Marc Bolan no necesitó entrar en los años setenta (siglo xx) dando un portazo. Le bastó con cambiar una sílaba, enchufar mejor la guitarra y dejar que su mundo de magos, criaturas diminutas, visiones cósmicas y deseo pop empezara a caminar con otro cuerpo. El álbum "T. Rex", publicado el 18 de diciembre de 1970, es el primer LP firmado ya con el nombre abreviado de la banda, aunque en realidad todavía conserva mucho del aroma de "Tyrannosaurus Rex", aquel dúo extraño, acústico y visionario que parecía cantar desde una comuna perdida entre Tolkien, la psicodelia británica y una tarde húmeda en Notting Hill.
ALBUM: T.Rex
Lo fascinante es que este álbum no suena como una ruptura limpia. Suena más bien como una metamorfosis en directo. Uno puede escuchar cómo Marc Bolan todavía acaricia sus viejos símbolos, pero también cómo empieza a mirar de reojo al espejo, al escenario grande, al brillo eléctrico que poco después convertiría a T. Rex en una de las fuerzas centrales de la música rock y la cultura pop británica.
Cómo nació el disco T. Rex:
Antes de este disco, Marc Bolan y Mickey Finn venían de publicar "A Beard of Stars", un álbum que ya había empezado a mover el eje desde el folk fantástico hacia una forma de rock más directa. Aquel trabajo funcionó razonablemente bien, llegó al número 21 en Reino Unido, pero Bolan seguía atrapado en una condición que le incomodaba, la de figura de culto. Tenía seguidores fieles, sí, pero no era todavía el ídolo popular que estaba a punto de ser.
Durante 1970, el dúo giró mucho por Reino Unido y Europa, probando ante el público un sonido más eléctrico. Al mismo tiempo, Marc Bolan firmó con Fly Records y, justo cuando "Ride a White Swan" iba a publicarse como single en octubre, decidió recortar el nombre del grupo. Tyrannosaurus Rex se convirtió en T. Rex, un gesto aparentemente práctico, más fácil de pronunciar, más fácil de recordar, pero también profundamente simbólico. La música estaba cambiando, y el nombre tenía que cambiar con ella.
Aunque el disco ya aparece acreditado como "T. Rex", las grabaciones y la fotografía de portada se hicieron todavía bajo la identidad anterior. La formación era mínima, Marc Bolan en voz y guitarra, Mickey Finn en percusión, con Tony Visconti como productor y colaborador clave, aportando bajo, flauta dulce y arreglos de cuerda en algunos cortes. Esa economía de medios es fundamental para entender el encanto del álbum. No estamos ante una banda de rock pesada ni ante una maquinaria de estudio. Estamos ante un dúo que intenta abrir una habitación nueva sin abandonar del todo la casa antigua.
El sonido de T. Rex:
Escuchar "T. Rex", sobre todo si se llega desde Electric Warrior o The Slider, puede descolocar. Aquí no está todavía el golpe completo del glam rock, ni la sensualidad redonda de Get It On, ni esa seguridad felina de los grandes himnos posteriores. Pero precisamente por eso el disco resulta valioso. Es el momento en el que todo está a punto de ocurrir.
La electricidad aparece integrada con más naturalidad que en "A Beard of Stars". En Jewel, la guitarra entra con una aspereza casi blues, como si Bolan quisiera prender fuego a su propio pasado pastoral. No es un riff monumental, pero tiene nervio, tiene polvo, tiene esa manera tan suya de sonar travieso sin perder intensidad. Is It Love y One Inch Rock empujan también hacia un rock and roll ligero, casi juguetón, donde el ritmo parece inventarse sobre la marcha entre palmas, percusión mínima y voces que imitan instrumentos.
Mickey Finn no toca como un batería clásico, y eso, que podría verse como una limitación, termina definiendo parte del carácter del disco. No hay una pegada de grupo completo, no hay un suelo pesado bajo las canciones. Hay golpes, sacudidas, pequeñas respiraciones rítmicas. La música avanza como una criatura flexible, a veces tambaleante, pero siempre viva.
Tony Visconti, por su parte, aporta una dimensión más cinematográfica. Las cuerdas en Diamond Meadows o Beltane Walk pueden sonar por momentos algo dulces, incluso un poco recargadas, pero también anuncian algo importante, Bolan ya no quería que sus canciones fueran solo miniaturas acústicas. Quería color, contraste, volumen emocional. En Beltane Walk, especialmente, esa mezcla funciona muy bien. El tema tiene un vaivén casi de music hall, una cadencia burlona, una alegría torcida que anticipa el Bolan más popular.
Marc Bolan:
Las letras de "T. Rex" siguen habitadas por el imaginario místico que había marcado los discos anteriores. Hay magos, druidas, criaturas fantásticas, soles interiores, mujeres gaviota, estrellas raíz y niños de Rarn. Dicho así, puede parecer un exceso de fantasía hippie, y quizá lo sea. Pero Bolan tenía una habilidad peculiar, no usaba esas imágenes solo para construir mundos, también las trataba como sonidos. Le gustaba cómo caían las palabras en la boca, cómo podían rozarse entre sí, cómo una frase absurda podía convertirse en algo memorable si se cantaba con suficiente convicción.
Eso se nota en Suneye, Root of Star o The Time of Love Is Now, canciones más cercanas al espíritu antiguo de Tyrannosaurus Rex, aunque ya atravesadas por una sensibilidad distinta. El amor aparece menos como confesión directa que como atmósfera, como una presencia que se intuye entre símbolos. Diamond Meadows, con su belleza algo extraña, parece mirar hacia la balada futura de T. Rex, pero sin abandonar del todo el bosque encantado.
