Antes de entrar de lleno en el disco "Nevermind", me sorprende reconocer que llevo más de veinte cinco años escribiendo sobre música en este blog y todavía no había dedicado un post largo a este trabajo. No sé muy bien por qué. Quizá porque parecía demasiado evidente, porque se ha escrito tanto sobre Nirvana que uno teme llegar tarde a una conversación ya cerrada, o porque algunos álbumes se vuelven tan grandes que cuesta volver a mirarlos sin el peso del mito encima. Pero precisamente por eso merece la pena detenerse aquí. "Nevermind" no es solo una pieza clave de la música rock de los noventa (siglo xx), ni únicamente el álbum que llevó el grunge al gran público. Es un disco que todavía conserva electricidad, incomodidad, melodía y una extraña fragilidad bajo todo ese ruido. Y escucharlo hoy, con distancia, permite entender no solo por qué cambió la cultura popular, sino también por qué sigue conectando con cualquiera que alguna vez se haya sentido fuera de sitio.
ALBUM: Nevermind
Cuando vuelves a "Nevermind" después de muchos años, no escuchas solo un álbum. Escuchas una habitación desordenada, una televisión encendida sin volumen, una adolescencia mal llevada, una guitarra que parece venir de un garaje y, al mismo tiempo, de todas las radios del planeta. Es una contradicción enorme, y quizá por eso sigue funcionando.
Llevo décadas escribiendo en este blog sobre discos que me han acompañado, discos que he defendido, discutido o redescubierto. No sé por qué he tardado tanto en escribir sobre este álbum en particular. Tal vez por pudor. Tal vez porque escribir de "Nevermind" parecía demasiado obvio, casi como recomendar a alguien que escuche a The Beatles, a Bowie o a The Clash. Pero hay obras que se vuelven tan grandes que corremos el riesgo de dejar de escucharlas de verdad. Y este disco, por mucho mito que arrastre, necesita volver a sonar sin estatua, sin camiseta vintage, sin leyenda trágica delante.
"Nevermind", segundo álbum de Nirvana, se publicó el 24 de septiembre de 1991. Fue el primer disco del grupo con Dave Grohl a la batería, el salto definitivo desde el circuito independiente hacia una discográfica grande (Geffen) y, sin que casi nadie pudiera preverlo, una grieta abierta en la cultura popular. En enero de 1992 llegó al número uno en Estados Unidos, desplazando a "Dangerous" de Michael Jackson. Esa imagen, casi absurda si se piensa, resume mucho mejor que cualquier teoría el cambio de clima: una banda de Seattle, con t-shirts gastados y canciones llenas de ruido, desbancando al rey del pop en el centro del escaparate mundial.
Cómo nació el álbum Nevermind:
Antes de ser un fenómeno, "Nevermind" fue un disco en construcción. Nirvana venía de Bleach, un álbum más áspero, más embarrado, más cercano a la humedad de los locales pequeños que al brillo de la radio. A comienzos de 1990, Kurt Cobain, Krist Novoselic y el entonces batería Chad Channing empezaron a preparar nuevas canciones para Sub Pop. El productor elegido fue Butch Vig, con quien grabaron en Smart Studios, en Madison, algunas piezas que más tarde serían regrabadas o transformadas para el álbum: In Bloom, Lithium, Breed, entonces llamada Imodium, o Stay Away, que antes respondía al título de Pay to Play.
La entrada de Dave Grohl cambió la arquitectura interna de la banda. No fue simplemente un batería nuevo. Fue una fuerza física que ordenó el caos sin domesticarlo. Dave Grohl golpeaba con una mezcla de precisión y violencia que hacía que las canciones parecieran más grandes de lo que eran sobre el papel. Krist Novoselic, por su parte, no se limitaba a sostener el edificio: sus líneas de bajo tienen cuerpo, movimiento, humor oscuro. Y Kurt Cobain, en el centro, componía como quien garabatea una confesión en una pared y luego intenta taparla con distorsión.
