado funcionan mejor como homenaje que como reinvención. Hay momentos en los que Tangana parece fascinado por sus propias influencias hasta el punto de concederles más espacio del que necesita la canción.
Pero prefiero esos defectos a un álbum impecablemente diseñado para no molestar a nadie.
Hong Kong, junto a Andrés Calamaro, es un buen ejemplo. Después de buena parte del recorrido acústico y sentimental del disco, aparecen unas guitarras más abiertas y una energía cercana al pop rock que alteran el equilibrio. No es un final elegante en un sentido convencional, pero sí tiene carácter.
Y "El Madrileño" necesita terminar así, sin comportarse demasiado bien.
La verdadera virtud del álbum está precisamente en su voluntad de asumir riesgos después de que su autor hubiera encontrado una fórmula mucho más cómoda.
El Madrileño convirtió el pasado en una posibilidad de futuro:
El éxito posterior confirmó que la apuesta conectó con un público enorme. El álbum encabezó las listas españolas, terminó siendo el disco más vendido en España en 2021 y llevó a C. Tangana a una nueva dimensión crítica y comercial.
Pero reducirlo a sus cifras sería perder la parte más interesante.
Su importancia está en haber demostrado que modernizar la música no significa necesariamente buscar sonidos que nadie haya escuchado antes. También puede consistir en volver sobre algo conocido y cambiar el contexto desde el que lo escuchamos.
"El Madrileño" utiliza tradiciones musicales de varias generaciones y países sin ocultar sus costuras. Se oyen las referencias, se reconocen los préstamos y aparecen invitados que representan mundos musicales completos. Tangana no pretende haberlos inventado. Su talento consiste en colocarlos alrededor de una misma mesa.
Quizá esa sea la mejor imagen para entender el álbum. No una pista de baile, tampoco un laboratorio de producción, sino una sobremesa imposible en la que pueden sentarse Toquinho, Calamaro, Drexler, La Húngara, José Feliciano, Kiko Veneno, Eliades Ochoa y un antiguo rapero madrileño decidido a comprobar qué ocurre cuando deja de preocuparse por sonar como se supone que debe sonar.
Disco recomendado
Para los lectores más jóvenes, especialmente para quienes viven musicalmente entre artistas internacionales, rock, pop alternativo, hip hop o sonidos actuales, recomiendo entrar en "El Madrileño" sin preocuparse demasiado por las etiquetas. Escuchad primero las canciones y seguid después las pistas que dejan sus invitados. Tal vez no terminéis convertidos en seguidores de la música española, a mí tampoco me ocurre con demasiada frecuencia, pero es difícil salir de este disco sin sentir curiosidad por el enorme mapa musical que hay detrás. Y cualquier álbum capaz de hacer que después de terminarlo quieras escuchar todavía más música ya ha conseguido algo importante.
Video del tema "Tú Me Dejaste De Querer":
Tracklist:
1. «Demasiadas mujeres» 2:33
2. «Tú me dejaste de querer» (con Niño de Elche y La Húngara) 3:18
3. «Comerte entera» (con Toquinho) 2:54
4. «Nunca estoy» 2:42
5. «Párteme la cara» (con Ed Maverick) 2:47
6. «Ingobernable» (con Gipsy Kings) 3:07
7. «Nominao» (con Jorge Drexler) 2:56
8. «Un veneno (G Mix)» (con José Feliciano) 3:13
9. «Te olvidaste» (con Omar Apollo) 3:07
10. «Muriendo de envidia» (con Eliades Ochoa) 3:02
11. «Cambia!» (con Carín León y Adriel Favela) 3:08
12. «Cuándo olvidaré» (con Pepe Blanco) 3:09
13. «Los tontos» (con Kiko Veneno) 3:12
14. «Hong Kong» (con Andrés Calamaro) 3:23


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