The Visit añade una rareza deliciosa, una especie de relato de abducción ovni que conecta el disco con la ciencia ficción suave de la época. Ahí se entiende bien por qué las comparaciones con David Bowie no son gratuitas. Visconti venía de trabajar con Bowie y había en el aire una misma fascinación por el espacio, por lo extraterrestre, por la identidad como disfraz. Pero Bolan no era Bowie. Donde Bowie parecía analizar sus mutaciones desde fuera, Bolan parecía vivir dentro de ellas con una sonrisa.
Las canciones clave, "Jewel" a "The Wizard":
Para entrar en este álbum, yo empezaría por Jewel. Tiene algo de declaración de intenciones, una electricidad sucia pero todavía artesanal, como una chispa antes del incendio. Luego iría a Beltane Walk, quizá el corte que mejor resume la transición, con su energía pop, su swing absurdo y su manera de convertir una melodía sencilla en una pequeña celebración.
One Inch Rock merece atención porque viene del repertorio anterior de Tyrannosaurus Rex, pero aquí aparece renovada. La introducción vocal, casi cómica, muestra a Bolan y Finn jugando con la propia idea de banda. Como no tienen una gran sección instrumental, la imaginan con la voz. Ese tipo de recurso podría resultar ridículo en otras manos, pero en ellos funciona porque nunca se presenta como una gran hazaña, sino como parte del encanto del viaje.
Seagull Woman es otra joya particular, con coros de Howard Kaylan, asociado a Flo and Eddie, y una atmósfera que recuerda por momentos a cierto espíritu beatle, no porque copie a The Beatles, sino porque comparte esa libertad para hacer que una canción parezca construida con piezas de sueños distintos.
Y luego está The Wizard, una pieza larga, nacida originalmente como single en solitario de Bolan en 1965, que aquí se convierte en una especie de despedida ritual. Puede parecer excesiva, y en cierto modo lo es, pero tiene gracia, cambios de clima y una energía que la salva de convertirse en simple capricho psicodélico. Es como si Bolan cerrara una etapa invocando al mago que había sido para poder convertirse en otra cosa.
Un disco de transición:
Se suele hablar de "T. Rex" como "la calma antes de "Electric Warrior", y entiendo la frase, aunque me parece algo injusta. Sí, el álbum anticipa lo que vendrá. Sí, todavía no alcanza la forma definitiva del glam rock de Bolan. Pero reducirlo a antesala sería perderse su personalidad propia.
Este disco captura un instante muy concreto de la música británica. El sueño hippie empezaba a agotarse, el rock buscaba nuevas formas de teatralidad, la fantasía ya no bastaba si no venía acompañada de ritmo, imagen y deseo. Marc Bolan entendió eso casi por intuición. No abandonó de golpe sus druidas ni sus visiones, simplemente les puso zapatos de plataforma antes de que el mundo supiera que los necesitaba.
Lo que más me gusta de "T. Rex" es que no finge tenerlo todo resuelto. Hay canciones más redondas que otras, arreglos discutibles, momentos que se quedan entre dos aguas. Pero también hay una honestidad creativa difícil de falsificar. Marc Bolan canta como alguien convencido de que su pequeño universo merece ser escuchado por todo el mundo. Y lo asombroso es que, poco después, el mundo le daría la razón.
Por qué es "T.REX" interesante hoy:
Para un oyente joven que solo conozca el glam rock por sus imágenes más obvias, purpurina, poses, guitarras brillantes y estribillos enormes, "T. Rex" ofrece una lección preciosa, antes del icono estuvo la búsqueda. Antes del póster estuvo el artesano. Antes del rugido estuvo este álbum extraño, dulce, eléctrico a medias, lleno de criaturas imposibles y canciones que parecen crecer con cada escucha.
Disco recomendado
No es el disco más famoso de Marc Bolan, ni probablemente el más perfecto. Pero es uno de los más reveladores. Aquí se oye el puente entre el trovador psicodélico y la estrella pop, entre la comuna y el programa de televisión, entre el hechizo acústico y el rock and roll con brillo propio. Yo lo recomiendo precisamente por eso, porque permite descubrir a T. Rex en el momento exacto en que la magia empezó a cambiar de forma. Escúchalo sin exigirle que sea Electric Warrior. Déjalo sonar como lo que es, un álbum de transición lleno de encanto, intuición y pequeñas chispas doradas.
Video del tema "Jewel":
Tracklist (formato LP vinilo):
Cara A:
1. "The Children of Rarn" 0:53
2. "Jewel" 2:46
3. "The Visit" 1:55
4. "Childe" 1:41
5. "The Time of Love Is Now" 2:42
6. "Diamond Meadows" 1:58
7. "Root of Star" 2:31
8. "Beltane Walk" 2:38
Cara B:
1. "Is It Love?" 2:34
2. "One Inch Rock" 2:28
3. "Summer Deep" 1:43
4. "Seagull Woman" 2:18
5. "Suneye" 2:06
6. "The Wizard" 8:50
7. "The Children of Rarn (Reprise)" (la versión U.S. contiene "Ride a White Swan" en este sitio) 0:36
T. Rex:
- Marc Bolan – voz, guitarra, bajo, órgano
- Mickey Finn – batería, bajo, Pixiphone, voz
con:
- Tony Visconti – bajo, piano, flauta dulce, arreglos de cuerda, producción
- Howard Kaylan – coros
- Mark Volman – coros

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