Antes de entrar en detalles, conviene aclarar desde dónde se escucha el disco "Built for Speed" hoy. No desde la nostalgia obligatoria, ni desde el debate eterno sobre si el rockabilly debe ser peligroso o respetuoso, sino desde la experiencia directa de poner el disco, dejarlo correr y observar qué pasa. Porque más allá de su contexto, de su éxito comercial o de las discusiones críticas que lo han rodeado durante décadas, este álbum sigue planteando una pregunta sencilla pero honesta: ¿qué queda cuando quitamos el mito y dejamos solo las canciones? La respuesta, como ocurre con los discos bien construidos, está en la escucha atenta y en el placer de reconocer un sonido que sabe exactamente a qué viene.
ALBUM: Built for Speed
No recuerdo la primera vez que escuché "Built for Speed" como un momento épico, sino como una constatación. Sonó y pensé, esto está bien hecho. No esto es peligroso, ni esto va a cambiar mi vida, sino algo más sencillo y más honesto: esto funciona. Ese matiz es importante, porque durante años el disco ha cargado con demasiadas lecturas ajenas a la música, debates sobre autenticidad, nostalgia y pureza que, escuchado hoy, resultan casi irrelevantes. "Built for Speed" de STRAY CATS no necesita ser defendido ni atacado como manifiesto cultural. Es, ante todo, un álbum que suena sólido, directo y sorprendentemente coherente para haber nacido como un simple ensamblaje de canciones.
Publicado en junio de 1982 por EMI America Records, "Built for Speed" fue el primer álbum de los Stray Cats lanzado oficialmente en Estados Unidos. Técnicamente no era un disco nuevo, sino una recopilación muy bien afinada de su debut británico "Stray Cats" y su continuación "Gonna Ball", ambos editados en 1981 en Reino Unido, más una canción inédita que daba título al conjunto. Nadie lo pensó como un golpe maestro. Y, sin embargo, lo fue. El álbum llegó al número dos del Billboard 200, colocó varios sencillos en lo más alto de las listas y acabó certificando platino. Rockabilly, en plena era de sintetizadores, MTV y post punk, colándose en los salones americanos como si nunca se hubiera ido.
Cómo se construyó un éxito inesperado:
El contexto importa. A principios de los ochenta (siglo XX), el rock and roll clásico era un lenguaje prácticamente relegado a recopilatorios, circuitos nostálgicos o referencias irónicas. Los Stray Cats, tres chicos de Long Island obsesionados con los sonidos de los años 50, tuvieron que cruzar el Atlántico para ser tomados en serio. Inglaterra, siempre más receptiva a los revival bien vestidos, les abrió la puerta. Allí grabaron sus dos primeros discos con Dave Edmunds como productor principal, alguien que entendía perfectamente cómo hacer sonar lo viejo sin convertirlo en una parodia.
Cuando EMI decide lanzar "Built for Speed" en Estados Unidos, lo hace sin demasiada ceremonia. El disco reúne seis canciones del primer álbum, cinco del segundo y añade la nueva "Built for Speed", que actúa como eje conceptual aunque nadie lo planeara así. El resultado es curioso: un álbum que no fue concebido como tal, pero que termina siendo el más compacto y reconocible de su carrera.
Eso explica en parte su eficacia. No hay relleno, no hay desvíos estilísticos. Todo gira alrededor de un mismo pulso, un mismo imaginario y una misma química instrumental.
Sonido, músculo y contención:
Escuchar "Built for Speed" hoy es enfrentarse a un disco extremadamente limpio. Demasiado limpio, dirán algunos. La producción es clara, seca, sin exceso de reverberación ni barro emocional. Slim Jim Phantom toca la batería de pie, sin apenas platos, marcando el ritmo con una economía casi matemática. Lee Rocker camina el contrabajo como si fuera una extensión natural de su cuerpo, marcando cada compás con precisión quirúrgica. Y Brian Setzer, ahí está la clave, se mueve por el mástil con una soltura que no necesita alardes.
Brian Setzer no inventa nada, y eso es evidente desde el primer minuto. Su guitarra está empapada de Cliff Gallup, Scotty Moore y James Burton, pero no suena a calco. Suena a alguien que ha estudiado ese lenguaje durante años y lo ha hecho suyo. Escúchese "Rock This Town" con atención. El riff inicial es una invitación directa, casi pedagógica, y el solo es un ejercicio de claridad. Cada nota está donde tiene que estar. No hay fuego descontrolado, pero sí oficio, ritmo interno y una musicalidad que se mantiene fresca incluso décadas después.
Ese equilibrio entre control y energía define todo el álbum. "Stray Cat Strut" camina con elegancia felina, más sugerente que agresiva. "Rumble in Brighton" tiene algo de música de serie de televisión, sí, pero también un empuje instrumental que la convierte en una pieza reconocible al instante. "Rev It Up and Go" acelera sin perder el control del volante. Y cuando el disco baja el ritmo, como en "Lonely Summer Nights", aparece una faceta más melódica, casi de crooner juvenil, con saxofón incluido y una atmósfera que recuerda más a una pista de baile iluminada con neón que a un garaje sudoroso.