La grabación principal tuvo lugar en Sound City Studios, en Van Nuys, California, durante mayo y junio de 1991, con un presupuesto que hoy parece casi modesto para un álbum que acabaría vendiendo más de treinta millones de copias. Butch Vig pulió el sonido, sí, pero no lo convirtió en otra cosa. Ahí está una de las discusiones eternas: si "Nevermind" suena demasiado limpio para ser punk, demasiado brillante para ser grunge. A mí esa tensión me parece parte de su magnetismo. No es un trabajo sucio capturado al azar, ni tampoco un producto plastificado. Es una tormenta colocada bajo una luz blanca.
Ruido, melodía y una extraña claridad:
Lo primero que impacta en "Nevermind" no es la rabia, sino la forma en que esa rabia se vuelve cantable. Smells Like Teen Spirit ha sido tan reproducida, parodiada y mitificada que parece imposible entrar en ella sin prejuicios. Pero conviene hacer el esfuerzo. La canción arranca con unos acordes simples, casi primitivos, y después entra Dave Grohl como si derribara una puerta. La fórmula, versos contenidos y estribillos explosivos, venía en parte de los Pixies, pero Nirvana la llevó a un territorio más inmediato, más físico, menos irónico. La canción no necesita que entendamos cada palabra. Funciona porque Cobain canta como si estuviera intentando decir algo urgente y al mismo tiempo desconfiara de cualquier mensaje demasiado claro.
Esa es una de las claves del álbum. Las letras de Cobain no explican, sugieren. A veces parecen frases rescatadas de un cuaderno roto, imágenes que chocan entre sí, bromas privadas, fogonazos de dolor, sarcasmo y ternura deformada. En lugar de ofrecer manifiestos, "Nevermind" transmite una sensación. Alienación, deseo, vergüenza, aburrimiento, rechazo, incomodidad con el cuerpo, con la fama, con la masculinidad heredada, con la sociedad de consumo, con la idea misma de pertenecer a algo.
In Bloom es un ejemplo perfecto. Su melodía podría parecer casi luminosa, pero debajo late una crítica feroz al oyente que canta sin entender, al fan que disfruta la superficie y pasa por alto la incomodidad. Es una canción contra la apropiación fácil de la rebeldía, y resulta irónico que terminara siendo coreada por millones de personas. En Come As You Are, el riff acuático, envuelto en coros, abre una atmósfera más ambigua, casi narcótica. La canción parece invitar y desconfiar a la vez, como si la aceptación siempre viniera con una trampa.
Las canciones, entre la descarga y la herida:
Lo que más me sigue sorprendiendo del álbum es su ritmo interno. Breed no camina, embiste. Tiene algo de carretera nocturna, de huida sin plan, de juventud atrapada entre el deseo de escapar y la certeza de que todos los caminos conducen al mismo sitio. Lithium, en cambio, juega con subidas y bajadas emocionales, con una calma que nunca termina de ser calma. El título remite al medicamento, pero la canción no es una postal clínica. Es más bien el retrato de una mente que busca refugios, religión, amistad imaginaria, cualquier cosa que impida caer del todo.
Después llega Polly, y el álbum cambia de temperatura. La guitarra acústica deja entrar aire, aunque lo que cuenta sea oscuro. Cobain aborda una historia real de violencia contra una chica joven desde una distancia incómoda, sin convertir el horror en espectáculo. La canción es seca, casi inmóvil, y por eso resulta tan inquietante. No necesita gritar para hacer daño.
Territorial Pissings devuelve el disco a la electricidad más salvaje. Es punk sin barniz, una patada breve y casi absurda, con Novoselic abriendo la puerta desde una cita deformada del viejo idealismo hippie. Ahí se entiende bien la posición generacional del disco: no hay grandes promesas, no hay utopía, no hay épica de salvación. Solo una energía nerviosa, una desconfianza profunda y el impulso de tocar más fuerte.
Para mí, una de las joyas es Drain You. Tiene una melodía enorme, un centro emocional raro, como si una canción de amor se hubiera contagiado de fiebre. El tramo instrumental, con esos ruidos que parecen juguetes enfermos o máquinas pequeñas perdiendo el control, demuestra que Nirvana podía experimentar sin ponerse solemne. Lounge Act y Stay Away mantienen esa tensión entre melodía y empuje, con Novoselic especialmente presente en la primera y Grohl empujando la segunda como si quisiera sacarla de la habitación a golpes.
