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Cuestión De Tiempo por Prof. Enrique Dans

Copio y pongo integro el post del Prof.Enrique Dans del Instituto de Empresa. El Prof. Dans es considerado uno de los expertos más cotizados sobre temas de Nuevas Tecnologías y su efecto sobre los negocios y empresas:

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Un cuestion de tiempo – por Enrique Dans

Una interesante entrada de Michael Arrington en TechCrunch tras una comida con un ejecutivo de la industria musical, “Big music will surrender, but not until at least 2011“, deja las cosas más que claras: no estamos hablando de lo que es bueno o lo que es malo, de lo legal o lo ilegal. Eso no son más que estupideces contra natura, de alambicados razonamientos judiciales que no van a ningún sitio. De lo que hablamos es, simplemente, de una cuestión de tiempo.

La industria de la música, a estas alturas, ha entendido ya perfectamente que no existe ninguna posibilidad de seguir cobrando por la música grabada, porque hacer una copia ya no vale nada, y está simplemente esperando a tener a la mayoría de artistas atados mediante contratos 360º que le permitan extraer beneficios de todo lo que hagan éstos, sea una actuación en público, ventas de merchandising, participación en un fan site, una esponsorización, un anuncio, o cualquier fórmula que esté aún por inventar. El sistema actual se revertirá: a estas alturas, existen ya múltiples sitios de streaming que pagan a las discográficas por el derecho de uso, pero que pasarán a recibir pagos de la industria musical a cambio de promocionar a sus artistas. La música grabada será simplemente una inversión en marketing, una forma de llegar al público para que éste quiera gastarse dinero en otras actividades relacionadas.

A día de hoy, los contratos 360º son aceptados únicamente por artistas noveles que no ven posibilidades de promoción al margen de las discográficas, mientras muchos artistas consolidados prefieren mantenerse al margen de dichas fórmulas y prefieren asegurarse las ganancias derivadas de conciertos y otros modelos sin tener que repartirlas con la empresa discográfica en cuestión. El tema nos retrotrae a la vieja discusión acerca de la cadena de valor de las discográficas: si en la selección ya no aportas valor, ni lo haces tampoco en producción o en distribución, ¿qué te queda? Convencer a los artistas de que serás suficientemente bueno en marketing como para que les compense firmar contigo, en lugar de hacerlo con un especialista o de intentarlo directamente por tu cuenta. A día de hoy, con unas discográficas aún completamente inexpertas en las posibilidades de la red de cara al marketing, este valor está, en el mejor de los casos, por demostrar. Lo que las discográficas esperan es haber llegado a demostrarlo y encontrarse suficientemente redefinidas como compañías en el tiempo que le queda al reloj, que se mueve con una velocidad de un 20% de descenso en los ingresos por venta de discos cada año.

Mientras llega este escenario, calculado entre 2011 y 2013, la industria seguirá haciendo lo que hace hasta ahora: insistiendo en ganar dinero por vía judicial, denunciando a compañías que hagan uso de sus materiales, recibiendo dinero de sitios de streaming, redes sociales y otros que utilizan la música para obtener una atención que intentan monetizar de maneras diversas, y prolongando un modelo de negocio caduco. Aunque no esté de acuerdo con todo lo que dice Arrington, su entrada es una lectura interesante: lo que llevamos años diciendo, pero ahora en boca de un ejecutivo de la industria.

Música y Cadenas De Valor. Post Del Prof. Enrique Dans

He visto este post del Profesor de Nuevas Tecnologías del Instituto de Empresa de Madrid. Le conocí a Enrique Dans cuando hice mi Executive MBA en 2005 en el IE y ahora el Profesor Dans es considerado uno de los grandes expertos en nuestro país sobre temas tecnológicos y sus aplicaciones a “business” (negocios).

El artículo de abajo es totalmente sacado de su blog - “El Blog De Enrique Dans” - de hoy, y lo pongo porque es muy interesante y habla precisamente sobre el negocio de la música. Merece la pena leerlo.