Canciones que se sostienen solas:
Uno de los grandes méritos del disco "Built for Speed" es que sus canciones funcionan incluso cuando uno se despoja del contexto histórico. "Little Miss Prissy" tiene un nervio casi garage rock, un punto canalla que rompe con la imagen pulida del grupo. "Jeanie, Jeanie, Jeanie", versión de Eddie Cochran, es probablemente el momento más desatado del álbum. Aquí sí hay algo de suciedad, de desorden controlado, de espíritu Sun Records filtrándose por las rendijas. Es una interpretación que demuestra que los Stray Cats sabían sonar menos educados cuando querían.
En cambio, "Baby Blue Eyes", tomada del repertorio de Johnny Burnette, cierra el disco con una elegancia que bordea lo conservador. No hay peligro real, ni intención de provocarlo. Es rockabilly domesticado, sí, pero también ejecutado con respeto y conocimiento.
Y ahí está la gran discusión alrededor del álbum.
¿Rockabilly sin colmillos?
Durante años se ha acusado a los Stray Cats de suavizar un género que nació salvaje. No les falta razón a quienes comparan su enfoque con el de bandas posteriores como The Cramps o Reverend Horton Heat, que llevaron el rockabilly hacia terrenos más enfermizos, más extremos, más incómodos. "Built for Speed" no quiere incomodar. Quiere gustar. Y lo consigue.
Pero reducir el disco a una versión descafeinada de sus referentes es perder de vista su verdadero papel. Este álbum no pretendía reescribir la historia del rock and roll, sino recordarle a una generación entera que ese sonido existía. Para muchos oyentes nacidos después de 1965, "Built for Speed" fue la puerta de entrada a Gene Vincent, Carl Perkins o Wanda Jackson. Y eso no es poca cosa.
Hay una honestidad peculiar en ese planteamiento. Los Stray Cats no fingen ser forajidos ni incendiarios. Son músicos bien vestidos, técnicamente sólidos, que aman una música concreta y la interpretan sin ironía. No hay sarcasmo ni cinismo. Hay devoción.
Disco de su tiempo:
Escuchado hoy, "Built for Speed" dice tanto de los años cincuenta que homenajea como de los años ochenta que lo vieron triunfar. Es un disco que conecta con una necesidad cíclica de volver a lo reconocible cuando el presente se vuelve demasiado confuso. En plena expansión tecnológica, con la música popular fragmentándose en mil direcciones, los Stray Cats ofrecieron una narrativa simple: canciones cortas, ritmo claro, melodías memorables, estética definida.
No es casualidad que MTV abrazara en su día el disco. La imagen del grupo era tan importante como su sonido, y ambos estaban perfectamente alineados. Pero incluso sin vídeo, las canciones aguantan. No necesitan el peinado ni la chaqueta de cuero para sostenerse.
Disco recomendado
"Built for Speed" no es un álbum revolucionario. No es peligroso. No es incómodo. Y aun así, sigue siendo un disco muy disfrutable. Porque está bien tocado, bien producido y porque transmite una energía honesta, sin pretensiones ocultas. Es un álbum que no promete más de lo que ofrece, y ofrece exactamente lo que promete.
Hoy lo escucho sin necesidad de compararlo con nadie. Lo escucho como un disco que sabe lo que es y no intenta ser otra cosa. Un recordatorio de que el rock and roll también puede ser elegante, preciso y directo sin perder su encanto.
Si nunca lo has escuchado, "Built for Speed" es una entrada amable y sólida a un universo musical que merece ser explorado. No te va a cambiar la vida, pero probablemente te acompañe más tiempo del que esperas. Y a veces, eso es exactamente lo que uno le pide a un buen disco.
Video del tema "Rock This Town":
Tracklist (formato LP vinilo):
Cara A:
1. "Rock This Town*" 3:24
2. "Built for Speed" 2:53
3. "Rev It Up & Go" 2:27
4. "Stray Cat Strut*" 3:15
5. "Little Miss Prissy" 2:59
6. "Rumble in Brighton*" 3:11
Cara B:
1. "Runaway Boys" 2:58
2. "Lonely Summer Nights" 3:16
3. "Double Talkin' Baby" 3:02
4. "You Don't Believe Me" 2:54
5. "Jeanie, Jeanie, Jeanie" 2:18
6. "Baby Blue Eyes" 2:47
Stray Cats:
- Brian Setzer – guitarras, guitarra lap steel, voz
- Slim Jim Phantom – batería, voz
- Lee Rocker – bajo, bajo eléctrico, voz
Producción:
- Dave Edmunds – producción
- Hein Hoven – producción
- Stray Cats – producción



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