On A Plain tiene algo casi pop, aunque retorcido. Es una de esas canciones donde Cobain parece reconocer su propia dificultad para escribir, para explicar, para ordenar el pensamiento. Y entonces llega la fabulosa Something In The Way, que cierra el álbum como una persiana bajada al final de una tarde mala. La voz apenas se sostiene, el cello añade una tristeza grave, y la canción parece quedarse suspendida en una habitación fría. No es un final grandilocuente. Es mucho mejor: un final que se apaga.
Lo que Nevermind dijo de su tiempo:
En 1991, buena parte del rock dominante seguía oliendo a exceso, cuero, laca, solos interminables y una idea bastante teatral de la masculinidad. "Nevermind" no inventó el rock alternativo, ni el punk, ni el grunge, pero hizo que todo aquello entrara por la puerta principal de la cultura pop. Su importancia no está solo en haber vendido millones. Está en haber cambiado el tipo de sensibilidad que podía ocupar el centro.
Kurt Cobain no parecía el héroe que la industria esperaba. Era frágil, irónico, contradictorio, feminista en un entorno todavía cargado de machismo, incómodo con la celebridad y más cerca del chico que no encaja que del líder triunfal. Por eso conectó tanto con una generación que desconfiaba de los discursos redondos. Nevermind no ofrecía respuestas, ofrecía reconocimiento. Decía, sin decirlo del todo, que sentirse raro, cansado o fuera de lugar no era una anomalía individual, sino un síntoma compartido.
Nevermind sigue siendo imprescindible:
El mito puede deformar los álbumes. La tragedia posterior de Kurt Cobain, la camiseta sonriente, los documentales, las reediciones, las listas de mejores álbumes de la historia, todo eso puede convertir "Nevermind" en un monumento. Pero cuando uno lo escucha, sigue siendo algo mucho más vivo: tres músicos tocando con una química brutal, canciones simples en apariencia pero llenas de pliegues, melodías que sobreviven al ruido y una voz que parece romperse justo antes de encontrar su sitio.
No es un álbum perfecto porque la perfección habría sido enemiga de Nirvana. Es mejor que eso. Es directo, incómodo, pegadizo, oscuro, divertido por momentos, devastador en otros. Tiene la capacidad rara de sonar histórico sin sonar viejo. Y quizá su mayor logro sea que todavía puede abrir una puerta a quien no venga del rock alternativo, a quien nunca haya escuchado grunge, a quien solo conozca el nombre de Nirvana por la iconografía.
Disco recomendado
Escucha "Nevermind" entero, en orden, sin saltar directamente a los singles. Deja que Smells Like Teen Spirit haga su trabajo, pero espera a Drain You, a Polly, a Something In The Way. Ahí está el verdadero viaje. No solo en el golpe, también en la grieta que queda después.
Video del tema "Something in the Way":
Tracklist:
1. "Smells Like Teen Spirit" 5:01
2. "In Bloom" 4:14
3. "Come as You Are" 3:39
4. "Breed" 3:03
5. "Lithium" 4:17
6. "Polly" 2:57
7. "Territorial Pissings" 2:22
8. "Drain You" 3:43
9. "Lounge Act" 2:36
10. "Stay Away" 3:32
11. "On a Plain" 3:16
12. "Something in the Way" 3:52
13. "Endless, Nameless" (hidden track) 6:43
Nirvana:
- Kurt Cobain: guitarras, voz y efectos de sonido en "Drain You".
- Krist Novoselic (acreditado como Chris Novoselic): bajo y voz en "Territorial Pissings" (introducción).
- Dave Grohl (acreditado como David Grohl): batería y coros en «In Bloom», "Drain You" y "On a Plain".
Músicos adicionales:
- Chad Channing: platillos en "Polly" (sin acreditar).
Kirk Canning: violonchelo en "Something in the Way".
Aspectos técnicos:
- Butch Vig: productor e ingeniero de sonido.
Nirvana: productor e ingeniero de sonido.



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