Pocos discos suenan tan jóvenes y tan incómodamente tantos años después. "Violent Femmes", el debut de la banda Violent Femmes, sigue ahí, entre la urgencia adolescente, el nervio acústico y una forma muy particular de convertir la incomodidad en canción.
ALBUM: Violet Femmes
Escuchar otra vez a "Violent Femmes" tiene algo de reencuentro y algo de ajuste de cuentas. Yo ya había escrito sobre este disco hace años en el blog, cuando lo miraba sobre todo como una pieza de culto del rock alternativo y del punk más desviado. Ahora, al revisitarlo, me interesa todavía más otra cosa, cómo un álbum tan pequeño en apariencia pudo capturar con tanta precisión el temblor de una edad. No la adolescencia entendida como nostalgia amable, sino como confusión, deseo, rabia, humor negro y miedo a no encajar jamás.
El debut de Violent Femmes se publicó el 13 de abril de 1983, aunque fue grabado principalmente en julio de 1982 en Castle Recording Studios, en Lake Geneva, Wisconsin (EE.UU). Gordon Gano escribió muchas de aquellas canciones siendo todavía un estudiante de instituto en Milwaukee, y esa información importa porque se escucha. No como una curiosidad biográfica, sino como una temperatura emocional. El disco está hecho por gente muy joven, sí, pero no suena ingenuo. Suena expuesto. Suena como si alguien hubiese decidido convertir el desconcierto en una forma de canción antes de aprender a disimular.
Cómo nació Violent Femmes:
La historia del disco ayuda a entender por qué sigue siendo tan singular. Antes de firmar con Slash Records, el grupo se pagó la grabación por su cuenta, lo que les permitió registrar el álbum sin interferencias externas. Gordon Gano lo explicó años después con bastante claridad, el disco quedó exactamente como ellos querían porque todavía no había nadie intentando normalizarlo. Esa autonomía se nota en cada rincón. Violent Femmes no parece diseñado para entrar en una corriente concreta, más bien da la impresión de haber nacido al margen de todas.
Y ese margen era importante. A comienzos de los años ochenta (Siglo XX), el punk ya estaba mutando, endureciéndose por un lado y sofisticándose por otro. En ese contexto, Violent Femmes apareció como una anomalía. Donde otros grupos levantaban muros de electricidad, ellos eligieron instrumentos acústicos, percusión seca, líneas de bajo elásticas y una voz que no imponía, sino que se retorcía. El gesto era casi contracultural dentro de la propia contracultura. Había urgencia punk, sí, pero transportada a una instrumentación de madera, hueso y nervio.
También ayuda a entender su leyenda aquella historia casi mitológica de sus comienzos en Milwaukee, tocando en la calle porque nadie quería programarlos, hasta que James Honeyman-Scott, de The Pretenders, los vio actuar fuera de un concierto y les dio una oportunidad como teloneros. Incluso si ese episodio no les cambió la vida de inmediato, sí forma parte de la verdad del grupo, nacieron fuera, en los bordes, sin una escena que los abrazara del todo.
Una forma distinta de hacer rock:
Lo primero que me sigue fascinando del álbum es su sonido. No porque sea perfecto, sino porque es exacto. La producción es mínima, casi ascética, y precisamente por eso todo respira. La guitarra acústica de Gordon Gano marca el esqueleto de las canciones con una sequedad que a veces recuerda a Jonathan Richman, a veces a un Lou Reed pasado por una mala noche y, en otros momentos, a una versión torcida del pop más elemental. El bajo de Brian Ritchie, en cambio, no se limita a acompañar, corre, salta, pincha, empuja. Es probablemente el verdadero motor físico del disco. Y luego está Victor DeLorenzo, cuya percusión parece construida con el principio de que menos puede ser muchísimo más.
Lo extraordinario es que esa austeridad nunca se vuelve pobre. Al contrario, hace que cada detalle destaque. En "Blister in the Sun", el riff inicial tiene algo de himno instantáneo y de broma privada al mismo tiempo. Pocas canciones han conseguido ser tan pegadizas y tan raras a la vez. Es un tema que uno puede escuchar con dieciséis años y sentir como propio, y volver a él décadas después para descubrir lo incómodo que era realmente su subtexto. Por eso ha sobrevivido tanto. No solo por el gancho, sino por la ambigüedad.
"Kiss Off" y "Add It Up" profundizan en esa misma tensión. Parecen canciones pensadas para ser gritadas a medias entre la rabia y la risa, casi como si el grupo hubiese encontrado un punto intermedio entre el impulso del punk, la economía del pop y la teatralidad nerviosa de cierta new wave. Lo que en otras manos habría resultado adolescente en el peor sentido, aquí se convierte en una verdad expresiva. No porque Gordan Gano fuera un gran cantante técnico, que no lo es, sino porque canta como alguien que todavía no ha aprendido a protegerse. Su voz nasal, quebradiza y a veces casi histérica puede descolocar al principio, pero termina siendo inseparable del disco. Sin ella, estas canciones perderían media vida.