Música y cadenas de valor
Escrito a las 9:00 am

Vía Boing Boing llego a una conferencia del genial Ian Rogers, una de las mentes más preclaras en el entorno de la música, hasta no hace mucho Director General de Yahoo! Music del que tuvimos ocasión de hablar anteriormente en varias ocasiones y ahora Fundador y CEO de Topspin: Ian recoge en el blog de Topspin algunas partes de su presentación y sus comentarios al respecto, e incide en uno de los temas para mí fundamentales: la revisión de la cadena de valor del negocio de las discográficas, y la fortísima necesidad de redefinición que éstas precisan.

En su charla, Ian deja patente y claro que la música no está en crisis: lo que está en crisis son negocios como la venta de CDs. La venta de música digital aumenta a un ritmo del 40%, aunque no suficiente como para cubrir el descenso progresivo de las ventas físicas a una velocidad de un 20% sobre una base inmensamente mayor. El fenómeno del unbundling (venta de canciones sueltas en lugar de en paquetes), además, sigue perjudicando el negocio tradicional, la industria tiene problemas… y la respuesta de Ian es, simplemente, proyectar una transparencia con un gran “I don’t care” en letras blancas sobre fondo negro (habría dado algo por palpar el ambiente en ese momento):

“Hablar de la industria de la música en esos términos es como hablar del descenso de ventas de cassettes en la era del CD.”

Mediante frases y datos, Ian demuestra que no es la música la que está en crisis, sino el modelo de las discográficas tradicionales, un análisis parecido al que suelo utilizar yo en clase: en una cadena de valor simplificada de la industria discográfica como la que he dibujado arriba, las cuatro fases presentan importantes problemas:

Selección de talento: Ya no aporta valor. El talento puede expresarse libremente en la red, y los esquemas sociales de recomendación y selección expresados a través de sitios de música, redes sociales, blogs, etc. funcionan mucho mejor que el criterio de un ejecutivo de la industria que, además, privilegiaba claramente lo comercial sobre la calidad. Prefiero elegir yo “with a little help from my friends” que confiar en el criterio de la discográfica.

Producción, grabación y soporte: El acceso a la tecnología necesaria para producir música se democratiza; la tecnología baja de precio, y la relación coste/calidad se equilibra. Equipos con un coste perfectamente accesible permiten grabar con una calidad más que adecuada. La necesidad de soporte físico, además, desaparece gradualmente.

Distribución: Se realiza en formato digital, a través de la red, y con un coste mínimo. Hasta el coste del ancho de banda puede minimizarse merced a los esquemas P2P o tiendas como iTunes y similares.

Marketing y promoción: Tras años de marketing del tipo “sota, caballo y rey”, de recurrir a los mismos esquemas de manera constante y de insistir en trasnochados esquemas de publicidad masiva, las discográficas se encuentran con que no conocen los nuevos esquemas de publicidad relacionados con el mundo online, las redes sociales, las comunidades… ¿Pueden aportar algún tipo de valor diferencial al artista en este sentido? Empresas como la propia Topspin, FanShake y otras parecen tener mucho más claro como tratar, fomentar y aprovechar algo tan poderoso como el fenómeno fan en el nuevo entorno. Y en cualquier caso, si el valor aportado se va a concentrar en este punto, el tamaño de las empresas discográficas deberá disminuir: la estructura y dimensión que hoy en día poseen no está en absoluto justificada.

La respuesta de las discográficas ante la evidencia de que no aportan valor ha sido intentar capturar el valor que se tradicionalmente se producía fuera de su control mediante los contratos 360º. ¿Es eso la solución? ¿Debe un artista hipotecar sus perspectivas futuras de generación de negocio con un socio como éste? La respuesta, para mí, no está ni mucho menos clara, algo que Ian Rogers identifica con un cambio estructural: el poder pasa de la discográfica al artista, y la meta ya no es conseguir firmar un contrato cuyo valor está fuertemente cuestionado. Una situación que dará lugar al desarrollo de una importante “clase media” de artistas que firman contratos consigo mismos y se mueven en un mercado de prestadores de servicios puntuales de comercialización, grabación, etc. en el que operan de manera transparente, mientras retienen los derechos de sus obras. En el fondo, algo bueno para los artistas, bueno para unos clientes que disfrutan de más opciones, y bueno para la música en su conjunto.