Letras sobre deseo y frustración:
Una de las grandes virtudes de "Violent Femmes" está en sus letras. No son barrocas ni pretenden serlo. Gano escribe de forma directa, casi brusca, pero siempre encuentra un giro extraño, una imagen incómoda o una mezcla de humor y resentimiento que evita el tópico. Aquí hay deseo sexual, alienación, impulsos autodestructivos, culpa, miedo, teatralidad, una cierta espiritualidad desviada y una violencia emocional que nunca necesita subir el volumen para hacerse notar.
Eso explica que el álbum haya funcionado durante décadas como un artefacto de transmisión generacional. Mucha gente no descubrió a Violent Femmes en la radio ni en la prensa, sino en cintas copiadas, en fiestas, en dormitorios universitarios, en recomendaciones entre amigos. Fue un disco compartido de mano en mano, casi como si perteneciera más a la tradición oral que a la industria. Y eso encaja perfectamente con él, porque estas canciones siempre han parecido confesiones que alguien te pasa a escondidas. El álbum terminó siendo disco de oro y luego de platino sin haber pasado por el circuito de éxito convencional, y su entrada tardía en el Billboard 200 confirmó que su crecimiento había sido lento, subterráneo y profundamente orgánico.
Hay momentos especialmente reveladores. "Gone Daddy Gone", con su marimba, abre una grieta inesperada dentro del álbum y demuestra que el trío podía permitirse pequeños desplazamientos tímbricos sin perder identidad. "Please Do Not Go" transforma la súplica en un mantra incómodo. "Confessions" tiene algo casi enfermizo en su manera de crecer. Y luego está "Good Feeling", que llega al final como una luz rara. Es una canción tierna, limpia, casi ingenua, pero no en el mal sentido. Más bien parece el último resto de inocencia después de un disco que ha pasado por el deseo, la humillación y la neurosis.
Lo que dice el disco:
Una de las bromas habituales entre aficionados consiste en poner este álbum a alguien y pedirle que adivine de qué año es. Mucha gente diría 1993 antes que 1983. No me sorprende. Violent Femmes anticipó muchísimo de lo que explotaría después en el alternative rock, en el folk de nervio confesional, incluso en cierta forma de cantar masculina, frágil, irónica y desaliñada que años más tarde aparecería en artistas muy distintos. El disco no pertenece del todo a su década, y quizá por eso ha sobrevivido tan bien.
Pero reducirlo a su influencia sería injusto. Lo mejor de esta music no es decir que abrió caminos, sino recordar que todavía hiere un poco. Y eso no pasa con todos los clásicos. Algunos quedan intactos en una vitrina. Violent Femmes no. Sigue teniendo algo de bicho vivo. Sigue sonando como un grupo de chavales que descubrió que la vergüenza, la excitación y el resentimiento también podían ser materiales nobles para una canción.
Disco recomendado
Recomiendo "Violent Femmes" porque no se parece del todo a nada, y porque al mismo tiempo ha dejado huella en muchísimas cosas que vinieron después. Lo recomiendo porque bajo su apariencia sencilla esconde un mundo emocional bastante más complejo de lo que parece en una primera escucha. Y lo recomiendo especialmente a lectores jóvenes, porque este disco entiende algo fundamental, que crecer no siempre es elegante, ni épico, ni luminoso. A veces crecer suena como una guitarra acústica tocada con demasiada fuerza, un bajo que no te deja en paz y una voz que parece estar negociando con su propia ansiedad. Si nunca has entrado en él, este es un buen momento. Y si ya lo conocías, volver a "Violent Femmes" es comprobar que algunas canciones no envejecen porque siguen diciéndonos la verdad.
Video del tema "Blister in the Sun":
Tracklist (formato LP):
Cara A:
1. "Blister in the Sun" 2:25
2. "Kiss Off" 2:56
3. "Please Do Not Go" 4:15
4. "Add It Up" 4:44
5. "Confessions" 5:32
Cara B:
1. "Prove My Love" 2:39
2. "Promise" 2:49
3. "To the Kill" 4:01
4. "Gone Daddy Gone" Gano, Willie Dixon 3:06
5. "Good Feeling" 3:52
Violent Femmes:
- Gordon Gano – guitarras acústica y eléctrica, violín, voz principal
- Victor DeLorenzo – caja, tranceaphone, batería, bombo de marcha escocés, coros
- Brian Ritchie – bajo acústico y eléctrico, xilófono, coros
Músicos adicionales:
Mark Van Hecke – producción, piano en "Good Feeling"



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